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miércoles, 1 de abril de 2026

Dos veces Alicia, de Albalucía Ángel

Como todas las novelas de Albalucía Ángel, Dos veces Alicia es una obra exigente para el lector, llena de intertextualidad y con una narración no lineal: la historia es una especie de misterio que el lector debe ir descifrando a medida que avanza.

La señora Alice Wilson vive en Londres y tiene un inquilinato por el que desfilan sus hijos, hijas, yernos, arrendatarios y amantes ocasionales. Una de esas es la narradora, quien con agudeza observa la cantidad de prejuicios que conviven en esa casa: el clasismo, el racismo, las apariencias sociales, la guerra, la difícil convivencia familiar, los secretos, la homosexualidad y, como si todo esto fuera poco, falta la nuez de la historia: hay un crimen, que al principio no se sabe no solo quién lo comente, sino además, quien es el/la víctima, y al final dudamos si en realidad hubo un crimen.

Dos veces Alicia juega con el doble, con los espejos, con la escritura dentro de la escritura y con las posibilidades que ofrece la hipertextualidad. A partir de Alicia en el país de las maravillas, su fantasía y sus personajes, Albalucía Ángel construye una fantasía situada en Londres en la segunda mitad del siglo XX.


Algunos subrayados

Del prólogo de Alejandra Jaramillo Morales e Ivonne Alonso-Mondragón:
No hablamos de una literatura testimonial —de hechos—, sino de una literatura testigo —de experiencias— (p. 13).

el género policial y detectivesco, así como la fantasía y la ciencia ficción, fueron considerados géneros literarios trabajados exclusivamente por hombres durante siglos. Por lo tanto, allí aparece una apuesta de apropiación de la literatura y la escritura (p. 19).

para Albalucía Ángel escribir es una suerte de testimonio (p. 20). 

De la novela:
También leí que, a lo mejor, te conviertes en un meteorito o en un planetoide. ¡Un meteorito...!, ¡qué hijos de la gran...!, eso sí que sería la aventura del siglo, convertirse en meteorito, oye, entonces quiere decir que uno no se muere nunca, o sea, que jamás te pueden comprobar si de veras estás muerto, ¿te imaginas eso?, piensa un poco en lo que dirán los doctores de la Iglesia: ¿están muertos o no?, ¿en el infierno o en el cielo?, ¿ah?, y entonces se armará el despelote, cada uno diciendo que sí, que sí está muerto, y los otros que no, que está dando vueltas per secula seculorum, que son tumbas errantes, lo que más me gusta es lo del nombre, ¿a ti no? A mi también. ¿Te gustaría ser astronauta? No sé, además, hay muy pocas mujeres astronautas, ¿no? ¿Y qué...? (p 53).

¿no te das cuenta de que llegará el día en que nadie se va a morir...? ¿Ah, no?, mira qué bien, ¿y eso también está escrito? No, pero lo van a escribir muy pronto, ya verás, y cuando el hombre rompa la barrera del tiempo será dueño y señor de la vida y la muerte, se morirá cuando le dé la pinche gana, eso está claro. ¡Pero entonces sería terrible! ¿El qué? Que nadie se muera. ¡Cretina¡, se muere el que le da la gana. Pero nadie va a querer morirse, ¿tú crees que sí? ¿Que nadie va a querer?, bueno, contigo es perder el tiempo, hablemos de otra cosa (p. 54). 

el mínimo rumor se escucha en los cuatro pisos con una nitidez que envidiaría el teatro griego (p. 63). 

Los árboles son el mejor invento de la naturaleza (p. 103).

algo de que comprendía las palabras pero no su significado, o mejor, su significado era obvio pero las palabras no existían, o mejor, lo que significaban las palabras no estaba de acuerdo con el texto, o mejor... no sabía cómo explicarlo (p. 131). 

jamás la he visto consultarlos, pues sufro de pereza mental apenas abro un libro, dice (p. 135).

la Elefanta, atragantada de mazapanes, me contó que lo habían mutilado a sangre fría con una cuchilla de afeitar para que confesara el escondite de otros judíos amigos suyos (p. 152)

porque yo creo que es amor
porque yo siento que es amor
porque yo quiero que sea amor
sé amor
dame amor
bebe amor
sueña amor (p. 154). 

hay que creer por lo menos en seis cosas imposibles antes del desayuno, insistió la reina Blanca (p. 157).

Los árboles sirven para que las hojas tengan de dónde aferrarse. Exacto, dijo la reina Blanca. Los árboles sirven para que la gente sepa dónde están los bosques. Exacto, corroboró la reina Roja. No soportaba ese par de sabiondas. Los árboles sirven para que la niebla se enrede en ellos y uno a su vez se enrede en la niebla neblina neblinosa (p. 158). 

todos los caminos conducen a donde uno quiere y uno camina por donde le da la gana y llega si quiere y si no quiere no (p. 172).

¿has sido bueno...?, preguntaban, ¿le has obedecido a mamá?, qué aburrimiento, la cantinela de siempre, y que tal si uno contesta, ¡no he sido bueno para nada y me importa un carajo...!, menuda cara la de papá Noel, y eso es lo que deberíamos de hacer, sí señor, desde pequeño, decir a la cara de papá Noel, y de quien sea, lo que pensamos, ¿por qué no? Porque no. Porque nos enseñaron a decir: sí he sido bueno, sí le he obedecido a mamá (p. 183).



Dos veces Alicia
Albalucía Ángel Marulanda
Ministerio de Cultura, Biblioteca de Escritoras Colombianas
2021 (primera edición Barral 1971.
Bogotá
192 páginas




sábado, 7 de febrero de 2026

El visitador, de Martha Patricia Meza

La aparición de una novela escrita por una mujer caldense es motivo de celebración para la literatura regional. 

Cuando publiqué El oído miope, en 2018, alguien me dijo que era la única novela publicada por una mujer caldense... ¿o cuál otra hay? Camposanto, de Marcela Villegas Gómez, salió un mes antes, pero salvo ese título me costaba mencionar otros. Por eso cambié de tema de tesis doctoral y me dediqué a investigar sobre las escritoras pioneras del Gran Caldas, para descubrir que claro que sí había otras novelistas.

Sí hay, pero no tantas. Por eso cada nueva novela escrita por una autora de esta región es una novedad que merece leerse y comentarse. 

Martha Patricia Meza es una poeta salamineña premiada en el departamento, que con El visitador incursiona por primera vez en la novela. Se trata de la historia de Pedro Santa, un carnicero que vive en Villa Otún (¿Pereira?) y se queda sin trabajo. Una excompañera de la carnicería, Adriana López, lo llama un día a contarle que lleva 11 meses en la cárcel y pregunta si él la puede visitar. Él va sin saber que acude a una visita conyugal por la que ella le paga. Así, él se convierte en el visitador de la cárcel, que cobra por satisfacer sexualmente a distintas reclusas.

La novela está estructurada en capítulos cortos y cada uno de ellos cuenta una historia concreta: el encuentro sexual con una reclusa, el proceso judicial de Adriana y, lentamente, cómo se va enredando un trabajo que inicialmente iba a ser solo de prostitución. En la cárcel conviven todos los delitos y es difícil entrar y salir permaneciendo al margen del narcotráfico, el sicariato y todo lo que allí ocurre. 


El visitador le propone al lector un vértigo cinematográfico: a Pedro Santa le pasan muchas cosas, viaja mucho, se mete en peligros y la narración avanza a ritmo rápido. Quizás demasiado rápido: algunos personajes quedan a medio esbozar y algunas situaciones lucen inverosímiles. Tiene, eso sí, coqueteos con la literatura erótica: la autora describe los encuentros sexuales de Pedro con sus clientas, con minucia y atención.

Algunos subrayados
Se dio cuenta de la escasez de hombres en el lugar. Los pocos que veía parecían tener vínculos familiares con ellas: hermanos, padres, tal vez. Muy pocos entraban con las mujeres a los cuchos, esos cuartos estrechos para las visitas conyugales (p. 15).

Era tal la prostitución en la cárcel de hombres que cuando visitaba a su papá vio catálogos de prostitutas. Muchas mujeres se quedaban adentro y salían a mitad de semana. Los poderosos pagaban fortunas por las visitas de modelos, reinas de belleza y hombres jóvenes. (p. 15).

Si uno deja caer el ánimo también deja caer la casa (p. 31).

A un man preso la familia no lo ve como un delincuente y hasta les debe parecer que está encerrado por ser héroe. Nadie les reprocha lo que hicieron y sus madres les perdonan lo que no están dispuestas a perdonarle a una hija (p. 35).

En su imaginación, las monjas eran habitantes de otro planeta, vírgenes intocables, incapaces de sentir deseo, y si lo sentían era entre mujeres a escondidas de Jesucristo (p. 107).


El visitador
Martha Patricia Meza
El Taller Blanco Ediciones
Bogotá
Mayo de 2025
200 páginas

lunes, 2 de junio de 2025

¿De qué escriben las escritoras en Colombia? Nota editorial, de Pilar Quintana

En marzo de 2022 el Ministerio de Cultura de Colombia presentó la Biblioteca de Escritoras Colombianas, una colección de 18 libros de igual número de autoras descatalogadas o con escasa circulación en el mercado del libro. La idea de la Biblioteca consistía en presentarle al lector una variedad de géneros y temáticas: obras de escritoras colombianas de distintas épocas y lugares, que fueron invisibilizadas en un mundo literario profundamente patriarcal.

Esa primera colección consistió en el rescate literario de 18 libros. No obstante, la realidad de muchas mujeres escritoras es que ni siquiera llegaron a publicar un libro y su obra quedó dispersa en periódicos y revistas. Entendiendo esa realidad, la segunda etapa de la Biblioteca de Escritoras Colombianas presentada en marzo de 2025 reúne 10 antologías con obras de 97 autoras, agrupadas a partir de géneros como cuento, novela corta, poesía, teatro, literatura infantil, ensayo, o temáticas como "literatura rebelde",  entre otras.

Las dos etapas de este esfuerzo editorial fueron lideradas por la escritora Pilar Quintana, autora de novelas como La Perra, Los abismos y el libro de cuentos Caperucita se come al lobo, entre otros. Las discusiones, los hallazgos y reflexiones que le deja este ejercicio editorial se plasman en el ensayo ¿De qué escriben las escritoras en Colombia? una nota editorial que sirve como complemento a los 10 volúmenes y que dialoga con la nota editorial que la autora escribió para la primera entrega de la Biblioteca.

Pilar Quintana cuenta que cuando empezó el proceso de difusión de la Biblioteca de Escritoras Colombianas le preguntaban ¿de qué escriben las escritoras? esperando que ella respondiera "de pajaritos y florecitas". No obstante, su conclusión es que las mujeres escriben (escribimos) de todo y la pregunta más interesante no es entonces "de qué" escriben sino "cómo" escriben: cómo hacen para escribir, porque en un mundo en el que casi nadie vive de la escritura (ni hombres ni mujeres) a las escritoras les toca sumar la carga laboral con la carga del cuidado de la casa y buscar entre ambos mundos un requicio de tiempo para poder escribir.

El ensayo destaca entonces la falta de tiempo para la escritura, pero además un entorno hostil hacia las mujeres escritoras, que tiende a minusvalorar las obras firmadas por mujeres, como si lo que lleva firma femenina fuera de interés exclusivo del mundo femenino. 

Otro rasgo interesante consiste en el valor de las críticas: salvo escasas excepciones, la historia de la literatura escrita por mujeres ha sido investigada, documentada y narrada por otras mujeres, y de eso también da cuenta la Biblioteca.

En su ensayo, Pilar Quintana destaca el aporte de cada una de las 97 autoras y cómo dialogan entre sí. Resalta, por encima de todas, a Soledad Acosta de Samper, verdadera pionera de la literatura colombiana escrita por mujeres, y llama la atención sobre la intención de la biblioteca por incluir voces de distintos territorios y de distintas minorías étnicas.

Dos afirmaciones del ensayo me generan dudas: por un lado, se afirma que un cuento firmado por María Castello en 1935 es el segundo de ciencia ficción escrito por una mujer en Colombia (el primero fue de Soledad Acosta de Samper). No obstante, Rosario Grilllo de Salgado incluye en Cuentos Reales (1947) el cuento Vivisección, que debió ser escrito hacia 1918 o 1920, y en ese orden de ideas sería anterior al de Castello. La segunda afirmación es la presentación de Liliana Cadavid como la primera escritora en abordar el tema lésbico en Colombia. Es posible que Carmelina Soto sea menos explícita que Cadavid, porque nació casi 40 años antes, pero Carmelina fue una autora homosexual y esa condición puede rastrearse en algunos de sus poemas.

Bienvenidas las discusiones. Eso es lo que generan proyectos editoriales como éste que presenta el Ministerio de Cultura. El ensayo de Pilar Quintana, escrito en un tono pedagógico y claro, contribuye a construir una historiografía de la literatura escrita por mujeres en Colombia y sin duda será un texto canónico para futuras generaciones, de la misma manera en que Elisa Mújica y Monserrat Ordóñez lo fueron para las precedentes. 

Algunos subrayados
“El único destino posible para una mujer privilegiada que no se iba de monja era casarse, tener hijos y llevar un hogar” (p. 38)

Soledad Acosta de Samper fue, sin duda, la escritora colombiana más notable y productiva de su tiempo y la primera en vivir de su pluma (p. 43). 

Para las mujeres de antes de las conquistas del feminismo encontrar el amor era una cuestión de superviviencia. Al no ser ciudadanas ni tener capacidades legales, estaban supeditadas a los varones. sus padres, hermanos o maridos y expuestas a su violencia. ¿Cómo no iban a soñar con encontrar un hombre bueno que las amara de verdad? La idea del amor romántico representaba para ellas la posibilidad de una buena vida (p. 56).

Antes de las conquistas del feminismo las mujeres no tenían muchas alternativas. O se casaban con un hombre de carne y hueso o se casaban con uno inmaterial (p. 57).

En el campo literario han iperado una estética y unos valores patrarcales, con su misoginia intrínseca, que impedían apreciar las obras de las mujeres (p. 61).

(en 2020) De los libros de ficción para adultos publicados por las editoriales colombianas, tanto las de los grandes grupos como de las independientes, sólo el 25% correspondían a autoras (p. 79).

¿De qué escriben las escritoras en Colombia? Nota editorial
Pilar Quintana
Biblioteca de Escritoras Colombianas. Segunda entrega.
Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes - Biblioteca Nacional de Colombia
Bogotá
Marzo de 2025
94 páginas

sábado, 28 de diciembre de 2024

La carne hecha verbo, de Beatriz Zuluaga

El "Encuentro de poetas colombianas" que se realiza desde 1984 en el Museo Rayo de Roldanillo, Valle, bajo la dirección de la poeta Águeda Pizarro, homenajeó en 202 a la poeta manizaleña Beatriz Zuluaga y como fruto de este reconocimiento Ediciones Embalaje publicó en una edición artesanal el libro "La carne hecha verbo", una antología de su obra poética.

El libro abre con un prólogo escrito por Águeda Pizarro en el que esta autora destaca características de la obra de Beatriz Zuluaga, y entre ellas resalta la integridad: "no sólo la integridad ética, aunque la hay -Beatriz Zuluaga siempre es consecuente con su ser de poeta y de mujer" (p. V). Más adelante Pizarro complementa: "El léxico de Beatriz Zuluaga es único. Usa un lenguaje cotidiano como el de los nadaístas, y otro siempre claro y llano, que produce imágenes insólitas yuxtaponiendo elementos teatrales. Entre estas partes no hay fisuras, todo fluye, se complementa y se reencuentra. Como otros miembros de su generación, el humor es necesario para la poesía y para la vida" (p. VIII). Pizarro llama la atención sobre el rol que Beatriz Zuluaga ejerció como periodista y que le dejó "el ojo, el oído y el tacto afinados". 

Vale la pena resaltar que ese doble oficio en el periodismo y la poesía es común también a otras escritoras destacadas de Caldas como Blanca Isaza y Maruja Vieira.

Luego del prólogo el volumen incluye un conjunto generoso de poemas, sin índice y sin indicación sobre el libro en el que fueron originalmente publicados. La lectura de esta selección permite identificar a una poeta muy segura de su deseo y su corporalidad. Una mujer fuerte que toma la iniciativa y que no se niega a segundas oportunidades. Al mismo tiempo algunos poemas traen un dejo de amargura, de desazón ante el dolor, la injusticia o la muerte, aunque no se trata de duelos etéreos sino de experiencias cotidianas.


El volumen cierra con el poema "Si preguntan por mí", que según Beatriz Zuluaga es el que mejor la define, pero trae también otros títulos claves como el que le da nombre al libro, así como Habitación propia y Eres eros, entre otros.

Beatriz Zuluaga nació el 11 de noviembre de 1931 en Manizales y murió el 19 de marzo de 2024 en Bogotá, luego de una larga vida dedicada a la literatura y el periodismo.


Si preguntan por mí...
diles que salí a cobrar la vieja deuda
que no pude esperar que a la vida
se le diera la gana de llegar
a mi puerta.
Diles que salí definitivamente
a dar la cara sin pinturas
y sin trajes el cuerpo.
Si preguntan por mí...
diles que apagué el fuego,
dejé la olla limpia y desnuda la cama,
me cansé de esperar la esperanza
y fui a buscarla.
Diles que no me llamen...
Quité el disco que entretenía en boleros
el beso y el abrazo
la copa estrellé contra el espejo
porque necesitaba convertir
el vino en sangre
ya que jamás se dio el milagro
de convertirse el agua en vino.
Si preguntan por mí...
diles que salí a cobrar la deuda
que tenían conmigo el amor,
el fuego, el pan, la sábana y el vino,
que eché llave a la puerta
y no regreso.
¡Definitivamente diles
que me mudé de casa!


La carne hecha verbo
Beatriz Zuluaga. Prólogo de Águeda Pizarro
Ediciones Embalaje
Roldanillo, Valle
Julio de 2020
100 páginas

lunes, 19 de agosto de 2024

Vivencias, de Dorian Hoyos Parra


Los poemas de Dorian Hoyos Parra son pequeñas observaciones sobre aspectos íntimos, mínimos. Ofrecen una lupa para mirar en aumento las minúsculas vivencias de la vida cotidiana: el pájaro que cae de un árbol, la maestra de primerito, la pluma del pavo real, la casa dispuesta para el regreso del amado. Y así, a partir de pequños objetos, Dorian Hoyos presenta su visión sobre el amor y el desamor, la maternidad, la familia y la muerte en 33 poemas cortos, algunos de muy pocas líneas.

Dos poemas de este poemario me tocaron de manera especial: "Adolescencia", que comienza diciendo "mi nieto tiene doce años" y justo es la edad que hoy tiene mi hija; y "Tu ausencia", en el que le dice a un suicida "te queremos en el espacio, el tiempo y las incógnitas".

Otro poema vívido es "Visión de hogar en el año mil novecientos sesenta", en el que la poeta describe, como si fuera una crónica, "la larga mesa, el sofá mullido, la tibia alcoba" y todo lo que ha dispuesto para recibir a su pareja que llega de viaje (¡y se enoja!). Mucha cotidianidad y verdad en unos cuantos versos que construyen una imagen real de una pareja que no es perfecta.


Vivencias
Dorian Hoyos Parra
La nueva editorial
Manizales
Mayo de 2013
90 páginas

Alma de gema, de Dorian Hoyos Parra

Alma de gema es un volumen que reúne 58 poemas de la escritora manizaleña Dorian Hoyos Parra, en los que, sin unidad temática ni hilo conductor, el lector pasea por el amor, el placer, la maternidad, la naturaleza, los animales y la ciudad, entre otros asuntos.

Los poemas que Dorian Hoyos presenta en este libro son muy cortos: algunos de apenas tres líneas y los más extensos si acaso superan una página. Se trata de poemas de verso libre que parecen escritos en distintas épocas y contextos, aunque el prólogo de Juan Carlos Acevedo no informa al respecto del proceso creador. 

Más de la mitad de los poemas carecen de título y muchos son pequeñas briznas de un pensamiento o una imagen. Por ejemplo: 

Esta hija mía
que todo lo llena
hasta mi corazón

En otros se revela una consciencia social y política que también atraviesa su libro Café y ciudad, sobre la historia de Manizales. Así, por ejemplo, Dorian Hoyos a sus 75 años (el libro se publicó en 2008) habla sobre el hip hop y los parceros a quienes matan en las esquinas; sobre los niños que ya no juegan en las quebradas por estar conectados a Internet y de los afrecheros que ya no mueren por las caucheras sino por la sierra que tala los árboles.

Salvo una sucesión de ocho poemas dedicados a animales (grillo, mantis religiosa, moscas, pulga, cucaracha), en el resto del libro los poemas van sin un orden claro que proponga un diálogo entre la obra. Es una lástima esta falta de edición, porque evidentemente en un grupo tan grande de poemas sí es posible encontrar unas líneas que articulen la propuesta creadora y que permitan un viaje aún más introspectivo.


Alma de gema
Dorian Hoyos Parra
Editorial Manigraf
Manizales
Agosto de 2008
154 páginas

Café y ciudad, de Dorian Hoyos Parra

El subtítulo de "Café y ciudad" dice "o la cotidianidad en la población cafetera de Manizales", y ese texto es una buena síntesis de la pretensión de Dorian Hoyos Parra con este libro: con ocasión de los 150 años de fundación de Manizales la autora escribe una historia de la ciudad, pero no desde los nombres y fechas de los colonizadores, los políticos o los "hombres ilustres" sino desde la cotidianidad de sus habitantes. Esa mirada convierte a este texto en una pieza singular, porque se trata de una historia escrita por una no-historiadora que narra con enfoque femenino, en donde lo que ocurre al interior de las casas tiene relevancia.

El libro no está dividido por capítulos. Se trata de un texto que pretende ser una conversación de un abuelo con su nieto Simón, que llega a pasar vacaciones en Manizales. Es curioso que la autora elija como narrador a una voz masculina, porque en lo que escribe se percibe un alter ego suyo. De hecho, salvo el artificio del diálogo abuelo-niño, el libro no tiene ficción y, al contrario, al comienzo la autora explica que su novela (la define así) es el fruto de un trabajo de 12 años de investigación en la Biblioteca Nacional de Colombia.

No se trata de una historia narrada cronológicamente sino de un "cuento" que un abuelo le cuenta a un nieto. Así, la historia brinca en décadas, va del campo a la ciudad y salta entre episodios, pero esta posible falta de rigor historicista permite que el relato sea breve y ameno y la autora lo enriquece con detalles de interés que no es fácil encontrar en otros libros. Por ejemplo menciona a los Colonizadores, la Esponsión de 1876 con Mosquera, los incendios de la década de los 20, el comienzo del Cable Aéreo y luego, en 1927, el arranque del ferrocarril de Occidente que iba hasta Buenaventura. Pero todo esto lo mezcla con su propia memoria, observación y vivencias. La autora nació en 1933 y entonces conoció de primera mano aspectos como la moda de hombres y mujeres en la ciudad en la primera mitad del siglo XX, cómo lavaban y planchaban la ropa, cómo conservaban la carne antes del uso de las neveras, cuál era la dieta tradicional, cómo era la vida en los colegios, los medios de transporte, los juegos infantiles, los noviazgos, la vida de las casadas y las viudas y otra cantidad de detalles que hacen de este libro una mezcla entre la historia de la ciudad y las memorias de la autora, aunque ela se abstenga de dar datos autobiográficos.

En algunos pasajes hay un tono moralizante en el que se culpa a la mujer, por su salida del hogar, de la decadencia de la familia contemporánea. No obstante, Dorian Hoyos Parra es una hija de su tiempo pero una hija crítica: el texto cuestiona la desigual distribución de la riqueza, la vida ostentosa de algunos obispos, el servicio militar, el servilismo de la educación, los cafetos que requieren químicos, promovidos desde la Federación de Cafeteros, y las ganancias que se llevan las multinacionales por el petróleo colombiano. Dorian Hoyos militó en el Partido Conservador, pero varias de las afirmaciones que hace en este libro lucen progresistas incluso hoy, a 25 años de su publicación.

Algunos subrayados
Esa joven ciudad de limpias costumbres, muy católica, fue habitada por soldados sin recato, sin Dios y sin ley. Manizales conoció el saqueo, el asesinato, las casas de lenocinio y las enfermedades venéreas. Las escuelas fueron cuarteles y hospitales (p. 14).

¡somos ricos en hidrocarburos! pero siempre la tecnología extranjera viene con su equipo humano y así seguimos en la periferia (p. 16).

¡dirigentes! nuestra educación y formación es servil (p. 16). 

antes de 1920 Manizales contaba con once bancos, muchas casas extranjeras tenían oficinas en la ciudad, la mercancía que se traía por el río Magdalena llegaba a Barranquilla desde Euroa, no sólo se quedaba en Manizales agluna parte, también seguía para el Cauca, los bueyes y las mulas se iban con cargas de café, las cuales se despachaban desde Honda por el mismo río hasta Barranquilla (p. 25).

Ya para los años cincuenta cambia, la mujer va a las oficinas, a las escuelas de comercio, a la universidad, reciben visitas del novio en las casas, ellos van a buscarlas a los lugares de trabajo o estudio y acompañarlas de regreso a sus casas (p. 27).

(a finales del siglo XIX) algunas mujeres trabajaban como escogedoras de café en las trilladoras del grano que había cogido impulso y el cual sería para las próximas cuatro décadas del siglo XX el eje de la economía, no sólo de Manizales sino del país (p. 33).

las coperas o las niñas de propiedad horizontal momentánea le escuchaban sus cuitas (p 34).

en sus laboratorios creó otras variedades y vendió la idea de utilizar insumos químicos que encarecieron la producción del grano; este último paso se iniciaba por los años cincuenta de este siglo (p. 36).

El escritor Adalberto Agudelo Duque dice que: "la modernización de la mujer se dio en gran medida porque se inventó la máquina de escribir que hizo que ella saliera de casa a trabajar, la toalla higiénica porque le dio más seguridad, los anticonceptivos porque le dieron más libertad sexual". Estas cosas revolucionaron el mundo. (p. 44). 

Contaba mi abuela que en 1860 una lluvia de ceniza opacó el cielo y cayeron muertos los pájaros por los caminos, en los solares y los bosques vecinos (p. 52)

todas las piezas para armar el cable aéreo habían sido traídas a lomo de buey y de mula desde el puerto de Honda, o por Buenaventura (p. 54). 

Eran también medio franceses los manizaleños de otra época, primero fueron Grecolatinos, así los bautizó la República de las letras (p. 58). 

Las mujeres son mal miradas y mal comentadas por trabajar fuera del hogar, en oficinas; algunos hombres se toman la libertad de decir que sólo las coperas trabajan fuera de la casa (p. 63). 

(luego de los incendios) Manizales tiene hospitales, casa de beneficencia, biblioteca pública, colegios, iglesias, bancos, de nuevo el comercio y la industria que contaba con veintisiete fábricas en 1927 (p. 79).

Colombia es un estado cantinero y en Manizales en cada casa o local del centro que desocupan ponen una sala de juego (p. 104).


Café y ciudad o la cotidianidad en la población cafetera de Manizales
Dorian Hoyos Parra
Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de Caldas
Manizales
Mayo de 1999
112 páginas

domingo, 11 de agosto de 2024

Pulmón de mar, de Andrea Domínguez

Maruja Vieira, quien además de poeta fue toda la vida periodista, me contó en una ocasión sobre un estudio que sobre su obra hizo la también periodista y escritora Edda Cavarico. El análisis consistió en desentrañar la estructura de varios poemas escritos por Maruja, y la conclusión fue que se trataba de poemas periodísticos. No por su contenido, que versa mucho más sobre lo íntimo que sobre la actualidad noticiosa, sino por su estructura, por la forma en la que están escritos. Según Cavarico, los poemas de Maruja Vieira tienen lead: hay un primer párrafo (para el caso unos primeros versos) que condensan la "historia" o la imagen poética y sintetizan el texto. Hay también una intención narrativa en la poesía de Vieira de la que, según ella me contó, no siempre era consciente pero era, sin duda, herencia de la escritura periodística, a la que le dedicó varias décadas.

Recordé ese antecedente de las huellas periodísticas sobre la poesía al leer a la periodista Andrea Domínguez en "Pulmón de mar", su primer poemario, porque encontré también unos poemas narrativos, como pequeñas crónicas que dejan registro de una emoción, de un instante, de una imagen, o porque tienen la intención de ser memoria del pasado para legarle al futuro. Así como se dice que el periodista escribe el primer borrador de la historia, en algunos poemas Andrea parece estar escribiendo un borrador de su historia familiar e íntima: del parto y la maternidad, del lugar de la abuela en la familia, del ritual de sentarse a la mesa y del olor del pelo de su hija. 

Los poemas de Andrea Domínguez Duque (Bogotá, 1974) dan cuenta de este tiempo: hay autopistas, botellas de plástico, una torta de red velvet y mensajes en twitter. Hay preocupación por el cuidado ambiental, sorpresa ante la naturaleza y soledad en medio de las multitudes. La cotidianidad citadina entra en sus versos libres para descubrir belleza, asombro o desazón en medio de los días que uno a uno son la vida. No hay en la autora una intención de exotizar el ambiente o de recurrir a tópicos manidos, sino de aprovechar lo que ofrece la vida corriente de una mujer que es profesional, esposa, mamá, hija y hermana para descubrir y construir poesía a partir de lo que aparece como más mundano. 

El volumen trae 60 poemas distribuidos en cinco secciones. Hay suficiente diversidad, pero también elementos recurrentes, y entre ellos se destaca la familia como ese núcleo amoroso que ofrece "una ración de compañía". El libro, como objeto, da cuenta de ese protagonismo familiar: lo firma Andrea Domínguez, la foto que aparece de ella fue tomada por su esposo,  la contraportada trae un dibujo de una de sus hijas y un relato de la otra, el prólogo lo firma su papá, el reconocido periodista Oscar Domínguez, y éste, desde el segundo párrafo, menciona a Gloria, la mamá de la autora, así como a su hermano, su cuñada y sus sobrinos. 

El libro abre con Red velvet, un poema juguetón que es una invitación sensual, y cierra con un conjunto de poemas amorosos. Aunque en todo el libro hay amor, los poemas finales giran en torno a la pareja y el deseo. Allí, en la más honda intimidad, se adivina también la poeta más medida, más destilada y sugerente. La del pulmón creador que le permite navegar en las aguas más profundas. 


Pulmón de mar
Andrea Domínguez
Editorial Java
Medellín
julio de 2024
96 páginas

sábado, 3 de agosto de 2024

La mujer incierta, de Piedad Bonnett

"La mujer incierta" abre con una breve nota dirigida "Al lector" en la que la autora explica que este libro nació en la pandemia y que no son unas memorias "pues de forma deliberada he dejado muchos aspectos de mi vida en la sombra". Se trata entonces de jirones de memoria, de fragmentos subjetivos que sirven para reflexionar sobre asuntos de interés público, como la brecha entre mujeres y hombres, la educación sentimental, el "hacerse escritora", la vida universitaria y la maternidad, entre otros aspectos.

Piedad Bonnett escribe desde hace años una columna de opinión los domingos en El Espectador y este libro tiene algún parentesco con esas columnas: se trata de piezas breves (un poco más largas que las columnas, pero no mucho más) en las que la autora reconstruye una escena de su vida, un momento puntual, y a partir de esa anécdota mínima arroja luces para entender su pasado y su presente, pero también el pasado y el presente de otras de su generación.

"La mujer incierta" tiene un tono autobiográfico desde la portada, que trae la imagen triplicada de una Piedad Bonnett muy joven. Ese tríptico da cuenta de la imposibilidad de encasillar a la autora (y a cualquier ser humano) en un solo rol o en un solo registro: Piedad Bonnett se presenta en este libro como escritora, profesora, esposa, hija, hermana, madre, amiga, lectora, oficinista aburrida, niña rebelde y mujer de consciente de su época y su clase social. Hay pasajes dolorosos y tristes, como cuando reconstruye la eutanasia de la escritora Marcela Villegas, la mejor amiga de su hija; otros ácidamente críticos, como en los que recrea la vida universitaria, tan llena de lambones e impostores, y que me llevaron a recordar esa maravillosa novela que es Stoner, y también escribe episodios graciosos, como aquellos en los que se burla de ella misma y de sus "triunfos literarios", en los que el éxito luce muy distinto al que aparece en las revistas de farándula.

En un pasaje la autora dice que mientras uno no sea huérfano goza de juventud, y como ella tiene a sus padres vivos, casi centenarios, se siente aún joven, aunque tiene 73 años (nació en 1951). Esa vitalidad interna se refleja en una escritura segura y honesta que desnuda sin reservas algunos aspectos íntimos, como sus episodios de depresión y ataques de pánico, y resguarda otros, como casi todo lo relacionado con su vida conyugal. Su marido en este libro, es un fantasma sin nombre, de muy escasa figuración. 

Piedad Bonnett ha sido reconocida por su poesía y ha publicado varias novelas. Sin embargo, su título más popular es Lo que no tiene nombre, un libro personal, doloroso y único en el que vuelve palabra el dolor y el amor tras el suicidio de su hijo. "La mujer incierta" tiene una forma narrativa que recuerda ese título: ensayo personal en el que cita a distintos autores que le sirven para explicar o completar ideas personales que a la vez son universales.

Algunos subrayados
El pudor es bello en su contención y su misterio. En su discreta elegancia (p. 20).

La vida es eso, una zozobra diaria, una cárcel donde uno mismo es el carcelero, un pasadizo oscuro por donde se camina tambaleando sin saber si al otro lado nos espera el sol reconfortante de la mañana o el abismo (p. 40).

El escritor hace tres movimientos mentales mientras escribe. Va hacia adentro, hacia su yo más profundo, buscando el filón de la memoria, en la que caben todas las lecturas convertidas ya en experiencia. Hacia afuera, hacia la página que se prepara ya para un lector, donde cada palabra aspira a la precisión o a la revelación. Y hacia los lados, en un incesante ejercicio de relacionar (p. 65). 

Para las mujeres de la generación anterior a la mía, el matrimonio era un destino, ser madres un imperativo, y un privilegio tener al hombre como único proveedor de la familia. Para otras cuantas solía ser una opción desesperada cuando llegaban a la edad de vestir santos, porque la soltería era vista como una deshonra: ninguno las había elegido, serían mujeres sin hijos, jumilladas para siempre (p. 66). 

Como en todo enamoramiento, la mirada de un extraño me otorgó de pronto una existencia nueva. La posibilidad de una renovación. En eso consiste (p. 85).

Fuimos criados en la obediencia, la forma doméstica de llamar a la sumisión.

Lo que nos hace falta después de salir de la escuela --sea de ricos o de pobres-- es tiempo para desaprender lo enseñado (p. 108).

(Citando a Stephanie Coontz) A finales de la década de 1950, hasta las personas que habían crecido en sistemas familiares completamente diferentes llegaron a creer que el casamiento universal, a edad muy temprana, con el propósito de formar una familia con un marido proveedor era la forma tradicional y permanente del matrimonio (p. 110).

Traición tras traición en aras de la complacencia (p. 124). 

el machismo muchas veces comienza en las madres (p. 126). 

Comienza a rondarte la idea de que eres una inepta. O de que la niña está enferma. Vuelves a examinar su pañal. Será que quedó con hambre. Y así, en perpetua incertidumbre, en esa primera parte de la crianza (p. 131). 

¿Quién dijo que se estudia para ser escritor? Te formaron para ser maestra, editora, crítica, pero ser escritora es otra cosa: es enfrentarte a ti misma, a tus miedos, a tus carencias. Peor aún, ¿quién te ha dicho que tienes talento? (p. 139).

el camino de todo buen maestro es el de la seducción (p. 140). 

El perfeccionismo no es otra cosa que un deseo de complacer, de ser amado, de cumplir con las expectativas, de no fallar. El perfeccionismo es una de las formas de la inseguridad y de la desdicha. Una carrera a la que le van corrriendo la meta (p. 143). 

El resentimiento político sólo lo sienten los que no aspiran a pertenecer al mundo de los privilegiados, ese que odian porque choca con sus ideales de igualdad. El resentido es lo contrario del arribista. Este es patético, el otro es trágico (p. 148). 

Hay formas de abuso para las que nadie nos prepara, y menos en el medio oscurantista en el que fui criada (p. 151). 

La poesía, ese género que se escribe en la frontera entre la lucidez de la racionalidad y la oscuridad del subsonsciente, es el lenguaje que mejor expresa ese estao de enajenación (p. 156). 

y todavía hoy me pregunto si no dilapidé demasiadas horas preparando minuciosamente mis clases en vez de estar leyendo todo lo que mi avidez me pedía que leyera (p. 165). 

puedo leerme un libro para escribir un párrafo (p. 165). 

un maestro debía mostrar siempre a sus alumnos que no era el dueño de un saber sin resquicios sino un hombre vulnerable (p. 166).

Y mientras das tu clase los amas a todos, en abstracto, con una fe remota en su sensibilidad, pero a la vez te son indiferentes, porque finalmente son presencias pasajeras en ese largo trasegar de la docencia (p. 166). 

Yo enseñé siempre con todo el cuerpo, firmemente soportada por la tierra, aun cuando mis alumnos me percibieran inmóvil, sin sospechar hasta qué punto iba yo volando por las circunvoluciones de mi cerebro, temiendo sobreactuarme, pero dispuesta a perdonarme si lo hacía. De mis clases salía siempre con las mejillas afiebradas y el corazón acelerado. Con la serotonina, la dopamina, las endorfinas y la oxitocina en plena actividad y equilibrio. Al fin y al cabo lo que en el salón sucedía era un intercambio amoroso. Por eso la preparación nunca me resultó aburrida. Pesada, sí, fatigosa también. Pero siempre estimulante y llena de descubrimientos. Toda esa felicidad era aplastada de golpe, sin embargo, por la corrección de trabajos, que me hacía descender al infierno de lo interminable. ¿Cuándo 3, cuándo 4, cuándo 5? Lo único sencillo era un 1 decidido y rabioso. Que era casi nunca, pero ejecutaba como un verdugo sin rastro de piedad (p. 167). 

La universidad está plagada de impostores. me retracto: tal vez no plagada pero sí salpicada de ellos, personajes a veces insignificantes, a veces siniestros, que logran embaucar a sus alumnos con lo que Natalia Ginzburg llama "ideas artificiosas". Las universidades los toleran porque hacen parte de su ecosistema, elementos naturales que crecen a expensas de las jergas del saber, como el moho en los alimentos (...) No hay impostor que pueda existir si no lo sostienen sus fanáticos (p. 168).

El humor inteligente de los intelectuales, capaz de la autoparodia, pero también de la acción ponzoñosa (p. 170).

Aniñar es una de las formas más bienintencionadas y nocivas del machismo, que nace de la idea de que somos "el sexo débil", como se le decía antes. Aniñar es, para los machos, sólo una forma de proteger (p. 189).

Aunque suene chato o rudo: sólo eres novelista cuando tu novela es publicada, pero, sobre todo, cuando alguien la lee y ya no es enteramente tuya (p. 204).

las emociones que un libro despierta son a la vez estéticas y políticas (p. 213).

Mis escritores preferidos son los que encuentro inimitables. Aquellos que me abruman con su inteligencia, con su capacidad metafórica, con la amplitud y complejidad de su mundo. Los que me deslumbran, porque me hacen sentir que jamás podré ser como ellos. Los demás me aburren (p. 227).

El lenguaje, las historias de ficción o de no ficción, las ideas que ha encontrado en los libros, tendrán siempre más fuerza para el lector que la conversación con el autor, por más que esta sea lúcida, original, vibrante (p. 230).

no evito casi nunca para apoyarme en un referente de autoridad. Lo hago para reconocer a esos que lo pensaron antes que yo, pero sobre todo que lo dijeron mejor que yo. Para agradecerles con humildad, porque dispararon mis propios fantasmas, mis emociones, mi memoria, que es una de las cosas que busco cuando leo (p. 236).

la puerta por la que dejamos entrar a gente desconocida se va achicando con el tiempo. Lo milagroso es lo contrario: que un desconocido llegue a nuestra vida, y permitamos que entre y se instale en ella de una manera totalmente natural, como un hermano al que nunca habíamos visto, pero en cuyos rasgos nos reconocemos, con alegría (p. 238).

El primer espejo es siempre la mirada de nuestra madre (p. 243). 


La mujer incierta
Piedad Bonnett
Penguin Random House
Bogotá
Agosto de 2024 
252 páginas

miércoles, 26 de junio de 2024

Mis recuerdos de colegio, de Rita Andrión de Mejía

Lo poco que se encuentra en Internet sobre Rita Andrión es que fue la esposa de Alfonso Mejía Robledo, el autor de Rosas de Francia. En unos cuantos textos académicos aparecen breves referencias a su libro "Mis recuerdos de colegio", pero siempre como una glosa al margen del análisis sobre la obra de su marido.

Mis recuerdos de colegio es un libro publicado en 1938 en Pereira en la Editorial Panoramas que fundó Alfonso Mejía. La introducción escrita por él informa que el libro corresponde a la compilación de textos publicados por ella en la Revista Panoramas, en los que fue recordando historias alrededor del colegio. Este dato es importante porque el libro está construido a partir de 25 relatos de anécdotas o episodios que al irse sumando dan estructura a un relato en el que la autora rememora aventuras y travesuras de sus años como interna en un colegio de monjas en Bélgica.

El libro no trae fechas así que no es fácil ubicar la época en la que ocurre el relato, pero sí es posible intuirlo. Rita Andrión nació en Panamá en 1893. Al comienzo del libro ella dice que llegó a Bélgica luego de estudiar un año en Estados Unidos y tres años en Curazao, o sea que sumaba al menos 4 años de formación fuera de su hogar. Al final del libro la autora indica que poco después de regresar de Europa empezó la "Gran guerra europea", que inicia en julio de 1914, y también regresa poco antes de la muerte de su padre. El registro de defunción de Benigno Andrión Tejada daría un dato más preciso, aunque es claro que el libro ocurre en una época que se ubica a comienzos de la segunda década del siglo XX o finales de la primera. Es decir que Rita Andrión escribe su obra al menos 25 años después de ocurridos los hechos que rememora, y quizás pueden ser más.

Aunque el libro describe la vida en un internado de monjas, las historias de Rita Andrión no son religiosas o místicas. Su texto se regodea en describir travesuras juveniles, escapadas, risas y acciones realizadas a escondidas. Hay también el relato del amor filial que ella siente por una docente religiosa, con la que intercambia notas y furtivos espacios. No hay insinuación de un amor lésbico juvenil aunque en un ambiente tan prohibitivo como el de aquellos años quizás el libro admita una lectura con ese enfoque. 

Otro ángulo de análisis es la literatura de viajes: aunque el libro transcurre en buena parte en el colegio, la autora narra el viaje desde su Panamá natal hasta Francia, el viaje de regreso en un trasatlántico y los viajes en tren de Francia a Bélgica. Así mismo recrea un viaje largo en compañía de compañeras de colegio a Londres.

La edición del libro se parece a la de "Memorias de un viaje", de María Botero Robledo: es un libro pequeño, ilustrado con fotografías de los lugares que se van narrando. Así mismo comparte con Uva Jaramillo Gaitán la narración similar de un suceso impactante: la muerte de un viajero dentro del trasatlántico y la imagen del cadáver que se arroja al mar. Aunque la descripción que aparece en Diario fugaz es mucho más detallada, hay similitud frente a lo que describe Rita Andrión.


Algunos subrayados
Muchas veces pensé que en el suntuoso colegio de Wavre Notre Dame no iba a ser feliz (p. 17)

Su belleza era virginal y sus modales de una distinción exquisita. Correspondía él nucstro cariño y se propuso ser una madre,cita angelical para cada una de nosotras (p. 20)

Estábamos en diciembre, el mes más bello del invierno. Ya habían caído varias nevadas y los árboles estaban cubiertos de nieve; el cielo bajo y gris. Otras veces, al mirarlo, me parecía que el hielo se me iba corazón adentro (p. 26).

pedimos a Madre Matilde que nos prestara unos hábitos para vestirnos de monjas, a lo que ella accedió gozosa. Mucho gozamos poniéndonos esos, para nosotras, molestosos ropajes y recuerdo yo que al verme en el pequeño espejo de mi tocador me pareció que aquello de mi apariencia monjil era una realidad y exclamé angustiada: -Nó, nó, núnca seré monja!. ..(p. 30).

en los países civilizados, de vieja cultura donde las gentes están acostumbradas e ver y a comprender el arte desde su niñez, nadie se extraña ni se altera ante un desnudo que representa una obra de arte (p. 32).

Traducíamos del inglés al francés los poetas y escritores ingleses; entre los difícles recuerdo el canto guerrero de Walter Scott, -The Lay of the last Minstre,.; -Harnlet- ,- «Julius Ceaser-, « Othelo » ; «The Comedy of Errors- de Shakespeare, y muchos otros de Dickens, .Wordwooth, Longfellow, etc (p. 43).

Rita es de un caracter alegre y franco y magnifica arruga; es muy buena o muy mala alumna, depende de la maestra. Si usted logra interesarla realmente, tendrá en ella la mejor alumna y una armga adicta» (p. 46).

la Reverenda Madre, María Josefa quiso que yo recitara en español y me enseñó, una bellísirna composición de Zorrilla (p. 47).

En cuanto a paisajes, el. belga tiene muy poco atractivo, porque es siempre igual; su suelo es llano, cultivado integralmente; tierras bajas, donde no se. puede admirar ni una pequeña montaña, ni siquiera una colina que valga la pena (p. 48).

Sin ofender la modestia, creo que puedo decir que las latino-americanas éramos siempre las más desprendidas y que las monjas, a la vez que se extrañaban sentían gozo marcado con nuestras dádivas (p. 67)

Otra vez ya me había contestado en forma semejante al contarle que me había robado unas manzanas del jardín: 
-Cuántas? 
-Tres, padre. 
-Mañana róbate seis! (p. 76).

Siempre había recordado la costumbre de mi abuelita materna que recibía en su casa todos los sábados a los pobres de los campos y les ayudaba a Curar de sus dolencias; ella misma les vendaba las heridas, les lavaba las úlceras, cte. y yo me recreaba pensando en el gozo de mi abuela cuando una de sus nietas pudiera ayudarla en sus uootcs tareas humanitarias (p. 97).

envidiaba a los hombres que podían ser médicos para curar a tanto desgraciado, para aliviar las infinitas dolencias corporales de las gentes, porque, aun cuando yo sabía ya que había algunas doctoras en medicina, nunca me pareció propia de la mujer esta noble profesión por considerar que la que a ella se dedica no puede cumplir a cabalidad con sus deberes profesionales o descuida la más importante y hermosa tarea que Dios le ha encomendado: la maternidad (p. 102)

yo decía que las medallas eran una responsabilidad que le daba a la vida de colegio una monotonía desesperante-, yo no quería tenerlas sin merecimientos y los merecimientos eran muy cansones, pues querían decir silencio a todas horas; jamás una escapada; abdicar de las amigas normalistas, seriedad y compostura! (p. 104) 

Quién me iba a decir también que pocos días después la gran guerra europea iba a azotar el país que yo dejaba y que mi hermoso colegio, convertido en Hospital de Sangre, iba a contemplar días de terrible fiereza y de terror sin medida! (p. 110).

Si nos ponemos a mirar hacia atrás en nuestra vida, encontramos que muchas veces se repiten en ellas algunos hechos como viajes y encuentros; entonces sino fuera porque nos duele una herida mal cicatrizada o viva aún, que lastima aquello mismo que volvemos a ver. creeríamos que el tiempo no había pasado y que jamás nos habíamos alejado de aquel s~- tío, o dejado de ver aquella persona. Y al sentir nuevamente la emoción lejana, nos parece que una daga misteriosa apuñalara nuestro corazón hasta hacerlo sangrar (p. 119). 

Amo el mar! Siento un íntimo deleite cuando voy descalza sobre la arena en busca de sus aguas tibias y acariciadoras; aspiro entonces el aire salobre que brinda alegria y ofrece salud; beben mis ojos el supremo paisaje de la infinita lejania; me tiendo gozosa sobre el lomo de la ola y siento que bulle en mí el sano deleite de vivir la vida intensamente (123) 
 


Mis recuerdos de colegio
Rita Andrión de Mejía
Pereira
Editorial Panoramas
1938
126 páginas

martes, 11 de junio de 2024

Bitácora de vuelo, de Ana María Robledo Jaramillo

"Bitácora de vuelo" es un poemario que reune 22 poemas de Ana María Robledo Jaramillo, autora nacida en Manizales en 1953 y quien, según se lee en el mismo volumen, ha publicado otros libros de poemas, así como un cuento infantil.

Los poemas de este libro giran en torno al amor, al encuentro amoroso con el amado que está ausente, y al viaje. El poema "Camino a ti" trae referentes concretos de Manizales, como la Carrera 23 y el Banco de la República, pero es una excepción en la poética de la autora, que prefiere ubicar sus creaciones en espacios etéreos o lejanos. El viaje como motivo poético es uno de los ejes de este volumen.

Es una lástima que una colección editada por la Secretaría de CUltura de la Gobernación de Caldas tenga tanto descuido en la edición de los textos: gazapos, errores de mayúsculas y otro tipo de descuidos que podrían solucionarse con un trabajo riguroso de edición y corrección.


Bitácora de vuelo
Ana María Robledo Jaramillo
Gobernación de Caldas, Secretaría de Cultura. Colección Libros al aire.
Manizales
Noviembre de 2023
48 páginas

domingo, 7 de abril de 2024

Dimensión de la angustia, de Fabiola Aguirre Suárez

En enero de 1952 Fabiola Aguirre Suárez (firmó en una época como "de Regueros" y luego "de Jaramillo) publicó en Bogotá "Dimensión de la angustia", una novela que desde la primera página se anuncia como "un ensayo sobre filosofía desde el punto de vista femenino".

Ara Elicechea Uribe es una niña huérfana de madre, hermana de Ruth y de Leandro. Su padre muere cuando ella aún es pequeña y por lo tanto los tres huérfanos quedan al cuidado de su abuela materna, Evelia de Uribe, quien aparece en la novela como una mujer dura y arribista.

La novela está escrita en clave autobiográfica y cuenta la vida de Ara desde su primera infancia en Manizales, su llegada a Bogotá, su paso por internados de monjas, su vida de infierno en casa de la abuela, su matrimonio temprano con Reynaldo Moore, el nacimiento de su hijo Lucio, el ingreso de Ara a la Universidad a estudiar sociología (Fabiola Aguirre estudió derecho) y lo difícil que resulta para una mujer casada acceder a la educación superior y ganarse el respeto de los compañeros. Luego Ara enviuda, se gradúa de la Universidad, trabaja en labores sociales y políticas, escribe poesía, asiste a mítines políticos y conoce a un segundo amor.

Esta segunda pareja es Juan Londoño, con quien dialoga a lo largo del libro. La estructura de la obra consta en 25 capítulos precedidos de una introducción que es una carta de Fabiola Aguirre a Ara. El capítulo 1 muestra a Ara subiendo al Nevado del Ruiz, que es el recuerdo que ella tiene de su infancia en Manizales, porque el Nevado se veía desde su casa. Mientras asciende al Nevado conversa con Juan y le va contando su vida y así avanzan los capítulos. A veces narra a manera de monólogo (Juan interviene muy poco) ya veces son digresiones: flujos de conciencia sobre asuntos que Ara piensa o recuerda pero no le cuenta a su acompañante.

Esta novela, la segunda publicada por una mujer caldense en formato de libro después de "Una Mujer", de Natalia Ocampo de Sánchez , es un libro adelantado a su tiempo, que permite hacerse una idea fiel de la situación de las mujeres en Colombia en la primera mitad del siglo XX, y en donde la autora narra con gran nivel de detalle porque le interesa dejar constancia de las inequidades que denuncia. Si bien Simone de Beauvoir publicó en 1949 El segundo sexo, en Colombia la literatura aún no registraba reivindicaciones femeninas de una manera tan clara como lo hace Fabiola Aguirre en esta novela, en la que habla todo el tiempo de las brechas entre sexos, de la violencia en el matrimonio, la necesidad de educación para las mujeres, defiende el divorcio y reflexiona sobre el suicidio. El final de la obra resulta cinematográfico: se ubica en el Nevado del Ruiz, con Ara perdida y envuelta por la niebla. Un suicidio que no parece suicidio, tal y como ella, mujer libre, lo deseó.

La novela es narrativa, sobre todo en la parte de la infancia y juventud de la protagonista, pero a medida que crece el texto se convierte también en un espacio de reflexión intelectual, un "ensayo sobre filosofía desde el punto de vista de la mujer". La autora, por ejemplo, propone el concepto de " matria-potestad" (p. 341) para reclamar que la sociedad dé más relevancia a la relación madre-hijo como eje de la construcción social. 

Ara, la protagonista, lee autores como  Lord Byron, Whitman, Ortega y Gasset, "Vida de Madame Curie", "La Mujer", de Severo Catalina, "El alma de la mujer", de Gina Lombroso, "La mujer nueva y la moral sexual", de Alejandra Kolontay, Marx, Husserl, Hartmann, Houston, Stewart, Chamberlain. Para su formación sobre teorías sobre el Estado menciona a Jelinek, Duguit, Lasky, Larenz, Marx, Hegel y Maquiavelo. Este bagaje, extraño para una mujer de su época, corresponde al de Fabiola Aguirre, una de las primeras abogadas en graduarse de la Universidad Externado de Colombia, y militante en el movimiento de Jorge Eliécer Gaitán y luego junto a Esmeralda Arboleda, hasta que partió para Estados Unidos hacia 1954, durante la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Fabiola Aguirre murió en Estados Unidos en 1997.

Algunos subrayados
realmente imposible era el que en el actual desarrollo de nuestro medio alguien tomara en serio a "una mujer filósofa", así fuese original su pensamiento (p. 5).

¿Por qué quiero escribir un ensayo sobre filosofía desde el punto de vista femenino? (pág. 5). 

la fuerza de tus experiencias interiores y el clímax de tus intuiciones siempre fueron superiores al lenguaje en que yo pudiese describirlos (p. 7).

El instito le indicó que quien vive camina, porque el primer paso es el impulso fatal del segundo; que un paso engendra otro paso, y que para no andar es necesario no nacer (p. 9).

entre pensar y recordar hay una gran diferencia: el recuerdo es emocional y el pensamiento racional.

se recordó pequeña en su ciudad natal empinada en el filo de una cordillera colombiana; Manizales, la misma ciudad serena que hace poco tiempo tuviera que atravesar para poder venir en busca del Nevado del Ruiz (p. 11).

Los hechos de su primera infancia eran borrosos; solamente recordaba que desde su cuarto limpio y claro, situado en un segundo piso, casi todas las mañanas divisaba el Nevado (p. 11). 

a instancias de miles y miles de fantasías donde figuraban castillos y grutas; sílfides, brujas, ogros, gigantes, almas de muertos, enormes mariposas y los demás protagonistas de los cuentos que Yaya e contaba, este Nevado del Ruiz se me fue volviendo el lugar encantado en donde todos esos fantásticos seres se escondían de día y se agitan libres de noche (p. 13). 

Tengo presente el solar de mi casa con sus inmensos eucaliptus; la finca de "El Arenillo" con sus guamos y su bella avenida de naranjales; vagamente recuerdo una quebrada cristalina; todo lo demás, cosas y personas, se esfumaron de mi memoria (p. 14).

Las discusiones me llenaban de vergüenza, no tanto por lo que en ellas se decían sino porque con una inconsciente estética de clase aquello me parecía vulgar, plebeyo, en gentes de nuestra posición social (p. 24). 

De uno de ellos oí la descripción de sobre cómo se les enseñaba a ser "machos". El método variaba según las circunstancias, pero siempre conducía a que el muchacho debía portarse a la altura de los mayores más valentones y fornidos (p. 25). 

...por toda la raza antioqueña en general, pues en la mayoría de sus hogares siempre se registra la fuga de sus hombres aún adolescentes. El afán de independencia pronto se predica de esa rigidez, de ese concepto patriarcal, feudal, que en Caldas y en Antioquia se tiene del hogar (p. 27).  

En estos pueblos, el hijo más que hijo es un súbdito feudal al que de antemano se enseña a cultivar la parcela que le ha de corresponder, o a gerenciar la fábrica en caso de incapacidad paterna (p. 27) 

me dolía de que no hubiera tantas heroínas y mujeres grandes como hombres había en la historia (p. 31). 

Las monjas dicen que las cosas mundanas son malas y que en el mundo hay muchas que es natural que los hombres hagan, pero que es mal visto que hagan las mujeres. ¿Será que es cosa mundana hacer versos y esto es feo en las niñas? ¿Se burlaron de mí porque hice cosas de hombre, o únicamente porque no me quieren? ¡Qué triste entonces es ser mujer y vivir en este colegio! (pág. 36). 

mi abuela dijo a tía Hortencia -un día que sirvió más postre a tío Clemente- que a los hombres había que preferirlos, porque eran superiores a las mujeres y trabajaban más (p. 36). 

Volví a hacer versos; algo superior a mis promesas me obligaba a escribirlos, así fuese llena de temor y con el espanto del ridículo acechándome siempre (p. 47). 

usted no sabe las horas tan amargas que se pasan en el colegio cuando un niño no tiene un cesto de frutas o dulces, y por eso los otros lo tratan de pobre (p. 59). 

Yo no sé, es algo vago. Es un malestar que no sé, a ciencia cierta, si es en el alma o en el cuerpo; es cansancio, es vergüenza, es miedo de ser mujer, es incertidumbre... No, no es esto, es aburrimiento de ser mujer. No, pero tampoco; es más bien como una angustia de mi cuerpo, es como una soledad, como un terror que me pesa (p. 61). 

Mi abuela sentía un enorme fastidio por mi manera de ser y me llamaba la escribana (p. 67).

vergüenza debía darte estar perdiendo el tiempo en libros en vez de estar bordando o remendando la ropa (p. 67). 

Fue leyendo estos libros cuando por primera vez supe que había mujeres que protestaban públicamente de su condición de inferioridad y que el feminismo tenía que agitarse como bandera de lucha (p. 66). 

El estudio superior no es cosa para mujeres (p. 69). 

-Oiga, niño, no me diga más "niña" (p. 70).

Aprende a ser mujer con el corazón como lo eres con la cabeza (p. 73).

Si con lo que sabe tiene de sobra. ¡Ni más faltaba una bachiller en mi casa! (pág. 74).

Entienda de una vez para siempre, carajo, que quien lleva revólver y pantalones no pertenece a un pueblo de maricos y que en mi casa hablo como me da la gana, carajo, porque aquí soy yo el macho! (pág. 81).

La poesía no tenía para mí atracción alguna (p. 82) 

"Eh Ave María, querida; una mujer sin máquina de coser no es mujer. Decile a tu marido que te la compre (p. 83).

comprendía perfectamente el significado de esa unión para toda la vida; y porque era perpetua e irreparable tenía que forzarme a estar enamorada; esto es en último lo que llaman debe de esposa (p. 87).

En política y en derecho internacional, el que triunfa no es el que más piensa, sino el que más habla (p. 90). 

confundía mi temor con el respeto y no se daba cuenta que a quien se teme no se respeta ni menos se ama (p. 90). 

la sociedad no veía bien la separación conyugal en una mujer (p. 97). 

Entendía como ahora, que la mujer es más mística, más humanitaria y por ende, en este sentido, millones de veces más sincera que el hombre (p. 99). 

Yo estaba de acuerdo (¡y tenía por qué estarlo!) en que era aberrante e injusto el que un cónyuge desgraciado tuviera que soportar eternamente su tragedia sin que se le diera libertad para remediarlo (p. 100).

El comunismo que sacrificaba el individuo a la felicidad de la especie con sus propias doctrinas, acabaría por aniquilarla y dejarla seca como una retama (p. 101). 

Para que no me llamaran con nombres tan cursis como "poetisa" o "diva" hace mucho tiempo que renuncié a hacer versos oa cantar (p. 107). 

―C on tal que tu marido te tenga todo lo necesario aun cuando de puertas para afuera haga lo que se le de la gana.
Este consejo o precepto, en una u otra forma, ya antes lo había oído y lo sigo oyendo en labios de nuestras mujeres. Casi puede decirse que así piensan la generalidad de las casadas del país (p. 110). 

¿Cuál es el valor de la vida de una mujer? ¿A la mujer se le deja vivir o simplemente se le permite vegetar? (pág. 114). 

Dar a luz no es lo que a la mujer engrandece (la perra, la foca o la hiena son también madres). (pág.116)

Por aquel tiempo provocó la sensación del decreto presidencial por el cual se le otorgaba a la mujer el derecho de entrar a la Universidad; derecho hasta entonces vedad para ella (p. 129).

-Es la primera mujer casada que llega a la Universidad (p. 136).

-En toda la Universidad sólo hay tres mujeres que van a romper estos prejuicios (p. 139).

se comentaba desfavorablemente mi entrada a la Universidad (...) la virtud de una mujer casada sólo se conservaba pura, resguardada por las paredes del hogar (p. 141). 

Se me fue definiendo una estructura mental para aprehender los fenómenos existenciales ya no con el criterio de simple mujer instruída sino con la entidad de la angustia, del por qué y el para qué de las cosas y valores (p. 142). 

Me parecía, como ahora me parece, atroz y bárbara esta fúnebre diversión de las visitas de pésame (p. 148). 

toda nuestra ética familiar, política y social gira alrededor del sexo... (p. 159). 

pero sé más cariñoso conmigo y más benevolente cuando en mí notas fatiga. No sólo quiero que ames a la mujer fuerte; Necesito ante todo que comprendas y protejas a la mujer débil que hay en mí (p. 162). 

su realidad es muy distinta a lo que imaginamos antes de estar en contacto con ella. Uno supone que en la Universidad debe vivirse en función del espíritu científico, que allí vamos a estar muchísimo más cerca de las instituciones patrias, de su cultura y de sus problemas (p. 167). 

Como no llevaban la firma de un hombre muy pronto fueron olvidados y cosa curiosa: muchas, pero muchísimas veces más tarde aparecían esas mismas ideas suscritas por un señor y entonces hay que ver cómo se le comentaba y aplaudía. (pág. 168). 

Todo en este país tiene el sello de la política; aún las mismas instituciones culturales o los mismos estímulos que crean para el objeto de demostrar a la opinión que se es más generoso que el adversario (p. 170).

La política de ocasión, la política de odio y de resentimientos personales, que es la nuestra, es como un vaho que ha entrado en todos los poros y los resquicios de nuestra vida (p. 170).

No tengo ningún dolor; simplemente estoy cansada de jugar, toda la vida, a ser una mujer fuerte (p. 181). 

El amor solo tiene significación cuando ha enriquecido nuestra vida o cuando ha embellecido su curso; lo demás son caricias, suspiros y palabras que no dejan huella, ni valen la pena recordarse (p. 188). 

el escritor que sacrifica los valores espirituales a las conveniencias del momento, monetarioas, electoreras o sociales, no es un intelectual; es un burgués o un proletario intelectualizado, según su clase (p. 196). 

estudia, sí, pero para pulir tu temperamento intiuitivo, no para ahogarlo (p. 203). 

no pienso entregarlos con mi nombre; yo sé que tengo el "Inri" de ser mujer, y que mientras sea yo la autora, la obra no valdrá nada; Será deslustrada por el solo hecho de no suscribirla un hombre. (pág. 204). 

mira, la poesía para mí es como una onda que capta, muy débilmente sin embargo, ciertas vivencias, ciertas intuiciones y estados de beatitud o de contemplación interior cósmica. El lenguaje simbólico de la poesía, a falta de palabras idiomáticas que expliquen muchos fenómenos interiores, es hasta el presente el medio más adecuado para expresar sentimientos y sensaciones metafísicas (p. 220).

yo no estudio para aprender sino para saber y no quiero saber para repetir sino para pensar (p. 221).

Todo "lagarto" es canalla cuando se le presenta la ocasión (p. 235).

es una cobardía estar sentada, como mero juez cerebral ante la angustia del mundo, ante el desmoronamiento de la patria, pudiendo unirnos a los que quieren reformar este estado insoportable y doloroso (p. 251).

¿No ves que la única ventaja que tiene una mujer aquí, es precisamente que por no tener importancia puede hacer y deshacer sin que nadie se ocupe de si causa daño o no? El peligro no es que me lleven a la cárcel sino que me decreten manicomio (p. 252).

revela una capacidad vigorosa, un estilo ya formado y una resolución masculina de no ocultar, de no disfrazar siquiera, el propio pensamiento (p. 258). 

-Usted misma, Ara, no tardaría en sentirse fastidiada cuando sus alumnos comenzarán a faltar a la disciplina y se manejarán más como hombres curiosos que como estudiantes (p. 262). 

-¿Con decir a los ricos que odiamos a los oligarcas estamos amando al pueblo más que ellos? ¿No sería mejor predicar menos el odio al poderoso y querer más eficazmente el bienestar colectivo? (pág. 267).

-Todos los seres, absolutamente todos, tienen su aspecto comparable; lo que pasa es que hay que descubrirlo (p. 272)

Pensaba para mis adentros: el que siempre obra con criterio de compra, con el mismo criterio se vende; dos aspectos de una misma moral (p. 272).

Nunca he podido soportar impasible ni alteraciones ni personas extrañas en mi vida ordinaria. Le tengo terror a cualquier modificación, por beneficio que sea (p. 273).

No hay nada tan grotesco en el mundo como la elegancia de un nuevo rico (p. 280).

Yo no puedo graduar ni contener la vida, porque mi vida soy yo, porque mi vida, dondequiera va conmigo y tengo que vivirla, así como tengo que respirar el aire que me circunda por más fétido o envenenado que éste me parece. Fatalmente tengo que vivir, así sea para angustiarme todos los días y para agonizar continuamente (p. 286).

¡Debo cargar con mi vida porque no tengo ni siquiera el derecho a la muerte!
Pero aunque no es mía la libertad de morir, porque mi vida es un apéndice de la de Lucio, no por esto deja de ser tan fácil la muerte; ¡tan fácil! ¡tan fácil!  (pág. 286).

aún insonscientemente llegué a buscar la muerte (p. 290).

Precipitar mi muerte no es pues, faltar al deber y en cierto modo, es así como lo cumplo mejor, ya que dejo de ejercer una influencia perniciosa en la vida de mi hijo (p. 291). 

Los días pasaban deliberando conmigo misma sobre la forma más conveniente de matarme sin dejar sospechas de suicidio (p. 291). 

no tengo ni siquiera la libertad de la locura; ¡Debo ser heroicamente cuerda!
Casi no pude contener la desesperación cuando acabé aceptando definitivamente, que de ninguna manera podía liberarme de la vida (p. 292).

Luchar es precisamente lo que he decidido no volver a hacer jamás, porque quien lucha, se cree con el derecho de exigir a la vida y precisamente en esto consiste la desilusión y el fracaso. En cambio, a quien no lucha ni ambiciona le queda por lo menos, el orgullo muy trivial pero muy consolador, de saber que los éxitos no le llegaron porque no los buscó, porque no los quiso. Por esto no volveré a ambicionar nada mejor que el presente (p. 293).

Toda persona que siente sinceramente la suerte humana y que se preocupa por su pueblo y de su patria jamás podrá deslindarse de la política (p. 321). 

-La libertad de pensamiento, de palabra, de acción y de vocación se te van a cercenar con el casamiento. ¿Has pensado en esto? (p. 333).

ningún prestigio es firme si no está respaldado con el dinero (p. 338). 

-Qué triste es ser mujer sin haber sido una niña! (p. 346).

La mujer lleva en su vientre el futuro del mundo, pero hasta ahora hemos sido apenas, las hacedoras, las paridoras de individuos, no las creadoras responsables de personas (p. 351).

más por desconcertante paradoja es precisamente el cristianismo la religión que tiene un más recio y afirmativo simbolismo materno; toda ella se alza sobre la veneración Madre-Hijo (p. 352).

-¿Por qué habría de nacer yo bajo el signo de este siglo? (p. 356).

-Yo soy angustia; por eso es que mi espíritu quiere a veces saltar como este corazón. Y con tanta frecuencia es tan hondo ese desear, este anhelar, este temblar por la verdad y la belleza que quisiera deflaglarme en mil átomos ideales, en mil cuantas esenciales y desparramarme por todo el universo y disgregarme en todos los ámbitos (p. 358). 


Dimensión de la angustia
Fabiola Aguirre Suárez 
Talleres Gráficos de Antares
Bogotá, enero de 1952
362 páginas