viernes, 17 de junio de 2011

La Mujer Justa, de Sándor Marai

9 de abril de 2011

Mientras Laverde pasea por Lisboa, Adriana firma autógrafos de sus libros y Clu estrena trabajo, Carlos Julián y yo leemos. Hoy les mando frases de La Mujer Justa, de Sandor Marai, que es un libro casi igual a sus otros libros, con poquísima acción y cantidad de digresiones sobre el amor, la burguesía, la muerte, la cultura. Y siempre tan universal y vigente, pese a haber sido escrito hace 70 años.

"Esos pequeños detalles son muy importantes. Entre la riqueza y la pobreza hay infinidad de matices. Y dentro de la pobreza ¿cuántos matices crees que hay?"

"A mí me enseñaron que en la vida hay que salir adelante con lo que hay. A él le enseñaron que ante todo hay que vivir como se debe, con refinamiento, siguiendo las reglas y las buenas costumbres. Eso era lo más importante. Son unas diferencias enormes. Entonces yo no lo sabía".

"Yo soy un artista, pero no he encontrado mi forma de arte".

"No se puede amar tanto, no se debe amar tanto a nadie, ni siquiera a los propios hijos. Todo amor supone un egoísmo desenfrenado".

"Ése es el único dolor verdadero: la muerte de un niño. Es el modelo por el que se miden todos los demás dolores".

"Hay hombres de naturaleza más femenina que necesitan precisamente eso, ser amados. pero hay otro tipo de hombres que, como mucho, toleran el amor".

"Quien ama sin humildad pone una gran carga sobre los hombros del otro".

"Parece ser que el orden exterior responde siempre a un deseo de ocultar el desorden interior".

"Soy una mujer y, por ende, soy a la vez una piel roja y una detective profesional, una santa y una espía cuando se trata del hombre al que amo. No me averguenzo de ello. Dios me hizo así. Esa es mi misión en la vida".

"Ya sabes, como los sombreros y los pañuelos que envejecen muy deprisa, casi de golpe, desde el momento en que fallece su dueño. Pierden el color, como una hoja arrancada del árbol empieza a perder el color de la vida, ese verde acuarela, en el mismo instante de ser arrancada. Parece que hubiera una corriente eléctrica que invade todo lo que pertenece a esa persona, comola luz solar que irradia sobre la Tierra".

"Se puede recuperar a alguien que es infiel. Se puede recuperar a alguien que se ha ido. Pero a alguien que ni siquiera ha llegado verdadera y definitivamente... No, eso es imposible".

"Ha intentado hacerse indiferente a los sentimientos mediante la razón, que es como intentar convencer con palabras y argumentos a un paquete de dinamita de que no explote".

"A veces, en los momentos más trágicos de la vida, nos encontramos de imporoviso más allá del dolor y de la desesperación, y nos volvemos extrañamente sobrios, indiferentes, casi de buen humor. ¿Nunca te ha pasado? Por ejemplo, cuando están enterrando a tu ser más querido y empiezas a pensar que en casa alguien se ha podido dejar la nevera abierta y el perro se comerá todo el asado frío reservado para los invitados del duelo. Y en ese instante, justo en el momento en que los cantos se elevan en torno al féretro, te pones a dar instrucciones, entre susurros y en calma total, para solucionar el asunto de la nevera".

"La pobreza y la enfermedad cambian de forma sorprendente el valor de los sentimientos y de las complicaciones emocionales".

"El hombre no vive para ser feliz. El hombre está en el mundo para mantener a su familia y educar a sus hijos como personas honradas, y no debe esperar a cambio ni gratitud ni felicidad".

"La vanidad no les permite a atreverse a aceptar el regalo del amor. Hace falta mucho valor para dejarse amar sin reservas. Un valor que es casi heroísmo. La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso. Le da verguenza entregarse a otra persona y más aún rendirse a ella porque teme que se descubra su secreto... el triste secreto de cada ser humano: que necesita mucha ternuna, que no puede vivir sin amor".

"Mi padre y mi madre vivían un matrimonio "ideal", es decir, monstruoso. Jamás levantaban la voz".

"La civilización de la máquina también produce en serie la soledad humana".

"No tengo en mucha estima la belleza producida por medios artificiales, pues me recuerda las técnicas de embalsamamiento"

"No son sólo el rango y el nacimiento lo que hacen nobles a las personas sino también el carácter y la inteligencia".

"La literatura es algo más que arte, la literatura es una respuesta, un comportamiento ético".

"Uno se cansa, Yo casi me alegro de que la vejez esté llamando a mi puerta. A veces no veo la hora de que lleguen los días lluviosos en que me sentaré ante la chimenea junto a una botella de vino tinto y un libro viejo que trate de antiguos deseos y desengaños..."

"Sólo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo".

"Tengo drecho a morir solo ¿entiendes? Es el derecho más importante. Todo lo demás son puras deudas. Estás en deuda con la familia y con la sociedad, que te ha dado muchas cosas buenas, estás en deuda con un sentimiento, con tus recuerdos. Pero llega un momento en que invade tu alma el deseo de soledad, cuando ya sólo quieres prepararte en silencio y con dignidad para la última gran tarea del ser humano: la muerte".

"El carácter de un ser humano está compuesto en su mayor parte de orgullo; el resto es una mezcla de deseos, generosidad, miedo a la muerte y sentido del honor".

"Todo amor que va precedido de una larga espera -y tal vez ni siquiera puede llamarse amor lo que no se haya purificado en el fuego de la espera- confía en un milagro de la otra persona y de sí mismo".

"En general he visto que cuando más grande es la tontería que dice la gente, mayores son las probabilidades de que un día se haga realidad".

"A veces las personas son buenas porque tienen inhibiciones que les impiden actuar con maldad".

"El género artístico del pequeñoburgues es el crimen"

"Siempre he creído que entiendo algo de hombres. Creía que estaban compuestos de ocho partes de orgullo y dos partes de otras cosas..."


Sandor Marai
La Mujer Justa
Editorial Salamandra, Barcelona, 2005
415 páginas
Las dos primeras partes fueron publicadas en 1941 y la tercera en 1949.