miércoles, 6 de julio de 2011

Música para Camaleones, de Truman Capote

Bogotá, julio 6 de 2011
Tardé más de un año en leer Música para Camaleones del no gratuitamente afamado Truman Capote y es esa, precisamente, una de las ventajas de libro: estar dividido en textos cortos permite ir intercalando su lectura con la de otros libros sin consecuencias lamentables y eso es bueno para lectores que tienen el vicio de sapotear libros como yo.
Música para Camaleones está lleno de pequeños paisajes, de relatos que están en un punto intermedio entre la entrevista y el cuento. Está dividido en un prefacio (no menos magistral que el grueso de la obra) y tres secciones: Música para Camaleones, Féretros Tallados a Mano y Retratos Coloquiales, que son en su orden cuentos, una novela corta (o un cuento extenso) sobre un crimen real y una serie de entrevistas convertidas en relato.
Tal vez las máximas genialidades estilísticas del excéntrico Capote tardío están en una entrevista que se hace a sí mismo y en la narración de un crimen en Féretros Tallados a Mano, que hace que uno sienta que estallará de rabia sabiendo quién es el culpable de una serie de asesinatos y teniendo la certeza de que nunca recibirá el castigo que merece.
No creo que pueda sacar muchas líneas notables del libro, en particular porque muchas se atribuyen a los personajes entrevistados, pero aquí van algunas:

Truman Capote hablándose a sí mismo: Te he oído confesar, tan fresco como una lechuga, ciertas cosas que harían poner verde a un mandril, y sin embargo no quieres admitir que crees en Dios. ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo que te digan cristiano reconvertido?

Marilyn Monroe: Yo solía pedir autógrafos. Todavía lo hago, a veces. El año pasado vi a Clark Gable sentado cerca de mí en Chasen, y le pedí que me firmara la servilleta.
Truman Capote hablando con uno de los miembros de la Familia Manson: Los tatuajes son raros. He hablado con cientos de hombres convictos de múltiple asesinato. El único denominador común que encontré era que todos estaban tatuados.

Y ésta, del Prefacio, que para mí es tal vez una de las líneas más memorables del libro: Luego, un día, empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación.

Truman Capote
Música para Calameones
Arango Editores
Bogotá, 1988

3 comentarios:

Adriana Villegas Botero dijo...

Acabo de comprobar que ésta es la primera entrada de Truman Capote en nuestro club. Parece increible pero nadie lo había reseñado. En buenahora...
Esa última frase creo que es la más famosa, no sólo de este libro en particular, sino de toda su obra.

Cosmo dijo...

A mí particularmente me impresionó mucho esa frase, porque desde mi adolescencia he sentido algo similar con la escritura y la música.

carlos... dijo...

Sí, es muy famoso ese prólogo. Una vez lo leí, creí que tenía tantos elementos nuevos como después de que uno termina de leer un libro completo. Me gusta mucho, también por inspirador.
También me gusta la última entrevista, que llamo una magistral muestra de onanismo, además de su manejo del diálogo. Qué bueno es Capote.

Aclaro, por último, que en nuestro club yo había reseñado un libro de él llamado Desayuno en Tiffany's. Ya tendré tiempo de subirlo al blog.