lunes, 3 de junio de 2013

Dignidad campesina, de Alfredo Molano



Les comparto una escueta reseña que publiqué el domingo 2 de junio del 2013 sobre este libro de Alfredo Molano.
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El hervor del acuerdo agrario entre el Gobierno y las Farc parece una excusa para leer Dignidad campesina, el libro más reciente del sociólogo y periodista Alfredo Molano Bravo, quien, a propósito, intervino recientemente en un foro sobre el proceso de paz que organizó la Universidad de Caldas en Manizales. Se trata de un compendio de siete crónicas publicadas en El Espectador en las que prevalece la idea de que “el origen del problema -siempre tapado a bala- es la tierra”, como escribía en una columna de mayo del 2010.


Cada caso (el Macizo colombiano, Marmato, Caramanta, El Catatumbo, Simití, El Garzal y Rubiales) con sus particularidades, es la evidencia de un conjunto de situaciones: primero, de los conflictos que generan los macroproyectos que involucran el uso de recursos naturales y territorios tradicionalmente poblados por trabajadores de la tierra. Segundo, que el modelo de desarrollo que han adoptado invariablemente nuestros gobiernos, con lo que ello implica (leyes y formas de entender el territorio), es el terreno más cómodo para que se muevan las empresas que ejecutan dichos macroproyectos. Tercero, que tristemente, aunque no en todos los casos, las sangrientas incursiones de los grupos armados ilegales, particularmente de los paramilitares, han precedido la instalación expedita de aquellas empresas.


Molano logra esto al esculcar en la historia, recurso necesario sin el cual los campesinos que andan en plan de resistencia quedarían como meros facinerosos que se oponen al progreso, y no como los herederos de una tradición laboral y cultural que se exponen al desarraigo sin mayores garantías.


Como periodista, por otra parte, mantiene el método que privilegia la voz de aquellos con quienes se topa en sus caminatas, los mismos que sufren las arremetidas de los violentos, las arbitrariedades de las autoridades y los sinsentidos de la ley. Eso también lo lleva a abordar el paisaje –usando el término de una forma amplia– con una mirada particular que le da vida a su característico tono. Esto escribe sobre Marmato:

“Por el centro del pueblo corre un fluido de barro espeso y gris, producto de la cianuración del material aurífero que, envenenado, desemboca en el río Cauca. A la salida hacia Marmato está ubicada la sede de la compañía Medoro Resources: planta de beneficio, presa de colas, depósito de estériles, laguna de almacenamiento de aguas, depósito de suelos, talleres, piscinas deportivas, edificaciones administrativas, casinos, campamentos de obreros y residencias de técnicos. Un clásico enclave cercado, enmallado y protegido por guardias armados y perros embozalados”.


Dignidad campesina, volviendo al comienzo, es un libro interesante para entender por qué la relevancia de haber llegado a un acuerdo agrario, pero también es la muestra de que los cambios que se vienen, si son serios y se implementan con rigor, enfrentarán una fuerte resistencia, ya no de los campesinos, sino de quienes a punta de bala e injusticias se han abierto espacio en territorios que no les pertenecen.



Alfredo Molano Bravo
Dignidad campesina. Entre la realidad y la esperanza.
Editorial Ícono
104 páginas
2013

viernes, 10 de mayo de 2013

Las reputaciones, de Juan Gabriel Vásquez

Decía Laura Restrepo en una ocasión que su novela "Demasiados Héroes" era entrañaable para ella pero había pasado inadvertida para el público, luego del éxito que logró con Delirio, novela con la que ganó el Premio Alfaguara. Que su publicación le había generado una sensación parecida a la soledad, luego de la abrumadora acogida de la anterior.

Algo similar puede pasar con Las reputaciones, novela que publica Juan Gabriel Vásquez dos años después de El ruido de las cosas al caer, con la que ganó (también) el Premio Alfaguara.

Las reputaciones es una novela corta, sencilla, con una trama mucho menos compleja que la anterior. Parte de una anécdota y quizás habría podido ser un cuento. Creo que no tiene el universo o la complejidad de una novela. Pero es una novela y entonces hay que leerla como tal. 

Cuenta la historia de Javier Mallarino, un caricaturista con más de 40 años en el oficio. El caricaturista más influyente del país, premiado, reconocido y famoso, que de pronto duda sobre la veracidad (o la justicia) de la información contenida en una caricatura publicada 28 años atrás, que condujo a un desenlace fatal.

A mi modo de ver la novela busca reflexionar sobre dos asuntos: la memoria y el olvido, por un lado, y por otro el poder de los medios, el poder de la "opinión" en la opinión pública, de la prensa... pero creo que en ese trasfondo se queda corto, o que el escritor parte de una premisa que podría ser cuestionable: que el poder de los opinadores es inmenso, ilimitado, y que las páginas de opinión de los periódicos son como el diván de los colombianos. De hecho creo que las páginas de opinión están hechas para la inmensa minoría y que mientras el país "intelectual", debate unos temas o construye unas imágenes en las páginas de opinión, el país "común", va por otro lado. A manera de ejemplo estarían los debates que se dieron y se dan sobre el ex presidente Uribe o sobre el matrimonio igualitario en las páginas de opinión vs lo que dicen las encuestas sobre esos temas, o lo que sobre esos temas opinan amplios sectores de la sociedad.

Pero ese es otro debate. Volviendo a la novela, ésta tiene unos guiños literarios que evocan a Sin Remedio  (en alguna parte se menciona a Ignacio Escobar) y Mallarino puede ser un híbrido de varios caricaturistas que en todo caso se parece al menos en parte a Antonio Caballero. Es, en resumen, una novela entretenida, con imágenes bonitas del centro de Bogotá, la Séptima y otras zonas, con construcciones literarias que cualquier lector agradece y una estructura que viaja del pasado al presente y se devuelve sin demasiados artificios, pero considero que menor dentro de la obra de este excelente escritor.

Las frases:
"se había acostumbrado a mirar el mundo a través de las pantallas y las páginas, a dejar que la vida le llegara en lugar de perseguirla hasta sus escondites".


"había sido devorado, como tantas otras figuras, por el hambre sin fondo del olvido".

"centro justo de la primera página de opinión, ese lugar mítico adonde van los colombianos para odiar a sus hombres públicos o para saber por qué los aman, ese gran diván colectivo de un país largamente enfermo".

"Qué rara es la memoria: nos permite recordar lo que no hemos vivido".

"andaba por la vida como un capataz anda por su finca".

"este curioso país cainita donde se premiaba la mediocridad y se asesinaba la excelencia".

"hay por lo menos dos cosas que no han cambiado: primero, lo que nos preocupa; segundo, lo que nos hace reír".

"Lo importante en nuestra sociedad no es lo que pasa, sino quién cuenta lo que pasa".

"los desayunos tensos donde se oía demasiado el ruido de los cubiertos en los platos".

"¿no decía alguien que un hombre exitoso es simplemente alguien que ha encontrado la manera de disimular un complejo?.

"... del periódico -ese grosero adulador del momento presente-"

"En nuestra época no se puede tener dudas, Javier, el que duda se muere. Hay que verse fuerte, porque si no, lo matan a uno".

"El olvido era lo único democrático en Colombia: los cubría a todos, a los buenos y a los malos, a los asesinos y a los héroes, como la nieve en el cuento de Joyce, cayendo sobre todos por igual".

"el vino es luz aglutinada por la humedad".

"Sería un  buen regalo, enseñarle a mi hija a estar sola, a que le guste su soledad".

"La memoria tiene la capacidad maravillosa de acordarse del olvido, de su existencia y su acecho, y así nos permite mantenernos alerta cuando no queremos olvidar y olvidar cuando lo preferimos".


"desgastados también ellos por las diversas estrategias de que disponía la vida para desgastar a los amantes, por los demasiados viajes o la demasiada presencia, por el peso acumulado de las mentiras o las torpezas o las indelicadezas o los errores, las cosas dichas a destiempo y con palabras inmoderadas o inconvenientes o las que, quizás por no encontrar las palabras convenientes o moderadas, nunca se dijeron, o desgastados también por la mala memoria, sí, por la incapacidad para recordar lo esencial y vivir en ello (para recordar lo que una vez hizo feliz al otro: cuántos amantes ha sucumbido a ese olvido negligente), y por la incapacidad, también de adelantarse a todo aquello que tanto desgasta y deteriora, adelantarse a las mentiras, a las torpezas, a las indelicadezas, a los errores, a las cosas que no debían decirse y a los silencios que debían evitarse: ver todo aquello, verlo venir en la distancia, verlo venir y hacerse a un lado y sentir el soplo de su paso como un meteorito rozando el planeta".



Las reputaciones
Juan Gabriel Vásquez
139 páginas

Alfaguara

2013

jueves, 25 de abril de 2013

Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett


“Lo que no tiene nombre” salió a la venta el 8 de marzo y ya lleva más de 7.000 ejemplares vendidos. En un país en el que vender 1.000 libros es ya un éxito, lo que ha ocurrido con este texto puede decirse que es un fenómeno.



Por supuesto, la calidad de un libro no se mide por las ventas, pero ayer oí decir a su autora, en una presentación en la Librería Prólogo, que ella siempre ha tenido lectores en la academia, entre los escritores -porque la poesía en este país circula en ámbitos muy restringidos- pero que se siente satisfecha de haber logrado llegar a un público diferente, más amplio y diverso, con este libro.



Creo que lo logra porque la historia es hermosa, el libro está bellamente escrito y habla de un tema tabú: el suicidio, y de otro tema tabú: la esquizofrenia y la enfermedad mental. Ambos más comunes de lo que se cree. Por eso uno de los epígrafes del libro, de Paul Auster es tan acertado: “Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”.



Pese al dolor de mamá que representa el suicido del hijo, en cada párrafo se nota la rienda que le pone freno a su emoción, para dar cuenta de un hecho con las palabras precisas, duras, escuetas, que enseña a usar la poesía. En una presentación en la Feria del Libro de Bogotá de 2004, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski contó que su primer acercamiento con la escritura no fue el periodismo sino la poesía y que a la poesía le debía el rigor de imponerse encontrar la palabra exacta para cada cosa. Ese oficio de poeta, que le permitió ser excelente cronista, es el que se siente en cada página de “Lo que no tiene nombre”, un texto de no ficción que tiene todo el valor de la literatura: en las palabras que usa, en la estructura elegida, en la construcción del hijo-personaje, que murió como miembro de familia pero nació como personaje de la literatura colombiana, con una voz propia.



Al leer este libro recordé “El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince, y “La luz difícil”, de Tomás González. Los tres pueden configurar la trilogía del duelo en la literatura colombiana contemporánea, o al menos la trilogía del duelo por el hijo perdido (para mí, los momentos más tristes de El olvido que seremos no vienen por la anunciada muerte del padre, sino por la inesperada muerte de la hija-hermana). En esta trilogía “Lo que no tiene nombre” tiene la fuerza que implica el pacto con el lector de saber desde el comienzo que lo que se está leyendo ocurrió realmente y no hay ficción en el relato, situación que comparte con El olvido que seremos, y a su vez tiene la fuerza que imprime la muerte por voluntad propia, como también se da en la ficción planteada en La luz difícil.



Solo alguien que tiene una formación literaria (poética) muy sólida, puede escribir un libro de esta calidad, sin sentimentalismo ni melodrama, en medio de un duelo tan profundo. Porque hay que recordar que lo escribió “en caliente”, durante el año siguiente a la muerte del hijo, y no años o décadas después, como han hecho otros autores para narrar sus propios dramas en clave literaria.



Al final del libro Piedad Bonnett cita a Juan José Millás: “la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas”. Para mí, esta lectura ha sido al mismo tiempo hurgar y sanar una vieja cicatriz.





Los que quieran conocer más de la obra de Piedad Bonnett, su página web es: www.piedadbonnett.co

...y como es habitual, acá van las frases:



“Pero la verdadera vida es física, y lo que la muerte se lleva es un cuerpo y un rostro irrepetibles: el alma que es el cuerpo”.



“Durante horas, sentado cada uno en un lugar distinto de la sala de la casa, ensimismados en los computadores y en los teléfonos, por momentos parecemos representar una obra del absurdo”.



“La noticia de que se trató de un suicidio hace que muchos bajen la voz, como si estuvieran oyendo hablar de un delito o de un pecado”.



“Muchos de los intelectuales que conozco se abochornan ante la muerte, no saben abrazar, se paralizan al verme”.



“Ya no creemos en las fórmulas, pero no hemos creado un lenguaje que las remplace. Los hechos, como siempre, acorralan las palabras”.



“La vida nos escamotea el espectáculo de nuestro funeral”.



“estamos ante un momento de incomprensión histórica, ante una simplificación amplificada por la estupidez de la provincia”.



“en el corazón del suicidio, aun en los casos en que se deja una carta aclaratoria, hay siempre un misterio, un agujero negro de incertidumbre alrededor del cual, como mariposas enloquecidas, revolotean las preguntas”.



“Uno de los autores que leo recuerda, no obstante, que a veces no se puede escoger cómo morir. Que el soldado usará su arma, y el médico el bisturí, y el farmaceuta una dosis de barbitúricos”.



“¿De qué tamaño es el dolor del que se despide de sí mismo?”



“Todo suicidio encierra un mensaje para los que se dejan atrás”.



“ningún amor es útil para aquel que ha decidido matarse. En el momento definitivo, el suicida sólo debe pensar en sí mismo para no perder la fuerza”.





Lo que no tiene nombre

Piedad Bonnett

131 páginas

Alfaguara

2013



sábado, 9 de febrero de 2013

Abraham entre bandidos, de Tomás González


Hace ya más de un año Carlos Julián había reseñado en este blog "Abraham entre bandidos" y había empezado diciendo que "hay algo de bello en toda esta sencillez". Creo que "sencillez" es la palabra que mejor describe la literatura de Tomás González, una escritura limpia, depurada, sin malabares ni trampas ni pretensiones rocambolescas, que habla siempre de gente común, de historias cotidianas, en medio de una naturaleza muy bien descrita y unas voces personales muy bien definidas.

Leí que esta historia tiene dos orígenes: por un lado, el secuestro de Abraham se parece al del suegro de Tomás González, que en la época de la violencia fue "raptado" durante cinco días por el bandolero Chispas para conversar y tomar aguardiente, porque era una persona muy agradable. Por otro lado, González leyó una historia en el Miami Herald sobre una señora octogenaria y su hijo, 20 años menor, con síndrome de down, y de ahí surgen los personajes de Susana, la esposa de Abraham, y Vicente, su hijo.

La historia está contada en dos tiempos, en capítulos intercalados: Por un lado está el secuestro de Abraham y su amigo Saúl, y las penurias que padecen en medio de la incertidumbre, largas caminatas, hambre y frío. Por otro lado está el relato de Susana, 40 años después, recordando no sólo los días del secuestro sino la vida familiar con sus 9 hijos, sus nietos, su vecina y un entorno muy paisa, muy clase media colombiana, muy "común y corriente".

Es una novela sobre una familia. También sobre La Violencia y las otras violencias porque en este libro, más que en otros, el autor suelta algunas frases políticas. Pero me parece que además de todo eso, es una novela sobre la amistad de Abraham y Saúl, una historia que se cuenta como se construyen las amistades duraderas entre los hombres: con muy escasas palabras y mucho tiempo en común.

No es claro en que ciudad vive Susana ni en que zona ocurre el secuestro, pero el recorrido de Abraham y Saúl puede ser por Santuario, Risaralda, donde quedaba la finca de los abuelos del autor, o por Sevilla Valle, donde vivía la familia de su esposa. Los secuestrados en todo caso recorren cafetales, zonas templadas y bosques de niebla, en una geografía similar a la del Eje Cafetero.

En éste como en otros libros de González, aparecen sus temas recurrentes: la familia, la finca, la clase media urbana colombiana, el paisaje, el lenguaje coloquial y, sobre todo, el sentido del humor, que acá se agradece porque en una historia dura y con tanta sangre el lector se sorprende con risas que parecen fuera de lugar.

Por último, un guiño para los lectores de toda la obra de González: algunos de los personajes que aparecen acá en un segundo o tercer plano, como Cesar el médico forense, reaparecen en algunos de los cuentos de El lejano amor de los extraños.

Las frases: 
"como si se acabaran de tomar la finca y se dispusieran tal vez a asesinarlos o algo peor"

"debía pasar el día en una oficina desabrida (sin matas, donde según ella, la secretaria dejaba herbir el café y los empleados salpicaban la taza del inodoro).

"nadie camina con tanta maña a esa hora a no ser que se lo proponga; y nadie se propone caminar a la perfección a las tres de la mañana a no ser que esté borracho".

"A ella nunca le han gustado las mujeres demasiado sufridas y abnegadas, porque la verdad es que muchas se esclavizan solas".

"para enfrentarse con el horror, que nos deja indefensos como niños recién nacidos".

"A ríos más o menos grandes había ido, dijo, pero nunca al mar".

"la gente volvía a hacerse ilusiones y a pensar que ahora sí llegaría la paz. Uno se engaña. Algún día se acabarán, claro, porque nadie se acostumbra a que anden matando así a la gente (ni siquiera los que matan), pero vea usted en lo que estamos todavía...".

"A todos de vez en cuando nos llegan melancolías grandes, porque vivir es difícil".


Abraham entre bandidos
Tomás González
212 páginas
Alfaguara
2010

jueves, 31 de enero de 2013

El buscador de oro, de Jean-Marie Gustave Le Clézio

Este es un libro lento. Lento no significa aburrido. Lento significa que no es un libro para devorarse en dos sentadas, sino para degustar página a página durante semanas o meses.

Alguna vez oí que para aprender otro idioma y defenderse de manera básica es suficiente con saber usar alrededor de 2.000 palabras. Le Clézio demuestra que si un idioma tiene 10.000, 15.000 o 20.000 palabras es para usarlas todas. Debe ser un gusto leer a Le Clézio en francés. Qué riqueza de lenguaje. En todo caso, la traducción que Manuel Serrat Crespo hace de esta obra es un trabajo "impresionante". Cada página trae dos, tres, cuatro palabras de las que uno apenas sospecha el significado. Muchas tienen que ver con el oficio del marinero, partes de los barcos, etc., otras con flora y fauna, y muchas otras simplemente le ayudan a describir de una manera precisa y poética entornos que son fundamentales para el desarrollo de la historia.

El libro está dividido en siete capítulos de irregular extensión y la diferencia entre uno y otro consiste básicamente en el espacio en el que se desarrollan. De hecho el nombre del lugar sirve para titular cada capítulo. Así, el libro comienza en una casa idílica en una zona selvática de la Isla de Mauricio, en la que transcurre la infancia de Alexis L`Etang hasta sus 8 años, cuando es expulsado del paraíso junto con sus padres y su hermana, por un huracán y la pobreza.

Años más tarde viene un viaje de Alexis a bordo del Zeta por distintas islas del Océano Índico, hasta que llega a la Isla Rodrígues en donde vive cuatro años al estilo Robinson Crusoe, en busca de un tesoro. Después Aléxis se enrola en la Primera Guerra Mundial y el escenario del libro se traslada a Europa y por último regresa a Rodrígues, para continuar con la búsqueda del tesoro.

Contada así, parece una historia de aventuras, pero no. Casi no tiene diálogos, los personajes son escasos y la principal relación de Alexis es con el entorno: la selva, el mar, la nieve en la Guerra, el barco, y sobre todo las estrellas, porque la bóveda celeste es la misma en cualquier parte del mundo, en cualquier época. Este libro es una historia muy poética inspirada en la vida de su abuelo y narrada con la maestría de un Nobel. Una metáfora sobre la infancia feliz, la relación con los padres y hermanos y la búsqueda permanente por ese paraíso perdido.

Las frases:
"El silencio es más fuerte que los ruidos".

"Hoy ha transcurrido mucho tiempo en un solo día".

"Aquella noche es larga como las noches que preceden a los largos viajes".

"Y por eso precisamente estoy a bordo del Zeta, como suspendido entre el cielo y el mar: no para olvidar -¿qué puede olvidarse?-, sino para hacer la memoria vana, inofensiva, para que eso resbale y pase como un reflejo".

"Me da igual. Aquí, el mar es tan hermoso que nadie puede pensar mucho en los demás. Tal vez nos volvemos semejantes al agua y al cielo, lisos, sin pensamiento".

"Las amistades entre los hombres se hacen y se deshacen. Nadie necesita a nadie".

"Laure me avisó cuando me marché: escribe sólo una carta para decir "regreso". Si no, es inútil. Así es ella: o todo o nada. Por miedo a no tenerlo todo, eligió la nada, es su orgullo".

"Han muerto tantos hombres. Ya no conocemos el miedo. Somos indiferentes, como un sueño. Somos supervivientes...".

"La guerra no es una historia de mujeres, todo lo contrario, es la más estéril de las reuniones de hombres".

"Creo que ninguno de nosotros puede evitar pensar en lo que, antes de esta guerra, existía aquí: esta belleza, estos bosques de inmóviles abedules donde se escuchaba el grito de la lechuza, los murmullos de los arroyuelos, los saltos de los conejos silvestres. Esos bosques donde van los amantes, después del baile, con la hierba tibia todavía por la luz del día, donde los cuerpos se abrazan y ruedan riendo".

"Vamos a la deriva por un país desconocido, hacia un tiempo incomprensible. Nos acosa siempre el mismo día, la misma noche sin fin. Hace tanto tiempo que no hemos hablado, tanto tiempo que no hemos pronunciado un nombre de mujer. Odiamos la guerra en lo más profundo de nosotros mismos".

"Son los piojos los que ganan las guerras".

"La historia ha pasado, aquí como en cualquier otro lugar, y el mundo ya no es el mismo. Ha habido guerras, crímenes, violaciones y, por ello, la vida se ha deshecho".

"¡Qué largo es el tiempo del mar!"


Jean-Marie Gustave Le Clézio
El buscador de oro Editorial Norma
Bogotá
2008
259 páginas

lunes, 28 de enero de 2013

El Libro de los Gatos, de Liliana García Carril

A veces los libros llegan por la vía indicada, pero no en el momento indicado. Luego, las condiciones se hacen propicias y un termina leyéndolos en el momento debido. Eso me pasó con El Libro de los Gatos, un recopilatorio de poesía que me regaló Misael Peralta cuando cumplí 28 años y que viene a leer ahora, a los 31.
Liliana García Carril recopiló varios textos en español, inglés, francés, portugués y alemán; todo tipo de escritos poéticos con un solo tema en común: los gatos. Borges, Fernando Pessoa, Baudelaire, Nicanor Parra y muchos otros se han sentido fascinados a lo largo de la historia con esta fiera doméstica y este libro recoge varios de los escritos producto de esa fascinación.
No soy muy devoto de la poesía, pero este libro me dejó muchas imágenes hermosas. Supongo que es el momento de prestárselo a Misael para que lo disfrute él, que ahora también tiene gato.

Dejo algunos fragmentos notables, como es costumbre:

El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa, son su propia imagen.
Beppo - Jorge Luis Borges

Poco hay tan esplendoroso 
como besar el gato entre los ojos.
Miau - Gerardo Deniz

It was an icy day.
We buried the cat,
then took her box
and set fire to it
in the back yard.
Those fleas that escaped
earth and fire
died by the cold.
Complete Destruction - William Carlos Williams

Os meus gatos
gostam de brincar
com as minhas baratas.
Autobiografia Sumária de Adília Lopes - Adília Lopes