sábado, 7 de febrero de 2026

El visitador, de Martha Patricia Meza

La aparición de una novela escrita por una mujer caldense es motivo de celebración para la literatura regional. 

Cuando publiqué El oído miope, en 2018, alguien me dijo que era la única novela publicada por una mujer caldense... ¿o cuál otra hay? Camposanto, de Marcela Villegas Gómez, salió un mes antes, pero salvo ese título me costaba mencionar otros. Por eso cambié de tema de tesis doctoral y me dediqué a investigar sobre las escritoras pioneras del Gran Caldas, para descubrir que claro que sí había otras novelistas.

Sí hay, pero no tantas. Por eso cada nueva novela escrita por una autora de esta región es una novedad que merece leerse y comentarse. 

Martha Patricia Meza es una poeta salamineña premiada en el departamento, que con El visitador incursiona por primera vez en la novela. Se trata de la historia de Pedro Santa, un carnicero que vive en Villa Otún (¿Pereira?) y se queda sin trabajo. Una excompañera de la carnicería, Adriana López, lo llama un día a contarle que lleva 11 meses en la cárcel y pregunta si él la puede visitar. Él va sin saber que acude a una visita conyugal por la que ella le paga. Así, él se convierte en el visitador de la cárcel, que cobra por satisfacer sexualmente a distintas reclusas.

La novela está estructurada en capítulos cortos y cada uno de ellos cuenta una historia concreta: el encuentro sexual con una reclusa, el proceso judicial de Adriana y, lentamente, cómo se va enredando un trabajo que inicialmente iba a ser solo de prostitución. En la cárcel conviven todos los delitos y es difícil entrar y salir permaneciendo al margen del narcotráfico, el sicariato y todo lo que allí ocurre. 


El visitador le propone al lector un vértigo cinematográfico: a Pedro Santa le pasan muchas cosas, viaja mucho, se mete en peligros y la narración avanza a ritmo rápido. Quizás demasiado rápido: algunos personajes quedan a medio esbozar y algunas situaciones lucen inverosímiles. Tiene, eso sí, coqueteos con la literatura erótica: la autora describe los encuentros sexuales de Pedro con sus clientas, con minucia y atención.

Algunos subrayados
Se dio cuenta de la escasez de hombres en el lugar. Los pocos que veía parecían tener vínculos familiares con ellas: hermanos, padres, tal vez. Muy pocos entraban con las mujeres a los cuchos, esos cuartos estrechos para las visitas conyugales (p. 15).

Era tal la prostitución en la cárcel de hombres que cuando visitaba a su papá vio catálogos de prostitutas. Muchas mujeres se quedaban adentro y salían a mitad de semana. Los poderosos pagaban fortunas por las visitas de modelos, reinas de belleza y hombres jóvenes. (p. 15).

Si uno deja caer el ánimo también deja caer la casa (p. 31).

A un man preso la familia no lo ve como un delincuente y hasta les debe parecer que está encerrado por ser héroe. Nadie les reprocha lo que hicieron y sus madres les perdonan lo que no están dispuestas a perdonarle a una hija (p. 35).

En su imaginación, las monjas eran habitantes de otro planeta, vírgenes intocables, incapaces de sentir deseo, y si lo sentían era entre mujeres a escondidas de Jesucristo (p. 107).


El visitador
Martha Patricia Meza
El Taller Blanco Ediciones
Bogotá
Mayo de 2025
200 páginas

viernes, 6 de febrero de 2026

Camilo Torres. El cura guerrillero, de Walter J. Broderick

Hay casualidades increíbles. Hace años, en una librería de usados, compré Camilo Torres, el cura guerrillero, en la edición de pasta dura de El círculo de lectores. Como tantos libros que compro, lo guardé para un día de estos... y ese día fueron meses y años. Hace poco lo empecé a leer y había avanzado un poco más de la mitad cuando una noticia inesperada irrumpió en todos los medios de comunicación: después de 60 años la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas encontró los restos del cura Camilo Torres. 

Y así, de pronto, la historia que estaba leyendo en la soledad de la casa saltó a cientos de pantallas. 

Walter Joe Broderick es un escritor australiano, afincado en Colombia, que comparte con Camilo su pasado como sacerdote. El libro sobre Camilo es una impresionante investigación que lo llevó a consultar múltiples fuentes, desde documentos del ejército, archivos de prensa y libros de historia, hasta testimonios de militares, guerrilleros, parientes y amigos de Camilo.

El resultado es una biografía extensa que, a través de la vida de Camilo, cuenta la historia de Colombia, con especial énfasis en los años del Frente Nacional. Se trata de una biografía documentada, con un narrador omnisciente y con entrecomillados que permiten identificar la voz del protagonista, pero es también una biografía en la que el autor deja claro su punto de vista: en Colombia los partidos tradicionales han representado a las oligarquías y el pueblo raso, sin posibilidad de acceso al poder político para transformar su vida precaria, se ve forzado a buscar vías violentas. Así, la decisión de Camilo se presenta como fatídica pero justificada, en una época en la que la Teología de la Liberación generó curas rojos en diversos países de América Latina. 


El libro cuenta la vida del cura desde su origen en una familia de clase alta de Bogotá, la relación con sus padres y hermanos, el divorcio de sus papás y las murmuraciones que eso suscitó y su decisión de dedicarse al sacerdocio en un hogar anticlerical. Al ordenarse viaja a Lovaina, en donde estudia sociología, y al regreso se vincula a la UNal como profesor, al lado de Orlando Fals Borda, y también como auxiliar en la capellanía universitaria. El trabajo social en barrios como Tunjuelito empieza a motivarlo para una acción más eficaz y así, en pocos años, el religioso Camilo se convierte en un hombre de compromiso político, que casa peleas fuertes con el cardenal Luis Concha y algunos obispos. La iglesia lo obliga a salir de la UNal y encuentra asiento en la Esap, en donde tiene fuertes encontrones con Alvaro Gómez Hurtado, miembro de la junta directiva. Luego es también forzado a salir de allí, pero ya la figura de Camilo ha crecido hasta ser un personaje reconocido a nivel nacional. En 1965 renuncia al sacerdocio y realiza una serie de giras por distintas ciudades de Colombia. Se enrola en el ELN "en comisión" en trabajo urbano, y allí recibe los nombres de Alfredo y Argemiro. En octubre Fabio Vásquez Castaño lo llama al monte. Está cuatro meses en un campamento guerrillero y en el primer combate con el ejército cae muerto, junto con otros compañeros guerrilleros.

La vida de Camilo Torres es fascinante, pero ha sido contada múltiples veces, en el teatro, el cine y la literatura. El valor de este libro imprescindible está en el rigor de los datos, la exhaustiva investigación y la vocación de totalidad: no se centra en un aspecto específico de la vida de Camilo, sino que abarca desde su nacimiento, en febrero de 1929, hasta su muerte, 37 años después.


Algunos subrayados
sembraron cafetales allí donde nadie creía posible un cultivo. Fundaron el departamento de Antioquia y sus nietos se convirtieron en los industriales y banqueros del siglo XX. Eran los únicos hombres poderosos en Colombia que, como grupo, tuvieron ciertamente algo del espíritu capitalista-burgués. Los otros, simples terratenientes, eran conservadores en el fondo, aun cuando algunos presumieran de liberales y se afiliaran al Partido Liberal (p. 19).

Tú no la conociste sino a través de los defectos que te eran molestos (p. 27).

El sindicalismo se desarrolló especialmente en el corazón del trópico colombiano, a orillas del gran río arteria, el Magdalena, donde estaba concentrado el grueso del transporte entre la costa atlántica y el interior —los ferrocarriles y las vías marítimas—, además de los pozos petroleros y los grandes cultivos de banano (p. 30).

(sobre Bogotá) la ciudad se construyó de tal manera que la clase adinerada no tenía contacto con los desposeídos (p. 32). 

"La inquietud periodística —dijo el joven Camilo— es la expresión lógica de la inquietud intelectual" (p. 39).

En Caldas, por entonces, aparecieron las primeras pandillas de los que más tarde se denominarían "pájaros", matones a sueldo organizados y entrenados por un respetabilísimo político conservador (p. 55).

En una palabra, el documento proponía la unión de los dos partidos. O sea, los mismos jefes que, hasta entonces, habían exhortado a sus partidarios a matar o morir por su partido, se encaramaban ahora encima de los cadáveres de casi medio millón de campesinos masacrados, y publicaban, desvergonzadamente, la noticia de su cordialísima reconciliación en un lejano balneario de España. Al sentir amenazados sus bolsillos, la oligarquía, tanto liberal como conservadora, había llegado al más perfecto acuerdo (p. 105).

en Colombia lo único que estaba en vías de desarrollo era el subdesarrollo mismo y a pasos alarmantes. La mayoría de los colombianos trabajaban como esclavos. Esto permitía a los norteamericanos y a clases altas de Colombia vivir como príncipes (p. 145).

Para un obispo colombiano, la neutralidad en materia política es mera ficción (p. 162).

al pintar como hampones a los agricultores que se defendían de la violencia y la opresión, los periódicos tergiversaban deliberadamente la verdad (p. 177).

"la función de las instituciones militares consistía en mantener el orden establecido". El ejército era "el instrumento de los grupos dominantes" (p. 182).

"El ejército tiene como función primordial mantener el orden interno, lo que, traducido al campo político, significa mantener las estructuras vigentes. El ejército guerrillero tiene por objeto precisamente lo contrario: transformar esas estructuras". (p. 188).

Lo que distinguía a Camilo era precisamente ese afán de acercarse a los trabajadores. Como intelectual, no era nada erudito; incompletos quedaban sus análisis, sus artículos y pronunciamientos casi siempre torpes, a veces hasta inexactos en algún detalle. Pero, eso sí, duros y desafiantes (p. 212). 

(Marquetalia) la operación representaba un "compromiso trascendental de liberar a las Repúblicas Independientes". Costaría unos treinta millones de dólares y movilizaría a dieciséis mil soldados del ejército (p. 219)...emplearía las más modernas técnicas norteamericanas: el napalm yla guerra bacteriológica (p. 219).

Camilo vio unas estadísticas que reflejaban el saldo total de la Operación Marquetalia. Con treinta millones de dólares, el gobierno colombiano y sus consejeros norteamericanos habían obtenido lo siguiente: cien fincas destruidas y sus cien ranchos incendiados; las tierras comunales de Marquetalia ocupadas; cien mil aves consumidas y aproximadamente el mismo número de reses; dos mil campesinos encarcelados, de los cuales doscientos fueron asesinados y quién sabe cuántos torturados. El daño causado en la zona se estimaba en dos millones de dólares y por parte de la gente de Marquetalia, la cifra total de los caídos en combate sumaba diecisiete: un guerrillero, una mujer y los quince niños que se refugiaron en la cueva (p. 223).

(propuesta de Camilo) una renuncia a la exclusividad de educación confesional y la aceptación del pluralismo; la eliminación de los factores sociales y psicológicos que impiden una adhesión consciente y personal a la Iglesia, tales como el poder económico de la Iglesia, y el poder político de la Iglesia: formal, mediante leyes y concordatos; informal, por medio de la intromisión del clero, con ánimo de dominio, en el terreno temporal (p. 261).

Los que fueron los más aguerridos revolucionarios durante los estudios, en muchas ocasiones comienzan a hacerse perdonar de las oligarquías sus devaneos juveniles. Por eso, frecuentemente los estudiantes más revoltosos se convierten en los profesionales que defienden con más ahínco los privilegios, los símbolos de prestigio y aun las formas exteriores de vida de las clases dirigentes (p. 272). 

"Mientras no seamos capaces de abandonar nuestro sistema de vida burgués, no podremos ser revolucionarios. El inconformismo cuesta, y cuesta caro. Cuesta descenso en el nivel de vida, cuesta destituciones de los empleos, cambiar y descender de ocupación, cambiar de barrio y de vestido. Puede ser que implique el paso a una actividad puramente manual..." (p. 273).

Entendió que tanto el Partido Liberal como el Conservador defendían los intereses de la oligarquía (p. 310).

"El aparato electoral —gritó desde la ducha— está en manos de la oligarquía y por eso el que escruta elige, el que cuenta los votos determina la victoria. Las elecciones se hacen más en las oficinas del gobierno oligárquico que en las mesas de votación (p. 320).

Cualquiera que participara en elecciones se estaba comprometiendo con el statu quo (p. 333).

...los casos de Marquetalia, Pato, Guayabero y Río Chiquito. Conocemos la similitud del desembarco de los marines en Santo Domingo con los desembarcos del ejército colombiano, dirigidos por la misión militar norteamericana en las "repúblicas independientes" (p. 345).

Eran capaces de soportan las raciones escasas, los entrenamientos constantes, el calor, los mosquitos, cualquier cosa menos la inercia (p. 362).

De pronto surgió un bulto. Un soldado. Que le apuntaba con su arma. E hizo fuego. Una terrible quemadura le abrasó el cuerpo. Cayó. Oyó gritos, tiros. Intentó levantarse pero no pudo. El calor estaba invadiendo su mente. Quería moverse, pero sus músculos no eran capaces. no respondían (p. 380).

Camilo Torres. El cura guerrillero
Walter J. Broderick
Círculo de lectores
Bogotá
1975
432 páginas

domingo, 1 de febrero de 2026

Balas por encargo, de Juan Miguel Álvarez

No me gusta hablar de los libros con la frase manida de "es lectura obligada", no sólo porque se trata de una frase hecha sino, principalmente, porque la lectura no es una obligación: es un placer, un gusto, una curiosidad, pero nunca una tarea.

Sin embargo, a quienes usan esa frase con frecuencia, les valdría poner como ejemplo el libro Balas por encargo. vida y muerte de los sicarios en Colombia, de Juan Miguel Álvarez, cuya lectura resulta reveladora para el colombiano común, que piensa que el Eje Cafetero es un supuesto "remanso de paz" y no una zona de violento conflicto urbano, y en particular resulta reveladora para los habitantes de esta región, que muchas veces tenemos vidas tranquilas, al margen de las tragedias que ocurren a pocas cuadras de distancia.

Balas por encargo es una lección de periodismo. El cronista Juan Miguel Álvarez realiza un minucioso y paciente trabajo de reportería que lo lleva a hablar con múltiples fuentes, a leer cientos de documentos y a visitar distintos barrios de Pereira y algunos municipios del Eje Cafetero, para entender por qué tantos pelaítos, como escribió Alonso Salazar sobre algunas comunas de Medellín, no nacieron pa´semilla.

Aunque el subtítulo del libro es "vida y muerte de los sicarios en Colombia", el trabajo se refiere a Pereira y su área metropolitana, una zona que, como bien lo dice el autor, de manera inexplicable no se hizo famosa con el nombre de "Cartel de Pereira", que sí tuvieron Medellín y Cali, y la única explicación que encuentra para esto es que la DEA empezó a usar el nombre "cartel" en 1982 y el auge del narcotráfico en Pereira había comenzado al menos una década antes.

Balas por encargo cuenta esa historia del narcotráfico en Pereira: de cómo el contrabando allanó no solo las rutas, sino también la legitimación social, para que los narcotraficantes empezaran a sacar coca a comienzos de los años 70. Explica quiénes fueron esos primeros capos, cómo se llenaron de sicarios y guardaespaldas, cuáles fueron sus relaciones con los grupos paramilitares y cómo, tras la desmovilización de los paramilitares en 2005, surgieron en la ciudad poderosas estructuras que cooptaron no solo el microtráfico sino todo el portafolio delincuencial, como la banda Cordillera.

El libro está dividido en capítulos y cuenta con abundantes fuentes. La escritura es amena, rica en testimonios y en imágenes, y el autor lleva al lector por distintos barrios de Pereira, así como por fincas de la región (qué bueno sería una reedición que actualice la información desde 2013 e incorpore un mapa). Al final del texto quizás la intensidad decae un poco, cuando se centra en la coyuntura de actualidad de los años 2008-2010, con entrevistas a funcionarios públicos y debates en el Concejo. No obstante, todo ese contexto es relevante para comprender cómo es que una región aparentemente pacífica ha sido cuna de tantos crímenes y cómo la economía regional subsiste en buena medida por el lavado de activos. 

Algunos subrayados 

antes de 1973 Pereira ya tenía varios capos respetados. Mire la fecha: ¡1973! Y piense que por ese entonces Pablo Escobar apenas era un jalador de carros y los Rodríguez Orejuela se rebuscaban asaltando camiones en las carreteras (p. 40).
Mientras duró, esta oficina [de Olmedo Ocampo] tuvo entre cuatrocientos y quinientos pistoleros (p. 85).

Mientras tronaban balaceras en las calles, el brazo político de Macaco acaparaba los cargos de elección popular que siempre fueron ocupados por caciques históricos. Nombres sin ninguna tradición electoral y con cuantiosos capitales invertidos en las campañas ganaron escaños en los concejos de Dosquebradas y Pereira, en la Asamblea de Risaralda y en el Congreso de la República (p. 103).

Muy a pesar de que Pereira fue la ciudad con la más alta tasa de homicidios en América Latina [2005], nada de esta guerra tuvo eco nacional (p. 106). 

el Batallón San Mateo dice que en Pereira cada mes se venden 30.000 proyectiles, una cosa extravagante (p. 115).

En Pereira se estaba consumiendo droga por valor de 300 millones de pesos diarios; estamos hablando de 10.000 millones de pesos mensuales (p. 115).

el dato más revelador, sin embargo, lo publicó una agencia de inteligencia de resorte directo de la Presidencia de la República llamada Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF): de 42.937 "operaciones sospechosas" registradas entre enero de 2006 y enero de 2011 en todos los sectores de la economía nacional, en las que participaron más de 160.000 personas y más de 14.000 empresas, 25,57% fue urdido en Pereira, Dosquebradas y Santa Rosa de Cabal (p. 229).

—Todos esos hombres de Macaco que han capturado —me dijo Charlie, el antiguo pistolero de los Henao Montoya— son puros sicarios. Leo, Niño Fabián, Nico; hasta los Comba y Diego Rastrojo son sicarios, matones de pistola y fusil. Donde comiencen a perseguir a los reales narcotraficantes de Pereira, a los que han estado aquí desde siempre, la ciudad se acaba: ¡la ciudad se acaba! —exclamó, henchido de autoridad—. Le voy a decir algo Juan Miguel: ¿de dónde sale tanta hijueputa plata para construir aquí tantos centros comerciales y edificios y condominios? ¿De dónde sale? ¡Dígame! ¿Qué empresa hay aquí en Pereira, qué empresarios hay aquí en Pereira que produzcan tanta plata como para que gasten millones y millones en construcción? (p. 244)

Balas por encargo. Vida y muerte de los sicarios en Colombia
Juan Miguel Álvarez
Editorial Rey Naranjo
Bogotá
2013
300 páginas

sábado, 31 de enero de 2026

Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

La Editorial Destiempo, de Pereira, un proyecto cultural que se ubica en las antípodas del interés comercial y la viralidad de redes sociales, acaba de publicar el tercer número de su colección, 
para alegría de sus lectores y de la historia bibliográfica regional.
 
Luego de editar En el país de la magia y otras traducciones, de Eduardo López Jaramillo, y las Crónicas recuperadas de Ricardo Sánchez Arenas, el trabajo de investigación hemerográfica que adelanta el periodista Mauricio Ramírez Gómez, director de Destiempo, se refleja en un volumen que en 84 páginas presenta una selección de textos de Eduardo Martínez Villegas, un autor que apenas ahora llega al formato de libro, porque su obra quedó dispersa en periódicos y revistas. 

En la presentación del libro Mauricio Ramírez Gómez cuenta que Eduardo Martínez Villegas murió repentinamente el 10 de mayo de 1929, a los 38 años de edad. Vivía en Pereira, publicaba en periódicos de la ciudad y mantenía una relación fluida con intelectuales de Bogotá como Luis Eduardo Nieto Caballero, entre otros. 

El libro recoge un variopinto mostrario de los textos de Martínez Villegas: reseñas críticas sobre autores colombianos, sobre autores pereiranos como Eduardo Correa Uribe (Luis Campos), Carlos Echeverri U, Julio Cano y Benjamín Tejada Córdoba y cartas enviadas a la escritora y editora Blanca Isaza de Jaramillo Meza y a su esposo, el poeta Juan Bautista Jaramillo Meza. Al final el libro recoge textos que sobre Eduardo Martínez publicaron autores como Luis Eduardo Nieto Caballero, Rafael Cano Montoya (Tiz Luna) y Lisímaco Salazar.

Sobre Martínez Villegas escribe Nieto Caballero: "No hizo ningún poema extraordinario. Pero, en todos los que quiso que volaran al viento puso esencia del alma. Era un hombre sincero" (p. 70).

La prosa de Martínez tiene un lenguaje que hoy luce anticuado. En algunos pasajes es pesada y con loas que suenan exageradas o, al menos, desbordadas. No obstante, o quizás por eso mismo, el libro tiene valor como ejercicio de recuperación: permite no solo conocer a un autor inédito hasta ahora en formato de libro, sino que además ofrece un contraste en la forma en la que ha variado el lenguaje de la crítica y la reseña literaria en el curso del último siglo. 


Eso en cuanto a la forma. Con relación al fondo, el contenido que desarrolla Martínez Villegas es útil para el diálogo sobre la historia de la cultura letrada regional. Sus textos ofrecen un panorama sobre qué autores se leían en Pereira en los años 20 y qué autores locales o regionales eran, a juicio del autor, dignos de ser reseñados. 

Este librito (pocas páginas y de formato pequeño) permite conocer a aquellos autores cuyo rastro se perdió en el tiempo.

Algunos subrayados

"Yo le tacharía a Nieto Caballero la costumbre de comentar todo libro que le llega a las manos, pero en ningún caso le apunto como defecto de escritor su excesiva bonhomía; esto, hasta cierto punto, es una excelente cualidad, porque así se salvan del olvido muchos libros que por más mediocres que sean, algo, naturalmente, deben tener que los haga merecedores de un cariñoso recuerdo" (p. 38).

"¿Le diré, señora, que yo la conocía? No; sus cuentos publicados en periódicos y revistas no producen la emoción de los que llenan las páginas de un libro que todos los días se abre para tomar en él el licor sedante de una nueva impresión emotiva; los periódicos y las revistas son de vida efímera, y el libro está llamado a perdurar; por eso puedo asegurarle que no la conocía" (p. 62).


Textos recuperados de Eduardo Martínez Villegas

Editor: Mauricio Ramírez Gómez

Editorial Destiempo

Pereira

Diciembre de 2025

80 páginas


miércoles, 21 de enero de 2026

De noche alumbran los huesos, de Julián Bernal Ospina

Cada libro tiene su momento. Empecé a leer De noche alumbran los huesos en 2024 y rápidamente lo abandoné. Suelo leer con disciplina y terminar todo lo que empiezo, sobre todo si son libros de autores caldenses, pero con éste no pasé de las primeras páginas y lo dejé sin mayor remordimiento. 

Lo retomé año y medio después, en un día de vacaciones, sin prisas, y enganché desde el comienzo. El primer cuento me llevó al segundo y entré en el juego que propone el autor: registros distintos y circunstancias diferentes para cuentos que tienen como personaje secundario o mero referente a quien más adelante, o más atrás, es protagonista. 

De noche alumbran los huesos está dividido en dos partes, cada una con seis cuentos. Hay varios textos de ultratumba, con cadáveres y cementerios, y otros del "más acá", con duelo o pérdida. Si tocara elegir uno solo, me quedo con "El coronazón", un cuento que me hizo recordar La hora gris, de Eduardo Otálora Marulanda.

Mención especial merece "Crónica de un doble espejo", un cuento que no sé qué tal envejezca o cómo se pueda leer en contextos ajenos a Manizales, pero que los lectores locales contemporáneos podemos disfrutar. Se trata de una sátira en la que los nombres apenas enmascaran, sin mucho disimulo, a la clase política local reciente: el exalcalde Carlos Mario Marín, su primo Santiago Osorio, el examigo Arturo Espejo, el exalcalde Octavio Cardona... Ninguno queda bien parado.

Algunos subrayados:

De "Monólogo de una estatua"
"¿A dónde van, acaso, los muertos?", les preguntamos. Nos responden: "¿Los muertos? ¡Ja! Los muertos ahora están mojados y no llevano nombre, se quedan pa la eternidad buscando tumba (p. 18). 

De "De noche alumbran los huesos"
Se encontraron de frente con el mármol de carrara resqubrajado, ornamentos de divinidades con telarañas, rejas oxidadas y cristales partidos. Se miraron.
—Pa eso sirve el poder —dijo Fabio.
—Sí, pa terminar pudriéndose, pero pudriéndose con elegancia —respondió Enrique. (p. 56).  

De "El coronazón"
De pequeña soñaba que me protegía una burbuja que hacía mi mamá. Como un campo electromagnético que nos apartaba de todos los monstruos que pasaban alrededor (p. 112). 

De noche alumbran los muertos
Julián Bernal Ospina
Escarabajo Editores
Bogotá
Julio de 2023
142 páginas

viernes, 2 de enero de 2026

Puñalada trapera (cuentistas colombianos)

Me volví lectora de cuentos leyendo antologías. Recuerdo con particular cariño las de Luz Mary Giraldo, así como las antologías de cuento latinoamericano de distintos autores. Las antologías tienen la ventaja de ofrecer una visión panorámica que permite conocer registros diversos autores y, a veces, sorprenderse con escritores de los que uno no tenía noticia.

Desde hace algunos años la editorial Rey Naranjo emprendió la tarea de publicar antologías de cuentistas colombianos contemporáneos, bajo el título Puñalada trapera, que ya va en su segundo volumen. 

Lo único que tienen en común los cuentos del primer tomo es que los cuentistas son colombianos y están vivos. Salvo esas dos circunstancias, los cuentos ofrecen diversidad de temáticas y tonos: hay relatos que incluyen humor, cuentos fantásticos, historias urbanas, rurales, sobre relaciones de pareja, los hijos, la muerte y todo el amplio espectro que pueden abarcar las propuestas de 22 escritores colombianos, bajo el trabajo editorial de Juan F. Hincapié.

Los cuentos de este primer volumen son: 
"Jabalíes", de Antonio García Ángel
"Calderas", de Mónica Gil Restrepo
"Educación sentimental", de Luis Noriega
"La rumba, son, palo muerdo", de Pilar Quintana
"La mata, la matica", de Andrés Mauricio Muñoz
"Resaca" de Carolina Cuervo
"Año nuevo", de Gilmer Mesa
"Fausto", de Patricia Engel
"Baila en el bosque", de Andrés Felipe Solano
"Mi novio albino", de Mariana Jaramillo Fonseca
"La lumbre en mi vientre" de Orlando Echeverri Benedetti
"La huésped", de Gloria Susana Esquvel
"Casa de los gatos que les pegan a los perros", de Daniel Ferreira
"Historia general de tu vida", de Margarita García Robayo
"Criatura", de Juan Cárdenas
"Cuello", de Daisy Hernández
"Un ringlete", de Humberto Ballesteros
"Círculos de colores", de Juliana Restrepo
"Un negocito propio", de César Mackenzie
"La niña", de Daniel Villabón
"Especulaciones editoriales", de Natalia Maya Ochoa
"El obsipo de Duitama", de Matías Godoy

Algunos autores han publicado novelas. Al leer estos cuentos y cruzarlas con las novelas de su autoría se advierten continuidades o intereses cruzados. Por ejemplo, Noche negra, de Pilar Quintana, tiene como protagonistas a los mismos personajes de "La rumba, son, palo muerdo", el cuento que aparece en este volumen. En otros casos las continuidades no son de personajes sino de intereses literarios: Antonio García Ángel escribe una historia urbana contemporánea llena de humor, como lo es también su novela Que pase lo peor. El cuento de Margarita García Robayo parece un capítulo de algunas de sus novelas sobre crisis de pareja y tensas relaciones familiares y lo mismo pasa con Fausto, el buen cuento que publica en este libro Patricia Engel, y que hace parte de su universo de historias de colombianos migrantes en Miami. 

Entre tantos autores tan diversos es difícil elegir frases, pero acá van algunos subrayados:

Educación sentimental
Luis Noriega
El maestro habla a la ventana porque para él hablar es una forma de pensar y lo que le interesa es el curso de su pensamiento, no la correcta transcripción de sus palabras (p. 34).

Como a todos los libros en los que por primera vez leyó una obra maestra, le tiene cierto cariño, pero no apego (p. 35). 

para perder el tiempo leyendo decenas de páginas que solo servirán para confirmarle que la docencia es un trabajo estéril.
los buenos alumnos no necesitan sus clases.
Los malos nunca aprenden (p. 44). 

Resaca
Carolina Cuervo
me había arreglado para ella. Los hombres no saben que siempre nos arreglamos para el ojo cínico, canalla y despiadado que poseemos las mujeres (p. 78).

Fausto
Patricia Engel
me preguntaba qué clase de conversación tiene que tener consigo misma una chica cada vez que se quita la ropa por dinero (p. 107).

Algunas veces pienso que Papi nació siendo una persona de la tercera edad (p. 107).

La teoría de Papi consistía en que el dinero fácil es dinero sucio, y la manera más fácil en que una chica puede conseguir dinero es con su cuerpo, pero eso es porque la mayoría de la gente piensa que el tráfico de drogas es cosa de hombres (p. 107).

Si el amor es ciego, la esperanza y la fe son sus primos sordos y mudos (p. 108). 

Una de las historias favoritas de mi Papi es la del usurero de su pueblo a quien se le apareció la Virgen en un aguardiente, se arrepindió y le donó su máquina de billetes falsos a la iglesia. Cuando las cosas se ponían difíciles, el cura local imprimía algunos billetes para su rebaño (p. 115).

Historia general de tu vida
Margarita García Robayo
hay un punto en el que alguien obstinado en una causa idiota, pasa de ser un iluso a un terrorista.

Siempre viviste en ciudades que te parecían feas. Hasta que descubriste que todas las ciudades son irremediable feas, salvo algunas en las que no vivirías (p. 182).

Te hace bien saber que la fealdad no tiene solución; que todo intento por paliarla es inútil. (p. 183).

Hay cierto lujo en la caridad (p. 186).

a la confianza de saberte del otro lado de los que dan y no de los que reciben (p. 186). 

La primera vez que fuiste a una reunión de académicos aprendiste que nunca hay que decir "No sé". Se debe decir "no estoy seguro" (p. 187).

Cuello
Daisy Hernández
Qué raros eran los hombres. Tenían bultos entre sus piernas y en sus cuellos. Eran protuberancias andantes. Por esto quería volver a salir con ellos. Extrañaba sentirse ofendida (p. 202).

Un ringlete
Humberto Ballesteros
Al parecer morirse era eso: todo hecho un borrón de acuarela mojada y uno que dejaba poco a poco de estar en su centro, que también perdía el color propio, que se esparcía como si al abrir los brazos escapara con torpe renuencia de sí mismo y se abalanzara hacia la libertad y el olvido al msimo tiempo (p. 221).

El obispo de Duitama
Matías Godoy
jamás terminando una frase en palabra aguda para no romper la sucesión rítimica de las ideas sino hasta el final (p. 287).

leer novelas con gusto y admiración era cabalmente lo mismo que leer las Escrituras, que al fin y al cabo la Fe no era otra cosa que la suspensión de la incredulidad extendida por los siglos de los siglos, Amén (p. 287).

También la verdad se inventa (p. 290). 

La razón por la cual creemos es porque está escrito en la Biblia. Nosotros no creemos en Dios en cuanto autor de un libro, sino en cuanto personaje (p. 295).

Si había una razón verdadera por la cual había escogido ese oficio, era porque la posición le permitía conocer las historias de la gente, que es como mejor se conoce el mundo (p. 298).

Puñalada trapera
Varios autores. Edición de Juan Fernando Hincapié.
Rey Naranjo Editores
Bogotá
2017
318 páginas. 


viernes, 21 de noviembre de 2025

Diccionario de emociones, de Bernardo Arias Trujillo

En enero de 1938 Bernardo Arias Trujillo tenía 34 años, estaba sano, vivía en Manizales y aunque planeaba posesionarse como personero, su verdadero plan era trabajar apenas unos pocos meses para radicarse en Buenos Aires, en donde ya había vivido como consul y en donde había conocido a Federico García Lorca, entre otros intelectuales.

Nada permitía prever que moriría dos meses después.

Fue en ese enero cuando publicó "Diccionario de emociones. Estampas móviles de hombres, sitios y ciudades", un libro que se divide en tres partes: la primera consta de ensayos sobre personajes como García Lorca, Lope de Vega o Erasmo de Rotterdam, o sobre ciudades como Manizales, entre otros temas. La segunda consiste en una serie de "retablos" sobre Bolívar, al que odió y luego amó, y que ubican al Libertador en distintos espacios y estados anímicos: primavera, estío, otoño e invierno, desde Europa, pasando por Lima, hasta Bogotá y su muerte en Santa Marta. La tercera parte es una traducción del poema de Oscar Wilde "Balada de la cárcel de Reading", antecedido por un ensayo en el que Arias Trujillo habla sobre Wilde, el poema, las traducciones anteriores (se burla con saña de la hecha por Guillermo Valencia) y explica las decisiones técnicas que tomó para hacer la suya.

En el prólogo de la edición de Bedout, de 1963, José Camacho Carreño escribe que Bernardo Arias Trujillo tuvo "La mejor prosa de panfletario aquí escrita". Según él, en la época de Arias Trujillo en el mundo literario "todo era condescendencia, loa mutua, ternura panegírica", y Arias irrumpió con "azufrado lenguaje, para Dios y sus ministros, con sañudo antibolivarianismo, con espumante fobia a los godos". 

De este libro quizás lo más notorio es encontrar de manera explícitas las influencias que Arias Trujillo buscó: Erasmo, Oscar Wilde y García Lorca. Así mismo, sus explicaciones sobre la traducción de poesía resultan de interés, aún 9 décadas después.

Algunos subrayados

Remembranza de Federico García Lorca
De las mujeres no amaba sino a su madre, de quien hablaba a cada momento con los mejores adjetivos de sus romances. Era socialista y quería a los trabajadores del mundo con una pasión arrebatada y misionera. Murió fusilado contra una pared por haberse enternecido en demasía con el dolor del pueblo (p. 30).

Pequeña diatriba y elogio mínimo de nuestro padre Erasmo
en el presente, en que las masas se polarizan en derechas e izquierdas, bajo el comando de un Hitler o de un Stalin. De la zona templada fue Erasmo, hombre de su siglo (p. 44).

Palabras leales a Cartagena de Colombia 
treinta manzanas reconstruidas en dos lustros, las mismas que el incendio escanció en un solo brindis de pavor. Mirándolas más parece estar uno en la Calle Esmeralda de Buenos Aires o en un tramo largo de la Avenida Beira Mar de Río de Janeiro, que en un rincón de los Andes tropicales (p. 54). 

Variaciones sobre Fernando Crommelinck y una de sus obras
antes que ser impura prefirió morir. No podía aspirar ese ambiente prostituido y perverso de las sociedades modernas en donde los extravíos sexuales y las pasiones tienen calorías y complejos diabólicos (p. 73).

Elegía a Jorge Salazar
mantenía los cinco sentidos en perpetua erección, como antenas listas a atrapar cuantas sensibilidades la vida le procurara (p. 74). 

Movietone Multicolor de Manizales y sus hombres
El turista que a estos riñones cordilleranos se atreve, y abre para su embeleso el diafragma de su retina cosmopolita, sorpréndese de hallar sobre el pescuezo de los Andes, escabroso como un saurio y niquelado por esmaltes de nieves perpetuas, un centro urbano de cien mil habitantes de raza blanca, apenas sí con leves pigmentos americanos, cuyas calles retorcidas de epilepsia rematan siempre en paisajes de prócer hermosura (p. 83).

Ciudades como Río de Janeiro, Bahía, Valparaíso, Génova, Manizales y otras pocas, producen la sensación de lo inesperado, pues la regla general de todas las urbes es ser planas. El hecho de exhibir tales urbes una localidad voluntariosa y salida de lo común, les da ya una personería arisca, independiente y variada, un encanto que no tendrán nunca las ciudades planas, monótonas por el solo hecho de ser tales (p. 85).

Manizales la Barcelona de Colombia (p. 86).

Retablo de un cocinero ilustre
Nos falta el filtro de los años, ese despacioso destilar que refina a los hombres como si fueran vinos, y que les da espiritualidad y sutileza. Carecemos de paganía y de hedonismo, no tenemos ese sentido helénico de la vida (p. 91). 

La risa y la buena comida es lo único que nos diferencia realmente de los animales (p. 91).

Evocación fugaz de Marcel Proust
Oscar Wilde calculaba en veinticinco años la amnesia de los hombres para la obra literaria del intelectual recientemente fallecido. Pasados los cinco lustros, otra generación, más curiosa, más desprevenida, con más autoridad para pesar y avaluar a un escritor, le hace justicia, vuelve a ponerlo de moda, y como consecuencia, queda en lo que habrá de quedar, para las posteridades olvidadas (p. 101). 

Es curiosa la afinidad que se advierte entre el ser físico de Proust y su estilo característico. Delgado, tímido, melancólico, enfermizo, alma jaspeada de notorios complejos feminoides, delicado, febril, etéreo, saturado de drogas y de emociones artificiales, así es también su prosa: delgada, tímida, melancólica, nocturna, enferma, febril, etérea, saturada de drogas y  de emociones artificiosas, escrita de media noche en adelante (p. 103). 

fue una criatura desgraciada que vivió en la punta de los pies, para no ser advertido (p. 106). 

Retablos de don Simón Bolívar
yo —¡perdón, oh Padre de mi América! soy uno de los últimos convertidos a don Simón Bolívar. Yo renegué de él en mi primera juventud, yo le vilipendié "sañudamente" cuando en esa edad impávida era un santanderista fanático que hubiera entrado, puñal en mano, a la alcoba de San Carlos, de haber sido amigo y compañero de Luis Vargas Tejada (p. 116).

Por ventura mía, cuando fui infiel a Bolívar lo hice también sinceramente, con vehemencia (p. 118).

Sonata de estío
Este sol jovencito que cae ahora sobre Lima, es un sol apenas decorativo, con un mínimo de calorías, un sol de sanatorio para uso de convalecientes o de orquídeas de invernadero (p. 127)


Diccionario de emociones. Estampas móviles de hombres, sitios y ciudades.
Bernardo Arias Trujillo
Editorial Bedout
Medellín
Agosto de 1963 (primera edición 1938)
228 páginas

jueves, 20 de noviembre de 2025

El Universal. Sus editoriales. Bernardo Arias Trujillo

La compilación de los editoriales publicados por Bernardo Arias Trujillo en el diario liberal "El Universal", de Manizales entre el 3 de julio y el 30 de septiembre de 1930 podría leerse como una novela con final trágico. 

Se trata de textos virulentos publicados casi a diario, en los que el autor pasa del entusiasmo a la desilusión que provoca la traición: el entusiasmo obedece al triunfo de Enrique Olaya Herrera, quien asumirá su cargo como presidente de la República el 7 de agosto de 1930, dando fin a 44 años de Hegemonía Conservadora. Bernardo Arias Trujillo abraza ese nuevo país liberal que ya llega y se ilusiona con los cambios que vendrán. No obstante, los hechos empiezan a contradecir sus expectativas: Olaya nombra como gobernador del Caldas al coronel Emilio Latorre, bastante cercano a los conservadores, y éste a su vez nombra como secretario de gobierno al periodista conservador Gonzalo Restrepo. Otro periodista conservador, Tomás Calderón, cultivado en el diario conservador La Patria, pasa a ocupar  la jefatura de archivos departamentales.

Arias Trujillo intenta argumentar. Intenta explicarle a sus lectores por qué el anhelado cambio hacia una república liberal se hace en Caldas con políticos con "sentido amarillo, vacilante y hermafrodita" (p. 36), que es su manera de referirse a los tibios, que distan de los radicales como él. No obstante, con el paso de los días las decisiones políticas se vuelven injustificables y al final Arias Trujillo es fustigado no solo por "los tres diarios visigodos" (p. 222) de Manizales, sino también por la prensa liberal de Bogotá, en cabeza de El Tiempo y El Espectador, hasta que al final deja su cargo el 30 de septiembre de 1930.


El Universal inició con 8 páginas y terminó en su número 76 con 4, se informa en las páginas finales de este libro editado por la Asociación de Periodistas de Manizales (PAM), que reproduce 59 editoriales publicados por Arias Trujillo en un lapso de escasos 3 meses. 

Aunque los hechos y personahes hiperlocales a los que alude Arias Trujillo están refundidos en la historia patria, luego de casi un siglo, vale la pena leerlo por la virulencia de su pluma y por lo cíclica que parece la historia. Sobre lo primero, en las notas finales se define a Arias Trujillo como un "escritor violento". Usa calificativos que hoy pueden parecer xenófobos como "gitanería húngara", o homofóbicos, como partidos de "sexo híbrido, andrógino, hermafrodita, republicano" (él que era homosexual), pero en general se nota una profunda agudeza en la sátira, escrita sin temor a ofender y, al contrario, con la intención clara de hacerlo: no manda indirectas y cita con nombre y apellidos a los destinatarios de sus diatribas.

En cuanto a lo segundo, en política es común el debate entre gobernar con los más radicales o fieles al partido, o buscar alianzas con otros sectores para lograr mayor legitimidad y gobernabilidad. El momento histórico narrado por Arias Trujillo fue un parteaguas en la historia política del siglo XX en Colombia: los liberales conquistaron el poder en 1930, luego de 44 años de hegemonía conservadora. La expectativa de los liberales locales era, por fin, acceder a cargos en el gobierno y expulsar a los conservadores. Las decisiones tomadas desde Bogotá se sintieron en Manizales como una traición. Ha pasado casi un siglo, pero casos así se siguen viendo en el presente. 


Algunos subrayados
Editorial "El Gobierno Nacional de Olaya Herrera", del 15 de julio de 1930
"Este diario es un balcón abierto hacia las multitudes para la libre agitación de las ideas liberales. Deseamos que en él se expresen todas las opiniones y los conceptos todos, con amplia, ancha y asoleada libertad para discutirlos lentamente (p. 35.).

"Las ideas republicanas pertenecen a lo que el nuevo testamento llama "aguas tibias" que no serán presentadas delante de los ojos de Dios (p. 36).

"todo el liberalismo del país que es el noventa y nueve y medio por ciento de los que saben leer y tienen relaciones personales con el agua" (p. 37).

Editorial "Contra la barbarie comunista", del 19 de julio de 1930
"Cuatro apaches analfabetos, cuatreros y salteadores de caminos" (p. 48).

"Nuestra libertad termina en donde empieza la del vecino. Y que no vengan a hablar los conservadores de libertad de palabra en un país que ellos amordazaron" (p. 50).

Editorial "Contra la barbarie comunista", del 22 de julio de 1930
Es bueno atrevernos a estudiar ese complicado problema antes que la violencia social se haga sentir en una forma que no está prevista en la constitución ni en la contextura temperamental de los colombianos. El concepto de propiedad en la vida moderna no es el mismo concepto feudalista, individualista, feroz y exclusivista de las eras antiguas (p. 57).

Es increíble que Colombia, país endeudado y pobre, sea la primera nación importadora de automóviles de lujo no usados en Europa ni siquiera por los soberanos (p. 57).

Editorial "La carrera administrativa", del 23 de julio de 1930
Hoy se acoge al funcionario por motivos de consideración personal, por recomendación del político, por parentesco, rara vez por su valer y su competencia. Qué de extraño, pues, que todo ande mal? Y qué estímulo puede tener un empleado si no abriga la seguridad de permanecer en su puesto y de ascender, de acuerdo con el tiempo y la amarga verdad de que todo cambio de ministro o de gobierno le trae al sucesor" (p. 60).

Os habeis dado cuenta de la zozobra de un moderno funcionario con las alternativas de la burocracia? Y al lado de él, la dolorosa tragedia? No adivináis la del país que carece de colaboradores honrados y capaces porque están supeditados por los contratos que no tienen ninguna devoción por los intereses colectivos que custodian y que logran sostenerse solo por la adulación, el compadrazgo, la influencia? (p. 62).

Editorial "La Colombianidad", del 26 de julio de 1930
sonreíamos piadosamente de quienes creen que somos un país libre. Nuestra cantaleteada emancipación política de España no se complementa sino con liberación económica (p. 72).

un pueblo no es libre porque no tiene industrias propias y su economía está sometida al vasallaje de una nación fuerte (p. 72).

Editorial "La carrera administrativa", del 29 de julio de 1930
Hasta hoy la administración pública de Colombia está formada por militares retirados, ancianos achacosos y jovencitos fracasados en los colegios. Para formar parte de la burocracia sólo se necesita conocer el protocolo de la adulación, un hosco conservatismo y un alarde sincero de odio al "enemigo común" (p. 81).

Editorial "Hacia la Policultura", del 21 de julio de 1930
Hace cien años que tenemos independencia política y todavía no hemos logrado la libertad económica, base de todas las soberanías (p. 89).

Editorial "El nuevo gobierno departamental", del 5 de agosto de 1930
La Patria en una de sus pasadas ediciones sostiene con frescura de primavera que "El Departamento de Caldas, con mayoría conservadora, tiene derecho a esperar que en la cabeza de sus destinos se coloque la primera capacidad conservadora, que sería la primera capacidad caldense". Esta frase podría colocarse con absoluta certeza de éxito en nuestra página humorística, para reír en la tarde (p. 100).

Editorial "El nuevo gobierno", del 9 de agosto de 1930
Que el presidente empieza a gobernar en un país intoxicado de conservatismo achacoso, con constitución conservadora, leyes conservadoras y corporaciones administrativas conservadoras (p. 114).

Editorial "Una agresión aldeana", del 11 de agosto de 1930
En la sección más seria de La Patria se incrustan coplas de cabaret, frases provincianas de pésimo gusto que exhibe al periodismo conservador como una hoja aldeana de circulación municipal (p. 117).

Deploramos que La Patria haya ingresado a la cofradía del periodismo de tierra caliente (p. 118).

Editorial "El problema agrario", del 19 de agosto de 1930
el problema agrario solamente existe para el gobierno. La distribución equitativa de las tierras apenas puede ser emprendida por el Estado, que es el que cuenta con los elementos definitivos para realizarla. Colombia está excepcionalmente preparada para resolver el problema agrario mediante la nacionalización de sus tierras (p. 134).

tendremos que empezar la expropiación de los extensos latifundios que en los departamentos interiores de la república son causa de fermentos revolucionarios y de descontentos sociales, expropiación que habrá de hacerse mediante indemnizaciones pecuniarias (p. 135).

Editorial "La oposición se esboza", del 28 de agosto de 1930
La dirección liberal de Caldas está a una altura hasta donde no llegarán las saetas envenenadas del diario primaveral y matutino que dirige desde Bogotá el Dr. [Silvio] Villegas, tan desafortunado político como pésimo negociante (p. 161).

Comprendemos que los jóvenes del diario mañanero tienen los más sanos deseos de que el Directorio Liberal se entregue a las labores domésticas o a gerenciar un almacén de escapularios (p. 161).

Editorial "Los usufructuarios de la victoria", del 3 de septiembre de 1930
para que el gobierno abandone su sexo híbrido, andrógino, hermafrodita, republicano -todos estos son sinónimos- y se integre definitivamente el personal con elementos conservadores (p. 182).

Editorial "La supresión del voto del ejército", del 8 de septiembre de 1930
En los cuarenta y cinco años de conservatismo el ejército fue siempre una recua de acémilas uniformadas, puestas al servicio de los apetitos electorales de un gobierno exclusivista. Las tropas colombianas no representaron nunca la majestad de la República (p. 189).

Editorial "Una decorosa solución a la crisis del gobierno", del 9 de septiembre de 1930
nosotros, que ejercemos un periodismo independiente y honrado (p.194)
El periodista honorable sabe rectificar a tiempo y dar a cada uno lo suyo, según sus actos (p. 194).

Editorial "La hora actual", del 23 de septiembre de 1930
La manera infantil como los tres diarios conservadores de la ciudad han comentado los sucesos confirma la impopularidad trágica del gobierno y la pobreza solemne de razones para combatirnos (p. 220).

Es una literatura de escuela pública, innoble, enana y floja. Por ninguna parte aparece la razón armada de argumentos, la prueba precisa y honrada de que estamos errados (p. 221).


El Universal. Sus Editoriales. Bernardo Arias Trujillo
Compilación de columnas: Juan Antonio Díaz
Biblioteca de escritores caldenses-Asociación de Periodistas de Manizales (PAM)
Manizales
Febrero de 1991
Imprenta Departamental de Caldas
254 páginas

lunes, 17 de noviembre de 2025

Noche negra, de Pilar Quintana

Los lectores habituales de Pilar Quintana ya sabíamos de Rosa y Gene. Rosa, la protagonista de Noche negra es la esposa de Gene, el protagonista de "La rumba, son, palo muerdo", un cuento que Pilar publicó en 2017 en el primer volumen de Puñalada trapera, la antología de cuento colombiano contemporáneo de Rey Naranjo Editores. 

El cuento ocurre muchos años después de Noche negra y entonces la novela funciona como una especie de precuela. Rosa es una mujer de clase media-alta, publicista, vive en una gran ciudad y trabaja en una agencia, hasta que conoce a Gene y decide abandonar todo para irse a vivir a una casa en el Océano Pacífico, lejos de todo. Esa biografía inicial se parece a la de la autora, y el entorno de esa casa se parece al escenario de La Perra, su primera novela. 

Rosa vive con Gene en una casa a medio construir. Él debe viajar unos días a un trámite de su pasaporte y Rosa queda sola en la casa, por donde a veces pasan a saludarla-visitarla-cuidarla-coquetearle-intimidarla algunos vecinos.

En "La casa tomada", de Cortázar, el narrador muestra un espacio que va siendo ocupado por algo desconocido que obliga a clausurar espacios, hasta que al final los hermanos deben abandonar la casa. Esta casa de Rosa se parece a la casa tomada de Cortázar: hay un murciélago, una tarántula, una gallina que desaparece... hay misterio, suspenso y una amenaza. Pero no sabemos si la casa tomada es la construcción de madera que está a orillas de un acantilado en el Pacífico, o si es la mente de Rosa, tomada por temores, celos, intuiciones e inseguridades. ¿Qué tan infundados son sus temores? ¿Qué tan peligrosa puede ser la imaginación? Hay peligros reales pero quizás el mayor peligro puede ser perder la razón y sucumbir ante el miedo y la zozobra.


Algunos subrayados
Su seguridad es el punto herido. Ahora lo sabe y por el agujero abierto se le irriga, líquida y ponzoñosa, la negra idea de que ella ha comenzado a molestarle a su marido (p. 21).

la aterraba ese destino, el prospecto de terminar como ellas, convertida en una carga para los otros, tonta y sin memoria, vacía de recuerdos (p. 53).

Siempre en movimiento, el mar. Adentro y afuera, como si estuviera respirando. Es una cosa viva, piensa, una cosa extraña como el órgano de un cuerpo que sin el todo no podemos comprender, una parte de algo tan grande que nosotros, insignificantes, no tenemos la capacidad de vislumbrar (p. 94). 

La asombra su violencia. Su capacidad para llevarla a cabo sin vacilar (p. 141). 

Preferible muerto que desaparecido (p. 186). 

había salido con suficientes hombres para saber que muchos justificaban su irresponsabilidad y falta de compromiso con la idea del amor libre (p. 193).

El rencor era un parásito que le crecía por dentro mientras alimentaba su cerebro (p. 211). 

No es que la fuerza pública no sea capaz de hacer lo que ellos dicen que hicieron. Lo habrán hecho mil veces en este país de mierda. Matar indígenas, quemar casas, desplazar poblaciones, desaparecer gente (p. 226). 

No podía seguir viviendo con sus principios como bandera. No podía y no quería, admitió para sí misma, porque era muy difícil (p. 241). 

Al contemplar a la araña muerta en el suelo se pregunta si la mató para sentirse como se está sintiendo. Poderosa y violenta (p. 251). 



Noche negra
Pilar Quintana
Editorial Alfaguara
Bogotá
Agosto de 2025
268 páginas

Risaralda, de Bernardo Arias Trujillo

Diversos libros de la historia de la literatura caldense se refieren a Risaralda, de Bernardo Arias Trujillo, como la gran novela del siglo XX en Caldas, o al menos de la primera mitad del siglo XX.

Arias Trujillo nació en 1903 en Manzanares y se suicidó en Manizales en 1938. Cuando cumplió 32 años publicó Risaralda, que desde la primera página interior se anuncia como "película de negredumbre y de vaquería, filmada en dos rollos y en lengua castellana".

La novela se divide en dos rollos, que equivale a decir en dos partes. La primera se ocupa de describir el origen de Sopinga, que más tarde se llamaría La Virginia, desde mediados del siglo XIX hasta alrededor de 1915. En el relato Sopinga es un paraíso, un edén entre los valles del Río Risaralda y el Río Cauca, habitado por negros que llegaron de distintas partes del país y que se gobiernan bajo sus propias normas y costumbres, sin admitir autoridad ajena. 

Caracterizado el escenario, el segundo rollo se ocupa de desarrollar el drama de la historia: un amor contrariado entre La Canchelo, negra bellísima, hija de Pacha Durán, y Juan Manuel Vallejo, un vaquero rubio, de 26 años, hijo de buena familia, que llega a Sopinga después de haber vivido y enviudado en la costa Caribe. 

La violencia, el racismo, el baile, el tiple, la música, el licor, el machete y las riñas hacen parte de esta novela que transcurre principalmente de noche y que, desde la mirada de un autor blanco pero marginal por su condición homosexual, describe otra marginalidad que a sus ojos luce salvaje y libre: la de los pueblos negros que viven al margen de las normas de los blancos. 

El lenguaje de Risaralda busca resaltar la oralidad del habla de Sopinga. Hay referentes a pasajes bíblicos, desde el Génesis hasta el Diluvio, y hay también un embelesamiento con el paisaje verde del valle de Risaralda. No creo que esta novela sea superior a Una mujer, publicada en Manizales por Natalia Ocampo de Sánchez, seis meses después de Risaralda, pero sí es una novela que ofrece una mirada distinta y alternativa frente al relato oficial de la colonización. El Río Cauca, el hombre negro y la noche son los ejes que articulan la narración de Risaralda, una novela útil para recordar que el Eje Cafetero es mucho más que café.

Algunos subrayados
En el principio era la selva. Era en el principio la selva inmensa, silenciosa, poblada de misterio y de osadía. Los siglos rodaban sobre el lomo del río al vaivén de las aguas, y los robustos árboles tutelares, coronados de orquídeas, como dioses, presenciaban taciturnos el desfile infinito de las centurias (p. 19). 

un hombre hacíase despreciable si alguna vez había sido derrotado o no había cometido siquiera un homicidio (p. 23). 

el negro agarraba por las mechas a su hembra, ceñíala, contra sí, doblábala como un junco del monte, y mientras le alzaba las vistosas enaguas con una mano, con la otra le daba en las nalgas, hasta una docena de "planazos" descargados con la hoja fulgurante del machete (p. 27).

Los negros risaraldenses tenían un concepto árabe de la propiedad de la mujer, la cual era para ellos solamente una "cosa" (p. 27).
19
Deje que mi marido me pegue todo lo que le dé la gana que pa eso soy su mujé (p. 28). 

un baile de ley, para serlo de veras, necesita por lo menos dos "dijuntos" (p. 35). 

Su padre le enseñó las cuarenta y siete maneras de manejar la peinilla, lo adoctrinó en los "quites", "vueltas", "recumbambeos" y cuantas filigranas debe saber un machetero de pundonor (p. 52).

Y como la criatura persistiese en estar con él y seguirlo, la agarró del cabello y despacio, exquisitamente, con una finura florentina —refinamiento increíble en un negro malo— la fue haciendo tajaditas tan delgadas como hostias y las iba tirando una por una, con lentitud, a los pescados del río. Todo esto con indolencia pasmosa, sordo a los alaridos de la víctima, divertido de su obra de mulata crueldad (p. 56). 

Rita lo hace con más sensualidad aún, como si estuviera gozando la sensación del orgasmo (p. 61). 

Así como el bambuco es baile casto que sugiere idilio, el currulao es danza sensual que quiere decir posesión y entrega (p. 63).

El Cauca era el cementerio de Sopinga (p. 73). 

—¡Ay, compadre Salvadó! ¡Qué vaina sé un tan macho!....
—¿Po qué, compadre?
—Poque si yo no juera tan macho, me emperraría a llorá como una hembra. ¡Ay que ve!... (p. 88).

En este faenar humilde, la hembra sumisa envejecía, dócil a su macho, sin remilgarse nunca, contenta de quererle, agradecida de que le diera hospedaje (p. 90).

La mujer, los hijos y su canoa son el triángulo que sostiene la tolda de su ensueño (p. 92).

se acordaron en casi todas las cláusulas, menos en aquella de enlazarse con rejos matrimoniales, que ellos se amaban a su manera, sin ritualidades algunas, teníanse felices con el amor libre y espontáneo, el mejor aglutinante para ayuntar de veras dos almas, en lo cual resultaban más sabios y experimentados que los blancos (p. 105).

existía siempre, naturalmente, un invisible cordón sanitario de jerarquía entre las dos castas (p. 110).

Los expedicionarios iban derribando selva, lentamente. Cuando ante ellos se enfrentaba un árbol gigantesco de varias brazas de abarcadura, lo rodeaban con denuedo y repartidos a equidistancia, empezaban a abrirle zanjas a golpes de machete o de hacha (p. 124). 

Intacta de cuerpo, tenía, sin embargo, pelusillas de pecado venial entre los rinconzuelos de su alma, vagas ensoñaciones de goce, y vanidad de saberse deseada, de sentirse tentadora y apetecida. Era una mujer (p. 139).

Tenía alma de vaquero que es tener alma de extensión (p. 145). 

El retorno le dió un alma nueva y comprendió que regresar era como nacer otra vez. Más tarde descubriría con pena que el regreso tan sólo transforma pasajeramente, y que pasados los días de las primeras impresiones, se vuelve al viejo sopor, y la vida torna a ser tan igual y monótona como antes de movilizar el alma hacia otros panoramas (p. 150). 

El día vivido ayer sería exactamente igual al de hoy, al de mañana, al que transcurrirá dentro de diez años (p. 153). 

El tufo sexual de la tierra caliente, húmeda de savias y de fertilidades (p. 175). 

Más que por bonita amábala Juan Manuel por arisca y desdeñosa, porque así le gustaban las hembras, como buen vaquero: difíciles de coger, duras de domar, tercas y resabiadas, de mala rienda, pajareras y espantadizas, para tener el gusto de volverlas modositas y aterciopeladas como bestia madrina (p. 195).

Pacha quería morir dejando a su Canchelo casada con hombre blanco y de buenas maneras, no con un negro vulgar del puerto, ordinario y despreciable (p. 197). 

El aguardiente ha sido el mejor combustible para movilizar la vida nacional: él es el motor que impulsa nuestro mecanismo y bajo su influencia se ha realizado nuestra historia: revoluciones, guerras largas, victorias, descalabros, todas las peripecias colombianas tienen aroma de anís y están bautizadas con gotas claras de aguardiente. Por eso, es un benemérito de la patria (p. 212). 


Risaralda
Bernardo Arias Trujillo
Editorial Zapata
Manizales
Noviembre de 1935
268 páginas.