Diario de lectura. Leemos libros, subrayamos libros, comentamos libros.
lunes, 2 de noviembre de 2020
Cartas a Antonia, de Alfredo Molano Bravo
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
En Twitter: @adrivillegas.
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domingo, 18 de octubre de 2020
La sombra de mi padre, de Martín Franco Vélez
"...esa ciudad parroquial de cuestas empinadas y días muertos no era la maravilla que había creído. Que la sociedad en que crecí resultaba de una pacatería irremediable, y que al final la gente vivía más preocupada por lo que dijeran de ellos que por ocuparse de sus propios asuntos" (p. 16).
"...acabé yéndome de Manizales hace casi dos décadas: porque hacía parte de esa sociedad de apariencias y charlas de pasillo que no me permitía ver lo que había al otro lado, la realidad que se cocinaba en esos barrios que iban más allá de Palermo" (p. 22).
Martín Franco Vélez
Editorial Planeta,
Bogotá, septiembre de 2020
135 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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jueves, 15 de octubre de 2020
Historia de la monja alférez, doña Catalina de Erauso, escrita por ella misma
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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lunes, 5 de octubre de 2020
Lo que fue presente, de Héctor Abad Faciolince
"Eugenia: este cuaderno no es tuyo. No lo leas. No contiene secretos; no contiene traiciones reales ni imaginarias. No lo leas. No seas metida, no lo leas. Quita los ojos de aquí. Deja de leerlo en esta misma página". Eso escribe Héctor Abad Faciolince en su diario el 18 de octubre de 2001. Y yo, que ya llevo 510 páginas leídas, desde la primera entrada del 30 de diciembre de 1985, sigo leyendo porque no me llamo Eugenia.
Leer diarios tiene algo culposo. Es un ejercicio voyerista aunque se haga con la anuencia del autor, como en este caso. Escribirlos y publicarlos puede ser un acto de vanidad: pensar que la vida ordinaria en realidad tiene momentos extraordinarios con algún tipo de interés para otros. Pero no es vanidad mostrarse con cicatrices y miserias: un ser humano inseguro, pobre, infiel, mentiroso, paranoico, insensible, machista, impotente, silencioso, aburrido, con incapacidades para escribir, para el sexo y para la alegría.
Es un acierto que estos diarios terminen cuando el editor le dice al autor que publicará El olvido que seremos, porque esa novela lo lanzó a la fama, y supone uno, significó también el fin de las angustias económicas que tanto pesan en tantas páginas de este diario. Como el lector completa la obra del autor, estos diarios publicados se completan entonces con la imagen que el lector tiene del autor desde su vida pública, que es más pública después de la novela sobre el papá asesinado. Ese contraste entre un escritor famoso, exitoso, muy vendido, contrasta fuerte con la de un ser humano que no tiene cómo pagar sus cuentas, que corrige textos de la Andi y que, además, sufre de impotencia sexual con la mujer que desea.
No es un tono lastimero o de víctima. Es un tono sincero: el de la escritura como lugar para narrarse sin máscaras y en descarnada desnudez. En el diario no es "el hijo de" o "el autor de". Es un ser humano con inseguridades que recurre a sus cuadernos cuando las cosas no están bien. La vida que fluye feliz no aparece con tanta intensidad porque cuando está contento el autor se ocupa de vivir, no de escribir.
Toda lectura es un pretexto, uno en el libro se lee a sí mismo, se refleja", escribe Héctor Abad y yo encuentro en estos diarios varios reflejos que son espejo: el del que quiere escribir pero tiene dudas (y deudas y falta de tiempo); el del amor desmedido por los hijos pero, al mismo tiempo, la culposa sensación de pensar que los hijos quitan tiempo o silencio, y las reflexiones sobre lo doloroso que es el divorcio pero, al mismo tiempo, lo difícil que resulta vivir en pareja después del tiempo del enamoramiento. Y también lo extraña que es la compañía de la familia, y lo sabroso que es caminar y perderse por ciudades nuevas, y la necesidad de soledad para poder pensar, pero, al mismo tiempo, la necesidad de tener alguien para compartir lo que se piensa.
En fin, son 21 años de diarios y más de 600 páginas. Seguro que ustedes encuentran otro tipo de reflejos en esta lectura desigual, como la vida.

Algunas frases:
"Para escribir necesito estar solo. "Escribir es hablar sin que a uno lo interrumpan", leí en alguna parte. Y basta una mirada para interrumpir el pensamiento y empezar a pensar en la mirada" (p. 20).
"El pensamiento es un caballo salvaje, loco, cerrero; la escritura es una forma de domarlo" (p. 23).
"Tener un hijo envejece" (p. 31).
"La religión dominical. Buena definición para el catolicismo. De lunes a sábado capitalismo, comunismo, sensualismo, armamentismo, mafia, cualquier otra cosa. La religión del viernes, islam; la religión del sábado, judaísmo. La religión del lunes, capitalismo" (p. 33).
"Dios es la más pura imaginación del hombre: lo más grande y lo más perfecto que no existe o existe solo en la fantasía nuestra, que es una manera privilegiada y muy real de existir" (p. 34).
"Quiero leer y leer y leer. Toda la vida, todo el tiempo, y lo que me dé la gana (¡todo!) solamente lo que me dé la gana. Retirarme, jubilarme, tener una casa sin polvo y ordenada a lo mejor en el campo. Y que las visitas vengan solo de vez en cuando, que no molesten tanto las visitas. Para poder leer y leer y no hacer otra cosa que leer" (p. 43.)
"Gente que no te llama, sino que te autoriza para que la llames: si estás mal, si necesitas algo..." (p. 68).
"Cuando estoy feliz, no escribo" (p. 79).
"Las palabras dichas repelen, excluyen a las palabras escritas. Las gastan. Mi lenguaje tiene fuerza solamente para una vez" (p. 84).
"Pero peor estaba Cervantes en los baños de Argel. Y escribió el Quijote después de los cincuenta, con una mano inútil" (p. 85).
"Leo, releo, logro adaptarme a libros prestados (¿ves?, algo aprendes), yo, que siempre quise comprar los libros que leía para poder rayarlos, guardarlos, releerlos. He descubierto a Simenon, vuelvo a Rulfo (p. 86).
"Pienso en la posición de mis manos dentro del ataúd" (p. 90).
"Creo que no quiero ser doctor. Si me vuelvo doctor, la academia será mi destino. Leo lo que quiero y no lo que debo" (p. 94).
"Yo no escribo para celebrar mis orgasmos, sino para conjurar mis impotencias. No me gusta el exhibicionismo de la danza de la victoria, sino el tímido rito propiciatorio que precede a la batalla. El dolor expiatorio que sigue a la derrota. Los rituales de purificación" (p. 97).
"Mi forma de amar es la añoranza, el deseo. La presencia, el otro, me importan menos, me alejan" (p. 98).
"A los hijos, si los queremos buenos, tenemos que hacerlos felices. La felicidad educa a la bondad" (p. 102).
"Este es el único sentido que le he encontrado al sufrimiento, a las tragedias: te da la dimensión exacta de los contratiempos. No hay que temer ningún contratiempo; solo hay que temer tragedias. Vivir con serenidad, casi con alegría, todo contratiempo, porque son parte de la vida feliz" (p. 114).
"Tener hijos es la condición que más cambia por dentro el carácter de una persona; más que ateos o religiosos, progresistas o reaccionarios, la gente se divide entre aquellos que tienen la experiencia de haber tenido hijos y los que no" (p. 129).
"Lo horrible no es el "yo no tengo quien me quiera". Peor es "yo no tengo a quien querer". La soledad fundamental, la más tremenda" (p. 174).
"¿Los hijos son una interferencia en la vida de un escritor? No, los hijos le hacen entender al escritor cómo es la vida verdadera" (p. 175).
Al terminar mi novela dice: «Me quedé empezada, a medias». Y eso es todo lo que dice, después de doscientas cincuenta páginas. Si oyera lo que me dijo Margaret, lo que me dijo Mario Jursich, lo que me dijo Consuelo. Lee un artículo que escribí para una revista: no dice que no le gusta, no lo critica, dice: «No sé esto para una revista...». «¿Y entonces para dónde?» «No sé».
"Talento tiene cualquier imbécil. Lo difícil es encontrar a alguien con la suficiente voluntad como para hacer algo con él" (p. 201).
"pues es cierto que aspiro a esta curiosa obscenidad: durar después de la muerte mediante las huellas de mis letras: que este surco que trazo sobre las hojas sea alguna vez descifrado por ojos curiosos" (p. 223).
"la altiva Manizales, que tantas cosas se cree y no es ninguna de ellas" (p.228).
"No me gustan los poetas. Tienen ese aire, esa altivez de creer que su palabra es la salvación del mundo" (p.243).
"¿Por qué a veces queremos tan poco a las mujeres perfectas? (p. 269).
"Sufro dos idealizaciones de la cultura en la que me levanté: idealizo el arte (la literatura en mi caso) y el amor. Tal vez debería dedicarme a despojar de ese halo ideal a las dos cosas. Pero el entusiasmo se alimenta de un ideal irracional. Si no creo en esas mentiras, en esas dos ilusiones absolutas, la literatura y el amor, pierdo el entusiasmo. Y sin entusiasmo todo es deprimente. Hay que vivir en la ficción del entusiasmo" (p. 344).
"¿No te gustó mi novela? La leíste con sueño" (p. 361).
"pero a veces es inevitable que la franqueza nos suene brusca cuando nos duele un poco" (p. 364).
"un optimismo firme, radical, solo pueden tenerlo quienes hayan conocido a fondo la tristeza y, a pesar de ella, no hayan perdido la confianza". (p. 369).
"los malos libros son indispensables en cualquier biblioteca. Los malos escritores te enseñan a reconocer lo que no debes hacer nunca" (p. 401).
"A mí se me considera superficial porque soy fácil de comprender. Es cierto que muchas ideas profundas son difíciles de comprender. Pero profundidad no es sinónimo de dificultad" (p. 443).
"si uno no se acostumbra a esas molestias (y comete la ingenuidad de separarse) acaba por no aguantarse ni a sí mismo" (p. 468).
"La escritura exige una especie de monogamia absoluta: conmigo y nada más" (p. 488).
"Toda lectura es un pretexto, uno en el libro se lee a sí mismo, se refleja" (p. 494).
Lo que fue presente (Diarios 1985-2006)
Héctor Abad Faciolince
Editorial Alfaguara
2019, Bogotá
610 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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sábado, 29 de agosto de 2020
La hora gris, de Eduardo Otálora Marulanda
Aunque normalmente leo a buen ritmo, necesité 10 días para poder terminar las 112 páginas de La hora gris, la obra con la que Eduardo Otálora Marulanda ganó en 2019 el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá.
La novela está dividida en tres partes y en cada una de ellas el narrador es un niño. Cada capítulo funciona también como un cuento independiente y en ese orden de ideas eventualmente podría leerse en cualquier orden, aunque la secuencia cronológica es la que trae el libro. El primer capítulo se titula Figus y cuenta la historia de Ever y su familia, que huyen de su finca en la montaña por una enfermedad que se origina en la contaminación del agua. El segundo capítulo es Erián, una niña que vive confinada en una torre, en donde los sobrevivientes se protegen del mundo exterior. El último es Tata, que cuenta su historia como confinado en una cueva, en compañía de un anciano.
Solo el primer capítulo ofrece una geografía y un contexto que podría parecerse a la Colombia actual. Los otros dos relatos se ubican en tiempos y espacios apocalípticos y enrarecidos, en los que la condición límite a la que llega la raza humana obliga a replantear no sólo las relaciones y los ritos, sino también la corporeidad.
La degradación que narra La hora gris es una enorme metáfora que ofrece múltiples lecturas sobre la enfermedad, la ciencia, el concepto de progreso, la alienación, la incomunicación y el miedo al otro. Las narración avanza en caída libre: el color y la luz de las primeras páginas se esfuman con el amor. La necesidad de hacer parte del engranaje de la "gran máquina" (¿la sociedad? ¿el mercado? ¿la familia?) hace que los seres vivos se deshumanicen y renuncien a partes esenciales de su ser para poder encajar. El respeto por las normas, los rituales y los roles surge como una constante que da sentido a la comunidad, incluso en las situaciones más extremas. La sexualidad, despojada de cualquier posibilidad de ternura o afecto y ligada solo a la necesidad fisiológica o reproductiva, se revela con trastornadora violencia.
Hacer 350 años escribió Spinoza en su Ética demostrada según el orden geométrico que "nadie hasta ahora ha determinado lo que puede un cuerpo". El propósito de Eduardo Otálora con esta novela parece ser el de intentar ahondar en ese interrogante: ¿De qué es capaz un cuerpo? ¿Como se deshumaniza un cuerpo? ¿Cuáles son los límites del cuerpo? La corporeidad humana aparece en esta novela con todos sus detalles: el inventario de componentes corporales se ofrece de manera desagregada, como si cada uno de ellos tuviera que justificar su propia presencia. La piel, los brazos, las piernas, los ojos, las axilas, la sangre, los órganos, los fluidos, los olores, el sudor, el hambre, la sed, el cansancio, la sangre y los huesos tienen participación específica y autónoma en la narración.
En el último capítulo, cuando se cuenta que es costumbre cortarle la lengua a los que empiezan a gatear para evitar que hablen, recordé otra novela corta de Otálora, Dónde habitan las palabras, en la que se cuenta una historia completamente distinta en tono, tema y personajes, pero que también presenta una reflexión sobre el silencio y la incomunicación humanas.
Es frecuente relacionar la voz de los niños con alegría, risas, juego, ternura, y también con la ilusión que ofrecen sobre el futuro. El título de la novela se explica desde su epígrafe, con una cita de Tomas Whithhen: "se conoce como hora gris a ese período del día en que los recién nacidos manifiestan una incomodidad injustificada". Las voces de los tres niños, Ever, Erián y Tata, narran con miedo, tristeza e ingenuidad un mundo despojado de juegos, alegría e ilusión. Un mundo duro, en el que la hora gris parece prolongarse de manera indefinida, y uno como lector, al cerrar las páginas del libro, descubre también una incomodidad injustificada al mirar sus manos, sus pies, y recordar que todavía sale agua de la llave y hay comida en la nevera.
Algunas frases
Me provocaba tener el poder de quedarme muerto con solo cerrar los ojos, así que los cerré. Pero no me morí, solo me quedé dormido otra vez (p. 26).
Ese día caminamos hasta que se hizo de noche sin encontrarnos con nadie, ni siquiera con los muertos. (p. 37).
Si no nos seleccionan y terminamos convertidas en harina tenemos que sentirnos honradas, porque así hacemos de la torre un lugar mejor (p. 48).
“No hace falta que me abraces, porque todos estamos en el abrazo universal”.
La gran máquina huele horrible (p. 80).
Les cortaban las lenguas recién los cazaban para que no hablaran entre ellos, no nos gritaran a los como-nosotros y además nos cogieran miedo (p. 86).
Se dieron cuenta de que estar vivos era el verdadero castigo (p. 91).
Los como-nosotros estamos envenenados y por eso no nos morimos sino que nos vamos pudriendo poco a poco (p. 92).
Entendió que el hambre también era un regalo de los dioses, porque le daba la fuerza no sólo para buscar sino también para cazar (p. 92).
Las tradiciones eran muy importantes para los como-nosotros porque hacían que todo funcionara en la isla (p. 99).
Debes respetar las normas porque sin normas no hay vida (p. 100).
La hora gris
Eduardo Otálora Marulanda
Fondo de Cultura Económica
Bogotá, 2020
112 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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miércoles, 19 de agosto de 2020
Un pequeño matachín de Riosucio, de Álvaro Gartner
Un pequeño matachín de Riosucio parece un libro para niños pero no lo es. Es decir: puede ser leído por niños, y tiene numerosas y coloridas ilustraciones, pero se trata de un volumen que también resulta de interés para los adultos que quieran acercarse al origen y la estructura de una de las fiestas más antiguas y tradicionales de Colombia: el Carnaval de Riosucio, que se celebra cada dos años durante la primera semana de enero.Un matachín es celebrante del carnaval: es la persona que hace el carnaval. En este libro, el matachín es un niño que en compañía del Padre Carnaval y el Diablo recorre los principales momentos de la fiesta, su origen indígena, la razón de celebrar al diablo (y quemarlo), las actividades que se realizan en cada uno de los cinco días del Carnaval, los trajes, las cuadrillas y la tradición que hay detrás de cada momento de la fiesta.

La obra, escrita por el periodista Álvaro Gartner e ilustrada por Paola López, tiene un lenguaje sencillo y de fácil comprensión, pero al mismo tiempo ofrece datos precisos y recuperación histórica de nombres, fechas y cantos, en un ejercicio por narrar de manera amena sin restarle rigor al relato.
El libro ofrece además la posibilidad de recorrer las calles, parques y el paisaje de Riosucio, municipio ubicado al occidente de Caldas: desde sus piedra del Ingrumá y sus dos parques, hasta su plaza de mercado, algunas de sus veredas y sus resguardos indígenas. Se trata de una opción novedosa y local para reescribir la historia de esta fiesta.
Un pequeño matachín de Riosucio
Alvaro Gartner
Editorial Pispirispis
Manizales
2014
67 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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martes, 18 de agosto de 2020
El desterrado, de Leonardo Valencia
Leonardo Valencia es un escritor ecuatoriano consagrado, con varios libros de novela y ensayo publicados, además de un volumen de cuentos, "La luna nómada", que aunque fue su primera obra publicada sigue en construcción. El autor además fue profesor de escritura creativa durante varios años en Barcelona, y ahora ejerce la misma labor docente en Quito.El desterrado fue su primera novela. Publicada en el año 2000, esta ópera prima de Leonardo Valencia ya muestra la maestría del autor en el cuidado del lenguaje y en la construcción de una estructura narrativa elíptica, con una buena cantidad de personajes y un manejo temporal en el que el narrador va y viene entre el pasado y el futuro.
La destreza narradora se siente desde la primera oración de la novela: "El Viejo Elefante cumplía cada semana con el mismo ritual. Llegaba el jueves a media tarde y se anunciaba desde las escaleras con las tres notas de su paso: el taconeo de los zapatos y la tilde del bastón".
Nebbiolo Bentornato es "El Viejo Elefante" un personaje amigo de la familia Dalbono. Es él el hilo conductor a partir del cual se narra la historia del padre Domiziano, su esposa Sabina, sus hijos Orlando y Carlo y las esposas e hijos de estos. Se trata de una novela sobre una saga familiar, con Orlando como protagonista, aunque se trata de un protagonista que durante toda la novela sólo pronuncia una palabra ("sí") y que toma fuerza cuando ya ha transcurrido al menos un tercio de la novela, porque la primera parte se centra sobre todo en los padres de Orlando.
Es entonces una novela sobre una constelación familiar, pero es mucho más que eso: es un retrato sobre cómo se vivió en Italia el nacimiento del fascismo y el fortalecimiento de las camisas negras, y sobre cómo estos hechos políticos afectaron las vidas cotidianas de personas que no tenían militancia política. Es entonces una novela sobre el miedo, sobre el enrarecimiento de la vida, contada a partir de sutiles detalles de la vida de barrio.Para quien no la haya leído y vaya a acercarse a este libro, recomiendo un ejercicio similar al que vale la pena hacer cuando se lee Cien años de soledad: escribir los nombres y construir el árbol genealógico correspondiente. En El desterrado no hay tantos nombres como en la novela de Gabo, pero a veces por la forma de la narración el hilo puede confundirse.
El autor ha sido pintor y Audry, uno de los personajes de la novela, también pinta. En algún momento ella mancha un cuadro. Lo pinta en exceso y lo daña. Quizás algo así pasa también con El desterrado: una gran novela que pudo terminar unas páginas antes, o que tiene un final que a mi modo de ver no le hace justicia a la tensión que se vive en buena parte del libro.
Algunas frases:
"Nuestro lenguaje es un desorden encubierto por una serie de convenciones" (p. 27).
"El sol simplemente no se mueve alrededor de nosotros. Nuestro lenguaje no ha asimilado esa revelación. El caos está en nuestro lenguaje" (p. 30).
"Que aprendan riendo, doctor Milvio. ¿Cuál es el problema? Si de paso ríen y disfrutan aprendiendo, ¿qué tiene de malo que nos ríamos todos...?" (p. 37).
"Si les da usted la libertad de reírse a cada momento, van a relativizar la importancia de lo que les está enseñando" (p. 37)-
"Está escrito: las reinas no pueden elegir lo que les manda su corazón. Y el corazón les manda rendirse ante quienes las tratan como tales" (p. 44).
"Cuando vio el primer elefante de su vida, sopesó las proporciones y dijo que era un toro rechoncho de cuernos caídos" (p. 50).
"Nunca te detengas mucho donde te fulminó la suerte" (p. 83).
"Esa organización perfecta lo fascinaba. La clandestinidad era su encargo. Si él estaba así, cuántos más no andarían por las calles de la misma manera. Al descubrir esa posibilidad se sorprendió mirando a un costado y a otro. A él también podrían estarlo vigilando otros desconocidos, aunque no tuvieran ningún distintivo" (p. 108).
"Las proporciones de lo que aparece en una obra no son reales, aunque el conjunto sea impactante y creíble. En una fotografía, en cambio, aparecen las proporciones reales. La distorsión que puedes lograr es mínima. Y sólo tienen el blanco y el negro. No saben nada de color" (p. 128).
"Los compradores eran amigos de su familia, familiares de sus amigos, conocidos de los académicos, y muchos de los pintores terminaban también siendo galeristas. Un laberinto en el que se sentía encerrada. Lo peor era ser considerada tan poco, al menos hasta que se casara con alguno de los grandes compradores de pintura" (p. 136).
"Es como si el mundo fuera un gran colegio. Debes seguir la corriente, si no, te expulsan" (p. 190).
"Como si supiera que el amor tiene apenas una oportunidad para desatar su epicentro" (p. 240).
"Los hombres deben dar vueltas durante toda su vida, detenerse muy poco en el descanso de una alegría ocasional y luego retomar camino para concluir en su propia desgracia" (p. 267).
"Como todo burócrata, vestían impecables. Sin una sola arruga, pero sin imaginación" (p. 284).
"Las mujeres saben morir con más dignidad" (p. 307).
"Era el simple ciclo interior que se perfila en cada ser humano en un momento de su vida y le pide a gritos el ritmo de otra tierra, de un paisaje diferente, de grupos inusitados de seres humanos que le permitan creer en otras posibilidades, para las que no ha sido diseñada ninguna habitación en la casa que lo ha visto nacer, y en la que siempre se ha sentido a solas" (p. 362).
El desterrado
Leonardo Valencia
Penguin Random House-Punto de lectura
2013
Bogotá
377 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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Toriles: "el otro mundo", de Fernando Macías Vásquez
El libro, sin división por capítulos, narra las historias de Toriles, la zona de tolerancia de Salamina, Caldas, durante buena parte del siglo XX. Se trata entonces de un texto de no ficción en el que el autor da cuenta de la gastronomía, la moda, las relaciones familiares, el ocio y el sexo en un municipio ultra conservador como Salamina, que el mismo autor describe como "una sociedad tan cerrada y machista" (p.8).Se trata de un cuadro de costumbres sin personajes ni trama: el libro consiste en la descripción, a veces nostálgica, de una forma de vida que ya no existe en Salamina, o por lo menos no en la manera en que se cuenta en la obra.
El protagonista del libro es Toriles, sobre el que el autor informa que "la autoridad prohibía terminantemente que alguien visitara ese lugar por más de dos veces al mes" (p.18) para "cuidar la moral y evitar infidelidades" (p.19) y que "el caldo de palomo era el mejor afrodisíaco existente" (p.46). No hay personajes o protagonistas, sino una sucesión de anécdotas en torno a este sector de Salamina. Se trata de la reconstrucción oral sobre la historia de una zona de prostitución hoy inexistente, en la que las prostitutas aparecen en un rol secundario y brumoso. El rol principal lo ocupan los clientes del barrio, mientras que las historias de ellas (los abortos clandestinos, las inspecciones médicas, los hijos y la pobreza) se insinúan sin mucho desarrollo.
Coincido con Jursich: al libro le faltó edición. La lectura deja la sensación de estar frente a una joya en bruto: un gran tema, abundancia de material, pero una escritura que pudo ser mucho más rica, en la medida en que enunciara menos y narrara más.Algunas frases:
"una época dorada regida por viejos, odiosos y ortodoxos preceptos que sojuzgaban y devaluaban la mujer" (p. 7).
"las prostitutas de entonces como las de hoy, son el resultado de factores genéticos, humanos, sociológicos y antropológicos, en los que juegan un papel principalísimo la exclusión social, la violencia, la soledad y hasta la mala suerte" (p.8).
(Sobre Toriles): "donde insólitamente desaparecían los subsuelos sociales tan notorios en una de las poblaciones más clasistas del país" (p.11).
"haciéndoles el amor por el camino sobre la flexible felpa de los potreros o a la sombra de los rastrojales, fisgoneados solamente por la caricia del aire fresco que juguetea silbando con los chuscales, dando tempranero fin a esos amores recién inaugurados" (p.33).
"Teta que cabe en mano, no es teta sino grano" (p. 34).
"por la secuela de un absurdo accidente de tránsito, se convertiría en el único baterista manco del que he tenido noticia, Adán Ceballos" (p. 35).
"Los más prominentes clientes como sabuesos embelesados, sorbían de su ombligo por turnos rigurosos el aguardiente que allí depositaban exactamente equivalente a un trago, ante la mirada envidiosa de los demás concurrentes" (p. 38).
"El burdel es el ambiente más propicio para la creación poética" (p.78).
"Tan diestro para comercializar que lograba vender cajas de dientes de segunda mano a plazos" (p. 90).
Toriles: "El otro mundo". Una historia que parece un cuento
Fernando Macías Vásquez
Hoyos Editores
2017, Manizales
99 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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viernes, 10 de julio de 2020
Como hombres, de Ana María Mesa
Ana María Mesa es una twittera conocida. Lo que llaman ahora una "influencer". Vive en Manizales, en donde ha permanecido buena parte de su vida, salvo por los años en los que estudió su carrera universitaria en Medellín. Desde Manizales creó en 2009 a @animesa, una cuenta reconocida en el país virtual que es Twitter. ¿@animesa es Ana María Mesa? La pregunta puede ser interesante ahora que está tan en boga la autoficción. Los perfiles virtuales que crean los seres reales a veces son personajes: creaciones narrativas que se parecen mucho o poco, dependiendo del usuario, al ser humano de carne y hueso que se encarga de digitar los mensajes.En twitter, a punta de persistencia, humor y actualidad, @animesa ha conseguido 37.000 seguidores con los que conversa diariamente, varias horas del día.
El 3 de marzo de 2020, pocos días antes del Día Internacional de la mujer, Ana María leyó un trino en el que un señor reaccionaba a la decisión de la Corte Constitucional de no tumbar pero tampoco ampliar las 3 causales por las cuales las mujeres podemos abortar en Colombia. La reacción fue escribir un trino desde la cuenta @animesa trastocando el género: poner en masculino lo que normalmente se escribe en femenino:
"Por promiscuos
por no usar condón
por no hacerse la vasectomía
por tirar con cualquiera
por no impedir su erección
por tener necesidades incontrolables
por ser incapaces de pensar
por no saber controlarse
por acosadores
por violadores
Ojalá los tipos se embarazaran".

Luego escribió otros trinos con el mismo juego de rotación del género y otras cuentas de twitter empezaron a hacer lo mismo. El juego creció, la usuaria @gelitoazul inventó la etiqueta #ComoHombres y rápidamente se hizo viral: hubo más de 300.000 publicaciones en distintos países de latinoamérica con esa etiqueta, en la que cientos de mujeres pudieron expresar como hombres lo que llevan décadas oyendo como mujeres: los estereotipos del comportamiento esperado en la casa, el trabajo, el colegio, la universidad. El patriarcado omnipresente que se evidencia en las frases cotidianas de todos los días. Frases que están normalizadas pero que son violentas.
El libro "Como hombres" lo firma Ana María Mesa (no @animesa) y recoge algunas de esas frases o trinos, clasificados por ámbitos: la iglesia, el espacio laboral, la familia, el sexo, la política, entre otros. Cada capítulo viene precedido de una breve reflexión y el libro tiene un prólogo corto en el que la autora explica su interés por el feminismo:
"Es bueno tener contexto académico universal, por llamarlo de alguna manera, pero también es bueno conversar sobre las prácticas feministas de todos los días. Mentiría si dijera que me hice feminista leyendo a Virginia Woolf o a Simone de Beauvoir. Fue conversando con mujeres cercanas que entendí de qué iba todo esto. El feminismo sucede en ámbitos públicos y políticos, pero ahora mismo sucede sobre todo en el cuerpo femenino y ocurre para liberarlo" (p. 11).
El libro tiene 174 páginas que se agotan en una hora, porque el grueso de su contenido recoge en letra muy grande y con ilustraciones coloridas (hechas por María José Guzmán), las frases de las twitteras. Se trata entonces de un libro coral y polifónico en el que la voz de Ana María está en el prólogo, las breves introducciones de cada capítulo, la curaduría en la selección de trinos y la inclusión de trinos o frases firmadas por @animesa.
¿Se trata de una obra literaria? la respuesta es no. ¿Es un libro ligero? la respuesta es sí y Ana María se refiere a este asunto en su prólogo: "suele parecerme todo muy simple y no es porque me crea superinteligente sino al revés, me parece a veces que soy liviana, ligera. Pero entonces rescato la importancia de la sencillez y sí creo que hay inteligencia en ponerlo todo en una sola idea" (p.15).
La discusión sobre la levedad, a la que ya se refirió Italo Calvino en sus "Seis propuestas para el próximo milenio" puede ser interesante. Jorge Carrión viene hablando de los "Objetos culturales vagamente identificados". Los Ocnis son, según él, artefactos más o menos narrativos de naturaleza digital, como los memes, trinos, visualizaciones de datos, hilos de twitter, podcast, historias de instagram, canales de youtube, videos de tiktok o boomerangs, que aspiran menos a la lectura que a la viralidad. Según Carrión, estos Ocnis son reseñados por ahora como "tendencias" y no como "cultura". Lo curioso con Como Hombres es que toma un Ocni viral y lo convierte en artefacto para la lectura: lo traduce al formato del libro, que le apuesta a la permanencia, contraria a la volatilidad y la inmediatez.
Pilar Quintana, la autora de La Perra, escribió en Instagram sobre este libro: "no solo es divertido sino una tremenda herramienta pedagógica para reconocer el machismo y zafarnos de él. Debería estar en todas las casas. Se los recomiendo mucho".
En las conversaciones sobre el feminismo hay una reacción común entre los hombres: decir que se trata de un ataque a ellos... un asunto de viejas amargadas que no pudieron conseguir pareja, que detestan a los tipos o que hablan desde el odio. Rescato entonces que Como Hombres incluye trinos escritos por personas de distintos sexos y no solo por mujeres. Además, el feminismo, como lo entendemos algunas, debe ser también liberador para ellos. Ana María se pregunta sobre eso en su prólogo: "cómo lograr que los hombres conversen con nosotras de manera generosa y sin agenda. O cómo y cuándo se darán las conversaciones entre ellos, para que revisen el rol que históricamente han tenido como género, cómo los interpela el feminismo, cuáles son sus retos" (p. 11).
Leí este libro y pensé en las agendas de Aleida que publicó Vladdo durante años: páginas que mezclan frases, ilustración y humor y que pueden ser un divertimento pero también pueden ser un artefacto para la pedagogía o la reflexión. No son ensayo ni reflexión académica ni tienen por qué serlo. No es esa su intención.
Como hombres
Ana María Mesa
Editorial Planeta
Bogotá
2020
174 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
En Twitter: @adrivillegas.
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lunes, 29 de junio de 2020
El principito, de Antoine de Saint-Exupéry
Es una alegría haber vuelto a leerlo con ojos adultos. Hay tantas metáforas y tanta poesía en él, que sospecho que en mi lectura inicial pasé por alto. Solo un niño venido de otra galaxia, del asteroide B 612, tiene la capacidad de recordarle a un humano adulto que lo esencial es invisible a los ojos, o que la amistad consiste en amaestrarse hasta tal punto que uno empiece a extrañar al otro.
El principito tiene pasajes que hacen parte de la memoria colectiva: las boas abiertas y cerradas, la rosa vanidosa y cubierta con un globo de vidrio para protegerla del viento y el capítulo del diálogo entre El principito y el zorro, sobre la amistad.
Sin embargo, en esta segunda lectura me sorprendió, porque creo que lo había olvidado por completo, el periplo del principito por 6 planetas distintos, antes de llegar a la Tierra: el planeta del rey, el del vanidoso, el del bebedor, el del hombre de negocios, el del farolero y el del geógrafo. Cada uno de ellos habitado por un único personaje que simboliza una particularidad o debilidad del género humano.

El décimo capítulo es el del rey y ahora que lo descubro y pienso que es un capítulo útil para cualquier clase de ciencia política o teoría del Estado. Un capítulo que inicia con la llegada del principito al planeta del rey, quien está en su trono y al ver al niño exclama "He aquí un súbdito", ante lo cual el principito reflexiona: "No sabía que para los reyes el mundo está muy simplificado: todos los hombres son súbditos" (p.32). Se trata de un monarca absoluto, un monarca universal, que se preocupa por que se cumplan sus órdenes pero sabe que para lograrlo debe ordenar cosas justas: "La autoridad reposa, en primer término, sobre la razón. Si ordenas a tu pueblo que vaya a arrojarse al mar, hará una revolución. Tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables" (p. 36).
La autoridad, la justicia, el poder popular y los fines del Estado son elementos que pueden analizarse a partir de la lectura de estas escasas 5 páginas.
Otro enfoque para abordar el libro es el de la muerte, en particular desde dos miradas: la muerte de un niño y el suicidio de un niño: el principito le pide a una boa que lo muerda en el tobillo. Le explica al aviador que regresará a su asteroide pero que su cuerpo es demasiado pesado para volver y por eso necesita dejarlo. Las palabras muerte, desaparición, separación y sufrimiento aparecen al final del relato. El principito expresa su temor por el dolor y espera que todo pase rápido. Llora cuando conversa con el aviador, pero se muestra resuelto a ejecutar su decisión, y su determinación contrasta con su edad.
Visto así, El principito es un libro sobre duelos: el duelo por dejar atrás la infancia, el duelo del aviador-narrador por la desaparición del principito, el duelo del principito por la rosa que dejó, el duelo por el adiós del zorro, el duelo de cada uno de los seis personajes que viven en los planetas visitados antes de llegar a la tierra, por la falta de súbditos, admiradores, exploradores o la compañía que necesitan para complementar su trabajo. Es un libro sobre el proceso del duelo y también sobre la soledad. La maestría del escritor está en que no lo recordemos así: cuando hablamos del principito solemos recordar a un pequeño niño sonriente, excéntrico y un poco sabio. Nunca pensamos en un suicida.
El principito
Antoine de Sanit-Exúpery
Emecé Editores
1943
97 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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domingo, 28 de junio de 2020
Río muerto, de Ricardo Silva Romero
Al comienzo de Río Muerto hay un prólogo en el que el narrador explica que esta historia (esta novela) se la contó una persona en un trancón entrando a Bogotá y que la historia ocurrió tal y como se escribe en el libro.Ese recurso le aumenta la verosimilitud a un relato desgarrador: el de la familia Palacios Arenas, que se destruye el día en que el comandante paramilitar Triple XXX, al comienzo del libro, asesina a Salomón Palacios, el mudo, el hombre humilde que hacía trasteos en Belén del Chamí, el esposo de Hipólita, el papá de Maximiliano, de 14 años, y de Segundo, de 8.
Ricardo Silva ha publicado varias novelas sobre la familia, o mejor aún, el amor de la familia. De hecho su más reciente publicación, Historia oficial del amor, tiene ese eje narrativo. Con relación a la violencia colombiana tiene dos antecedentes: Autogol, sobre la muerte de Andrés Escobar, y Espantapájaros, de 2012, novela con la que Río Muerto guarda varias relaciones.
Espantapájaros narra una masacre paramilitar en el nordeste de Colombia. El personaje principal, El Cigarra, es un matón temido que impone su ley; un bandolero aliado con los soldados, que ejerce su poder con total impunidad y que lee la mano de sus víctimas para revisarles la línea de la vida y confirmar que él, al matarlos, no les torció el destino que estaba escrito.
Río muerto narra el drama que se desata con el asesinato de un padre de familia, en Belén de Chamí, un pueblo que no aparece en el mapa. (Al igual que en Espantapájaros, la descripción geográfica hace difícil o ambiguo ubicar el sitio: en esa novela la historia se ubica al noreste de Colombia, pero el tiempo del viaje en bus desde Bogotá no coincide con el entorno que describe. En Río Muerto el pueblo está en el suroeste de Colombia. Suroeste serían Cauca o Nariño, pero el lugar del relato se parece al norte del Valle o el Chocó). El comandante paramilitar Triple XXX trabaja en asocio con Sarria, el comandante de la policía del pueblo, y también puede ejercer el terror a su antojo. Y como curiosidad, el hijo de Hipólita le causa a Triple XXX una herida en la mano que le corta la línea de la vida, y en consecuencia le altera el destino.Río muerto es una novela corta en donde los primeros capítulos abarcan el mes largo que transcurre entre el homicidio de Salomón y el duelo de Hipólita, que se hunde en una tristeza que le impide levantarse de su cama. Pero cuando la mujer reacciona y decide lo que va a hacer, el tiempo cronológico de la narración se ralentiza para contar cada uno de los detalles de lo que ocurre el 29 de febrero de 1992, día del año bisiesto en el que la protagonista decide desafiar la muerte y enfrentar a sus vecinos, al pastor de la iglesia y los comandantes legales e ilegales.
En Dos o tres cosas sobre "la novela de la violencia", Gabriel García Márquez escribió que las novelas publicadas sobre la violencia política en Colombia hasta ese momento (1959) eran malas y, citando el ejemplo de La Peste, de Camus, enseñaba cómo debe ser una buena novela sobre el conflicto: un relato que ese enfoque en los vivos, los sobrevivientes, y no en los cuerpos mutilados de los muertos.
Río muerto cuenta el drama de la violencia desde los vivos, desde tres sobrevivientes. Pero el recurso narrativo de convertir a Salomón Palacios en un espectro, un fantasma que siempre está con la familia, es una forma poética y eficaz de mostrar la fuerza del amor más allá de la muerte y, al mismo tiempo, la sombra de la muerte violenta como una herida que marca la vida de los vivos, por el resto de sus días.
A ese recurso fantasmagórico se suma que Salomón es mudo. No habla y solo se comunica por escrito: Haga caso y otras frases cortas y simples lo revisten de sencillez y ternura, al tiempo que le hacen un homenaje al poder de la palabra escrita.
Particular valor tiene el papel que el autor le da a la Iglesia evangélica dentro del relato: en las novelas colombianas ha sido omnipresente el papel de los curas y el clero católico pero el poder enorme de las iglesias evangélicas no ha sido suficientemente narrado. Y es una lástima porque ese poder creciente explica en buena parte la fortaleza de tantas ideas neoconservadoras y de ultraderecha en tantas zonas del país.
Río muerto
Ricardo Silva Romero
Editorial Alfaguara
Mayo de 2020
156 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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¿Será que soy feminista?, de Alma Guillermoprieto
Esa enseñanza (en desuso en épocas en las que las preguntas atraen curiosidad y clics) resulta llamativa en este ensayo escrito por una periodista. No solo titula con una pregunta sino que en una parte del texto afirma que tiene más preguntas que respuestas, y que hay laberintos confusos en los que no desea enredarse. Como si no fuera suficiente con la pregunta inicial (¿Será que soy feminista?), muy al final del libro la autora formula otras más: "¿Será que se puede ser feminista sin ser activista? ¿Y será que se puede ser activista, y feminista, sin ser activista del feminismo? Es decir, ¿El feminismo es una forma de ver el mundo, una práctica cotidiana o una militancia? ¿o puede ser cualquiera de las tres cosas?".
Este breve ensayo tiene la virtud de no ser un texto pretencioso en sus objetivos: no busca formular una teoría ni refutar a alguna o algunas de las corrientes del feminismo. Cita a autores como Simone de Beauvoir, Germaine Greer, Andrea Dworkin, Mariarosa Dalla Costa, Mary Wollstonecraft y John Stuart Mill, pero no atiborra el texto de citas ni de pies de página. Rescata los nombres de George Rosenkranz y Gregory Pincus como pilares del feminismo, al haber investigado sobre la píldora anticonceptiva, y reivindica la máxima feminista de "lo personal es político".
A Guillermoprieto no le interesan las discusiones teóricas entre corrientes feministas. Le interesan la política, el medio ambiente y el feminismo, vistos desde la vida cotidiana: las mujeres que pueden decidir si abortan o no, las que pueden salir a trabajar y reivindican un salario mejor, las que se convierten en líderes en sus comunidades, las que sufren violencia sexual o política, las mujeres asesinadas.Alma Guillermoprieto dice que lleva 40 años ejerciendo el periodismo y en toda su vida solo escribió un texto feminista, muy al comienzo de su carrera. También dice que no milita en ninguna causa. Sin embargo, en el ejercicio del periodismo ha entrevistado a miles de mujeres y ha escrito sobre cientos de causas sociales y políticas. ¿Será que es feminista? La respuesta simple es que sí... pero nunca se sabe: hay tantas vertientes del feminismo que no en vano incluye una frase que le oyó al cura nicaragüense Miguel d´Escoto, en la Revolución Sandinista: "lo que la Iglesia Católica tenía que aportarle a la izquierda revolucionaria era su gran experiencia con el sectarismo". El feminismo le discute muchas cosas al clero. En su lista de críticas no se ve el sectarismo. Guillermoprieto es lúcida al advertir ahí un gran peligro.
Algunas frases:
"Toda autobiografía es una novela —no hay que fiarse nunca de la memoria—". (p.11).
"(...) se esconde la voz de los hombres que a estas alturas todavía dicen que las mujeres que no se maquilla ni se pintan el pelo son feas, o deseadas, y que seguramente no tienen quién se las coja. Lo dicen no porque una mujer con nalgas postizas se vea más apetitosa que una mujer sin plastiaumentos, sino porque tienen miedo a que nos libremos de su mirada". (p. 28).
"En el capitalismo, el mercado de la belleza es en realidad un mercado dedicado a explotar la inseguridad que sentimos frente a los hombres: me angustio, luego compro" (p.33).
Explicando El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir: "La mujer es un ser definido por la sociedad, y por una sociedad —el patriarcado— creada por los hombres, en la que ellos ocupan el lugar de jerarquía" (p. 37).
"Resumiendo, el mensaje central de Beauvoir fue más o menos el siguiente: los hombres nos ven como objetos —de uso, de placer, de trabajo, de reproducción—. Son ellos los que han construido las sociedades, y estas sociedades existen para amoldarnos en objetos útiles, de tal manera que nosotras también nos veamos como objetos a nosotras mismas" (p. 41).
"El machismo existe independientemente de la estructura de clases; se manifiesta de manera variada en cada clase social, pero ha sido universal". (p. 65).
"La liberación de la mujer necesariamente conlleva la liberación de los hombres de los mitos y terrores —y obligaciones estúpidas— que los oprimen". (p. 67).
"Hay que ser valiente hasta para las cosas que en teoría no requieren de ningún valor, como sentarse en un parque a meditar, porque el machismo es una cultura basada en la vergûenza de no ser suficientemente macho, de no ser digno de la opresión que hay que ejercer sobre las personas —reducidas ya a sus órganos genitales— que se desean más que ninguna cosa en el mundo". (p. 68).
"Una visión de la sexualidad transmitida a lo largo de milenios, en la que el hombre es el súbdito de su propio pene y la mujer su esclava y su tormento" (p. 70).
"El machismo es una enfermedad que se padece a nivel personal; un individuo deformado, contrahecho por el mal, ejerciendo el daño contra otros seres humanos con distinto aparato reproductivo. Otra cosa es el patriarcado, un sistema completo, omnipresente, inescapable en el mundo entero, paralelo a, y también base de, los sistemas económicos y de Gobierno del mundo y de toda estructura de poder". (P. 71).
Sobre el aborto: "Una mujer que es dueña de su decisión de gestar, o no llevar el embarazo a término, es peligrosamente libre" (p. 73).
"Si nos hacen tanto daño es porque nos tienen miedo, pobres" (p. 74).
"La mala broma que nos ha jugado el patriarcado es que nos ha enseñado a vestir con orgullo nuestras cadenas. me espanta constatar que el patriarcado, en cualquiera de las formas en que se manifieste, siempre les ha encargado a las mujeres el trabajo de amaestrar a las niñas en las tareas de la sumisión" (p. 89).
"La lucha de las mujeres por ascender al poder es vital, porque abre puertas y derriba murallas para todas". (p. 92).
Los hombres se ocupan en sus guerras —no sé si será porque como no llegan del trabajo a ocuparse de la comida y de las tareas de los hijos y de la ropa sucia, les sobra tiempo libre—. Mientras tanto las mujeres a las que les han matado hijos, padres, compañeros, hacen esfuerzos por inventar la paz" (p. 109).
"Al igual que el antisemitismo, el racismo es una enfermedad que nace de la envidia, la culpa, el deseo vergonzante, la furia. Es la forma en que el opresor se justifica ante sí mismo". (p. 111).
¿Han visto, o han leído, la serie de Harry Potter? ¿Se acuerdan que cuando el profesor Dumbledore se siente particularmente turbado o confuso se encierra en su estudio, extrae con su varita mágica el hilo plateado de sus pensamientos enredados y lo vierte en una especie de fuente encantada, el pensieve, donde se puede ver con distancia y claridad las cosas que le preocupan? Eso, para mí, es la escritura". (p. 125).
¿Será que soy feminista?
Alma Guillermoprieto
Random House
Febrero de 2020
145 páginas
Escritora, columnista, periodista, abogada. Docente en la Universidad de Manizales. Doctora en literatura de la UTP y magister en estudios políticos de la Javeriana. Autora de la novela "El oído miope", el libro de cuentos "El lugar de todos los muertos" y el libro infantil "Sakas".
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