viernes, 17 de junio de 2011

Sin Remedio, de Antonio Caballero

15 de junio de 2009

En fin... este Club Secreto nuestro anda muy silencioso en los últimos días. Afortunadamente ya me gradué, ya salí de la dichosa tesis y ya tengo tiempo nuevamente para dedicarme a cosas ricas como leer literatura (casi 3 años leyendo sobre política...), así que a continuación les envío algunas frases de Sin Remedio, de Antonio Caballero.

Paréntesis: A Adriana Angel la perdimos... haciendo un doctorado en Ohio no creo que le quede tiempo para leer nada distinto de Van Dick y todas esas cosas que a ella le arrancan suspiros...

Ahora sí, Sin Remedio:
Es la única novela de Antonio Caballero. La escribió en 1984 y ocurre en Bogotá. Es muy bogotana... aparecen el Parque Nacional, la Séptima, la 13 (incluso el insignificante parquecito que queda al frente de mi edificio), los Cerros, la Perseverancia, Chía y alrededores, etc... Es la historia de Ignacio Escobar, un tipo estrato 50, poeta (pero no escribe)... un fracasado. Son 574 páginas, muy recomendadas...

Las frases:
"Mira, mi amor, entiende: a mí mi vida se me ha llenado siempre de cosas espantosas por no saber decir que no: payasos de cristal de Murano, artesanías típicas, corbatas de raboegallo. Cuando por fin entiendo ya sin lugar a dudas que no soporto esas cosas espantosas, las cosas espantosas ya están ahí instaladas para quedarse para siempre, y yo me voy muriendo poco a poco de la rabia. Un hijo es una de esas cosas espantosas".

"Dios mío, si esto es la vida conyugal a secas, qué tal agregarle un hijo. Una cosa cauchuda llena de sangre y líquidos, que llora desde el momento de nacer, que nace con los puños apretados para hacer más difícil al cuenta d elos dedos, con la piel arrugada, amoratada, que hay que lamer para dejarla limpia. Un hijo que nos mira, que nos juzga, que gatea, que se arrastra, que va dejando un rastro pegajoso, una estela de baba y de pipí, de popó, de vómitos de leche, de cosas tibias, resbalosas".

"una poesía es como cuando uno no sabe qué decir, y lo dice".

"las mujeres no soportan la libertad. No conocen la propia. No toleran la ajena. Apenas pueden, se casan con un pobre tipo que no le estaba haciendo mal a nadie".

"Yo no entiendo: es la cosa contra natura de la izquierda, supongo, como señalan los periódicos. Chimenea encendida, como un burgués, porque se es burgués. Pero encima, ruana, porque el pueblo usa ruana. Sólo que la usa precisamente porque no tiene chimenea".

"por favor, Henna, déjeme hablar ¿por qué nunca me deja terminar las frases? No me interrumpa en las comas, por favor, espere a que llegue a un punto aparte, o por lo menos a un punto seguido, o si quiere transémonos por un punto y coma. Estoy haciendo una metáfora tipográfica, Henna, nada más; lo que quiero decir es que por favor me deje terminar cuando empiezo a decir algo. Seria, atenta, callada, como si estuviera en teatro. Aunque no le guste el teatro, eso no tiene nada que ver -es sólo otra metáfora, yo hablo así, he hablado así desde que tengo uso de razón".

"Una palabra tuya, Señor, y se moriría de repente."

"La gentecita sucia y triste que se afana debajo recibe el nombre anglosajón de hippies, pero es gente de aquí: venden artesanías rudimentarias, pequeñas porquerías de cuero y lata, alambritos trenzados, cuadritos de colores, cinturones de crin. Esos otros, al pie de los semáforos, los que venden cartones de Marlboro, llevan el nombre galicado de gamines. Algunos venden también piñas, y en ocasiones aguacates, que es ese fruto verdinegro que está palpando con tres dedos la señora que va en el Renault 4, el carro colombiano. Y esas motocicletas son Hondas, Yamahas, Kawasakis: los que las montas son llamados los asesinos de la moto, y suelen ir armados con metralletas Uzi, una marca israelí".

"Un uno y otro uno no son dos, como enseña el falaz espejismo matemático. El primer uno es distinto del segundo, es evidente, si para señalarlos hay que usar dos signos, o un mismo signo repetido. El acto de sumar está basado en la violencia. O bien hay redundancia en los dos signos, y entonces no es posible sumarlos -no se puede añadir una manzana a sí misma- o bien son diferentes, señalan cosas diversas -y no se pueden sumar manzanas con naranjas. Toda la serie de los números llamados naturales está mal".

"Es mejor no hacer nada. La gente que hace cosas es por lo general profundamente dañina. Y después, encima, tiene que venir alguien a deshacer lo que esa gente ha hecho".

"Federico se levantó para ir al baño. En la vida real los diálogos siempre se interrumpen por eso. El uno dice, el otro le contesta, el uno vuelve a decir, el otro replica, repone, responde, resume, repite, hasta que alguno de los dos se levanta con el propósito de hacer pipí".

"Pero en el fondo, pensaba, había sido una buena tarde de trabajo, pues por lo menos había corroborado una vez más su incapacidad para el trabajo. Lo cual es un buen trecho andado en el arduo camino hacia la perfección".

"Vea, Patricia: salta a la vista, y además es un hecho estadísticamente demostrable, que las niñas oligarcas como usted son más bonitas que las proletarias. Eso no se puede decir, claro: el pueblo, etcétera, la degeneración de las clases opresoras, la promesa de futuro de las clases oprimidas. muy bonito, claro, pero no tiene nada qué ver con la vida real: con lo concreto. Los hechos son tercos, dice Lenin, y sólo en lo concreto se aprende. y es un hecho que las hijas de la oligarquía, como usted, tienden a ser más bonitas porque trabajan menos y se alimentan mejor. Si hubiera justicia, es decir, si las hijas del proletariado pudieran trabajar menos y alimentarse mejor, serían tan lindas como usted. Y entonces Jefferson podría perfectamente acostarse con ellas, y yo acostarme con usted sin tanto drama y tanto esfuerzo. En lograr eso consiste la revolución".

"Su mamá decía (él la oía perfectamente, y ella sabía perfectamente que la oía):
- Yo no entiendo el carácter de este niño. Es un niño que no tiene carácter.
Una tía ilusionada había opinado:
- Qué niño tan poético...
Y así, a la larga, por inercia, había sido poeta, que es como no ser nada. Un refugio, una disculpa".


Antonio Caballero
Sin Remedio
Editorial Aguilar
1984

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen libro, retrata la bogotá mamerta de aquella época; un poco hippie, un poco esnob, algo promiscua, borracha y drogadicta y sobre todo la sociedad hueca y vacía que aún seguimos siendo. Saludos.