miércoles, 14 de diciembre de 2022

La suma de todos los ruidos (The Hum), de Sebastián Krieger


El 2% de la población mundial padece de "The Hum", un zumbido que suena como a un avión muy alto que no termina de irse y que puede afectar a las personas de formas que van desde el insomnio hasta el suicidio.

Ese trastorno es el que padecen las mujeres de "La suma de todos los ruidos", la novela en la que Sebastián Krieger presenta un rompecabezas de tres vidas femeninas en tres momentos distintos, aunque pueden ser leídas también como la vida de una misma mujer en tres etapas diferentes. 

El primer relato, que ocupa dos tercios del libro, es la historia de Ale, una motociclista que deja Rosario (Argentina) para emprender un viaje por Suramérica. En capítulos cortos y organizados de una forma que no es cronológica, se presenta una especie de "road movie", muy visual, con descripciones muy bien logradas de parajes desérticos, de ciudades como Guayaquil, Salta o Chimbote, del Chimborazo y Atacama, en las que Ale acelera su motocicleta como huyendo de sí misma, para regresar al final al mismo apartamento de sus padres y ver su imagen reflejada en la ventana.

La segunda historia es la de Rebeca, una mujer que envejece mal en un ancianato de Montreal, y la tercera es una especie de "precuela", un diario de una chica de 15 años, que se presenta con un tipo de letra juvenil, a la que sus padres le notifican que deberán mudarse a Rosario (Argentina).

Al zumbido que escuchan las tres se suma otro elemento conector: el pensamiento más o menos permanente en la posibilidad del suicidio, como válvula de escape. Pensar en el suicidio, en que es posible cometerlo, se presenta como un seguro que permite atravesar momentos difíciles. "Si todo empeora, siempre será posible suicidarse", parece pensar la protagonista.

La soledad del viaje en motocicleta por parajes desérticos y solitarios del pacífico chileno o peruano son una imagen que sintetiza esta novela: un viaje que es una introspección por la soledad del alma de mujeres que se sienten incomprendidas o que no encajan en las instituciones que, más que paredes protectoras, sienten como cárceles: la familia, el anciano, el colegio. De ahí la necesidad de huir para buscar libertad.

Con muy pocos diálogos y un narrador omnisciente que muestra a Rebeca y Ale con distancia fría, el autor construye escenografías por las que transitan mujeres que se muestran desde un observador externo. Es llamativo que salvo en la última parte, en la que aparece el diario, durante mas de 100 páginas el lector vea todo el tiempo a mujeres a las que en muy pocas ocasiones se les escucha su voz. En esa decisión estética hay también un zumbido, un enrarecimiento, una constatación. 

Algunas frases

Más que el miedo a la muerte, a lo desconocido o el terror a la nada, lo que le había impedido lanzarse desde una ventana era la culpa. La vergüenza. Aunque en el fondo sabía que con eso podría vivir (p. 14).

El ronroneo, la oscilación inconfundible. Como la estela que deja un trueno pero que nunca termina de desaparecer, como la máquina lavadora detrás del muro aunque al lado no exista otro apartamento, como un tren infinito a la madrugada, un rumor lejano debajo de la almohada (p. 21).

El tiempo lo decoloraba todo, hasta el sabor de la nicotina, lástima (p. 25).

si querías ofender de verdad a alguien, el gentilicio debía acompañar el insulto. No importa si el fulano compartía tus genes y había nacido y crecido junto a ti. Por ejemplo: boliguayo huevón, colombiano malparido, brasuca hijodeputa, rata veneca, etcétera. Seguro los políticos y el fútbol eran los responsables de tanto odio, porque los individuos compartían más o menos la misma historia, la misma religión, el mismo idioma y hasta la misma pobreza. Ah, y todos coincidían en culpar siempre al otro de sus propias carencias (p. 37).

¿Cobardía o valentía? Un debate entre suicidas resultaría empatado siempre: todos igual de triunfadores e igual de vencidos (p. 42).

El peor día en moto es mejor que el mejor día en la oficina (p. 42).

Entendía a la perfección que era una carencia absoluta de sentido molerse los huesos y el cerebro para luego quedar sin tiempo para el deleite; o peor, para morir y dejar una fortuna que otros se peleen, roben o malgasten (p. 46). 

Terminar el viaje era dejar de existir. Y no sabía cómo más prolongar su agonía (p. 50).

Se preguntaría qué era lo más raro que le había ocurrido en la vida. Que de todas las mamás del mundo me hubiera tocado preciso la mía (p. 53).

Y fue justo cuando reconoció que se había apartado de la ansiedad, de la sensación de habitar el ojo de una tormenta que no llegaba, pero estaba cerca. Quiso prolongar el momento, respirar más hondo, relajar los hombros de nuevo, mirar al sol. Pero la culpa la había encontrado. Otra vez. La culpa de ser feliz; así fuera solo por un minuto de paz interior y un horizonte como fondo de pantalla. La felicidad era un pecado por el que tocaba sentirse culpable, así le habían enseñado a ella, a su madre, a sus abuelas y a todos sus antepasados (p. 60).

Una cosa era ser negativo, otra era ver solo el lado malo de todo, incluso de lo que era imposible que empeorara (p. 73).

¿Por qué, si se detestan, mamá y papá siguen juntos, se preguntó. ¿Por costumbre? ¿Por pereza a un largo pleito de divorcio o por miedo a quedar arruinados y encima íngrimos? ¿Por los comentarios ponsoñozos de su reducido grupo de conocidos o porque no concebían una existencia distinta? ¿Porque habían jurado en una iglesia mantenerse unidos hasta que la muerte los separe? ¿Todas o ninguna las anteriores? Sí y no. Más por cansancio que por haber encontrado una explicación satisfactoria a ese raudal de inquietudes, concluyó que era por simple adicción. Eran su droga mutua, la heroína que los consumía lento y sin la cual no tenía sentido sobrevivir. (p. 82). 

Reflexiona: el asunto, además de que today nadie lee ni revistas, es que no tiene sentido el esfuerzo de escribir. Ni un solo libro, ni siquiera el propio, ni como el aporte mínimo al cementerio universal de textos que nadie leerá (p. 97).

Pero en el corazón sabe que es lo correcto, que la que se extingue es ella y no su hija, que su mayor gesto de amor es excluirla de la impotencia frente a la espiral de decadencia de la que no escapará (p. 98). 

El maldito amor, la fascinante trampa de la naturaleza humana para continuarse, la paradisiaca sensación que venda el drama de existir, ese era el verdadero y maléfico verdugo. Sí, el amor es el malechor cobarde. (P. 105).

Nacer me jodió la vida (p. 107)

Este es el instante en el que lo más inteligente es resignarse, dejar de luchar, y reconocer que al final lo único seguro es que moriremos todos. Y que no quedará nada. Ni la memoria. Porque por más que nos esforcemos y queramos negarlo, el tiempo es inflexible. Como las olas indiferentes a los dibujos y castillos en la playa. No dejaremos huella (p. 109). 

A él le enseñaron que los hombres no lloran, solo cuando les entra un mugre en el ojo, qué estupidez (p. 119).

Me dio un abrazo y me dijo que siempre recordara que yo misma era mi propio castigo, pero también mi propio alivio (p. 149).


La suma de todos los ruidos (The Hum)
Sebastián Krieger
Calixta Editores
Bogotá, septiembre de 2022
156 páginas

martes, 13 de diciembre de 2022

Soñar lo imposible: desafiando las miradas desiguales, de Paula Moreno

Este libro tiene cinco capítulos claramente definidos, el primero es un breve texto, a manera de introducción, en el que la autora, la exministra Paula Moreno, escribe desde Brasil. Narra un encuentro casual con una persona que, en medio de un diálogo cálido e inesperado, le da el impulso para sentarse a escribir este libro. Los tres capítulos siguientes son la esencia del libro: tres perfiles de líderes sociales que desde su quehacer engrandecen su entorno y transforman su comunidad.

El primer perfil es el de María Roa, oriunda de Apartadó y primera presidente del sindicato de empleadas domésticas afrocolombianas. Ese origen al lado del mar hace que la autora presente a María como un personaje de agua, que fluye y deja correr lo que le llega. María llegó a Medellín siendo aún muy joven, vivió la tragedia de Villatina y luego tuvo que devolverse para Apartadó, de donde había salido huyendo de la violencia que asesinó a su hermana mayor. Luego regresa a Medellín y allí, como empleada del servicio, empieza a indignarse por la inequidad y el maltrato, hasta formar el sindicato de empleadas domésticas, que hoy tiene más de 770 afiliadas.

El segundo perfil es la inspiradora historia de Rafael Palacios, quien creció en Copacabana, aunque siempre tuvo que oír la pregunta "¿de dónde vienes?" porque un niño negro no se presume oriundo de Antioquia. Rafael empezó a interesarse por la danza en las clases que su papá les daba en el colegio, pero antes de terminar el bachillerato decidió asumir la danza como profesión, cuando se ganó un cupo en el Ballet de Sonia Osorio. Allí se sintió incómodo con la folclorización del maltrato a indígenas y negros y decidió seguir explorando. Logró llegar a París, en donde se formó al lado de grandes maestras, y después de mucho recorrer decidió regresar a su raíz, a su tierra, y desde hace 25 años dirigie Sankofa, y grupo de danza afro en Medellin. 

El mar de María y la Tierra de Rafael se complementan con el fuego del padre Jhon Reina Ramírez, un hombre mestizo, con rasgos indígenas, que desde Buenaventura ha resistido todos los fuegos cruzados. Lideró el paro de 2017 y ha sido un bastión de resistencia y dignidad para su comunidad. 


El último capítulo es un texto breve, sobre el aire que representa el lector, en el que la autora invita a cuestionar qué es imposible y desde dónde cada cuál puede sumarse a la inclusión transformadora.

Algunas frases
una sociedad “paisa” con múltiples vestigios de épocas coloniales que hacía que, a sus hijos, a pesar de haber nacido allí, se les considerara —aún hoy— eternos migrantes y con ciudadanía parcial o relativa, que solo cuentan en época de elecciones. Después vuelven a ser extranjeros en su ciudad, aquella en la que nacieron y crecieron. Ese imaginario de una ciudad blanca-mestiza los pone afuera casi siempre, en la tercera ciudad afro del país. Los censos, bastante cuestionados, hablan de que uno de cada diez habitantes en esta ciudad es negro, y la mitad son mujeres (p. 54).

¿por qué sus jefes o “patrones” merecían criar a sus hijos y ella no? ¿Por qué, si sus jefes eran personas que habían ido a la universidad, no le pagaban lo justo? ¿Por qué, si eran tan inteligentes, la desigualdad no les incomodaba? Si yo cocino tus alimentos, ¿por qué no puedo comer de lo que cocino para ti, sino otra cosa? ¿Por qué debo usar otros platos y cubiertos, si yo misma los lavo y los mantengo limpios para ti? ¿Por qué me asignan el rincón más oscuro de la casa, y muchas veces ni siquiera una cama, sino el piso, o me obligan a compartir el espacio con las mascotas? ¿Por qué marcar estas diferencias si soy yo quien cuido de tus hijos y de ti? Cuando los empleadores presentaban a María, decían: “Le presento a María, trabaja para mí”. Ella se cuestionaba en su interior: ¿trabaja para mí o conmigo? ¿Era ella una posesión? (p. 56).

Hablamos de inclusión, como un parapeto para mantener los círculos bien cerrados e intacto el statu quo, sin querer asumir ningún riesgo y con muy poca voluntad para mejorar el punto de partida (p. 62).

Cuando me avisaron miré las noticias en redes sociales y me puse a llorar, con esa impotencia que se siente al saber que un solo disparo puede silenciar todas las palabras, borrar el registro de las miradas, suspender de forma definitiva los pasos y marcar un “hasta aquí” fulminante. (p. 129).

Buenaventura se convierte en ese espacio del que no puede escapar, porque sin él no existe para el mundo, pero su gente le estorba. Por esto, se quieren resolver los problemas creando consejerías en Bogotá, en almuerzos de empresarios de Cali o lanzando alianzas para el Pacífico en el Caribe (Cartagena), porque no se quiere —o les da pena— mostrar la capital natural de ese Pacífico que es Buenaventura. Nunca se le ha mirado a los ojos para ver su belleza, que no está en edificios lujosos ni pretenciosos, sino en un encanto más humilde, genuino y distinto (p. 150).

Como diría Sueli Carneiro, esa gran líder afrobrasileña, cuando le preguntaron sobre política: “Entre izquierda y derecha, yo sigo siendo negra (p. 151).

A quien mucho exige, mucho se le exige (p. 172)

A veces, cuando asisto a eventos de nuestras élites tradicionales, solo pienso: ¡qué falta de sofisticación y de sintonía con los tiempos actuales! Resuena en mi cabeza la palabra vanguardia: necesitamos liderazgos de vanguardia, que enciendan la imaginación, que actualicen los lentes, que usen otras lupas para ver mejor y anticiparse (p. 184).



Soñar lo imposible
Paula Marcela Moreno Zapata
Penguin Random House
Septiembre de 2022
200 páginas

sábado, 10 de diciembre de 2022

Develaciones, un canto a los cuatro vientos, de Sara Malagón Llano y otros

Develaciones, un canto a los cuatro vientos, fue una obra de teatro (un poema cantado) dirigida por Iván Benavides, Bernardo Rey y Nube Sandoval, y presentada en el Teatro Julio Mario Santodomingo de Bogotá el 5 de diciembre de 2021. La obra surgió por solicitud, promoción y estímulo de la Comisión de la Verdad, y particularmente de la comisionada Lucía González, una convencida de que el arte es un buen mecanismo para llevar el mensaje a públicos más reticentes y que además el arte colombiano viene enunciando desde hace rato las verdades dolorosas que encontró la Comisión de la Verdad.
El libro "Develaciones, un canto a los cuatro vientos", recoge la memoria del proceso de esta obra escénica: las fotografías que permiten a quienes no la vimos, hacernos una idea del montaje en escena, pero además, lo más importante, los testimonios de quienes participaron en el proceso y explican por qué fue transformador para ellos: los tres directores, el escritor Ricardo Silva Romero, el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, la comisionada Lucía González y varios de los bailarines, músicos, actores y colombianos relacionados con el conflicto y la resistencia,que fueron convocados para participar en este montaje, que trasciende lo escénico para convertirse en un ritual de duelo y sanación: el actor Andrés Parra, las madres de Soacha, víctimas de los falsos positivos, la guardia indígena (emberas de Riosucio, Caldas, y Nasa del Cauca), los jóvenes chocanos que bailan el ritmo "exótico", la Fundación Sauyee´pia Wayuu de Uribia, Kump Colombia, de Bogotá, Sakofa Danzafro, de Medellín; Semblanzas del Río Guapi, Tambores de Cabildo, de Cartagena, Tonada, de Barranquilla, y las tejedoras de Mampuján.


Este libro es un esfuerzo de la Comisión de la Verdad y la Corporación La Paz Querida, coherente con el propósito de construcción de memoria: así como se documentaron hechos victimizantes, dentro de la vigencia de la Comisión, este libro documenta una experiencia artística, creativa y sanadora, que dignifica a sus participantes y ofrece imágenes potentes y reflexiones para quienes no tuvimos oportunidad de ver un montaje quizás irrepetible, por llevar a más de 100 personas en escena, de distintas zonas del país, pero que gracias a este registro puede pervivir. 

Develaciones, un canto a los cuatro vientos
Sara Malagón Llano y otros
Editorial Penguin Random House
Bogotá, 2022
140 páginas


viernes, 9 de diciembre de 2022

Perros de paja, de Rigoberto Gil Montoya

Dice Wikipedia que Perros de paja es una película de 1971, dirigida Sam Pickinpah. En ella Dustin Hoffman intepreta el papel de David Sumner (no confundircon David Summers), un profesor estadounidense que se traslada con su esposa a una villa rural en Inglaterra, buscando huir de la violencia. No obstante, los vecinos en apariencia pacíficos comienzan a tener "comportamientos extremadamente violentos hacia ellos, desatando una impresionante venganza por parte de Sumner". Agrega Wikipedia que Perros de paja es una de las películas más representativas de esta época del cine en la que se empieza a hablar de la violencia gratuita en pantalla.

En Perros de paja, la novela corta de Rigoberto Gil Montoya, hay una voz que está contando esa película y por eso en distintas partes del texto aparecen menciones a David Sumner y Sam Pickinpah. Esa violencia de la película y ese relato cinematográfico se intercalan con otro plano narrativo, también violento y visual, que se ubica en el bario San Judas de Pereira, en donde un grupo de sicarios-traquetos-ladrones-malevos-compinches conversan, juegan billar, toman cerveza, roban y ven películas y cómics antes de caer muertos a tiros.

La novela reivindica la cultura popular y ofrece una cartografía precisa de una zona excluida de Pereira: aparecen el Río Otún, las calles y carreras que conectan al Otún con el centro de la ciudad, el barrio San Judas y algunos cines que existieron antes del auge de las salas de centro comercial. 

Ese mapa es el escenario en el que se mueven unos cuerpos también excluídos: jóvenes que sólo aparecen en las páginas rojas de los periódicos (nunca vimos por nuestras calles reporteros o periodistas, escribe el autor) y que viven con un vértigo de No futuro, que recuerda a "No nacimos pa semilla" de Alonso Salazar, o "El pelaíto que no duró nada", de Víctor Gaviria. El elemento diferencial que le imprime Rigoberto Gil es su mirada desde el humor, en tono de novela negra, en la que se construyen imágenes cinematográficas con un lenguaje muy cercano a la oralidad, que contrasta con los textos falsamente estilizados que aparecen firmados por el "Corresponsal" o en las cartas a "El diario". Esos diferentes registros le permiten a Rigoberto Gil construir en pocas páginas una aguda crítica al periodismo local y también a la sociedad que se niega a ver a los habitantes de estos barrios marginales. En ese sentido resulta revelador que sea precisamente Amelia, una mujer de clase alta que decide ir a fotografiar (a registrar, a documentar) lo que allí pasa, quien termine siendo la primera asesinada.


Algunas frases


La luna pareciera motivar la angustia de quien aún no junta las palabras para echar todos sus diez años de matrimonio a la mierda (p. 34).

A mí me late que Kalimán y Solín son cacorritos, se penetran el uno al otro, decía Coringa y no podíamos sostenernos de la risa (p.52).

De acuerdo con estadísticas oficiales, San Judas era el sitio del país donde más mulas se cargaban (p. 58).

Nunca vimos por nuestras calles a reporteros o periodistas que quisieran hablar con las familias afectadas. En las crónicas de las páginas judiciales se dejaba claro que a estos sectores era imposible entrar sin arriesgar la integridad física, pues si las autoridades no podían hacerlo, ¿cómo diablos lo iban a hacer ellos, cazadores de verdad, meros aficionados a los Superamigos del Salón de la Justicia? (p. 59).

Se trata de responder a una carta que la benemérita Madre Dorotea de todos los Santos, superiora de la Congregación Siervas del Santísimo, hiciera llegar al director de este medio informativo, preocupada como está, y, desde luego como lo estamos todos, de la grave ola de inmoralidad que ha estado atosigándonos, luego de que el anterior alcalde, señor Vergara, expidiera las respectivas licencias para que circulara sin ton ni son toda clase de literatura que, bajo el ropaje de los cómics o las aventuras, trae incitaciones a la violencia y, en particular, a las prácticas sexuales sin medida (p. 65).

Allí permiten que los chicos, aún sin cumplir la mayoría de edad, observen cintas tan censurables como Hazme rico; Encerrados en la habitación; El lechero amoroso; Revelaciones de un maniático sexual a la policía; Las aventuras eróticas del Zorro, y una serie de títulos bastante dicientes como para prohibir su exhibición en esta ciudad.

Perros de paja
Rigoberto Gil Montoya
Hoyos Editores
Manizales, 2007 (primera edición: Cine Club Borges, 2000).
78 páginas

Educar para la sostenibilidad de la vida, una mirada ecofeminista a la educación, de Yayo Herrero

Este ensayo escrito en lenguaje accesible para el público en general ofrece un repaso por el concepto de ecofeminismo, que entiende como algo más que la simple sumatoria de feminismo+activismo ecológico. A partir de experiencias concretas de organizaciones sociales, la autora invita a repensar la educación básica y superior, no sólo para "enseñar" sobre ecología sino para ofrecer una perspectiva transversal del currículo que le permita a los estudiantes desarrollar un pensamiento crítico que subvierta las estructuras económicas y sociales que han conducido al desastre ambiental.

En este orden de ideas el ensayo propone pensar e invitar a trabajar desde los principios de suficiencia (ni mucho ni poco), reparto y cuidado, así como desde el principio de reducción, y al final ofrece una serie de herramientas para lograr que colegios y universidades aterricen las ideas ecofeministas en la cotidianidad del aula de clase.


Algunas citas

 
El derecho al territorio, la autonomía, la soberanía alimentaria, el reconocimiento de los derechos de los diversos grupos de mujeres (indígenas, rurales, campesinas, urbanas, negras), los derechos sexuales y reproductivos, el autocuidado y el autoconocimiento, las nuevas visiones en el ámbito de la espiritualidad y la formación de las mujeres para el fortalecimiento de su participación política son algunos de los temas de su agenda desde finales de la década de 1980 hasta la actualidad (p. 27).
 
A pesar de las diferencias de enfoques, podríamos decir que todos los ecofeminismos comparten la visión de que la subordinación de las mujeres a los hombres y la explotación de la naturaleza son dos caras de una misma moneda y responden a una lógica común: la lógica de la dominación y del sometimiento de la vida a la lógica de la acumulación (p. 28)
 
Todos los cuerpos tienen necesidades que deben ser cubiertas para poder mantenerse vivos: alimentos, agua, energía, vivienda, cuidados, relaciones… Si un ser humano no tiene necesidades es porque está muerto. Por eso decimos que todos los seres humanos son vulnerables e interdependientes (p. 31)
 
El proceso educativo puede constituirse como uno de los ámbitos privilegiados para disputar una hegemonía cultural que prioriza el dinero por encima de las vidas. La educación es un lugar desde el que poder forjar gafas que permitan mirar el mundo desde otro modelo (p. 35).
 
A partir de los ochenta, el capitalismo mundializado ha «perfeccionado» los mecanismos de apropiación de tierra, agua, energía, animales, minerales, urbanización masiva, privatizaciones y explotación de trabajo humano. Los instrumentos financieros, la deuda, las compañías aseguradoras y toda una pléyade de leyes, tratados internacionales y acuerdos constituyen una arquitectura de la impunidad (p. 51)

el movimiento en defensa de la vivienda, contra los cortes de luz, el de las jornaleras en lucha o los «biosindicalismos» de las trabajadoras domésticas, por ejemplo, se construyen en torno a los imaginarios ecofeministas, que sitúan la subsistencia en buenas condiciones como una prioridad. (p. 53).

Cuando se analiza la procedencia de las mujeres migrantes que hoy cuidan de quienes son más vulnerables en casas, residencias, centros de día un otros dispositivos sociales, se comprueba que vienen de los mismos países de los que proceden las materias primas que sostienen materialmente las economías ricas. Se puede decir que las sociedades desarrolladas tienen contraída una deuda ecológica y de cuidados con las zonas que fueron colonizadas y que a día de hoy continúan siendo explotadas (p. 58).
 
Las mayorías sociales creen y sienten que, antes que agua, vivienda, luz, alimentos o cuidados, necesitan dinero. Y la creencia está tan asentada que se asume una especie de «lógica sacrificial».116 Si lo que se necesita es dinero, todo merece la pena ser sacrificado con tal de que crezcan la economía y el dinero (p. 80).
 
Vivir con lo suficiente es a la vez una obligación y un derecho. Obligación, porque hay personas que pueden y deben vivir con muchos menos materiales y energía. Derecho, porque hay otras que no tienen lo necesario para cubrir sus necesidades (vivienda, energía, cuidados, alimentos saludables, etc.) y tienen derecho a tenerlo (p. 90).
 
En un planeta físicamente limitado, en el que un crecimiento económico ilimitado no es posible, el bienestar para todas las personas se relaciona directamente con la distribución y reparto de la riqueza (p. 91).
 
En una escuela que permite la humillación no es posible aprender (p.113)


Educar para la sostenibilidad de la vida, una mirada ecofeminista a la educación
Yayo Herrero López
Ediciones Octaedro
Barcelona
Noviembre de 2022
172 páginas
 

martes, 6 de diciembre de 2022

Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei

"Pensamientos desde mi cabaña" es una reflexión personal y corta escrita en 1212 por un hombre que decide abandonar todo (gente, vivienda, ciudad) y retirarse a vivir como ermitaño en una cabaña pequeña en donde tiene un pequeño huerto, disfruta el atardecer y de vez en cuando dialoga y camina con un niño de 10 años.

El libro es una invitación budista (sin predicamento religioso) al desprendimiento, a la serenidad mental y la búsqueda de paz interior. El autor reflexiona sobre las posesiones, las riquezas y la serenidad que se obtiene desde aprender a desprenderse no solo de las posesiones materiales sino también de los apegos emocionales. 
 
Algunas frases

No sabemos de dónde vienen ni adónde van los hombres, tan sólo que nacen para morir. Tampoco sabemos por qué se afanan de esa manera en construir casas necesariamente tan frágiles que apenas perdurarán. (p. 30).


Sí, he tenido la desgracia deviviren un tiempo inmundo de extrema decadencia, obligado a ser testigo de escenas desoladoras (p. 41). 

Por lo que vi, creo que un terremoto es lo más terrorífico que puede ocurrir en el mundo (p. 44). 

Aun al hombre más valiente no le importa en lo más mínimo la opinión ajena cuando pierde un hijo (p. 44). 

La belleza de un paisaje no tiene dueño, de modo que cualquiera puede obtener consuelo con su contemplación (p. 54).

Solamente en una morada provisional como la mía logra uno estar en paz y libre de todo temor (p. 56).

El cangrejo ermitaño prefiere refugiarse en pequeñas conchas porque conoce muy bien su tamaño (p. 56).

Sólo busco la tranquilidad y el placer que me ofrece la ausencia de toda angustia (p. 57). 

He dividido mi cuerpo y le he dado así dos usos: mis manos son mis sirvientes, mis piernas mi vehículo, y ambos me responden de forma satisfactoria (p. 58).


Pensamientos desde mi cabaña
Kamo no Chōmei. Traducción de Kazuya Sakai. Prólogo de Natsume Soseki
Errata Naturae
Abril de 2018 (primera edición 1212)
Madrid, España
152 páginas


viernes, 2 de diciembre de 2022

Waldina Dávila: ser mujer y escritora en el siglo XIX, de Sandra Milena Trujillo Peña, Magda Liliana Barrero Vásquez y Franki Vanegas Tovar


“Waldina Dávila: ser mujer y escritora en el siglo XIX” es un libro valioso que entra a enriquecer el corpus investigativo creciente sobre mujeres escritoras en el siglo XIX en América Latina. En el caso colombiano la mayoría de los estudios biobibliográficos sobre autoras del siglo XIX se concentran en la vida y obra de Soledad Acosta de Samper, salvo algunos trabajos específicos y puntuales publicados en revistas especializadas.

Entre los aportes del libro está, en primer lugar, consolidar un relato biográfico completo sobre esta autora huilense, que incluye el contexto sociocultural en el que produjo su obra. En segundo lugar, los investigadores abordan un análisis de las obras literarias de Waldina Dávila, con énfasis en lo que significa “ser mujer” dentro de su obra. Waldina Dávila escribió el cuento "Mis próceres" (1890), las novelas El Trabajo (1884), La muleta (1892) y Luz de la noche (1892) y la obra teatral Zuma (1892), además de 44 poemas que este libro pone al alcance del público lector con una edición actualizada que entrega al final, a manera de anexo.

El libro es pertinente por su abordaje metodológico, por la información que ofrece y, principalmente, por proponer la investigación sobre una escritora que ha sido marginada de los estudios académicos. Independiente de la valoración estética sobre la calidad de su obra, la circulación y análisis de los textos literarios escritos por mujeres en épocas lejanas y que cayeron en el olvido evidencia un compromiso académico y político que permite la reformulación del canon literario regional y la emergencia de voces que desde el pasado pueden dar pistas para la comprensión del presente.

Waldina Dávila: ser mujer y escritora en el siglo XIX
Sandra Milena Trujillo Peña, Magda Liliana Barrero Vásquez y Franki Vanegas Tovar.
Editorial Universidad Tecnológica de Pereira
Pereira, 2021
300 páginas

martes, 22 de noviembre de 2022

Maruja Vieira. Creación y creencia, de José Luis Díaz Granados


Maruja Vieira es una de las grandes poetas colombianas.  Nació en Manizales en 1922 y al cumplir 90 años, en 2012, el Ministerio de Cultura le otorgó el premio Vida y Obra por su trayectoria literaria. Como parte del premio, el Ministerio le encargó al escritor José Luis Díaz Granados la escritura de este libro, que consiste en una biografía que repasa varios aspectos de la vida de Maruja Vieira: el origen de su familia, sus primeros años en Bogotá, su estancia en Venezuela, su matrimonio y la súbita muerte de su esposo, el poeta José María Vivas Balcázar, los premios recibidos y los libros publicados, entre otros datos.

El texto está acompañado de numerosas fotos personales y familiares, y al final trae una entrevista entrañable que le hace a Maruja Vieira el editor cultural de El Tiempo, Carlos Restrepo. Se trata entonces de un documento útil para acercarse a la vida y obra de esta poeta, escrito con un lenguaje claro y una intención informativa. 


El libro se encuentra disponible para descarga gratuita en el enlace: https://issuu.com/susanacarrie/docs/maruja_interno_web_peque/1  


Maruja Vieira. Creación y creencia

José Luis Díaz Granados

Ministerio de Cultura

Bogotá, 2014

107 páginas

lunes, 21 de noviembre de 2022

La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz



Óscar de León es un nerd negro, obeso, virgen, de familia dominicana que migró a Paterson, New Jersey, al frente de Nueba Yol. Lo dice así, lo escribe así y se siente así: al frente, al margen, viendo la vida pasar pero sin poder insertarse.

Óscar es el hermano menor de Lola. Los dos son hijos de Hypatía Beli Cabral y un padre ausente, que estuvo con su mamá menos de dos años. Beli es huérfana desde que estaba bebé: su papá, el médico Abelard Luis Cabral, fue detenido por Trujillo y murió en prisión, y su mamá Socorro Hernández Batista, murió arrollada por un carro. A sus dos hermanas mayores las asesinaron y entonces Beli fue vendida pero luego rescatada por La Inca, una prima de su papá. 


Esta constelación familiar determina los distintos narradores y períodos históricos que usa Junot Díaz para narrar La maravillosa vida breve de Óscar Wao. El autor utiliza pies de página, intertextualidad, referencias al cine, cómic, televisión (los Simpson, El planeta de los simios) a los libros de ciencia ficción (El señor de los anillos) y a una enorme cantidad de íconos de la cultura popular para acercar al lector al entorno de Óscar y de sus antepasados, con un lenguaje que muta según el narrador: desde la voz experimentada de La Inca, narrando desde República Dominicana los horrores de Trujillo, hasta la voz trabada de Yunior, el novio de Lola, que solo piensa en rapar (sexo) y que se burla de Óscar con una incorrección política que difícilmente puede pasar el filtro de la policía de la moral. 

El lenguaje carnavalesco, con un barroco tropical propio del Caribe, desarrolla con humor, abundancia e ingenio una vida trágica, marginal, ordinaria y con poco afecto, que sin embargo el título del libro presenta como "maravillosa". Que sea maravillosa o decadente es cuestión de ángulo: las vidas horribles también pueden contarse de forma maravillosa.

Algunas frases

Caminaba como si tuviera una campana por culo (p. 24). 

No hay nadie más opresor que el que ha sido oprimido (p. 33).

Era uno de esos nerds que usaban la biblioteca como escondite (p. 34). 

coño, ¿qué familia latina no se cree maldita? (p. 42).

Nunca son los cambios que queremos los que cambian todo (p. 59).

Los senos de tu mamá son inmensidades. Una de las maravillas del mundo. Los únicos que has visto más grandes se ven en las revistas pornográficas (p. 59). 

Temes las conversaciones con tu mamá. Siempre son regaños unilaterales (p 60). 

Cuando me sucedió lo que me sucedió a los ocho años y por fin le conté lo que él me había hecho, me dijo que me callara y dejara de llorar, y así lo hice (p. 63).

Era como todos los muchachos: hermoso e inexperto y, como un insecto, incapaz de estar tranquilo (p. 68).

La felicidad, cuando viene, es más fuerte que todas las muchachas insoportables de Santo Domingo juntas (p. 78). 

un malestar muy particular de Nueva Jersey: el deseo inextinguible de estar siempre en otro lugar (p. 81).

siempre dando vueltas, alérgica a la tranquilidad (p. 83). 

como ocurre muchas veces en estas situaciones, los muchachos de clase alta que ella tanto deseaba ni se enteraron de su existencia (p. 91). 

La sensación que la adolescencia reparte gratis y a toneladas: Vergüenza. 

al éxito le encanta tener testigos, pero el fracaso no puede existir sin ellos (p. 134). 

por mucho que viaje una mula, nunca se puede volver caballo (p. 157).

Me dio cuatro páginas de comentarios sobre un cuento de ocho (p. 164). 

Fría como Saturno (p. 171).

nunca se puede escapar. Jamás. La única salida está por dentro (p. 196).

algunas cosas (como la supremacióa blanca y el odio de la gente de color a sí misma) nunca cambian (p. 246).

Cuando uno tiene dieciéis años un cuerpo como este es gratis, pero cuando tiene cuarenta -¡pffft!- es un trabajo de tiempo completo (p. 265). 

uno de esos hombres muy malos que ni siquiera el postmodernismo puede explicar (p. 272).

lo que realmente lo sorprendió no fue el bam-bam-bam del sexo, sino las pequeñas intimidades que nunca en su vida había anticipado, como peinarle el pelo o bajar su ropa interior de la tendedera o verla caminar desnuda al baño o la manera en que se sentaba de repente en su regazo y ponía la cara en su cuello. Intimidades como escucharla hablar de su niñez y que él le dijera que había sido virgen toda su vida (p. 306). 

La maravillosa vida breve de Óscar Wao
Junot Díaz
Literatura Mondadori
2008
Barcelona
309 páginas

La buena letra, de Rafael Chirbes


En apenas 136 páginas, con letra grande y capítulos cortos que dejan en el libro muchos espacios en blanco, el español Rafael Chirbes construye en "La buena letra" una obra maestra, llena de melancolía y belleza, en la que lo que se insinúa es mucho más potente que lo que se muestra: Chirbes escribe una novela a partir de los silencios.

Al igual que Aura, de Carlos Fuentes, La buena letra es una novela narrada en esa forma extraña de la segunda persona del singular. Ana reconstruye su vida, o mejor, la vida al lado de su marido Tomás y la vida de la familia de éste, y hace el ejercicio de narrarla para contársela a su hijo, aunque en algún a parte dice que en realidad se la cuenta a sí misma. 

Ana habla poco de su familia, pero mucho de la de Tomás y, sobre todo, de Antonio, su cuñado, hermano de Tomás, quien estuvo preso durante la Guerra Civil y al recuperar la libertad llega a vivir con ellos, en una casa habitada por el miedo de ser rojos en medio de falangistas. En un ambiente de miseria, precariedad e incertidumbre, lentamente la familia recupera lentamente el ritmo vital e incluso Antonio vuelve a salir, a relacionarse, y se casa con Isabel. La relación entre las cuñadas Ana e Isabel marca el conflicto de La buena letra. 


Las diferencias de clases sociales, el arribismo, la fractura social que implica ser analfabeta, el matrimonio que se resquebraja y la vejez acompañada únicamente por la soledad de los recuerdos son algunos de los temas que atraviesan esta novela breve, escrita con un lenguaje claro y a la vez cargado de simbolismo, que obliga al lector a pensar en todo lo que el relato está dejando por fuera. 

Algunas frases
No es misión del tiempo corregir injusticias, sino más bien hacerlas más profundas (p. 10). 

Se trata, en su mayoría, de nombres que a ti nada te dicen y que sólo de vez en cuando has tenido ocasión de escuchar. Fueron mi vida. Gente a la que quise. Cada una de sus ausencias me ha llenado de sufrimiento y me ha quitado ganas de vivir (p. 21). 

Ni la muerte ni el miedo son limpios (p. 24). 

más que maldad, lo que tenía, lo que tuvo siempre, fue soledad (p. 39).

Los pobres seguimos siendo pobres aunque nos hagamos con dinero (p. 42). 

Empujábamos, ciegos y mudos, buscando sobrevivir, y a pesar de que nos dábamos todo unos a otros, era como si sólo el egoismo nos moviese. Ese egoismo se llamaba miseria. La necesidad no dejaba ningún resquicio para los sentimientos. Lo veíamos a nuestro alrededor (p. 49). 

recordaba las viejas canciones, no con desesperación, sino con una tristeza suave, la del tiempo ido; y los recuerdos no me mordían, sino que me calentaban y me humedecían los ojos con dulzura (p. 53).

Hay palabras que son de un vidrio tan delicado que si uno las usa una sola vez, se rompen y vierten su contenido y manchan (p. 68).  

Yo sólo sabía que no puede nombrarse lo que no existe. Y nada existía: sólo una certeza resbaladiza como un caracol, un aceite que se escapaba entre los dedos y dejaba manchas (p. 79). 

A tu hermana y a mí nos salvaba el cine de los domingos. Llorábamos con lo que les pasaba a los artistas del cine, y así ya no teníamos que llorar en casa (p. 82). 

Yo me decía que ahora no nos faltaba nada, pero ya había aprendido a desconfiar de la felicidad, que siempre se nos acababa escapando, y pensaba con frecuencia en qué iba a ser lo que viniera a romper el equilibrio de nuestras vidas, y sentía una enorme tristeza (p. 85). 

Por la tarde se sentaba a escribir cartas, y también unos cuadernos en los que anotaba -según ella misma me contó- canto le ocurría a lo largo del día. "Pero si, por suerte, no nos pasa nada", le decía yo, "¿de dónde puedes sacar tema para pasarte tanto tiempo escribiendo?" Nos reíamos las dos. (p. 89).

En cuanto las cosas se quedaban atrás, dejaban de ser verdad o mentira y se convertían sólo en confusos restos a merced de la memoria. No había nada que salvar. El tiempo lo deshacía todo, lo convertía en polvo, y luego soplaba el viento y se llevaba ese polvo (p. 103). 

Ahora no era suficiente la compasión, la entrega. La vida nos exigía algo más: otra cosa que no habíamos imaginado que iba a hacernos falta y que intuíamos que tenía que estar en algún lugar de nosotros mismos, pero que no sabíamos cuál era. Nos faltaba el plano que nos llevase hasta ese lugar secreto. Y vagábamos perdidos, sin encotnrarlo (p. 105). 

La buena letra es el disfraz de las mentiras (p. 133).

esta casa llena de goteras, con habitaciones que nada más abor para limpiar, y poblada de recuerdos que me persiguen (según vosotros), aunque yo sepa que también me identifican (p. 134). 

La buena letra
Rafael Chirbes
Editorial Anagrama, 2013 (primera edición 1992)
Barcelona
136 páginas


jueves, 17 de noviembre de 2022

Galería de muertes modernas, de Mario Armando Valencia


Galería de muertes modernas es un poemario en el que la palabra se potencia para construir imágenes que comuniquen reflexiones, estados emocionales y vivencias personales que trascienden la anécdota. La muerte, el amor, el lenguaje, la violencia son grandes temas literarios que atraviesan estas páginas, en las que aparecen como ráfagas los raptos líricos del autor:

Al lado de la sombra
está el otro lado, 
al otro lado
siempre está la luz.

El poemario está conformado por 38 poemas, que en su gran mayoría son versos libres de extensión variable, aunque en la penúltima sección hay algunos poemas en prosa. La obra está organizada en seis secciones: “Migraciones”, “Plegarias”, “Marinas”, “Parajes”, “Lengua de pájaros” y “Galería de fantasmas”. Los seis apartados que componen el libro proponen un viaje o tránsito por muertes que parecen despedidas, decadencias, viajes, abandonos, desamor, hasta la muerte final del niño, o la muerte y resurrección de un orgasmo. El dolor y el humor, la solemnidad y el sarcasmo concurren en este poemario que nombra calles, barrios y playas y, al mismo tiempo, se lee universal. Algunos poemas están acompañados, o mejor complementados, con fotografías tomadas por el mismo autor, que proponen una imagen visual que aterriza a un paisaje concreto la imagen poética construida.

Se trata de un poemario corto, bien diseñado, en el que la fotografía dinamiza visualmente la propuesta escrita. Popayán, Brasil, Cuba, las montañas y Manizales con sus lugares (Chipre, la Plaza de Bolívar, la Catedral, el Barrio Estrella y Villamaría desfilan en el poema “El último Concierto) aparecen en sus páginas, de manera a veces concreta y a veces ambigua: no es necesario haber estado en esos lugares para conmoverse ante las palabras escritas por Mario Valencia.

La luz de la playa, la luz del mar, y también la oscuridad de la noche, hacen parte de este misal pagano en el que Mario Valencia , en su poema “A todos los santos poetas” le reza a San Julio Cortázar, San Rafael Chaparro Madiedo, San Andrés Caicedo, San Reinaldo Arenas, San Raúl Gómez Jattin, San Roberto Arlt, Santa María Luisa Bombal, San Roque Dalton y San Roberto Bolaño, a quien de manera expresa le implora:
¡Sálvame de los escritores como Octavio Paz!

El humor, la ironía, la desacralización del gesto poético, son sin duda uno de los rasgos más entrañables de este libro, que ojalá encuentre sin afán a sus agradecidos lectores.


Algunos versos

Del poema: Canto de las velas número dos

Al lado de la sombra
está el otro lado,
al otro lado
siempre está la luz.



Del poema “Un jugador en la quince de Noviembre”

quizás me quede el camino de un perro
que se detiene a orinar
en una de las dos columnas jónicas
de la academia de letras


Del poema “El sol en la ventana del morro de las piedras”

debilidad es solo la palabra que se dice
para nombrar la forma triste de la fuerza.


Del poema “Ciudad jardín de las hortensias”

Felicidad
e infelicidad,
solo son estaciones.



Del poema “El otro”

Al lado de un amor
siempre vive otro amor



Galería de muertes modernas
Mario Armando Valencia Cardona
Editorial Ojo con la gota de TiNta
Popayán, 2018
97 páginas

domingo, 6 de noviembre de 2022

A puerta cerrada, de Mario Hernán López Becerra

Después de la mitad del libro escribe su autor esta explicación: "Para escapar de las nostalgias de la noche y de las pesadumbres del confinamiento, por sugerencia de mi hijo Juan Camilo escribí notas diarias (escolios, los llama Carlos Vélez; poemas, los rotula PabloVommaro; crónicas, William Hernández; columnas, Alicia Jaramillo; escritos, Dolman Rubio; Reflexiones, Alfredo Sarmiento), elaboradas a manera de pequeños registros indoloros del confinamiento. Han sido textos hechos para evocar los sonidos y ruidos de las cantinas mientras pasa el mal tiempo".

El mal tiempo al que se refiere es la pandemia por covid-19 y el confinamiento generalizado que declararon las autoridades en distintos países y que en Colombia comenzó en marzo de 2020. La multiplicidad de vocablos para explicar el ejercicio narrativo dan cuenta de la dificultad de asir en una sola palabra los textos que escribe Mario Hernán, en los que con brevedad y sensibilidad identifica emociones, imágenes y situaciones que emergen a raíz de la anomalía cotidiana provocada por el virus. Yo los llamaría "postales", aunque también podría denominarlos "colcha de retazos": son fragmentos tejidos de manera artesanal, con distintos colores y matices; algunas páginas reciclan textos publicados y otras corresponden a escritos fruto de la pandemia, pero todos tienen el elemento común de arropar al autor y también al lector, en medio de la crisis sanitaria. 


El libro está dividido en cuatro partes: "Cuando un virus llama a la puerta"; "Crónicas en pandemia: primera temporada", "Toque de queda: segunda temporada" e "Historias con cotros", que recoge textos escritos antes de la pandemia y publicados en Quehacer Cultural, Aleph y otras revistas. En general se trata de escritos en los que las reflexiones del autor sobre la pandemia, la geopolítica y la economía se mezclan con asuntos cotidianos como el gato, el vecino tendero o los teatreros, sin que resulte forzada la mezcla. El ejercicio que propone Mario Hernán consiste en últimas en aterrizar sus reflexiones académicas en el mundo que observa a través de su ventana, con odas a la amistad y a la música y los libros que le permiten sobrevivir al encierro. 

Algunas frases
El libro que el lector tiene ahora en sus manos recrea escenas que emergieron antes y durante el tiempo del confinamiento, atravesadas por las emociones de la vida (p. 17).

Dicen que un gato es todos los gatos (p. 35).

El pensamiento conspirativo —de peculiar aceptación académica y política— ahorra interpretaciones, moviliza voluntades y es abono efectivo para sembrar el odio como estrategia para alimentar y mantener poderes autoritarios (p. 38).

El país es raro y bipolar: mientras en la pandemia un sector de la sociedad busca fórmulas individuales o comunitarias para hacer menos dura la vida de los otros, algunos muy acomodados aprovechan la ocasión para sacar a pasear una elegante y bien vestida aporofobia (p. 40). 

al envejecer, el tiempo parece transcurrir más rápido: hay menos emociones intensas para fijar en la memoria (p. 47).

El tango ha sido expresión cultural igualadora en una sociedad clasista. Resulta curioso que la música porteña haya tenido tanta acogida en una ciudad pudorosa, encaramada en la zona central andina colombiana (p. 50).

El mejor homenaje que se le puede hacer a un amigo muerto es convertirlo en fantasma (p. 60). 

Mientras los científicos de sesenta laboratorios en el mundo corren para producir vacunas y tratamientos eficaces contra la pandemia, los vecinos del barrio organizan procesiones y rezan rosarios a todo volumen, combinando las formas de lucha para contener el virus (p. 68).

Al lado de zapatos cómodos
—reza un manual de góndola
la conversación es una de las cinco fórmulas probadas
en la alquimia de la felicidad (p. 75).

En los tiempos que corren en Colombia, el arte y la creación pueden contribuir a anunciar otras maneras de vivir (p. 97).

La fórmula más efectiva para mantenerse en el poder es sembrar desconfianza, administrar los conflictos y ver a los otros como extensiones del Yo. Asumir la vida en común como simple extensión del mercado provoca banalización, depresión y cansanció: la amistad es un antídoto (p.98). 

A puerta cerrada
Mario Hernán López Becerra (Fotografías de Carlos Pineda Nuñez)
Imageprinting
Manizales
abril de 2022
108 páginas




Salvo mi corazón, todo está bien, de Héctor Abad Faciolince


En Medellín hubo un cura que se llamó Luis Alberto Álvarez Córdoba, que escribía crítica de cine en El Colombiano, fundó la revista Kinetoscopio y murió a los 51 años durante una cirugía al corazón. Este personaje, querido por muchos, es la base que le sirve a Héctor Abad Faciolince (Héctor Joaquín es su nombre completo) para escribir Salvo mi corazón, todo está bien, una novela sobre Luis Córdoba narrada por Lelo, su compañero de sacerdocio durante más de 20 años, quien se pone en la tarea de apuntar memorias y recuerdos sobre Luis o El Gordo, estimulado por Joaquín, un amigo escritor que está enfermo del corazón y quiere escribir algo sobre el cura muerto. 

Este juego de ficción y realidad, de narradores y personajes vivos y muertos es el andamiaje a partir del cual Héctor Abad Faciolince escribe una novela que se lee también como una oportunidad personal para saldar asuntos pendientes: por un lado, ratificar su ateísmo y su desprecio por algunos jerarcas de la iglesia pero, al mismo tiempo, exaltar la figura de un cura bueno y a través de él la de los católicos creyentes e inteligentes, como su devota mamá, quien falleció recientemente. La novela es también la oportunidad de plasmar reflexiones y conocimientos alrededor del corazón, la falla cardiaca, los transplantes y sus riesgos, ya que no solo el protagonista de la obra sufre del corazón: el mismo autor escribe esta novela en vísperas de una cirugía de corazón abierto. Por otro lado, después de la publicación de Lo que fue presente, los descarnados diarios en los que Héctor Abad Faciolince desnuda sus infidelidades y su vida conyugal con la esposa que decide abandonar, esta novela se lee como una reivindicación de esa esposa abandonada, que acá se llama Teresa y que se presenta como una mujer culta, amorosa e injustamente tratada por su exmarido. 

Más allá de las necesidades personales del autor por reivindicar, aclarar o ajustar cuentas, la novela es el regreso del autor al campo de la narrativa de ficción, con Medellín como escenario de la trama y con la muerte como horizonte permanente. Sospecho que para lectores extranjeros la novela puede resultar en algunos apartes pesada, por la cantidad de referencias a la Iglesia Católica local, y porque algunas disertaciones sobre la religión están más cerca de la columna de opinión que de la literatura. En este sentido es un texto irregular, con algunos capítulos mejor logrados que otros. Dudo, eso sí, que a la Iglesia le guste esta novela, aunque se trate de un cura bueno: que el cura se enamore y tome la decisión de dejar el sacerdocio y vivir plenamente su sexualidad es también una declaración de principios porque da a entender que no es posible congeniear la vida religiosa y la bondad espiritual con el celibato. 


Hay un elemento de la novela que resulta notable y al mismo tiempo estremecedor: la irrupción de la muerte. La manera en la que se presenta un personaje enfermo pero vital, lúcido, con buen apetito, buen humor y en plena capacidad mental, que se entrega confiadamente a la anestesia y la ciencia médica. El terror del quirófano aparece en este libro detallado con precisión quirúrjica. No se le llama homicidio, pero es increible la mansedumbre con la que tantas personas acuden a la cita con su verdugo. 

Algunas frases
Hay que tener en cuenta que cualquier relato, cualquier película o cualquier novela, si se alarga lo suficiente, terminaría siempre de la misma manera, con la muerte de sus protagonistas e incluso de su mismo narrador (p. 20).

el final malogrado de una vida consiste en que esta se termine antes de tiempo (p. 20). 

Envejecer es duro, y mucho más para las actrices, casi ninguna envejece bien (p. 25).

el juicio estético es siempre precario e irremediablemente dudoso, inseguro, nunca definitivo y totalitario como la sentencia final de un juez supremo o de un Papa infalible (p. 55).

Luis me preguntaba si no serían los suicidas por completo inocentes al cometer su último acto, dictado por alguna extraña conexión neuronal o por un exceso o una carencia de neurotransmisores (p. 67).

A veces en la religión que profeso les pedimos mucho, quizás más de lo que pueden dar, a estos dos conceptos: el libre albedrío y la voluntad (p. 68). 

El arte, la belleza son una guerra declarada a la brutalidad y al desamor (p. 85).

Lo verdaderamente misterioso no es la enfermedad ni el mal, sino la salud, la bondad y la belleza (p. 85).

Lo único bueno de envejecer es que desaparece ese angustioso y terco e insaciable apetito sexual (p. 87).

Los agustinos recoletos tenían, quizá tengan aún, su seminario cerca de Manizales, en la vereda La Linda (p. 89).

La dictadura del amor uno la acepta con mucho gusto (p. 122).

En este país lo que más falta son padres (p. 127).

El mejor negocio que puede hacer un hombre es casarse con una mujer. Solo nosotras somos capaces de un sacrificio casi místico por amor (p. 130). 

El mismo viejo truco de poner nervioso al inferior, haciéndolo esperar (p. 141).

El problema de ustedes los paisas, don Luis, empieza por una cosa muy simple: por el miedo al cuerpo. Les da pena estar desnudos (p. 155). 

un sueño como aquel que solo experimentamos cuando estábamos muertos todavía, antes de nacer (p. 157).

tenía una belleza más discreta, menos llamativa, que no se le notaba tanto cuando estaba vestida (p. 159). 

No es verdad que el amor entre por los ojos; el amor entra por la boca (p. 161).

La tragedia de los malos cuando nos hacen una maldad es que esa maldad se convierte, tarde o temprano, en nuestra misma redención (p. 169). 

no le gustaba la pornografía porque para él ver gente teniendo sexo sin amor era como ver parejas bailando, pero sin música. El baile sin música y el sexo sin amor le resultaban toscos, ridículos (p. 183). 

lo que tiene es pereza, o miedo a no ser capaz de escribir un buen libro con este tema tan incorrecto para nuestra época: un cura bueno (p. 184).

Al volverlo a ver el amor real era mucho menos interesante que el amor que había idealizado (p. 190). 

Si todos fuéramos perfectos, nadie necesitaría a nadie. Cada carencia implica que alguien suple esa carencia y la mejora y la hace menos honda (p. 213). 

La vida es bella porque es siempre un borrador (p. 214). 

es el sexo el que todo lo baraja y lo complica. El sexo, por ejemplo, es un gran generador de celos (p. 217). 

El paraíso, insistía, tan solo puede ser temporal, intermitente, porque si no se vuelve como un postre perpetuo o un eterno domingo (p. 218). 

Hay sin duda dulzura y suavidad cuando se entra a formar parte de una familia; salir de ella, en cambio, es siempre una experiencia desgarradora, sobre todo cuando hay niños (...) Hace falta entusiasmopara entrar, pero tiene que sobrar valentía  -a veces maquillada de indolencia y cinismo- para irse (p. 223). 

Le gustaba también, y mucho, la forma en que educaba a sus hijos, más concentrada en estimular lo que estaba bien que en censurar lo que no le gustaba (p. 226). 

con los honores no hay nada que hacer. Uno queda mal si los recibe, y queda mucho peor si no los recibe. Y yo prefiero parecer bobo que arrogante (p. 238). 

Tengo miedo de lo que el presente, cuando sea pasado, me hará en el futuro (p. 268).

Anulé en mí la inteligencia, el análisis, y me dediqué a ser ingenioso (p. 274).

La verdadera dicha es una familia, vivir en familia (p. 286).

Últimamente los curas, y hasta el Papa, no hacen otra cosa que pedir perdón con humildad por todos los errores de la Iglesia en la historia, y cuanto más perdón piden, más los atacan y desprecian (p. 313). 

oigo lo que dicen esos cristianos evangélicos y siento una gran añoranza por los curas católicos (p. 314). 

La anestesia produce un sueño muchísimo más profundo que el sueño profundo, del cual, a los que sobreviven, no les queda ni percepción del tiempo transcurrido ni recuerdo alguno. Es la nada total, la nada de la muerte (p. 331). 

La muerte no le ocurre a quien se muere, que ni cuenta se da, sino a quienes quedamos vivos. La muerte es un asunto de los vivos y no de los muertos porque solo los vivos la sentimos y padecemos (p. 339). 

La muerte es todo aquello que se trunca y no podrá ser (p. 340). 

Quisiera tener el consuelo de creer en la resurrección, pero, aquí entre nos, no siempre creo en ella. Hay días en que sí y noches en que no (p. 341).

Paraeso nos juntamos; por eso somos seres sociales, no para sufrir, sino para disminuir el sufrimiento y, si se puede, aumentar la felicidad (p. 347).

Salvo mi corazón, todo está bien.
Héctor Abad Faciolince
Editorial Alfaguara
Bogotá
Octubre de 2022
360 páginass