No me gusta hablar de los libros con la frase manida de "es lectura obligada", no sólo porque se trata de una frase hecha sino, principalmente, porque la lectura no es una obligación: es un placer, un gusto, una curiosidad, pero nunca una tarea.
Sin embargo, a quienes usan esa frase con frecuencia, les valdría poner como ejemplo el libro Balas por encargo. vida y muerte de los sicarios en Colombia, de Juan Miguel Álvarez, cuya lectura resulta reveladora para el colombiano común, que piensa que el Eje Cafetero es un supuesto "remanso de paz" y no una zona de violento conflicto urbano, y en particular resulta reveladora para los habitantes de esta región, que muchas veces tenemos vidas tranquilas, al margen de las tragedias que ocurren a pocas cuadras de distancia.
Balas por encargo es una lección de periodismo. El cronista Juan Miguel Álvarez realiza un minucioso y paciente trabajo de reportería que lo lleva a hablar con múltiples fuentes, a leer cientos de documentos y a visitar distintos barrios de Pereira y algunos municipios del Eje Cafetero, para entender por qué tantos pelaítos, como escribió Alonso Salazar sobre algunas comunas de Medellín, no nacieron pa´semilla.
Aunque el subtítulo del libro es "vida y muerte de los sicarios en Colombia", el trabajo se refiere a Pereira y su área metropolitana, una zona que, como bien lo dice el autor, de manera inexplicable no se hizo famosa con el nombre de "Cartel de Pereira", que sí tuvieron Medellín y Cali, y la única explicación que encuentra para esto es que la DEA empezó a usar el nombre "cartel" en 1982 y el auge del narcotráfico en Pereira había comenzado al menos una década antes.
Balas por encargo cuenta esa historia del narcotráfico en Pereira: de cómo el contrabando allanó no solo las rutas, sino también la legitimación social, para que los narcotraficantes empezaran a sacar coca a comienzos de los años 70. Explica quiénes fueron esos primeros capos, cómo se llenaron de sicarios y guardaespaldas, cuáles fueron sus relaciones con los grupos paramilitares y cómo, tras la desmovilización de los paramilitares en 2005, surgieron en la ciudad poderosas estructuras que cooptaron no solo el microtráfico sino todo el portafolio delincuencial, como la banda Cordillera.
El libro está dividido en capítulos y cuenta con abundantes fuentes. La escritura es amena, rica en testimonios y en imágenes, y el autor lleva al lector por distintos barrios de Pereira, así como por fincas de la región (qué bueno sería una reedición que actualice la información desde 2013 e incorpore un mapa). Al final del texto quizás la intensidad decae un poco, cuando se centra en la coyuntura de actualidad de los años 2008-2010, con entrevistas a funcionarios públicos y debates en el Concejo. No obstante, todo ese contexto es relevante para comprender cómo es que una región aparentemente pacífica ha sido cuna de tantos crímenes y cómo la economía regional subsiste en buena medida por el lavado de activos.
Algunos subrayados
Mientras duró, esta oficina [de Olmedo Ocampo] tuvo entre cuatrocientos y quinientos pistoleros (p. 85).
Mientras tronaban balaceras en las calles, el brazo político de Macaco acaparaba los cargos de elección popular que siempre fueron ocupados por caciques históricos. Nombres sin ninguna tradición electoral y con cuantiosos capitales invertidos en las campañas ganaron escaños en los concejos de Dosquebradas y Pereira, en la Asamblea de Risaralda y en el Congreso de la República (p. 103).
Juan Miguel Álvarez
Editorial Rey Naranjo
Bogotá
2013
300 páginas

