Este libro, editado por primera vez en 2004 y reeditado en 2025, consiste en un trabajo de interpretación sociológica y discursiva de los procesos sufragistas en Colombia, a partir de tres períodos que delimita la autora: 1930 a 1943, 1944 a 1948 y 1949 a 1947. El derecho al voto se aprueba el 25 de agosto de 1954 en la Asamblea Nacional Constituyente y se refrenda en el plebiscito del 10 de diciembre de 1957, fecha en la que por primera vez votan las mujeres en Colombia.
Se trata de un trabajo riguroso y completo en el que la autora Lola G. Luna explica dos vertientes del sufragismo colombiano: la feminista, más asociada a movimientos liberales y socialistas, y la femenina, de tradición conservadora y católica. De acuerdo con la profesora Luna, la particularidad del proceso colombiano radica en el rol que cumplió el movimiento conservador dentro del sufragismo y cómo esa visión que intenta conciliar los nuevos derechos políticos para las mujeres con el modelo mariano de ángel del hogar pervive en la cultura colombiana.
El libro es rico en nombres, referencias y fuentes bibliográficas. La periodización propuesta permite observar la evolución de la discusión y evidencia que si bien el debate comenzó en la República Liberal, fueron los liberales quienes inicialmente se opusieron al voto femenino, mientras que los conservadores se mostraron favorables por considerar que las mujeres votarían azul por la influencia que sobre ellas ejercía el clero. En ese orden de ideas es significativo que la aprobación del sufragio femenino se haya dado en la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, de raigambre conservadora.
Algunos subrayados
Otros de los reclamos que han jalonado las demandas feministas han sido el derecho a una vida libre de violencias, movilizaciones por la paz y contra la guerra, y la libre opción de la maternidad (p. 16).
En la Asamblea Nacional Constituyente, las mujeres tuvieron una participación del 5,7% con cuatro mujeres: María Mercedes Carranza (Alianza AD-M19), María Teresa Garcés (Alianza AD-M19), Aída Abella Esquivel (Unión Patriótica) y Helena Herrán de Montoya (Partido Liberal) (p. 22).
de la mayoría de las mujeres que participaron en el movimiento sufragista se conocen algunos nombres y datos de origen geográfico y de profesión porque ocuparon cargos en las organizaciones, pero están pendientes de ser rescatadas del olvido en que están sumidas y estudiarlas en profundidad en los casos que sea posible (p. 31).
El sufragismo colombiano albergó, por un lado, la tendencia feminista de la época, que reivindicaba que las mujeres junto a ser el centro del hogar podían participar políticamente más allá del voto, y por otro, una corriente sufragista conservadora que daba mayor importancia al hecho de que las mujeres fueran madres de la patria y de sus hijos, y por ello merecedoras del voto (p. 33).
Las feministas actúan junto a una sujeta sufragista construida en el discurso católico conservador que a su vez participa del discurso moderno en lo que se refiere a educar a las mujeres y reconocerles el derecho a votar, pero con la finalidad de que sigan siendo las "reinas del hogar", unas reinas ahora "ilustradas" (p. 38).
La particularidad que encierra el caso colombiano consiste en que en la construcción del sujeto sufragista concurrió el conservatismo con el legado colonial discursivo, la modernización liberal, y el proyecto de sociedad igualitaria socialista (p. 39).
El período de 1930-1943, es el subperíodo en el que las sujetas sufragistas se diferencian en su identidad y se produce el debate entre feminismo y feminidad, en un contexto liberal (p. 39).
Entre 1944-48 hubo un cierto avance en la ampliación de los derechos de las mujeres. Se logró el reconocimiento formal de la ciudadanía en 1945, pero, aunque se sucedieron los proyectos de ley del sufragio no se logró su aprobación(...) Fue el momento de aglutinamiento en organizaciones y congresos, de consolidación de órganos de expresión como las revistas Agitación Femenina y Mireya (p. 40).
El género encuentra su lugar como "objeto" y el feminismo como "sujeto", ambos construidos significativamente a través del lenguaje (p. 48).
El género es el discurso de la diferencia entre los sexos (p 56).
Esa "mujer" estaba rodeada de virtudes consideradas naturales, representando un "modelo normativo de heterosexualidad reproductora. La modernidad alentada por la Ilustración hizo que esa mujer, "ángel del hogar" y buena madre, se consolidara e institucionalizara, imponiéndose en las metrópolis europeas y en sus colonias (p 60).
"las condiciones de desigualdad de derechos en las que vivían las mujeres no causaron la acción colectiva de la sujeta sufragista hasta el momento histórico en que un discurso, el moderno liberal, actuó como mediación significativa de esas condiciones y la posición en que las mujeres vivían en ellas" (p. 66).
Las maestras fueron agentes de feminización, transmitiendo los dereberes domésticos que configuraban la identidad de las discípulas. Pero muchas veces esas maestras no eran madres y en realidad no respondían a la "madre burguesa" de los manuales, porque habían encontrado en el magisterio un espacio de libertad para desarrollarse como escritoras e intelectuales, lo que les permitía transgredir la frontera y participar en un nuevo modelo de mujer que se estaba gestando también en otros campos (p 72).
es útil hacer la distinción entre estos dos grupos de sufragistas, feministas y conservadoras. La especificidad colombiana reside en la existencia de un discurso conservador, católico, marianista, patriarcal, que sobrevive en el discurso moderno (p.80).
Se señala como materias apropiadas para las mujeres el arte, la historia, la medicina y las "industrias domésticas", y por encima de todo estaba la "misión de madres" (p. 88).
valga como conclusión que sus significados de género constituían no solamente un sujeto de mujer pasivo, sino que aspiraban a ser un modelo único para las diferentes clases de mujeres existentes en la realidad (p. 91).
Las mujeres de las élites urbanas, desde el siglo XIX ejercían de reinas del hogar, y se buscaba su identificación con las virtudes de María virgen (p. 92).
hasta las reformas legales de la década del treinta, cuarenta y cincuenta, la ciudadanía era un privilegio de los varones mayores de 21 años, que sabían leer y escribir, gozaban de un empleo no servil y tenían una renta mínima (p. 97).
Una vez que fue conseguido el primer derecho: administrar los propios bienes, la educación se volvió una cuestión prioritaria (p. 99).
"igualdad" y "democracia" eran categorías del discurso socialista, mientras "igualdad jurídica", "diferencia", "justicia" y "dignidad procedían en otros momentos del discurso liberal y conservador (p. 102).
A mediados de la década de los cuarenta se debatió reformar la Constitución en su artículo 13 para reconocer que las mujeres eran ciudadanas y podían ser elegidas para cargos públicos (de hecho podían hacerlo desde la reforma de 1936) pero se especificaba que no tenían derecho a elegir, es decir a votar (p. 106).
Josefina Canal de Reyes, Camila Uribe y Rosa María Aguilera representaban a un sujeto sufragista conservador con intereses representados por los valores tradicionales de género femenino, en los que se aceptaba una cierta modernización en la educación y en los derechos civiles y políticos, con el fin de mejor cumplir "su misión" de madre y esposa (p. 111).
La ley 28 de 1932 en que se reconoció a las mujeres el derecho de administrar sus bienes (p. 112).
Gladys Jimeno ha señalado la existencia de algunas mujeres que reclamaban derechos y cuya vida fue un testimonio feminista, como es el caso de María Rojas Tejada, en la Antioquia del primer cuarto de siglo (p. 117).
Se comenzaron a dibujar dos posturas: la primera postulaba la emancipación de la mujer de su "condición de esclava", y hacía un llamamiento a todas las mujeres a tomar conciencia de que el Proyecto de Capitulaciones Matrimoniales -uno de los más importantes que se presentaban- significaba la libertad (p. 123). La nueva categoría discursiva que aparece en estos primeros momentos es "feminismo" y su significado se expresa en términos de igualdad (p124). La segunda postura, partiendo de una exaltación de los valores atribuidos al rol femenino como la "prudencia" y "modestia", y la confesión expresa de catolicidad, reivindicaba la feminidad como el argumento definitivo para que la mujer fuera "siempre tenida como compañera" y se cumplieran las palabras de San Pablo (p. 125).
Una tendencia conservadora, y otra liberal y feminista, cercana a las ideas liberales y populistas de la "revolución en marcha" y del gaitanismo. Más tarde aparecerían en escena las mujeres socialistas (p. 126).
Se trataba de dar a las mujeres la administración de sus propios bienes, y por tanto venía a resolver una situación que afectaba a las que procedían de familias acomodadas y burguesas (p. 127).
1934-38: el voto; los liberales mantuvieron una posición contraria, mientras los conservadores eran más proclives, creyendo el argumento de que el voto femenino era conservador por estar las mujeres influidas por el clero (p. 128).
centrando la atención en la educación como un requisito para la obtención del voto (p. 128).
Las feministas no cuentan en estos años con canales de expresión escrita ni han llegado a organizarse de forma estructurada. Comienzan a abrirse espacios a través de conferencias y programas de radio (129).
Se abría un pequeño espacio en el que algunas mujeres educadoras eran llamadas a participar, y de hecho lo hicieron mostrando sus ideas sobre la educación femenina a través de las revistas y la prensa (p. 131).
El derecho al voto era planteado en la prensa femenina que estamos examinando, como un reconocimiento a la feminidad de las mujeres y a los valores que de ella se derivaban, y no como un derecho de ciudadanía y participación política en igualdad con los hombres (p. 137).
un feminismo femenino, conservador desde nuestro punto de vista, porque aunque reivindicaban el derecho al voto, estaban lejos de la idea de igualdad. Por su parte las feministas pugnaban por hacerse oír (...) en la conservadora Tunja, desde 1938 hasta 1942 existió el programa de radio La Hora feminista (140).
La II Conferencia de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas fue celebrada en Lima (1924), en conmemoración de la batalla de Ayacucho. En esta Conferencia participó la colombiana Claudina Múnera, representando a Georgina Fletcher, que a su vez fue nombrada representante de la Liga en Colombia (...) El III Congreso Internacional Femenino se celebró en Buenos Aires (1927), al que asistieron las colombianas Claudina Múnera, Etelvina López y López y otra educadora de Armenia (p. 145).
Entre 1944 y 1948 hubo un cierto avance en la ampliación de los derechos de las mujeres. Se logró el reconocimiento formal de la ciudadanía en 1945(p. 151).
Hasta once proyectos de ley a favor del sufragio femenino se pueden contabilizar en Colombia entre 1933 y 1954 (p. 161).
(Radio) Tenemos noticia de los siguientes: La Hora Feminista, en la emisora de Tunja; Tribuna Liberal Femenina; Avanzada Femenina en Radio Pacífico, que se emitía los sábados y era la voz de la Alianza Femenina y Hora de Variedades, dentro del programa de Stella, en la Emisora Suramericana, Agitación Femenina num. 14, 1946, p. 1 (p. 161).
un liberal, por cierto, mantenía la idea de que el voto destruía los hogares y conducía al ateísmo, estableciendo una analogía entre política, barbarie e infierno (significados masculinos), de la que había que salvar a la mujer de naturaleza buena y santa (significados femeninos). (p. 163).
Las conexiones políticas de la mujer con el mundo público a través de la construcción: madre/nación (p. 163).
De esta forma se presentaban como verdades incuestionables que la educación de los hijos y el cuidado del hogar eran tareas exclusivamente femeninas y de "más valor" que la participación en la vida pública y en la política (p. 165).
En Gaitán estaba unida la idea de liberación de la mujer a significados maternalistas (169).
Lucila Rubio de Laverde puntualizaba que los postulados del feminismo eran cuatro: educación, derecho a administrar los propios bienes, igualdad en el salario y derechos políticos, afín de rebatir el tópico de que el feminismo preconizaba que los hombres realizaran las faenas del hogar" (p. 171).
Desde la antigüedad clásica pervivía la idea de una identidad femenina por naturaleza esencialmente buena, y el hogar y la maternidad como única función social, se contraponía a la política. En la modernidad se extendió el ámbito de las mujeres hasta el espacio público y político reconociéndose su capacidad racional, y la colaboración y complementariedad con el hombre fue un discurso armonizador del dilema de la diferencia (p. 177).
Se puede afirmar que en Colombia sectores del conservadurismo habían tomado la bandera del sufragio femenino desde décadas atrás y aunque las sufragistas liberales y socialistas tuvieron una posición feminista de acuerdo con la corriente internacional, fueron finalmente las conservadoras las que a la hora de la obtención jugaron el papel político más visible junto a Rojas Pinilla (p. 191).
El sujeto sufragista, feminismo y feminidad en Colombia 1930-1957
Lola G Luna
Editorial Gente Nueva
Barcelona
2025
246 páginas











