sábado, 19 de junio de 2021

Una novela rusa, de Emmanuel Carrère

Así como las matrioskas contienen una muñeca dentro de otra, Una novela rusa contiene varias historias aparentemente inconexas, que se articulan a partir del protagonista-personaje-narrador: Emmanuel Carrère.

Por un lado está la historia András Toma, un húngaro prisionero de la Segunda Guerra Mundial, que pasó 54 años sin hablar en un hospital psiquiátrico de Kotelnich, una ciudad rusa, hasta que fue repatriado a su país. Por otro lado está la historia del abuelo de Carrère, quien desapareció en Burdeos en 1944 durante la Guerra. Está también la historia de la madre de Carrère, quien perdió el rastro de su padre; la de Carrère, que viaja a filmar una película en Kotelnich; están los personajes del documental; hay una muerte violenta, y, por último, todo lo anterior aparece atravesado por la tortuosa relación de Carrère con Sophie, una historia de amor llena de conflicto. Y en medio del libro el autor reproduce un cuento erótico publicado en Le Monde.

Una novela rusa está narrada en la primerísima persona del singular. Es a través de los ojos de Carrère que conocemos el paisaje ruso, los trenes, La Rochelle, la isla de Re y París, los lugares en los que transcurre la historia. Es él el que decide presentarse ante el lector como un hombre clasista, egoísta, celoso, desconectado de sus hijos. Un hombre orgulloso de su sexualidad, que se deprime, se aburre, tiene relaciones difíciles con sus padres y su pareja y escribe a partir de allí.

Cuando Carrère publicó El Adversario le cayó el éxito encima: fue un libro superventas, se rodó una película con base en esa historia y su nombre saltó a la fama internacional. Luego vino la sequía narrativa y Una novela rusa es el libro que publicó siete años después. Sorprende en este el cambio de registro, de tono, de tema. En muchos sentidos parece un libro escrito por otra persona y, al mismo tiempo, tiene profundas conexiones con su antecesor: ambos se parapetan en la no ficción, en la narración de los hechos a partir de las vivencias y datos del autor, y en la honestidad del texto. Una novela rusa es (debió ser) un libro doloroso de escribir, pero al mismo tiempo escribir salva.

 
Algunas frases
No estaba en absoluto preso, ni siquiera enfermo: vivía aquí, esto era su casa y punto (p. 153).

Es un acto doloroso, pero psíquicamente indispensable: un desaparecido es un fantasma, fuente de una angustia sin nombre que puede contaminar varias generaciones, mientras que por un muerto se puede guardar luto, llorarlo, olvidarlo (p. 172). 

Kotelnich, para mí, es donde uno reside cuando ha desaparecido (p. 176). 

Una obra maestra de economía descriptiva: las montañas, dice el narrador, son tan altas que por mucho que levantes los ojos nunca ves a los pájaros recortándose en el fondo del cielo (p. 177). 

Decir que haces textos educativos o que atiendes la ventanilla de la Seguridad Social es decir: no lo he elegido, trabajo para ganarme la vida, estoy sometida a la ley de la necesidad (p. 181). 

Nabokov estaba seguro de sí mismo y de su genio; fueran cuales fuesen las pruebas que atravesó, vemos bien que se despertaba cada mañana dando gracias a Dios por el privilegio único de haber nacido en la piel de Vladimir Nabokov (p. 185). 

Amaba las ideas, los ensayos más que las novelas, y leer un libro equivalía para él a conversar con su autor (p. 186). 

Creo que sobre todo habría querido que le respetasen. Ser importante. Visible. Existir ante los demás. Que no le vieran como un fracasado, un pobre de solemnidad toda su vida. (p. 190). 

Esta será la regla de mi nueva vida: andar derecho hacia donde me lleven los pies, sin retorno ni pesar (p. 198). 

Todo el mundo, y yo el primero, me considera un compañero encantador. Me represento mi vida futura como una sucesión de dichas y de victorias (p. 203). 

Escribiré un libro sobre su padre. Pensé durante mucho tiempo que no lo haría mientras ella viviera, y al salir de la Academia aquel día pensé lo contrario: que debo escribirlo y publicarlo antes de que ella muera. Que lo escribo para ella. Para liberarla, y no solo para liberarme yo (p. 210).

Recuerdo una novela en la que el narrador se percataba maravillado de que en todas las circunstancias las mujeres están siempre desnudas debajo de la ropa. Compartí y aún comparto ese estupor. (p. 231). 

Si tuviese el valor, yo mismo escribiría al defensor (del lector) para recordarle esta regla elemental del periodismo: cuando a un lector le gusta un artículo escribe autor, cuando no le gusta escribe a la redacción (p. 316).

¿Hasta qué punto puede un escritor ofrecer de pasto al público a sus seres próximos, sacrificarlos a su propio placer? (p.323).

Me pregunto si para mí escribir significa necesariamente matar a alguien (p. 323). 

Cuando dos personas que han atravesado una crisis semejante, en la que cada uno ha sido la imagen de la felicidad pero también la del miedo, entonces todo se vuelve posible, la confianza debe por fin explayarse (p. 33). 

Dice que descuidamos lo que creamos poseer, que esperamos a haberlo perdido para llorarlo (p. 354). 

piedad por el dolor intolerable que Nicolás afronta y va a afrontar hasta el final de su vida (p. 365). 

No hace falta tirarse por la ventana para morir, otros como tú mueren bien vivos (p. 367). 


Emmanuel Carrère
Una novela rusa
Editorial Anagrama (Compendium)
Barcelona, 2007
270 páginas

domingo, 13 de junio de 2021

El adversario, de Emmanuel Carrère

La mañana del 9 de enero de 1993 Jean-Claude Romand mató a su esposa, sus hijos y luego viajó para asesinar a sus padres. Todo esto lo cuenta Emmanuel Carrère al comienzo de El Adversario e internet ofrece múltiples detalles sobre el crimen que van desde fotos de las víctimas hasta la historia del juicio al asesino. 

Es decir: todo eso lo sabe el lector desde el comienzo y sin embargo, conociendo de antemano el desenlace, el libro tira página tras página para seguir leyendo, porque Carrère logra narrar un personaje tan singular y enigmático que el múltiple crimen es un dato más que se suma a una vida por completo inverosímil, y que sin embargo ocurrió con cada uno de los detalles que entrega el autor. 

El adversario remite a pensar en A sangre fría, ese clásico de Truman Capote sobre otro crimen horrendo. Pero mientras el énfasis de Capote está en construir lo que pasa con los asesinos después del homicidio y durante su paso por la prisión, el de Carrère está en contar la vida previa de Jean-Claude Romand para poder entender que lo llevó a matar a su familia. Su vida desde su infancia pero sobre todo los 18 años que pasaron antes del crimen y que Romand llevó no una doble vida sino una vida falsa, una vida de fachada detrás de la cual no había nada distinto al vacío y la soledad. Para ello hace un completo ejercicio de reportería que lo lleva a comunicarse no solo con el asesino sino con otra cantidad de fuentes, hasta construir un retrato del homicida-estafador-falso médico que, pese a todos los delitos que tiene encima, causa más curiosidad que miedo.

El adversario es un texto corto de no ficción dividido en capítulos breves que se construyen de una manera muy visual (fue adaptado al cine), con múltiples personajes y espacios, ubicados en la región fronteriza entre Francia y Suiza. El libro, publicado en el año 2000, tiene un ritmo vertiginoso, como de novela policiaca, aunque desde el principio es claro que no hay misterio por resolver, distinto al de los laberintos de la mente humana. Es un libro de no ficción que alude precisamente a esa frontera entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira, o entre lo real y lo imaginario. Y sobre la facilidad del engaño, cuando todo el mundo está predispuesto a creer. 

El libro, infortunadamente, lo leí en una traducción al español de España, con palabras y modismos que no corresponden al español latinoamericano y cortan la fluidez de la narración.

Algunas frases
"Una amistad semejante se cuenta entre las cosas preciosas de la vida, casi tan valiosas como el éxito en el matrimonio" (p. 12).

"Un amigo, un verdadero amigo, es también un testigo, alguien cuya mirada permite evaluar mejor la propia vida" (p. 12).

"Se había infiltrado una duda que únicamente el tiempo podía extirpar. Eso quería decir que les habían robado la infancia, tanto a los niños como a los padres" (p. 15). 

"Viéndolo no como alguien que ha hecho algo horrible, sino como a alguien a quien le ha sucedido algo espantoso, el juguete infortunado de fuerzas demoníacas" (p. 29).

"Es imposible pensar en esta historia sin decirse que hay un misterio y una explicación oculta. Pero el misterio consiste en que no hay explicación y en que, por inverosímil que parezca, las cosas fueron así" (p. 61) 

"Una mentira, normalmente, sirve para encubrir una verdad, algo vergonzoso, quizá, pero real. La suya no encubría nada. Bajo el falso doctor Romand no había un auténtico Jean-Claude Romand" (p. 64).

"Es notorio que los hombres más notables son también los más modestos, los que menos se preocupan de la opinión que se tiene de ellos". (p. 73).

"Por primera vez existía ante la mirada de alguien" (p. 75). 

"Era lo que pasaba por no haber hecho barrabasadas a los veinte años: cerca de los cuarenta uno se encuentra en plena crisis de la adolescencia" (p. 78).

"El silencio es el peor enemigo de las parejas. Una crisis superada, por el contrario, puede resultar su mejor aliado" (p. 78). 

"La certeza de que se suicidaría un día le dispensaba de hacerlo" (p. 85). 

"Al personaje del investigador respetado suplanta el no menos gratificante de gran criminal en el camino de la redención mística" (p. 114). 

"La novela narcisista continúa en la cárcel, lo que permite a su protagonista evitar una vez más la depresión masiva con la que ha jugado al escondite durante toda su vida" (p. 114). 

"Esa imposibilidad que usted tiene de decir "yo" a propósito de mí procede en parte de mi propia dificultad de decir "yo" respecto a mí mismo" (p. 128). 

Emmanuel Carrère
El adversario
Editorial Anagrama
(Edición conjunta de El adversario, Una novela rusa y Vidas ajenas)
Traducción Jaime Zulaika
Barcelona, 2017
136 páginas.

martes, 8 de junio de 2021

Museo voraz, de Angélica Ávila Forero

La narradora está encerrada en su casa. La pandemia (de covid, aunque no se nombra) la tiene en cuarentena y como no puede salir viaja con la imaginación. Decide armar un museo a partir de obras de arte que roba a coleccionistas, galerías y en otros museos. Su objetivo es armar su propio museo, abierto al público, con piezas elaboradas por artistas colombianas (solo mujeres) en los últimos 100 años.

"Museo voraz" es una prosa de ficción, fruto de un riguroso trabajo de investigación. La autora selecciona las artistas, elige una obra de cada una y decide, como lo advierte al principio del libro, que no usará las siguientes palabras para hablar de arte: abstracción, academia, actualidad, anacrónico, apropiación, arquetipo... y eso solo por la A. La larga lista de palabras prohibidas termina en Vanguardia. 


El ejercicio que propone entonces, lejos del academicismo, es observar la pieza (el cuadro, la escultura, el performance) analizarla, ponerla en relación con otras y permitirse sentir a partir de lo que la obra propone. La decantación de todo eso son textos cortos que a veces son descripciones, otras evocaciones, otras son un poema, o una lista o una narración: una creación libre, tan libre como la obra que la origina.

Lucy Tejada, Emma Reyes, Hena Rodríguez, Karen Lamassonne, Doris Salcedo, Carolina Cárdenas, Beatriz González, Olga de Amaral, Débora Arango... en total son 71 obras de igual número de artistas las que la narradora va ubicando en salas de exposición imaginarias, abiertas a un público también imaginario. Se trata entonces de un museo mental, pero no de cualquier museo: es un museo voraz. La voracidad con la que observa, describe y se apropia de cada una de las obras ajenas que hace propias, es el elemento diferenciador de este libro. Podría haber sido un simple catálogo de artistas plásticas colombianas, pero lo que la escritora crea es una obra construida a partir de las palabras que salen de su cuerpo, luego de haber fagocitado no solo a cada una de las obras, sino también de sus creadoras. 



Algunas frases
Aprendió a decir que la chicha embrutece y a tomar té en vajillas delicadísimas, porque creía que eso era ser inglesa y que ser inglesa era lo mejor que se podía ser en Colombia (p. 21).

O no terminado, pero sí hecho. Porque cuando se empieza un dibujo, casi nunca se sabe cuándo ni cómo terminará (p. 41). 

Me consoló pensar en nuevos espacios. No tenía plata pero sí memoria, y escribir es más barato. No sé si durante la cuarentena los demás ladrones seguían ejerciendo, ni dónde estarían robando, pero yo decidí salir de caza (p. 49). 

Yo no soy curadora, soy una coleccionista que no se asesora (p. 87)

Lo que quería ser era una coleccionista de las que, antes de morir, le donan su colección al museo (p 89).

Lo que hace a un museo distinto de una colección son sus visitantes. EL museo atesora y muestra, mientras que la colección solo atesora. El contenido del museo no son solo las obras, sino también sus visitantes (p. 89).

Al final recordé que no todas tenemos que ser amigas, ni querernos, ni abrazarnos, y que eso está bien (p. 98). 

Hasta ahora caigo en la cuenta de que la balanza estaba terriblemente inclinada: no recuerdo que me hablaran de mujeres artistas en clase tanto como lo hicieron de los señores. Y cuando aparecían estaban desnudas y retratadas por un señor" (p. 101).

Imaginar que podía salir fue la única forma en la que pude evitar estar en mi casa durante el encierro. Así que salía de mi casa en mi mente. Estuve visitando las casas de otros, pero en vez de despertarlos para que tuviéramos una conversación, para que me dieran un abrazo y así yo no me sintiera tan sola, les robé. (p. 127). 

Escuché las conversaciones que tienen los personajes de todos los cuadros. Robé obras hechas por mujeres en mi país, y con sus obras me las robé a ellas también. Robé a mujeres, nos volví amigas y nos puse a hablar (p. 127).

Soñar e imaginar tienen en común que una puede hacer cosas que en la vida real no: pedir perdón, hacerse amigas, robar cosas imposibles –más imposibles que un novio– y hacerse un museo (p. 128).

El libro nombraba a veintitrés personas: veinte señores y tres mujeres –porque a este tipo de libros les gusta hacer ese tipo de cosas– (p. 148).

La sala del Amor nunca se concretó. El espacio que le había abierto quedó vacío. Lo puse en la entrada del museo y decidí que sería la sala de espera y también puse la taquilla ahí (p. 153).

Museo Voraz
Angélica Ávila Forero
Laguna libros
Bogotá
Octubre de 2020
208 páginas

jueves, 27 de mayo de 2021

Mediocristán es un país tranquilo, de Luis Noriega


Un bumangués que estudia en Bogotá y luego se radica en Barcelona es el narrador de esta novela, en la que a partir de capítulos cortos se cuentan sus coqueteos con el fracaso: su inestabilidad económica, su desinterés por el "éxito" o la estabilidad, su negativa rotunda a tener hijos y formar una familia y su comodidad en una relación de pareja sin compromisos, viendo tele y metiendo droga. Los altibajos más fuertes en su cotidianidad son los que proporciona el desempeño de su equipo de fútbol favorito. 

Mediocristán es su país pero también su vida: una medianía en la que es mejor vivir en un eterno presente. Garantizar el placer inmediato es la apuesta más segura para evitar hacerse preguntas sobre el futuro. 

A partir de anécdotas mínimas que suenan a experiencia autobiográfica, Noriega construye con humor ácido y sarcasmo un personaje que evidencia que desea prolongar la libertad de su adolescencia y se resiste a los estereotipos que se esperan de la adultez y ese protagonista es un buen álter ego de su país de origen: Mediocristán, un país en el que es un derecho fundamental tener a quién echarle la culpa.

El humor es un poderoso recurso para desnudar las fisuras del poder. Es a partir de allí, de la sátira y la ironía, que Noriega habla de la camisa de fuerza que representan la familia, el matrimonio y la paternidad, y las carencias normalizadas en un país violento y mediocre como Colombia, en el que una de las buenas alternativas que se le ofrecen a los jóvenes consiste en migrar. 


Algunas frases
"Tener a quién echarle la culpa es casi un derecho fundamental" (p.11)

"Las generaciones pasan.
La tierra permanece.
La memoria es frágil (p. 12).

"En ocasiones, tener un culpable es la mejor excusa" (p. 13).

"una generación que para tener a quién echarle la culpa ha tenido que abandonar la comodidad del ámbito familiar y tomar un curso rápido de política de cafetería sobre la falta de oportunidades y las mentiras del Estado del bienestar" (p. 13).

"El nombre impronunciable del abismo que existe entre nuestras aspiraciones y nuestros logros es "fracaso"" (p. 14).

"Las palabras son una medida de la vanidad" (p. 14). 

"Tal vez lo que te hace especial no sea ser lo que mal que bien has podido ser, léase nada, sino ser el padre de alguien cuya historia será completamente diferente de la tuya. Una historia esta-vez-sí" (P. 20).

"En Mediocristán procuramos no meternos en problemas: es la mejor forma de no perder inútilmente el tiempo intentando hallarles solución. Preferimos los crucigramas, los acertijos verbales, las novelas de intriga, los videojuegos" (p. 23).

"Mi única queja contra la sociedad de consumo, el imperio de lo efímero y demás, siempre ha sido que haya tanto con que enajenarse y tan poco tiempo" (p. 23)

"En otra época fui crédulo. Otros dirían "joven". Otros dirían "guevón".
Otros corregirán "todavía"" (p. 25).

"El razonamiento que puso fin a mi vocación política fue que yo no era nadie para luchar contra las venerables tradiciones nacionales del peculado, la repartición del pastel y la puñalada por la espalda" (p. 26).

"Entre Mediocristán y Fracaso hay estaciones bastante peores para los políticos de cafetería. La cárcel. El cementerio. El Congreso. Y eso solo por la C" (p. 26).

"La política, dice el poeta, es una afición reservada a los miembros mejor vestidos de las clases criminales" (p. 27).

"Cuando me canso del realismo, cambio de canal" (p. 28).

"Dentro y fuera de Mediocristán la ley de la vida es el autoengaño" (p. 31). 

"la familia, el monopolio de una Iglesia cuyo deporte preferido es organizar marchas por el derecho a la vida de todo puñado de células que pueda convertirse, de acuerdo con la voluntad de Dios y las leyes de la naturaleza, en carnecita de cura pedófilo" (p. 32).

"La felicidad es comer, beber y follar. La felicidad es comer, beber y meter. La felicidad es comer, beber y ver la tele. La felicidad es comer, beber, follar y meter mientras ves la tele. Etcétera" (p. 40).

"Los bancos no necesitan muchos argumentos para convencernos de que el crédito es una buena religión" (p. 40).

"El nacionalista mamerto es un vástago de la aristocracia local, cuyos privilegios ha rechazad para combatir el sistema atiborrándose de porros y resúmenes de Marx en un humilde piso de doscientos metros cuadrados mientras cobra el paro" (p. 66). 

"No hay sitio, por más maravilloso que sea, que puedas visitar sin cargar contigo mismo. Y en mi caso, aun cuando consigo viajar con la mejor versión de mí mismo, la resaca suele ser atroz" (p. 77).

"El lugar común acerca de las reuniones de ex alumnos es que se planean como grandes ocasiones para el recuerdo y terminan siendo reuniones de borrachos más o menos decepcionantes que nadie quiere repetir en mucho tiempo" (p. 139). 

"En Mediocristán me resulta doloroso reconocer, abundan los idiotas convencidos de que viven en otro país, cuando no en otro planeta" (p. 140).

"El Pasado es el país del que nunca te has dio, el país en el que siempre estás de vuelta" (p. 146). 

"Para ser un buen budista a veces solo se necesita dar con la combinación de drogas adecuada" (p. 164). 

Mediocristán es un país tranquilo
Luis Noriega
Editorial Random House
2014
Bogotá
168 páginas.

Gabo y Mercedes: una despedida, de Rodrigo García Barcha


Confiesa Rodrigo García Barcha al final de su testimonio: "sé muy bien que cualquier cosa que escriba sobre sus últimos días puede llegar a publicarse fácilmente, sin importar su calidad" (p. 91). Esa preocupación, la de un escritor dedicado al cine (guionista, director y productor), hijo a su vez de uno de los mitos de la literatura del siglo XX, seguramente atravesó la construcción de este libro: ¿cómo saber que el libro es bueno en sí mismo y no sólo porque revela detalles íntimos (chismosos, diría Mercedes) de los últimos días de la vida de Gabriel García Márquez?

Para los lectores de García Márquez el libro resulta revelador en la medida en que presenta una mirada distinta. El acercamiento al Nobel se hace normalmente desde su propia voz narrativa: desde lo que dejó escrito y también desde lo que dejó dicho en entrevistas en prensa, radio y televisión. Este libro permite acercarse desde un ángulo distinto: el de un autor que tiene acceso directo a un material privilegiado y lo narra desprovisto de la mitificación del personaje central. Rodrigo García no presenta al Nobel sino al padre enfermo y en irreversible deterioro hasta su muerte.

Se trata entonces de un ejercicio de desmitificación y humanización similar al que el propio Gabo hizo con Bolívar en "El general en su laberinto": ocuparse de narrar no las glorias sino la derrota final que significa el deterioro del cuerpo, la salud y la muerte. Rodrigo García presenta entonces a un anciano demente, que no reconoce a sus hijos y a veces tampoco reconoce a su esposa, al que las enfermeras deben incluso untarle crema en sus genitales para evitar que se queme y que en medio de su delirio solo desea regresar a su casa y con ese pedido, que hace desde su casa de México, se refiere al regreso a la casa de la infancia, la misma que narró en Vivir para contarla, su único libro autobiográfico.

"Gabo y Mercedes: una despedida, de Rodrigo García Barcha" es un libro breve, en el que un tercio de las páginas se dedica a fotografías familiares y el resto se compone en capítulos cortos en los que el autor deja mencionados algunos asuntos espinosos: la posibilidad de practicar la eutanasia, lo patriarcal que resulta el apodo de "Gaba" o el tratamiento de "viuda de Gabo" para Mercedes, la tensión que implica para la familia hacer un duelo íntimo en medio de tanta gente y el alivio que llega con la muerte del escritor, que en razón de su enfermedad se había convertido en un peso cotidiano para la familia. 

Quienes quieran encontrar las claves de la literatura de García Márquez, sus rutinas de escritor, sus influencias y sus logros deben buscar otros libros. En este texto no aparece Gabo, aparece un padre, un abuelo viejo, enfermo y deteriorado, que quiere oír vallenatos para regresar a ese mundo antiguo en el que fue feliz. 


Algunas frases
"Escribir sobre la muerte de un ser querido debe ser casi tan antiguo como la escritura misma, y sin embargo, cuando me dispongo a hacerlo, instantáneamente se me hace un nudo en la garganta" (p.16).

"Como suele ocurrir con la escritura, el tema lo elige a uno, y toda resistencia sería inútil" (p. 16).

"Estoy perdiendo la memoria, pero por suerte se me olvida que la estoy perdiendo" (p. 19).

"Todos me tratan como si fuera un niño. Menos mal que me gusta" (p. 19).

"–¿Qué hace aquí afuera, don Gabriel?
–Llorar.
–¿Llorar? Usted no está llorando.
–Sí lloro, pero sin lágrimas. ¿No te das cuenta de que tengo la cabeza vuelta mierda? (p.19).

"Habla con una propiedad que hace olvidar, en la alegría del momento, que lleva años sumido en la demencia, y que el hombre con el que hablamos casi no está presente ni entiende nada, y apenas es él" (p. 25).

""Se está muriendo mucha gente que antes no se moría", y se divertía con la risa que provocaba" (p. 30). 

"Tal vez la única historia que vale la pena contar es la que nos haga reír" (p. 32).

"Casi todo lo que vale la pena saber se aprende todavía en casa" (p. 33).

"Cuando el momento llegue, si queremos acelerar las cosas, el goteo de líquidos de mi padre se puede interrumpir" (p. 35). 

"Consideraba que una enorme disciplina era una de las piedras angulares para escribir una novela, en particular cuando se trataba de estructurar la forma y los límites del relato" (p. 48).

"Mi papá admiraba y envidiaba muchísimo a los compositores de canciones por su habilidad para decir tanto y de manera tan elocuente en tan pocas palabras" (p. 51).

"la incredulidad de que un hombre tan vital y expansivo, siempre embriagado con la vida y los avatares de la existencia, se haya extinguido" (p. 62).

"Un buen cuento siempre supera la verdad. Un buen cuento es la verdad" (P. 83).

"Mi padre decía que todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta" (p. 87).

"Mi padre se quejaba de que una de las cosas que más odiaba de la muerte era el hecho de que sería la única faceta de su vida sobre la que no podría escribir" (p. 91).

"Lamento no haberles preguntado más por los detalles de sus vidas, sus pensamientos más íntimos, sus mayores esperanzas y temores" (p. 103).

"Un hogar es un lugar muy diferente para cada uno de sus habitantes (p. 103).

"Con los años, la fragmentación continuará y la vida se sedimentará sobre las capas del mundo de mis padres y las capas de otras vidas vividas, hasta que llegue el día en que nadie en esta Tierra tenga memoria de su presencia física" (p. 104).

Gabo y Mercedes: una despedida
Rodrigo García Barcha
Editorial Random House
Bogotá, mayo de 2021
Traducción: Marta Mesa
138 páginas

jueves, 20 de mayo de 2021

La mata, de Eliana Hernández y María Isabel Rueda


Del 16 al 21 de febrero de 2000 los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia mataron a 105 personas en El Salado y las veredas aledañas, en el departamento de Bolívar. Luego de la masacre hubo un masivo desplazamiento forzado y quienes años después regresaron al pueblo narraron que las casas, cancha y en general las construcciones estaban cubiertas de vegetación.

La antropóloga Eliana Hernández leyó el informe que sobre esta masacre publicó en 2009 el Centro de Memoria Histórica. Con base en esa información y con la imagen de la vegetación cubriendo el espacio que habitó la muerte construyó el poema "La mata", en el que las voces de dos campesinos, Pablo y Ester, se unen a otras voces, como los investigadores y los testigos para contar desde múltiples ángulos y detalles el horror que allí se vivió. 

El resultado es un libro hermoso y doloroso: un largo poema con ecos de coro griego en donde la vida cotidiana empieza a abrirse lentamente para darle paso a la tragedia. El mundo particular de Pablo y Ester se enrarece con un helicóptero del que caen volantes que dicen "Cómanse las gallinas y los carneros y gocen todo lo que puedan este año porque no van a disfrutar más". Pablo Rodríguez, líder de la junta de acción comunal, sale de su casa para enterrar una caja con escrituras que prueban que es el dueño del terreno. Otras voces dicen "salgan, partida de guerrilleros, que todo el mundo se muere hoy" y así, narrando en diagonal, sin describir los vejámenes sino sus ecos, el poema acerca a una de las peores masacres cometidas en la historia de Colombia. 

Además del poema, el libro es hermoso como artefacto. Los dibujos de María Isabel Rueda funcionan como esos cuadernos artefacto de colegio en los que el paso rápido de las páginas permite crear la ilusión de movimiento a partir de múltiples imágenes con variaciones. La mata que dibuja María Isabel Rueda empieza como algo pequeño, unas cuantas hojas sobre lo que parece una casa, y a medida que avanza el poema la mata crece y crece hasta abarcar toda la página. Una simbiosis perfecta entre el poema y la imagen, en donde al final, se ofrece algo de esperanza: "para quienes volvieron: un manojo de flores de totumo", dice la autora al inicio de los últimos versos, en donde la fuerza de la naturaleza se ofrece como una posibilidad de vida después de la muerte. 

Algunas frases
El miedo se acomoda
como un gato en la garganta,
mejor hacer con ellos una bola,
tirarla al monte enfurecido (p. 19).

Me lo hicieron con un cuchillo, dice la mujer 
y señala una marca en el brazo. 
También me hicieron cosas peores
que no puedo decir (p. 29). 

Mejor no pensar. Mejor
enumerar las cosas que le gusta hacer:
echarle maíz a los pollos
podar el jardín
meter las manos
en la leche
fresca para el queso (p. 33). 

Cuando caen los cuerpos en la cancha,
elegidos al azar
quedan en las casas los patios,
las cocinas, las sábanas extendidas
recibiendo aún
la tibieza del sol (p. 49).

En sus huesos, 
en sus últimas formas palpables,
se condensan hasta extinguirse 
lo que alguna vez fueron:
lunares, masas,
luego humus, tierra, simple tejido
que con el peso de los días
se vuelve poco a poco
una capa de tierra transparente (p. 57).


La mata
Eliana Hernández (poema) y María Isabel Rueda (Ilustraciones)
Laguna Libros
Bogotá, septiembre de 2020
96 páginas

miércoles, 19 de mayo de 2021

Tefra, de Viviana Troya

Al final de tefra su autora Viviana Troya explica en qué consiste este término: "Tefra, como se le llama a las cosas fragmentadas que salen de un volcán" (p. 110), escribe en el relato "Los volcanes", y con esa definición queda aún más claro no solo el título del libro sino también su estructura: fragmentos íntimos que salen de un volcán que es la autora misma.

Viviana Troya nació en Pasto en 1992 y es artista plástica. Su tefra, los piroclastos que expone en este libro, son relatos cortos a manera de jirones de vida: el Carnaval de Blancos y Negros, la historia de Bolívar contada desde Pasto, las leyendas sobre el origen de la laguna de Cocha, el volcán Galeras, la familia, el río Guáitara, las relaciones de pareja (fragmentarias, temblorosas, con grietas, en zona de riesgo) y en general las fisuras de la vida cotidiana, los cráteres y las cenizas.

El libro incluye 60 relatos cortos, algunos de apenas un párrafo y otros de una o máximo dos páginas. No son cuentos, no son poemas, son relatos personales, a manera de postales en donde la autora describe una situación, un paisaje, hace una pequeña reflexión o cuenta una anécdota. Todo parece muy mínimo: el ejercicio consiste en ver la vida ordinaria a través de un microscopio que permite captar con sensibilidad los detalles que usualmente pasan inadvertidos. 

Con Tefra su autora ganó la "Beca para la publicación de obra inédita 2020" en la convocatoria del Ministerio de Cultura. 

Algunas frases
que desaparezcan siempre ha sido más doloroso que verlos muertos (p. 47).

lo contrario a ese temblor es tu valentía, tu valor, tu estabilidad, tu tranquilidad; si no tiembla hay calma, tu calma, y las cosas se quedan quietas (p. 56). 

el tiempo que no es más que un celular descargándose en tu bolsillo (p. 59).

eso sí lo hacían, darle bebés al volcán, y que era para calmarlo, cuando temblaba o había fumarola, y que con eso el volcán ya seguía durmiendo... (p. 68).

Las lámparas colgantes del comedor fueron las únicas que vi cuando salí corriendo de la casa. Pero todas las demás cosas estaban haciendo lo mismo: las cortinas, la ropa colgada, los cajones, las toallas, el agua del inodoro. Toda la casa temblando como yo mientras bajaba corriendo por las escaleras, rogando que pasara rápido, que las paredes no cedieran (p. 71).

Y una casa puede ser una mamá, tus abuelitos o una ciudad (p. 78).


Ella sabía que intentar podía ayudar a su relación, porque cuando alimentas un río, el río crece, pero no podía dejar de pensar que ese era el río equivocado. ¿Ya era tiempo? Volvió a pensar en el río, pero ese río era imaginario (p. 106).

Todos los volcanes son una ruptura, en donde el magma desde el centro de la tierra ha sido capaz de abrirse paso a través de grietas y fisuras hasta erupcionar en la superficie, con más o menos violencia (p. 110). 

No hay nada que temer, los volcanes son rupturas que necesitamos, sus erupciones nos recuerdan las cosas que están adentro (p. 113). 

Tefra
Viviana Troya
Laguna Libros
Febrero de 2021
Bogotá
120 páginas

martes, 18 de mayo de 2021

Sofoco, de Laura Ortiz Gómez

Nueve cuentos alrededor del conflicto armado colombiano componen "Sofoco", el hermoso libro con el que la autora bogotana Laura Ortiz Gómez ganó el premio de narrativa Elisa Mújica en 2020. 

Son cuentos que dialogan entre sí, pero no a partir de personajes o situaciones comunes sino desde la sensación de sofoco que los atraviesa. Los cuentos de Laura Ortiz ocurren en este "paisito de narcos", en el que los soldados cantan "sube sube guerrillero, que en la cima yo te espero con granadas y morteros" y que ella relata desde los márgenes. No aparecen en sus páginas las grandes ciudades ni los poderosos, sino los ríos, los pueblos, los animales y la gente que vive el ahogo del conflicto, la violencia y la pobreza: desplazamiento forzado, tortura, guerrilla, paramilitares, violencia sexual y racismo son algunos de los hechos victimizantes que reconstruye la autora, a partir de un ejercicio literario que mezcla datos y aguda observación con un manejo de voces y tiempos que le permiten construir atmósferas opresivas, asfixiantes. 

La muerte ronda por casi todas las páginas del libro. La muerte física de la guerra, pero también la muerte de los sueños, de la infancia y de la alegría. Los personajes de Sofoco son tristes pero no resignados: casi todos los cuentos traen un punto de giro en el que el personaje intenta darle una vuelta a su destino para liberarse del terror o el tedio. 

Los textos de Laura Ortiz están construidos a partir de frases cortas, como sentencias, y de imágenes precisas del entorno en el que transcurren las historias. La ubicación geográfica no ofrece nombres propios de ciudades, pueblos o veredas que se ubiquen en el mapa, pero la descripción del territorio permite identificar con claridad los espacios en los que ocurren los relatos: espacios muy colombianos, marcados por la ruralidad y el miedo. 

Los nueve cuentos incluidos en el libro son "Aíta la muerte", "Tigre americano, panthera onca", "Mingus el ardiente", "Esperar el alud", "El corazón del señorito", "La cajita de Avon", "El último Pibe Valderrama", "Un toro bien bonito" y "Parto de vaca". En varios de ellos la autora trabaja el giro animal como una forma de potenciar la atmósfera brutal, salvaje o enrarecida que describen sus historias

Sofoco aporta en la construcción de una memoria literaria del conflicto armado colombiano y lo hace sobre todo desde sus personajes femeninos que presentan puntos de vista diversos alrededor del impacto de la violencia (incluyendo la sexual) en sus vidas y sus familias. Es, sin duda, un libro valioso. 


Algunas frases

Aíta la muerte
Una diría que la guerra es como las películas de acción. Pero no. Es quieta. Más que quieta es monótona. A la gente la matan y la matan y la matan, pero la guerra sigue (p. 9).

La guerra no se trata de nada. Es un agujero que escupe muertos (p. 9).

El ruido es enemigo del recuerdo (p. 10).

El noviazgo de pueblo se consuma en cualquier rinconcito oscuro (p. 12).

La muerte es la única cosa respetable que nos queda (p. 12).

Cuando una mujer pasa de los cuarenta, los hombres ya ni se esfuerzan en ocultar que se sienten superiores (p. 14). 

Tigre Americano, Panthera Onca
Me pongo muy triste cuando pienso en todo lo bueno y bonito que era el mundo antes de que yo naciera (p. 24). 

Doña Cleo le toma la mano y le dice: A Luisa también. Y a la Mónica. No les vaya a decir que yo le conté, a ellas les da mucha vergüenza. Pero solo le cuento esto para que vea que usted no está sola. Que les ha pasado a muchas. Ellos no tienen alma y no se merecen nada. (p. 27). 

Mingus el ardiente
Los palenqueros ya estaban hartos de recoger yanquis, darles comida, aparecer en sus documentales independientes y nunca más saber de ellos (p. 38). 

Esperar el alud
El socialismo es un verso que alcanza solo para el sexo; el piso de tierra no, nunca, será amor (p. 55).

Solías decir: Estoy curado de espanto. No era cierto. De los espantos no se cura nadie. (p. 59). 

Entre tanto advenedizo quién es Dios (p. 60). 

Los suicidios no suelen tener testigos. Voy a cerrar los ojos por pudor (p. 61). 
 
El corazón del señorito
Todos quieren amor, pero nadie quiere lavar los platos (p. 66).

¿Cómo se dice cuando puedes ver la belleza de lo que ya estás perdiendo? ¿Cómo se dice, Ricardito, cuando hay nostalgia de algo que sucede en presente? (p. 76). 

El último Pibe Valderrama
Tampoco le gustaban los niños. Solía decir: Los hijos son pedos, solo se los aguanta el dueño (p. 91).

En mi casa éramos así, apilábamos secretos, unos sobre otros, minuciosamente, haciendo un exoesqueleto familiar. (p. 98).

Como de gente que quería la aprobación del padre mundial, para existir por fuera de la cara de Pablo Escobar (p. 99). 

Un toro bien bonito
Escribir sirve para conjurar fantasmas. Traer vida a lo que se ama y lo que se odia. (p. 105). 

Parto de vaca
Lo más cercano a parir es cagar (p. 111)

El paisaje es un lujo pa´los ricos que se sientan a ver (p. 111).

Ya estoy caminando, esquivando las miradas de los vecinos, que a su vez esquivan mis miradas. Aquí en Alto Bonito nos presentimos en diagonal (p. 112).


Sofoco
Laura Ortiz Gómez
Laguna Libros
Bogotá
Abril de 2021
121 páginas

domingo, 2 de mayo de 2021

Dulce animal de compañía, de Triunfo Arciniegas

Dulce animal de compañía es un libro diseñado con precisión milimétrica: su estructura se divide en dos partes: "Tres noches" y "Fantasmas". Cada parte se divide en 3 bloques que corresponden a 6 puntos de vista distintos y a su vez cada bloque se divide en 15 capítulos breves, algunos de una o dos páginas y otros de unas cuantas líneas.

Son en total 6 bloques para igual número de personajes: Renata, la joven en cuya órbita crece la historia; mi cabo Ardilla, cornudo miembro del glorioso ejército colombiano; el viejo Víctor Morantes, el papá de Renata; Antonio Cáceres, ex soldado y nuevo amor de Renata; Daniel, o Dino, el primer novio de la protagonista y, por último, Teresa, la novia que Antonio tenía antes de irse para el Ejército.
Seis caras de un mismo cubo que, al alternar sus puntos de vista, permiten ver distintos ángulos del amor, las relaciones, las expectativas e ilusiones pero también, sobre todo, del deseo: el sexo gratuito y pagado, homo y hetero, atraviesa estas páginas en las que la niebla de Pamplona, la violencia del páramo, la orfandad y el desamor cruzan por las vidas de unos personajes que oscilan entre las urgencias cotidianas y lo onírico, con simbolismos que aluden a la pasión, la muerte y los sueños.

La mujer justa, de Sandor Marai, ofrece una historia de amor contada desde tres puntos de vista, en donde el salto de un personaje al otro produce sorpresa o dislocación en el lector. Algo equiparable es lo que ofrece Triunfo Arciniegas en Dulce animal de compañía: este talentoso cuentista aprovecha los recursos narrativos de la brevedad para hilvanar una historia que se abre en múltiples capas a partir del enfoque múltiple, desde distintos personajes. 

Hay, además, un trabajo de orfebre en el cuidado de cada una de las palabras que construyen esta obra, con frases cercanas a la poesía: conejos, caballos, toros, cabras aparecen como símbolos cuidadosamente ubicados, en frases que saltan del realismo a la fantasía sin ofrecer mayores explicaciones, creando una atmósfera irreal aunque al mismo tiempo atada a referentes concretos en lo espacial y lo temporal. Una obra que luce liberadora frente al rol de la mujer, y que al mismo tiempo critica con humor a las fuerzas militares.

Algunas frases
"La muerte era eso: no ver más a alguien" (p. 29).

"Pero estaban de paso y tenían prisa.
Como pájaros, que sólo permanecen durante la estación" (p. 39).

"¿El cuerpo que sale de casa en la mañana es el mismo que regresa en la noche?" (p. 41).

"La piel es de quien la eriza, y ni siquiera se detuvo a pensarlo. Ahora sabía que los besos, como la tierra, pertenecen a quien los trabaja" (p. 42).

"El mes pasado murieron de insolación dos soldados. Al teniente Aguaclara se le fue la mano con el castigo. Los soldados cayeron al piso como muñecos y luego se murieron. A mi teniente le hicieron un llamado de atención" (p. 80). 

"La mujer le arrojaba más que migajas, se daba entera, enloquecía en la oscuridad y se recogía en la luz" (p. 102).

"Que duela ahora todo cuanto sea necesario, se dijo, con el crucifijo de plata en sus majos, pero que deje de doler" (p. 106).

"Los niños, hilos de luz para coser los días y las noches" (p. 106).

"–¿Y las tierras?
–Donde mismo, qué más. Los dueños pasan y las tierras quedan" (p. 138).

"Los guerreros se adornan las orejas con astromelias antes de la batalla" (p. 149).

"En las novelas el amor es para los ricos y los bonitos" (p. 154).

"Amanecería en Sacramento si tomara ese tren. Sabe, sin embargo, que en todas partes será el mismo hombre" (p. 171).

"–No soy de los que se matan, hermanita. no me tienta el abismo, pero me fascina contemplarlo" (p. 228).


Dulce animal de compañía
Triunfo Arciniegas
Editorial Alfaguara
2019
Bogotá
242 páginas

miércoles, 21 de abril de 2021

El país de las emociones tristes, de Mauricio García Villegas

En este ensayo Mauricio García Villegas desarrolla una hipótesis: Colombia es un país inclinado hacia las emociones tristes, como la venganza, la vergüenza, la culpa, el remordimiento, y eso lo hace un país propenso a la violencia y al escalamiento de las pasiones, en vez de la mesura necesaria para comprender al otro.

El ensayo retoma algunas ideas expuestas por el autor en ensayos anteriores, como "El orden de la libertad", en donde explicó el apego de los colombianos a la formalidad de la ley más que a su cumplimiento. En este nuevo texto el autor también propone un análisis social de "los colombianos" para entender por qué la cultura política aplaude el autoritarismo, se basa en el miedo y todo ello tiene raíces en la formación católica que permea tantos ámbitos de la vida cotidiana. 

El libro puede ser leído en clave de historia sociopolítica colombiana desde la visión del centro político, es decir: desde ese difícil punto que la izquierda califica de facho y la derecha de mamerto. Ahí se ubica el autor para explicar por qué las emociones importan y por qué es necesario cuidar la educación sentimental.


Algunas frases:
"Cuando yo era niño la religión estaba en todas partes. En la familia, en el colegio, en las vacaciones, en la política, en las reuniones sociales y, por supuesto, en las oraciones y en las misas" (p. 13). 

"La retención del enfado no es solo un fingimiento, también es un aprendizaje" (p. 19).

"Spinoza criticó las religiones y venganza, la vergüenza y el remordimiento. De esos sentimientos malsanos, dice Spinoza, vienen las emociones tristes" (p. 21).

"Mi hipótesis es que nuestro balance, sobre todo en el ámbito de la cultura política, ha estado demasiado inclinado hacia los sentimientos tristes y, como consecuencia de ello, hemos tenido demasiados conflictos que se habrían podido resolver pero que terminaron en una guerra; demasiados proyectos necesarios que se habrían podido llevar a cabo pero que acabaron extraviados en las disputas entre facciones; demasiados consensos que se rompieron por nimiedades; demasiadas buenas leyes que se enredaron en el proceso de implementación; demasiados líderes sensatos que se embrollaron en sus mezquindades; demasiados propósitos nobles que se malograron en las inquinas; en síntesis, demasiadas buenas ideas estropeadas por malas emociones" (p. 22).

"Durante mucho tiempo se pensó que el debate público era un asunto de ideas, de argumentos y razones. Algo de eso hay, claro, pero las ciencias de la mente han mostrado que lo esencial no está allí, sino en las emociones y que su estudio ayuda, quizás más que los crudos hechos históricos, a dilucidar el destino que corren las sociedades" (p. 24). 

"La teoría de la evolución nos aleja irremediablemente de los dioses y nos pone en el lugar de los animales" (p. 40). 

"esa facilidad aterradora con la que, a veces, el mal y la ingenuidad se juntan".

"La civilización está sólidamente anclada en los afectos" (p. 46).

"Más que animales racionales somos animales emocionales" (p. 46). 

"No es extraño que el cristianismo promueva el ideal femenino de la castidad y la inocencia, el cual convierte a las mujeres reales e inevitablemente alejadas de ese ideal en seres impuros y pecadores, cuyo abuso y maltrato por parte de los hombres sería disculpable, o peor aún, merecido" (p. 47). 

"ninguna ficción ha sido tan poderosa como la religión" (p. 53). 

"si antes el desfogue pasional tenía lugar entre países enemigos, hoy se hace entre nacionales del mismo país" (p. 74). 

Como decía Stephen Hawking, "el gran enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión de conocimiento" (p. 76). 

"En Iberoamérica, a diferencia de otras latitudes, nos regimos por una moral de las intenciones, no de los actos" (p. 132).

"Mi hipótesis es que aquí los sentimientos que alimentan a cada agrupación política han estado plagados de emociones tristes, sobre todo de miedos, odios, venganzas, no-reconocimientos, envidias, etc." (p. 161). 

"Lo que Jaime Jaramillo Uribe llamaba "el país del término medio", nuestra aurea mediocritas. El pasado colonial, el mestizaje, la media de la economía, la geografía montañosa, todo eso, dice Jaramillo, contribuyó a que Colombia fuese un país de mesura y mediocridad en casi todas las expresiones de la vida social; tal cosa explicaría, por ejemplo, la ausencia de una tradición caudillista, como ocurrió en otros países de América Latina. Quizás la medianía colombiana y su conservadurismo montañero ayuden a explicar las resistencias que despertaron los intentos por modernizar" (p.181).

"El abuso de la anormalidad constitucional trajo consigo la desvalorización de la democracia" (p. 195). 

(sobre los narcos) "lanzan su furia contra las élites tradicionales (sus antiguos patrones), pero no para cambiar la sociedad sino para reproducirla, con las mismas jerarquías y los mismos pobres de siempre, pero eso sí, con ellos al mando. Son rebeldes sin cambio social" (p. 199). 

"En las emociones tristes el miedo es el motor de casi todo. Por miedo sobrevaloramos el mal del enemigo, y la venganza, afianzada en la sobredosis de maldad que le atribuimos al otro, es una manera de aplacar ese miedo" (p. 208).

"No basta con que el mal exista, también hay que reconocerlo. Durante casi toda la historia de la humanidad las mujeres fueron apabulladas por los hombres sin que tal cosa fuese vista como un atropello" (p. 209). 

"Los seres humanos nos empeñamos menos en buscar la verdad que no conocemos, que en respaldar las verdades que ya adoptamos" (p. 211). 

"Los seres humanos podemos ser muchas cosas y lo que somos hoy es tan solo una de esas posibilidades" (p. 212). 

"El problema de la venganza es el círculo de la violencia: cada sujeto, atormentado por la maldad del otro, castiga para aniquilarlo y de esta manera encadena su violencia a la del otro, y así sucesivamente. Usar el mal para luchar contra el mal es como apagar fuego con aceite" (p. 217).

"Las controversias ideológicas son altercados de imágenes, más que de ideas. Los contrincantes no pelean entre ellos, sino que ponen a pelear la representación que cada uno se hace del ideario del otro" (p. 244).

"tal vez hay que encontrar maneras de escribir, estilos, que sean menos asertivos, menos perentorios, más receptivos de la complejidad, de la temporalidad, de la circunstancialidad" (p. 270). 

"los colombianos, cuando discutimos asuntos políticos y sociales solemos poner un empeño excesivo en entender descalificar al otro y un descuido, también excesivo, en entender lo que dicen y por qué lo dicen" (p. 286). 

El país de las emociones tristes
Mauricio García Villegas
Editorial Planeta
Bogotá, 2020
326 páginas

martes, 20 de abril de 2021

Verde, de Federico Ríos Escobar


Hace unos años le oí decir al periodista Sinar Alvarado que Federico Ríos Escobar era distinto a los demás fotógrafos de prensa que conocía porque no era fotógrafo sino fotorreportero: "Federico maneja fuentes, busca noticias, entrevista" me dijo Sinar para explicar cómo el trabajo de Federico va mucho más allá del registro de imágenes para "acompañar" notas de prensa. Federico es un reportero gráfico con agudo sentido de la reportería y no sólo de la parte visual. 

Hace algunos años Federico publicó otro libro. "Verde tierra calcinada" fue un volumen en el que Juan Miguel Álvarez incluyó varias crónicas sobre el conflicto armado en distintas zonas del país y Federico se encargó de las fotos. Este nuevo volumen, "Verde", lo leo con una línea de continuidad frente a ese trabajo previo. Acá hablan el color (las sombras, los claroscuros, los camuflados), los rostros, las sonrisas y los detalles en los cuerpos, en la ropa, en el paisaje. Sobran las palabras, los títulos, los pies de foto: es un libro de 310 páginas en el que deliberadamente el texto es escaso. El texto sobra cuando las fotos logran esa expresividad. 

"Para mí cada decisión, cada gesto y cada detalle del libro son muy importantes. La raíz es poderosa, por eso el libro es editado e impreso en Manizales", me dijo Federico cuando hablamos sobre "Verde", un fotolibro que reúne imágenes que tomó sobre miembros de las Farc en los últimos 10 años en distintas regiones, desde las selvas del Yarí hasta el Pacífico. El libro muestra la violencia de la guerra, por supuesto, pero genera incomodidad en la medida en que las fotos retratan hombres y mujeres de carne y hueso, con amores, vanidades, alegrías, hijos y pudores. Gente pobre, joven y campesina, armada con fusiles y distante de la imagen de "monstruos" o "máquinas de guerra" con las que la narrativa oficial ha intentado deshumanizar al enemigo. 

El papel y el formato distancian a este libro de los tradicionales volúmenes fotográficos para la mesa de la sala. Este es un libro para la biblioteca. Un libro para consultar, un álbum que funciona como un Atlas en la medida en que revela una geografía desconocida. El detalle de la cubierta, un mapa plegable de Colombia que en su reverso trae la ubicación y fecha de cada una de las fotografías, es uno de los detalles simbólicos más significativos de la propuesta editorial: Colombia arropa estas imágenes, las cubre, las contiene. Colombia envuelve todo lo que el libro trae. La parte del mapa de Colombia que queda en la portada es la de la orinoquía: la media Colombia que no conocemos y que permanece excluida, así como lo están los colombianos que Federico retrata.

Alejandro Gaviria, rector de los Andes, plantea en el prólogo una hipotética división en capítulos para mostrar una línea cronológica entre las imágenes iniciales de la guerra, las de la esperanza por la desmovilización y la frustración posterior ante la incertidumbre por las amenazas a los excombatientes. Uno de los pocos textos del libro, al final, indica que al momento de imprimirse el libro, 3 años y medio después de la firma del acuerdo de paz, habían sido asesinados 259 excombatientes, 1147 líderes sociales y 80 líderes ambientales, según Indepaz, y en el mismo período se deforestaron 800.000 hectáreas, de acuerdo con el Ideam. Es frustrante que la guerra no cese, pero es valioso que periodistas como Federico documenten esta tragedia.


Verde
Federico Ríos Escobar
Raya Editorial
Manizales, 2021
310 páginas

sábado, 10 de abril de 2021

¿Por qué los matan?, de Ariel Ávila Martínez


¿Por qué los matan? es un libro híbrido entre el reportaje y el ensayo académico, en el que el analista y profesor Ariel Ávila presenta un panorama que busca caracterizar el asesinato, amenazas y demás formas de victimización de líderes sociales en Colombia en los últimos años, principalmente después de la firma del acuerdo de paz con las Farc en 2016.

De acuerdo con Ávila, aunque hay numerosos grupos determinadores de los asesinatos y en consecuencia no hay un único responsable, es claro que los líderes sociales asesinados sí tienen parámetros comunes: son defensores de derechos humanos, reclamantes de tierras, líderes comunitarios, líderes medioambientales, entre otros. 

Ávila señala que la escalada violenta contra líderes sociales se explica apenas de una manera muy parcial por la desmovilización de las Farc y la entrada de otros grupos armados en los territorios que éstos ocupaban (ante la incapacidad del Estado para llegar a esas zonas). También hay factores asociados al narcotráfico y a las dinámicas políticas locales, en particular la competencia electoral.

Así mismo contrasta el enorme nivel de conflictividad en zonas como el departamento del Cauca, con un denso, sólido y digno tejido social de indígenas, líderes comunitarios, campesinos y afro, en oposición al supuesto remanso de paz que es hoy la Costa Atlántica y Urabá, en donde en realidad lo que ocurrió fue un violento silenciamiento de las voces disonantes. En departamentos como Atlántico o Cesar los homicidios hoy son bajos porque hay una hegemonía autoritaria política que se benefició del silenciamiento de los movimientos sociales en el pasado y por ello hoy reina el unanimismo. 

El libro trae cuadros, tablas, mapas y gráficos que ayudan a sustentar las diversas hipótesis que de manera didáctica expone el autor.

Algunas frases:
"El que mata no es el mismo y en eso el Gobierno tiene razón, pero la sistematicidad pareciera estar desde el perfil de la víctima. No mata el mismo, pero matan a los mismos" (p. 15).

"Las agresiones que registra el Programa son asesinatos, amenazas, robo de información, atentados, detención arbitraria, hostigamiento, judicialización, violencia sexual y desaparición, a personas defensoras de derechos humanos y en ejercicio de algún liderazgo social" (p. 50).

"Al referirnos al lugar donde se cometieron estos crímenes, la mayor proporción corresponde a la vivienda o a los alrededores de la vivienda del defensor(a) (26 casos); esto indica la premeditación y el seguimiento que precede al homicidio de los defensores (as)" (p. 75).

"A nadie le gusta que lo persigan toda su vida. La población siembra coca porque le toca y no por gusto" (p. 89).

"Ni el gobierno Santos ni el gobierno Duque lograron crear un mecanismo de copamiento territorial de las zonas que les pertenecían a las Farc" (p. 97).

"Colombia es el país en toda América Latina donde más se asesinan líderes sociales (...) la tasa de impunidad de los homicidios contra los defensores y defensoras en Colombia se ha situado en torno al 95%" (p. 116).

"Los conflictos armados en medio de economías ilegales van dejando lo que se podría denominar un ejército de reserva criminal. Se denominan guerras recicladas" (p. 119).

"En Colombia la violencia procesa la política o, lo que es lo mismo, la violencia es un mecanismo más de competencia política (...) la violencia del conflicto armado entre los años noventa del siglo XX y los primeros años del siglo XXI fue un momento, entre muchos otros, de la consolidación de estos clanes políticos en el poder local y regional" (p. 145).

"El Estado, analizado como instituciones públicas y funcionarios, tiene dos caras. En la primera, la que llamaría nacional, existe una preocupación genuina por la seguridad de los líderes sociales y realiza acciones institucionales para detener la masacre. En la segunda cara, la local, hay otro Estado, muy diferente, que se caracteriza por la indiferencia hacia las víctimas y la complacencia con los criminales. Los alcaldes consideran a los líderes sociales vagos, vividores y guerrilleros camuflados y muchas veces no les creen las denuncias" (p. 230).

"Los líderes que no son desplazados o asesinados son reclutados bajo el mecanismo de dejarlos participar en elecciones con cargos de diferente nivel" (p. 324).

"Durante las últimas décadas se produjo el más grande proceso de homogeneización política en el país, y dentro de la élite gobernante se dio un proceso de reclutamiento, el más grande que se haya presentado desde la década de los 70. La élite emergente local y regional se impuso sobre buena parte de la élite nacional" (p. 324).


¿Por qué los matan?
Ariel Ávila Martínez
Editorial Planeta
Bogotá
2020
324 páginas