jueves, 19 de febrero de 2026

Lo que sabe la señorita Kim, de Cho Nam-Joo

Después de leer a Han Kang, los 8 cuentos que Cho Nam-Joo publica bajo el título "Lo que sabe la señorita Kim", el nombre de uno de los relatos, ayudan a reafirmar esa imagen de la Corea contemporánea como una sociedad profundamente patriarcal, incluso más que la latinoamericana, lo cual ya es mucho decir.

Los ocho cuentos de este volumen son relativamente extensos. No hay cuentos de 1 ó 2 ó 3 páginas. Son cuentos que ocurren en Corea, en el presente, y en donde las mujeres son protagonistas y narradoras.

La vejez, la maternidad, las relaciones de pareja, la amistad, la familia y todos esos lazos íntimos en entornos próximos son los que la autora privilegia en sus relatos: una mujer que rompe con el novio que le propone matrimonio (Para Hyeonnam); una jubilada que viaja con su suegra de 80 años a ver la aurora boreal (Noche de aurora boreal), una estudiante de bachillerato que denuncia una situación de acoso escolar y le confía los detalles a su abuela antes que a su madre (Y la niña creció), la tensa relación con una profesora (Lo que sabe la señorita Kim), y una pareja de colegiales separada por el Covid (Primer amor, 2020) son algunos de los cuentos en los que la autora reflexiona y complejiza las relaciones cercanas.

El libro presenta una perspectiva feminista. Es decir: son relatos con mujeres como protagonistas pero, además, son relatos que muestran brechas de género en una sociedad como la coreana, en donde la figura del padre, el hermano mayor o el esposo tienen enorme incidencia en las decisiones familiares. 


Algunos subrayados

Bajo el ciruelo
¿O acaso el envejecimiento es una enfermedad? (p. 11).

Lo único que puedo hacer es mirar por la ventana y plantearme preguntas sobre el tiempo que me queda y sobre si algún día no me arrepentiré de haber dejado que transcurrieran tantas horas sin hacer nada (p. 14).

A estas alturas me parece que la vida era mejor cuando podía arriesgarme, intentar lo que fuera para sobrevivir (p. 20).

Intransigencia
Por primera vez tomé prestado un episodio de mi vida como material narrativo, traicionando lo que me había prometido empezar a escribir: no incluir experiencias personales y de no usar la escritura como medio para desahogar mis emociones (p. 52).

Lo que sabe la señorita Kim
—Convivimos bien como familia. ¿No es suficiente con eso? ¿También te tengo que amar? (p. 89)

Para Hyeonnam (estimado ex)
Por eso te pregunté si estabas enfadado, eso sí, con discreción, como si fuera la culpable de tu disgusto. No tardaste en gritarme que no, que no estabas enfadado (p. 117).

Tenía veinticinco años y me sentía una vieja, en parte por ti, que por entonces bromeabas diciendo que a los veinticinco se acababan los mejores años en la vida de una mujer (p. 123).

Mis comentarios sobre nuestros potenciales hijos me los reservé al oírte hablar de la paternidad como algo natural en la vida. Preguntabas cuántos prefería tener, en vez de qué pensaba sobre ser madre. no querías saber si estaba dispuesta a hacerme cargo del cuidado de los niños, sino durante cuánto tiempo estaría en casa dedicada a ellos (p. 128).

la mayoría del tiempo parecíamos una pareja mayor cuyos días transcurrían sin grandes eventos, entre comidas ordinarias, paseos al cine, copas de cerveza, sexo y nada más (p. 129).

Creí que podría verme con amigas que no te caían bien sin avisarte. Traté de ignorar tus desplantes y pensé que lo mejor era no entrar en conflicto contigo, a pesar de que siempre te salías con la tuya, incluso a la hora de pedir en los restaurantes. Sin embargo, poco a poco empecé a dudar de que mantuviéramos una relación sana (p. 130).

Noche de aurora boreal
Probabilidad no es igual a promesa, aunque nos permite aventurarnos (p. 132).

Mi percepción del extranjero era como una pintura abstracta, nada realista e incluso absurda, donde se mezclaban escenas de películas estadounidenses dobladas y anécdotas de una de mis tías que inmigró a otro país (p. 134).

Hay palabras que son como una navaja que jamás pierde el filo (p. 138).

en las ciudades actuales no había muchos espacios con tantos árboles y flores como las urbanizaciones con jardines artificiales (p. 141).

cuanto más vieja, más tienes que esforzarte por imitar a los jóvenes (p. 142).

a menudo los recuerdos que una se guarda para sí misma se evaporan sin poder seguir el ritmo de la vida, igual que las comas para el pelo que se meten en el cajón del pupitre o que se pierden debajo de la cama (p. 149).

Haz lo que te dé la gana mientras seas joven. Porque, con la edad, lo único que ganarás será cobardía y arrepentimientos (p. 159).

Desde que me casé, dos constantes en mi vida fueron la presión de que tenía que velar no solo por mi vida, sino por las vidas de otras dos personas, y la fatiga que me producía la carga que me había impuesto (p. 163).

Quiero vivir por muchos años más. Que me pongan respiradores artificiales y lo necesario para mantenerme con vida. ¿Qué diablos ganaré viéndome guapa al morir? No quiero ser guapa. Lo que deseo es tener una vida larga, respirar el aire de este mundo maravilloso todo lo que se pueda (p. 172).

Existen situaciones que escapan al alcance de los seres humanos. Y ante esta verdad irrefutable solo podemos esperar, prepararnos para el futuro, no caer en la desesperación y aceptar humildemente todas las oportunidades, dando gracias a la vida sin soberbia (p. 173).

Si por momentos me costaba creer que la hija que creció dentro de mí y que di a luz era tan distinta a mí, siempre me resignaba tratando de convencerme de que nuestras diferencias eran obvias, ya que después de vivir en mi vientre nueve meses, la niña había crecido fuera durante décadas hasta convertirse en mujer (p. 176).

Y la niña creció
¿De veras crees que una mujer puede vivir la vida que desea teniendo marido e hijos? (p. 186).

Lo que sabe la señorita Kim
Cho Nam-Joo
Traducción de Joo Hasun
Editorial Alfaguara
Bogotá, 2024 (primera edición coreana 2021).
228 páginas

sábado, 7 de febrero de 2026

El visitador, de Martha Patricia Meza

La aparición de una novela escrita por una mujer caldense es motivo de celebración para la literatura regional. 

Cuando publiqué El oído miope, en 2018, alguien me dijo que era la única novela publicada por una mujer caldense... ¿o cuál otra hay? Camposanto, de Marcela Villegas Gómez, salió un mes antes, pero salvo ese título me costaba mencionar otros. Por eso cambié de tema de tesis doctoral y me dediqué a investigar sobre las escritoras pioneras del Gran Caldas, para descubrir que claro que sí había otras novelistas.

Sí hay, pero no tantas. Por eso cada nueva novela escrita por una autora de esta región es una novedad que merece leerse y comentarse. 

Martha Patricia Meza es una poeta salamineña premiada en el departamento, que con El visitador incursiona por primera vez en la novela. Se trata de la historia de Pedro Santa, un carnicero que vive en Villa Otún (¿Pereira?) y se queda sin trabajo. Una excompañera de la carnicería, Adriana López, lo llama un día a contarle que lleva 11 meses en la cárcel y pregunta si él la puede visitar. Él va sin saber que acude a una visita conyugal por la que ella le paga. Así, él se convierte en el visitador de la cárcel, que cobra por satisfacer sexualmente a distintas reclusas.

La novela está estructurada en capítulos cortos y cada uno de ellos cuenta una historia concreta: el encuentro sexual con una reclusa, el proceso judicial de Adriana y, lentamente, cómo se va enredando un trabajo que inicialmente iba a ser solo de prostitución. En la cárcel conviven todos los delitos y es difícil entrar y salir permaneciendo al margen del narcotráfico, el sicariato y todo lo que allí ocurre. 


El visitador le propone al lector un vértigo cinematográfico: a Pedro Santa le pasan muchas cosas, viaja mucho, se mete en peligros y la narración avanza a ritmo rápido. Quizás demasiado rápido: algunos personajes quedan a medio esbozar y algunas situaciones lucen inverosímiles. Tiene, eso sí, coqueteos con la literatura erótica: la autora describe los encuentros sexuales de Pedro con sus clientas, con minucia y atención.

Algunos subrayados
Se dio cuenta de la escasez de hombres en el lugar. Los pocos que veía parecían tener vínculos familiares con ellas: hermanos, padres, tal vez. Muy pocos entraban con las mujeres a los cuchos, esos cuartos estrechos para las visitas conyugales (p. 15).

Era tal la prostitución en la cárcel de hombres que cuando visitaba a su papá vio catálogos de prostitutas. Muchas mujeres se quedaban adentro y salían a mitad de semana. Los poderosos pagaban fortunas por las visitas de modelos, reinas de belleza y hombres jóvenes. (p. 15).

Si uno deja caer el ánimo también deja caer la casa (p. 31).

A un man preso la familia no lo ve como un delincuente y hasta les debe parecer que está encerrado por ser héroe. Nadie les reprocha lo que hicieron y sus madres les perdonan lo que no están dispuestas a perdonarle a una hija (p. 35).

En su imaginación, las monjas eran habitantes de otro planeta, vírgenes intocables, incapaces de sentir deseo, y si lo sentían era entre mujeres a escondidas de Jesucristo (p. 107).


El visitador
Martha Patricia Meza
El Taller Blanco Ediciones
Bogotá
Mayo de 2025
200 páginas

viernes, 6 de febrero de 2026

Camilo Torres. El cura guerrillero, de Walter J. Broderick

Hay casualidades increíbles. Hace años, en una librería de usados, compré Camilo Torres, el cura guerrillero, en la edición de pasta dura de El círculo de lectores. Como tantos libros que compro, lo guardé para un día de estos... y ese día fueron meses y años. Hace poco lo empecé a leer y había avanzado un poco más de la mitad cuando una noticia inesperada irrumpió en todos los medios de comunicación: después de 60 años la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas encontró los restos del cura Camilo Torres. 

Y así, de pronto, la historia que estaba leyendo en la soledad de la casa saltó a cientos de pantallas. 

Walter Joe Broderick es un escritor australiano, afincado en Colombia, que comparte con Camilo su pasado como sacerdote. El libro sobre Camilo es una impresionante investigación que lo llevó a consultar múltiples fuentes, desde documentos del ejército, archivos de prensa y libros de historia, hasta testimonios de militares, guerrilleros, parientes y amigos de Camilo.

El resultado es una biografía extensa que, a través de la vida de Camilo, cuenta la historia de Colombia, con especial énfasis en los años del Frente Nacional. Se trata de una biografía documentada, con un narrador omnisciente y con entrecomillados que permiten identificar la voz del protagonista, pero es también una biografía en la que el autor deja claro su punto de vista: en Colombia los partidos tradicionales han representado a las oligarquías y el pueblo raso, sin posibilidad de acceso al poder político para transformar su vida precaria, se ve forzado a buscar vías violentas. Así, la decisión de Camilo se presenta como fatídica pero justificada, en una época en la que la Teología de la Liberación generó curas rojos en diversos países de América Latina. 


El libro cuenta la vida del cura desde su origen en una familia de clase alta de Bogotá, la relación con sus padres y hermanos, el divorcio de sus papás y las murmuraciones que eso suscitó y su decisión de dedicarse al sacerdocio en un hogar anticlerical. Al ordenarse viaja a Lovaina, en donde estudia sociología, y al regreso se vincula a la UNal como profesor, al lado de Orlando Fals Borda, y también como auxiliar en la capellanía universitaria. El trabajo social en barrios como Tunjuelito empieza a motivarlo para una acción más eficaz y así, en pocos años, el religioso Camilo se convierte en un hombre de compromiso político, que casa peleas fuertes con el cardenal Luis Concha y algunos obispos. La iglesia lo obliga a salir de la UNal y encuentra asiento en la Esap, en donde tiene fuertes encontrones con Alvaro Gómez Hurtado, miembro de la junta directiva. Luego es también forzado a salir de allí, pero ya la figura de Camilo ha crecido hasta ser un personaje reconocido a nivel nacional. En 1965 renuncia al sacerdocio y realiza una serie de giras por distintas ciudades de Colombia. Se enrola en el ELN "en comisión" en trabajo urbano, y allí recibe los nombres de Alfredo y Argemiro. En octubre Fabio Vásquez Castaño lo llama al monte. Está cuatro meses en un campamento guerrillero y en el primer combate con el ejército cae muerto, junto con otros compañeros guerrilleros.

La vida de Camilo Torres es fascinante, pero ha sido contada múltiples veces, en el teatro, el cine y la literatura. El valor de este libro imprescindible está en el rigor de los datos, la exhaustiva investigación y la vocación de totalidad: no se centra en un aspecto específico de la vida de Camilo, sino que abarca desde su nacimiento, en febrero de 1929, hasta su muerte, 37 años después.


Algunos subrayados
sembraron cafetales allí donde nadie creía posible un cultivo. Fundaron el departamento de Antioquia y sus nietos se convirtieron en los industriales y banqueros del siglo XX. Eran los únicos hombres poderosos en Colombia que, como grupo, tuvieron ciertamente algo del espíritu capitalista-burgués. Los otros, simples terratenientes, eran conservadores en el fondo, aun cuando algunos presumieran de liberales y se afiliaran al Partido Liberal (p. 19).

Tú no la conociste sino a través de los defectos que te eran molestos (p. 27).

El sindicalismo se desarrolló especialmente en el corazón del trópico colombiano, a orillas del gran río arteria, el Magdalena, donde estaba concentrado el grueso del transporte entre la costa atlántica y el interior —los ferrocarriles y las vías marítimas—, además de los pozos petroleros y los grandes cultivos de banano (p. 30).

(sobre Bogotá) la ciudad se construyó de tal manera que la clase adinerada no tenía contacto con los desposeídos (p. 32). 

"La inquietud periodística —dijo el joven Camilo— es la expresión lógica de la inquietud intelectual" (p. 39).

En Caldas, por entonces, aparecieron las primeras pandillas de los que más tarde se denominarían "pájaros", matones a sueldo organizados y entrenados por un respetabilísimo político conservador (p. 55).

En una palabra, el documento proponía la unión de los dos partidos. O sea, los mismos jefes que, hasta entonces, habían exhortado a sus partidarios a matar o morir por su partido, se encaramaban ahora encima de los cadáveres de casi medio millón de campesinos masacrados, y publicaban, desvergonzadamente, la noticia de su cordialísima reconciliación en un lejano balneario de España. Al sentir amenazados sus bolsillos, la oligarquía, tanto liberal como conservadora, había llegado al más perfecto acuerdo (p. 105).

en Colombia lo único que estaba en vías de desarrollo era el subdesarrollo mismo y a pasos alarmantes. La mayoría de los colombianos trabajaban como esclavos. Esto permitía a los norteamericanos y a clases altas de Colombia vivir como príncipes (p. 145).

Para un obispo colombiano, la neutralidad en materia política es mera ficción (p. 162).

al pintar como hampones a los agricultores que se defendían de la violencia y la opresión, los periódicos tergiversaban deliberadamente la verdad (p. 177).

"la función de las instituciones militares consistía en mantener el orden establecido". El ejército era "el instrumento de los grupos dominantes" (p. 182).

"El ejército tiene como función primordial mantener el orden interno, lo que, traducido al campo político, significa mantener las estructuras vigentes. El ejército guerrillero tiene por objeto precisamente lo contrario: transformar esas estructuras". (p. 188).

Lo que distinguía a Camilo era precisamente ese afán de acercarse a los trabajadores. Como intelectual, no era nada erudito; incompletos quedaban sus análisis, sus artículos y pronunciamientos casi siempre torpes, a veces hasta inexactos en algún detalle. Pero, eso sí, duros y desafiantes (p. 212). 

(Marquetalia) la operación representaba un "compromiso trascendental de liberar a las Repúblicas Independientes". Costaría unos treinta millones de dólares y movilizaría a dieciséis mil soldados del ejército (p. 219)...emplearía las más modernas técnicas norteamericanas: el napalm yla guerra bacteriológica (p. 219).

Camilo vio unas estadísticas que reflejaban el saldo total de la Operación Marquetalia. Con treinta millones de dólares, el gobierno colombiano y sus consejeros norteamericanos habían obtenido lo siguiente: cien fincas destruidas y sus cien ranchos incendiados; las tierras comunales de Marquetalia ocupadas; cien mil aves consumidas y aproximadamente el mismo número de reses; dos mil campesinos encarcelados, de los cuales doscientos fueron asesinados y quién sabe cuántos torturados. El daño causado en la zona se estimaba en dos millones de dólares y por parte de la gente de Marquetalia, la cifra total de los caídos en combate sumaba diecisiete: un guerrillero, una mujer y los quince niños que se refugiaron en la cueva (p. 223).

(propuesta de Camilo) una renuncia a la exclusividad de educación confesional y la aceptación del pluralismo; la eliminación de los factores sociales y psicológicos que impiden una adhesión consciente y personal a la Iglesia, tales como el poder económico de la Iglesia, y el poder político de la Iglesia: formal, mediante leyes y concordatos; informal, por medio de la intromisión del clero, con ánimo de dominio, en el terreno temporal (p. 261).

Los que fueron los más aguerridos revolucionarios durante los estudios, en muchas ocasiones comienzan a hacerse perdonar de las oligarquías sus devaneos juveniles. Por eso, frecuentemente los estudiantes más revoltosos se convierten en los profesionales que defienden con más ahínco los privilegios, los símbolos de prestigio y aun las formas exteriores de vida de las clases dirigentes (p. 272). 

"Mientras no seamos capaces de abandonar nuestro sistema de vida burgués, no podremos ser revolucionarios. El inconformismo cuesta, y cuesta caro. Cuesta descenso en el nivel de vida, cuesta destituciones de los empleos, cambiar y descender de ocupación, cambiar de barrio y de vestido. Puede ser que implique el paso a una actividad puramente manual..." (p. 273).

Entendió que tanto el Partido Liberal como el Conservador defendían los intereses de la oligarquía (p. 310).

"El aparato electoral —gritó desde la ducha— está en manos de la oligarquía y por eso el que escruta elige, el que cuenta los votos determina la victoria. Las elecciones se hacen más en las oficinas del gobierno oligárquico que en las mesas de votación (p. 320).

Cualquiera que participara en elecciones se estaba comprometiendo con el statu quo (p. 333).

...los casos de Marquetalia, Pato, Guayabero y Río Chiquito. Conocemos la similitud del desembarco de los marines en Santo Domingo con los desembarcos del ejército colombiano, dirigidos por la misión militar norteamericana en las "repúblicas independientes" (p. 345).

Eran capaces de soportan las raciones escasas, los entrenamientos constantes, el calor, los mosquitos, cualquier cosa menos la inercia (p. 362).

De pronto surgió un bulto. Un soldado. Que le apuntaba con su arma. E hizo fuego. Una terrible quemadura le abrasó el cuerpo. Cayó. Oyó gritos, tiros. Intentó levantarse pero no pudo. El calor estaba invadiendo su mente. Quería moverse, pero sus músculos no eran capaces. no respondían (p. 380).

Camilo Torres. El cura guerrillero
Walter J. Broderick
Círculo de lectores
Bogotá
1975
432 páginas

domingo, 1 de febrero de 2026

Balas por encargo, de Juan Miguel Álvarez

No me gusta hablar de los libros con la frase manida de "es lectura obligada", no sólo porque se trata de una frase hecha sino, principalmente, porque la lectura no es una obligación: es un placer, un gusto, una curiosidad, pero nunca una tarea.

Sin embargo, a quienes usan esa frase con frecuencia, les valdría poner como ejemplo el libro Balas por encargo. vida y muerte de los sicarios en Colombia, de Juan Miguel Álvarez, cuya lectura resulta reveladora para el colombiano común, que piensa que el Eje Cafetero es un supuesto "remanso de paz" y no una zona de violento conflicto urbano, y en particular resulta reveladora para los habitantes de esta región, que muchas veces tenemos vidas tranquilas, al margen de las tragedias que ocurren a pocas cuadras de distancia.

Balas por encargo es una lección de periodismo. El cronista Juan Miguel Álvarez realiza un minucioso y paciente trabajo de reportería que lo lleva a hablar con múltiples fuentes, a leer cientos de documentos y a visitar distintos barrios de Pereira y algunos municipios del Eje Cafetero, para entender por qué tantos pelaítos, como escribió Alonso Salazar sobre algunas comunas de Medellín, no nacieron pa´semilla.

Aunque el subtítulo del libro es "vida y muerte de los sicarios en Colombia", el trabajo se refiere a Pereira y su área metropolitana, una zona que, como bien lo dice el autor, de manera inexplicable no se hizo famosa con el nombre de "Cartel de Pereira", que sí tuvieron Medellín y Cali, y la única explicación que encuentra para esto es que la DEA empezó a usar el nombre "cartel" en 1982 y el auge del narcotráfico en Pereira había comenzado al menos una década antes.

Balas por encargo cuenta esa historia del narcotráfico en Pereira: de cómo el contrabando allanó no solo las rutas, sino también la legitimación social, para que los narcotraficantes empezaran a sacar coca a comienzos de los años 70. Explica quiénes fueron esos primeros capos, cómo se llenaron de sicarios y guardaespaldas, cuáles fueron sus relaciones con los grupos paramilitares y cómo, tras la desmovilización de los paramilitares en 2005, surgieron en la ciudad poderosas estructuras que cooptaron no solo el microtráfico sino todo el portafolio delincuencial, como la banda Cordillera.

El libro está dividido en capítulos y cuenta con abundantes fuentes. La escritura es amena, rica en testimonios y en imágenes, y el autor lleva al lector por distintos barrios de Pereira, así como por fincas de la región (qué bueno sería una reedición que actualice la información desde 2013 e incorpore un mapa). Al final del texto quizás la intensidad decae un poco, cuando se centra en la coyuntura de actualidad de los años 2008-2010, con entrevistas a funcionarios públicos y debates en el Concejo. No obstante, todo ese contexto es relevante para comprender cómo es que una región aparentemente pacífica ha sido cuna de tantos crímenes y cómo la economía regional subsiste en buena medida por el lavado de activos. 

Algunos subrayados 

antes de 1973 Pereira ya tenía varios capos respetados. Mire la fecha: ¡1973! Y piense que por ese entonces Pablo Escobar apenas era un jalador de carros y los Rodríguez Orejuela se rebuscaban asaltando camiones en las carreteras (p. 40).
Mientras duró, esta oficina [de Olmedo Ocampo] tuvo entre cuatrocientos y quinientos pistoleros (p. 85).

Mientras tronaban balaceras en las calles, el brazo político de Macaco acaparaba los cargos de elección popular que siempre fueron ocupados por caciques históricos. Nombres sin ninguna tradición electoral y con cuantiosos capitales invertidos en las campañas ganaron escaños en los concejos de Dosquebradas y Pereira, en la Asamblea de Risaralda y en el Congreso de la República (p. 103).

Muy a pesar de que Pereira fue la ciudad con la más alta tasa de homicidios en América Latina [2005], nada de esta guerra tuvo eco nacional (p. 106). 

el Batallón San Mateo dice que en Pereira cada mes se venden 30.000 proyectiles, una cosa extravagante (p. 115).

En Pereira se estaba consumiendo droga por valor de 300 millones de pesos diarios; estamos hablando de 10.000 millones de pesos mensuales (p. 115).

el dato más revelador, sin embargo, lo publicó una agencia de inteligencia de resorte directo de la Presidencia de la República llamada Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF): de 42.937 "operaciones sospechosas" registradas entre enero de 2006 y enero de 2011 en todos los sectores de la economía nacional, en las que participaron más de 160.000 personas y más de 14.000 empresas, 25,57% fue urdido en Pereira, Dosquebradas y Santa Rosa de Cabal (p. 229).

—Todos esos hombres de Macaco que han capturado —me dijo Charlie, el antiguo pistolero de los Henao Montoya— son puros sicarios. Leo, Niño Fabián, Nico; hasta los Comba y Diego Rastrojo son sicarios, matones de pistola y fusil. Donde comiencen a perseguir a los reales narcotraficantes de Pereira, a los que han estado aquí desde siempre, la ciudad se acaba: ¡la ciudad se acaba! —exclamó, henchido de autoridad—. Le voy a decir algo Juan Miguel: ¿de dónde sale tanta hijueputa plata para construir aquí tantos centros comerciales y edificios y condominios? ¿De dónde sale? ¡Dígame! ¿Qué empresa hay aquí en Pereira, qué empresarios hay aquí en Pereira que produzcan tanta plata como para que gasten millones y millones en construcción? (p. 244)

Balas por encargo. Vida y muerte de los sicarios en Colombia
Juan Miguel Álvarez
Editorial Rey Naranjo
Bogotá
2013
300 páginas