viernes, 30 de marzo de 2018

Gabo periodista, antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez. Edición de Héctor Feliciano

En "Viaje a la semilla" la biografía autorizada de Gabriel García Márquez escrita por Dasso Saldívar, el autor señala que Gabo muchas veces confesó que "los años más fructíferos y deslumbrantes de su vida habían sido los tres o cuatro que pasó con sus amigos en aquella ciudad". Se refiere a a sus amigos del Grupo de Barranquilla en sus inicios como periodista. Por ello, Héctor Abad Faciolince señala en su ensayo para "Gabo Periodista" que "es extraño que no se lean con más cuidado sus columnas de entonces, los casi cuatrocientos artículos que escribió frenéticamente y varias veces a la semana durante los mil días que pasó en Barranquilla".

Gabo periodista es un homenaje de 512 páginas a la faceta periodística del Nobel García Márquez. El libro es rico en imágenes, tiene una diagramación generosa, que le permite incluir faccimiles de textos originales, fotografías de archivo y frases a manera de destacados que ocupan páginas completas.

El editor Héctor Feliciano, presenta la obra en su introducción y luego viene un texto histórico escrito por Gerald Martin. A continuación, el libro se despliega en textos originales de Gabo seleccionados por distintos periodistas y luego de cada paquete de artículos viene un ensayo o comentario escrito por el seleccionador: Héctor Abad Faciolince, Juan Villoro, Sergio Ramírez, Joaquín Estefanía, Martín Caparrós, María Jimena Duzán, Alex Grijelo, Jon Lee Anderson, Antonio Muñoz Molina, Alma Guillermo Prieto, Teodoro Petkof, María Elvira Samper, María Teresa Ronderos, José Salgar y Jean-Francois Fogel. Al final el editor Feliciano remata con una entrevista difícil a la parca Mercedes Barcha, y el libro se cierra con un epílogo de Jaime Abello.

Una antología construida por distintos autores puede tener textos desiguales, y así mismo es desigual la calidad y profundidad de los ensayos que los acompañan. Pero el conjunto de la selección permite hacer un recorrido por la cronología periodística de García Márquez, que él mismo la definió en los siguientes términos: "A los diecinueve años —siendo el peor estudiante de derecho— empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso".

La selección incluye textos desde 1948 en El universal de Cartagena, de 1950 a 1952 en El Heraldo de Barranquilla (las famosas "jirafas"), de 1955 a 1958 en El Espectador, en donde empezó a escribir reportajes, de 1958 en Cromos, de 1969 en la revista Momento, de Caracas, de 1959 en Cromos, de 1961 en la revista Novedades de México, de 1974 a 1978 en la revista Alternativa, de Bogotá, en la que se considera su época de mayor militancia política: de 1980 a 1987 en El Espectador y El país, y de 1999 en Revista Cambio. Entre los textos seleccionados está el primer capítulo de Noticia de un Secuestro, un fragmento de Relato de un Náufrago, el caso de Wilma Montesi, un aparte de la crónica De viaje por los países socialistas y sus perfiles sobre Hugo Chavez y Shakira, entre otros. Curiosamente el libro no incluye algunos de los textos periodísticos más famosos de García Márquez como La marquesita de la Sierpe, Caracas sin agua y el reportaje que escribió para El Espectador sobre manifestaciones en el Chocó (aparece un faccimil de la primera página del texto, pero no el texto completo).

Se trata de un libro útil para periodistas y lectores de la obra de García Márquez, pues su lectura lleva necesariamente a una conclusión: buena parte del universo narrativo que le dio fama a García Márquez por su obra de ficción tiene su semilla en su estética periodística: en los temas que elige y el lenguaje que utiliza.


Gabo periodista. Antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez.
Edición de Héctor Feliciano
Fundación Nuevo periodismo Iberoamericano FNPI
Cartagena, 2012
512 páginas

El orden de la libertad, Mauricio García Villegas

 El escudo de Colombia dice "libertad y orden". El abogado Mauricio García Villegas explica en este ensayo ameno, escrito en un lenguaje al alcance de todo el mundo, que esa "y" ha sido una falacia: los conservadores han optado por el orden, la izquierda por la libertad y ha sido hasta ahora imposible un sistema político que le dé a Colombia ambas cosas: libertad y orden.

El ensayo parte de una premisa y es que en Colombia mucha gente desobedece muchas normas con facilidad. Con base en esta hipótesis la pregunta que se hace el autor es "¿por qué?". Se refiere a normas que van desde el respeto por las señales de tránsito hasta el pago de impuestos y que generan un clima general de "desorden" ante la norma.

Las razones que el autor da son varias: la tradición cristiana del pecado y la confesión, tan arraigada en nuestra cultura, lleva a pensar que el que peca y reza empata. Hay también una ineficacia del Estado para hacer cumplir las normas, y poco interés de algunos individuos en cumplirlas, cuando saben que los demás no lo hacen.

El autor señala que la Constitución de 1991 es la mejor que ha tenido Colombia pero cuestiona instituciones como la tutela o la elección popular de alcaldes, pues se han convertido en instrumentos de concentración de poder por parte de criminales en zonas donde el Estado es débil, es decir en muchas regiones del país. También cuestiona a los programas de derecho (llenos de profesores que son litigantes y enseñan desde esa óptica del negocio) y considera que el Estado es el primer "incumplidor" de normas en Colombia.

Sin embargo la crítica más severa es para la izquierda, que ha dejado de lado la reflexión relacionada con el orden y con la moral, por considerar que son discursos de derecha, y ese vacío ha permitido que se afiance no solo la derecha sino particularmente el discurso de iglesias cristianas en tantas regiones del país, con una mezcla de religión y política bastante explosiva.

Un libro pertinente, claro, completo, ameno y provocador, útil en medio de las coyunturas electorales que vive Colombia, y que se repiten cada año.


Algunas frases
"Una sociedad como la nuestra (como las de América Latina) en donde se toleran altos niveles de incumplimiento y desorden, está abocada a padecer calamidades colectivas (...) cuando un porcentaje importante de individuos no está dispuesto a ceder parte de la libertad que tiene para cumplir o no con reglas básicas de comportamiento, se produce un déficit social de coordinación y de regulación (un desorden) que afecta a la sociedad en general y por esa vía a esos mismos individuos incumplidores".

"La misma elección popular de alcaldes ha alimentado un populismo sin Estado que ha sido causa, en muchas regiones periféricas de Colombia, de la cooptación de instituciones locales por parte de organizaciones criminales".

"Es posible hacer una defensa del orden que no caiga en la visión autoritaria que invocan los conservadores (...) Durante siglos hemos estado empeñados en espantar el fantasma del tirano, pero en esa lucha hemos minimizado los efectos terribles de la falta de instituciones eficaces que proporciones orden, seguridad, paz y tranquilidad a la gente".

"Si pecar es algo que le puede pasar a cualquiera ¿cómo no habría de ser el juez condescendiente con el delincuente? La anuencia con el pecado se traducía en actitudes magnánimas, tanto de las autoridades como de las víctimas con respecto a los violadores de normas. Mientras el católico valoraba la misericordia y el perdón, el protestante era frío e inclemente ante la infracción (...) mi hipótesis es que la confesión, implantada en el corazón de la vida social hasta mediados del siglo XX, banalizó el pecado, flexibilizó el sistema normativo y relativizó la autoridad de los confesores.

"Desde el punto de vista comunicacional (la norma crea imágenes de justicia, igualdad, libertad, paz, etc) la eficacia del derecho es muy grande. El derecho es ante todo lenguaje. Dado que los textos jurídicos, como todo lenguaje, producen imágenes den las personas a las cuales van dirigidos, los efectos políticos de esas imágenes sobre la justicia, la paz, etc, son tan importantes como los otros efectos, los consagrados en las normas".

"Mientras más incapaz es el Estado de proveer orden social a partir de instituciones operantes y eficaces, más apremiante es la necesidad de orden y seguridad y más dispuestos están los ciudadanos a acoger cualquier propuesta política que ofrezca esos bienes. La incapacidad del Estado es la gran incubadora de las propuestas autoritarias de orden y seguridad que, de manera recurrente, se ofrecen en el continente y que vienen de todas las posiciones del espectro político, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, pasando por el centro y por todo lo demás".

"El patriotismo es el parroquialismo del Siglo XX".

"la facilidad del perdón católico fomentó el incumplimiento de reglas y el deterioro de la autoridad, lo cual, a su turno, creó un ambiente de desconfianza entre los individuos. Así las cosas, tenemos sociedades en donde, paradójicamente, se perdona tanto como se desconfía".

"Nuestra historia transcurre entre un liberalismo que menosprecia el orden estatal y un conservatismo que desdeña la libertad social".

"Creo que hay que recuperar para la democracia (para la izquierda y para los liberales progresistas) los temas del orden, de la moral, de la estética, de la cultura, de la planeación y de la seguridad. 


El orden de la libertad
Mauricio García Villegas
Fondo de cultura económica
Bogotá, 2017
254 páginas


miércoles, 28 de marzo de 2018

Una y muchas guerras, de Alonso Aristizábal

Risaralda, la obra publicada en 1935 por Bernardo Arias Trujillo fue considerada "La novela del Gran Caldas" en el Siglo XX, hasta que en 1985 Editorial Planeta publicó Una y muchas guerras, de Alonso Aristizábal.

Los rankings o escalafones sobre las mejores novelas de la década, o de la literatura caldense, o de la literatura de la violencia resultan odiosos por las exclusiones que hacen, pero en todos ellos figura con sobrados méritos la primera novela de Alonso Aristizábal, que leída más de 30 años después de haber sido publicada resiste muy bien el paso del tiempo, quizás porque, por tratarse de una novela histórica, el autor fue consciente del reto que tenía para construir un texto verosímil sobre una época pretérita, y esa reconstrucción del pasado quedó tan bien armada que sigue sólida aunque pasen décadas.

El relato se ocupa de Rubelio Aristizábal, su esposa Sola, sus hijos, sus padres y su vida en Pensilvania a mediados de los años 30. Un primer valor de esta novela es recordarle al lector que antes de La Violencia desatada en 1948 con El Bogotazo ya había violencia, y mucha, entre liberales y conservadores. Pero el autor no se ocupa de los muertos sino del miedo en el que viven los vivos: zozobra porque los pueden matar y angustia por la precariedad económica que implica vivir en un pueblo en el que el gran empleador es el Estado y la Alcaldía puede cambiar de bando en cualquier momento.

En la obra de Aristizábal hay zaguanes, aguapanela, chuchas que corren sobre los zarzos, mujeres que rezan el rosario e hijos que sueñan con ser monaguillos. Hay una vida anterior a la radio, la televisión y el teléfono, en la que la prensa escrita es la que conecta la cotidianidad con el mundo que hay más allá de las montañas. Hay mulas, cafés, aguardiente, billares, gallos y peleas. Hay discursos, tedio y miedo. Mucho miedo de puertas para adentro en una época en que la filiación política y la religión marcan el destino familiar.

Hay también un contraste narrativo entre la vida en Pensilvania y la vida posterior en Bogotá, una urbe que aparece antes y después del Bogotazo. Bogotá se presenta como una ciudad hostil, dura para el inmigrante, con un clima frío y una vida más costosa y limitada que la que se tiene en los pueblos.

La prosa de Alonso Airstizábal es cuidada. En su relato aparecen sombras y espectros que evocan a Rulfo, pero también hay homenajes a otros autores clásicos, empezando por Virgilio, alter ego del autor, que evoca a Dante.

Algunas frases
¡Muévanse eternidades!

Este es un pueblo miserable donde la gente no está pensando sino en matarse los unos a los otros.

Tenían el rostro amargo del que hace una guerra

Interminable como un mareo.

(cuando casó a la hija) con certeza comprendía que aquél era el primer día de su vejez.

Concluyó que cada cosa tiene su historia y que cada lugar u objeto guarda un pasado.

La sucesión infinita de instantes iguales a cajones vacíos.

Él se negaba a terminar el libro en el cual leía uno de esos pasajes deslumbrantes por los que se puede cambiar el mundo.

Por ello prefería no compararse en fotografías porque no se encontraba consigo mismo, sino con todos los hombres que había sido.

Los hijos nacen con dolor, no hacen más que dolerle a uno cuando crecen y le duelen y lo matan cuando se van de la casa.

Penas como silencios discurriendo por sus venas. 

Y hablaba solo para decir que aún no entendía por qué la gente tenía que abandonar los pueblos.

Insistía en mostrar un rostro amargo y casi bohemio de los que no toman trago sino que se emborrachan a costa de sentimientos.

Escribir es revivir a sus papás en el fondo de los años.


Una y muchas guerras
Alonso Aristizábal Escobar
Editorial Planeta
Bogotá, 1985
233 páginas

La muerte en la calle, de José Félix Fuenmayor

Dicen que en La Cueva, el lugar de reunión del Grupo de Barranquilla, Alvaro Cepeda Samudio se encargaba cada tanto de recordarle a sus contertulios (Gabriel García Márquez, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Alejandro Obregón) una verdad que todos daban por sentada: "todos venimos del viejo Fuenmayor."

El viejo Fuenmayor era José Félix, el papá de Alfonso, quien nació en Barranquilla en 1885 y murió en 1966, antes de que su volumen de cuentos "La muerte en la calle" viera la luz. Otra novela suya, Cosme, publicada en 1927, es para algunos la primera novela urbana en Colombia.

Los cuentos de La muerte en la calle son una especie de curiosidad: hoy se leen como los textos que escribía un maestro de maestros. Han pasado más de 50 años desde que  el viejo José Félix escribió estos cuentos, y hoy el género se ha enriquecido de la narración cinematográfica, de técnicas y de oficio. Por eso, quizás, resulta difícil juzgar estos cuentos desde la mirada contemporánea.

No obstante, en estos 13 cuentos hay elementos recurrentes que permiten intuir un interés poético del autor: protagonistas que son seres anónimos, desposeídos y humildes, escenarios que aluden a casas y calles de pueblos del Caribe, y no al entorno rural que era común en la cuentística que precedió a Fuenmayor, un interés marcado por resaltar el habla local y por mezclar lo religioso con lo mítico popular, y una presencia fuerte de la muerte como posibilidad narrativa.

Algunas frases:
-Y qué es mejor, Temístocles: la aritmética o la gramática.
-La gramática, porque lo tiene todo. La gramática es primero que todo. La palabra con que Dios creó el mundo, es gramática.

Yo no he conocido muchacho bueno ni perro malo.

En comer y comer a poquitos y a cada rato en todo el día golosinas y pedacitos de cualquier cosa había encontrado su vejez la felicidad.

El tiempo hay que llenarlo: es una ley de la que nadie escapa; y observarán ustedes que mientras a las personas con ocupaciones les es fácil cumplirla, para los desocupados resulta muy ardua la empresa- y realizarla es meritorio, debemos reconocerlo. Matar el tiempo es otro modo de expresar aquella ley.

Nada existe más veloz que el pensamiento.


La muerte en la calle
José Félix Fuenmayor
Editorial Santillana, 1994
Primera edición: 1967
Bogotá
180 páginas

Un mundo huérfano, de Giuseppe Caputo


Un hijo sin nombre y un padre sin nombre viven al final de una calle oscura ubicada en una ciudad también sin nombre en un país que puede ser cualquiera. Están entre el cielo, el mar y la ciudad que los excluye. Entre ellos y su mundo precario, lleno de estrecheces económicas e incertidumbre, solo se nombra el amor: "te amo papi" y "para que recuerdes que hay luz, que hay cariño", son expresiones que se dicen estos dos seres que a partir de ilusiones, dibujos y afecto construyen una burbuja amorosa que los protege de la inmundicia exterior.

Un mundo huérfano, la primera novela de Giuseppe Caputo, ocurre de noche y ese juego entre la luz, la oscuridad y las sombras crea metáforas poéticas en un libro que, al igual que la noche, es más lo que insinúa que lo que deja ver.

El texto está compuesto por seis capítulos de extensión desigual que giran, cada uno, en torno a un asunto puntual: hay uno para el sexo virtual entre hombres, otro para la muerte, uno más para la casa, y así, hasta construir un mundo complejo y completo, que no se arma de manera lineal sino circular. El manejo del tiempo dentro del texto va hacia adelante y hacia atrás, de manera que el lector puede jugar con el autor a armar la constelación o el rompecabezas que significa este mundo huérfano.

Hay en esta novela una celebración de la mariposa, del hombre mariposa que usa lentejuelas, alas, que no se esconde y al contrario hace de su cuerpo y sus gestos una reivindicación. Hay también un trasfondo muy violento, de una sociedad que no acepta mariposas que vuelen libres: una represión que se expresa en la burla, en el señalamiento, pero también en la muerte.

En 1992 Fernando Molano escribió Un beso de Dick, una novela icónica sobre el amor homosexual adolescente, y en 2003 Alonso Sánchez Baute publicó La maldita primavera, que con humor y música popular narra la soledad y la incomprensión del mundo gay, al tiempo que presenta una cartografía definida de distintas zonas de Bogotá. La exploración de Un mundo huérfano es otra vuelta en la tuerca, con una narrativa más éterea: "vuela vuela mariposa" es una leitmotiv del texto y eso es lo que hace el autor: no se aferra a un espacio concreto o a un enamoramiento específico y al contrario, vuela, se eleva, para presentar una historia de amor entre un padre y un hijo. Un hijo gay, sí, aunque eso no sea tema de conversación con el padre. Lo que importa es el amor. 


Algunas frases:
Había en nuestra sala un ventanal: daba a la calle y jamás le pusimos cortinas; no había plata para eso. "¿Por qué habríamos de tapar la vista con telas", decía mi padre, "si ahí, de pared a pared, tenemos un cuadro?".

Pero no hay que respetar a todo el mundo. No todos merecen respeto.

La soledad no es un problema.

Cuando estoy en estado de odio, me extingo y me amplifico. 

Ante el recuerdo del hombre que estrellé contra el suelo—, pensé en lo fácil que es matar. 

A veces siento que mi vida ha sido eso: perderme y darme cuenta de que estoy perdida, una y otra vez, una y otra vez... El olvido de la casa que buscaba.

Me decían: "Crece, Marlene, ama a alguien. Tienes que crecer, amar a alguien". Y yo detesto que me prescriban. Yo no sé si quiero crecer. Yo no sé si quiero amar a alguien. Tampoco sé si quiero saber.


Un mundo huérfano
Giuseppe Caputo
Random House
Bogotá, 2016
216 páginas

domingo, 25 de febrero de 2018

Críacuervo, de Orlando Echeverri Benedetti

Esta novela está dividida en dos partes: la primera ocurre entre Hamburgo y Berlín y tiene como protagonista a Adler. Todo el tiempo hace frío, cae nieve y el protagonista usa abrigo. La segunda parte transcurre entre Cartagena y La Guajira. Su protagonista es Klaus, el hermano mayor de Adler. Por supuesto, hace un calor sofocante.

Así como el contrapunto que plantean las dos partes es también la tensión dramática entre la vida de los dos hermanos, cara y cruz de una tragedia en el sentido griego del término: personas marcadas por un destino del que no pueden escapar. Ambos crecen juntos, luego se separan, pero los une además de la sangre y el interés por el reencuentro, el amor por una mujer, Cora, quien también está signada por su propio destino.

¿Es posible tomar decisiones? o al contrario ¿haga lo que haga, la vida de una persona ya viene con cartas marcadas? esa parece ser la pregunta que trasciende esta novela corta, contada en tercera persona y con una distancia fría, alemana, aunque el autor sea un ser caribe. Una novela que al principio parece policíaca y luego se transforma en un drama que deja una sensación de irrealidad y vacío.


Algunas frases:
A los diez años, Adler aprendió a sufrir y a rezar, y comprendería que toda plegaria es un grito bajo el agua.

Todos sus planes eran como platos enjabonados que se escurrían de sus manos y estallaban irremediablemente en el piso.

Ella no estaba acostumbrada al extraño mundo del glamour político, ese glamour que, comprendería tiempo después, era como una falda magnífica que ocultaba piernas carcomidas por la lepra. 


Críacuervo
Orlando Echeverri Benedetti
Editorial Angosta
Medellín, 2017
211 páginas

sábado, 24 de febrero de 2018

11 bombas antes de las cenizas, de Natalia Mejía Echeverry

Leer es viajar, pero así como una parte muy feliz del viaje es el regreso a casa, a veces también es muy grato cuando las letras leídas proponen un recorrido por las calles que habitamos a diario. La lectura se vuelve entonces una complicidad y también un redescubrimiento.


11 bombas antes de las cenizas es una novela corta de Natalia Mejía Echeverry, quien en un ejercicio de autoficción cuenta una biografía novelada que inicia en un recuerdo de infancia en la Plaza de Toros de Manizales. A la autora no le interesa el debate entre taurinos y antitaurinos. Se concentra en el lenguaje, en palabras como grana, gaonera, chicuelina y otras tantas que solo se pronuncian en ese sitio específico, y en determinada época del año.


La narración fluye natural de los toros hacia las rutinas de patinaje artístico en el Coliseo Mejor, en donde la protagonista practica con una disciplina férrea muchas horas de todas las semanas del año, hasta bien entrada la adolescencia. Luego la vida sigue, en otros sitios y con otras compañías.

La estructura del texto está fragmentada por permanentes digresiones en torno a la escritura, al ejercicio de escribir, tan distante e indiferente frente al de publicar. Natalia atraviesa su novela con una reflexión constante sobre la insignificancia de las palabras. 

Se trata de una novela ágil, diáfana, inteligente y cosmopolita, aunque esté anclada en una ciudad conservadora como Manizales y tenga como eje fundamental el tema de los lazos familiares.

Algunas frases
Vista desde afuera, la tauromaquia es un espectáculo sangriento. Desde adentro es pura sensualidad.

Soñar es cursi pero es privado, y gratis. Menos mal.

Puedo decir: soy escritora. Es irrefutable. Si digo: soy escritora, es como si dijera: soy mujer. ¿Quién puede negarlo? Quién va a decir: no Natalia, no lo eres. Y sin embargo ser, por sí sólo, no significa nada; no sirve para nada. Ser escritora no significa hacer lo que hace una escritora. 

Tampoco en la vida, las cosas suceden tan ordenadamente como en la escritura. 

Escribir para qué. En principio para capotear (...) Escribir para separar pedazos y recorrer líneas de fuga. 

Dijo algo que se aplica a la escritura: "La música clásica te gusta porque es una experiencia abisal. Morís, pero sin morir".

La escritura es una semilla y se hidrata invisible, germina en presencia ajena.

Para qué escribir: para sentir equilibrio. Equilibrar qué: la vida que acontece, con la vida que puedo hacer que acontezca. 


11 bombas antes de las cenizas

Natalia Mejía Echeverry
Editorial Malisia
La Plata, Argentina
2017
70 páginas

El sol y la rabia, de Natalia Mejía Echeverry

"Es un experimento bizarro medio en borrador". Así describe Natalia Mejía Echeverry este remolino de frases bipolares, sueltas, que sin embargo tienen una fuerza interna arrolladora y que unidas en medio de su caos construyen una novela corta fresca, ágil, arriesgada y contemporánea. Algunos podrían decir que posmoderna, aunque a estas alturas ese epíteto puede sonar vetusto para el ejercicio que la autora propone. 

Natalia nació en Manizales en 1986, estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Manizales y vivió 9 años en Buenos Aires, en donde estudió Dirección de Fotografía y Dramaturgia, trabajó en proyectos audiovisuales y se graduó de una Maestría en Escritura Creativa.

Esa cercanía con el mundo audiovisual se nota en su escritura de una manera particular. Normalmente la relación más obvia entre el cine y la escritura es la llamada "narración por escenas" de la que hablaba Tom Wolfe. Natalia no construye escenas, pero su texto tiene una estructura audiovisual: el vértigo narrativo de su prosa se emparenta de manera próxima con el de el videoclip.

El libro se enmarca en lo que algunos denominan autoficción. La protagonista del texto es una manizaleña que se llama Natalia Mejía, que vive en Buenos Aires. Las licencias narrativas de la historia son la maravillosa libertad que permite navegar por el terreno de la ficción, que en su relato viaja entre Buenos Aires, Manizales y San Andrés, y que insinúa de manera entrecortada una ruptura sentimental, un trastorno mental y una historia de violencia familiar. 

Algunas frases:
Nosotros pagamos fortunas para meternos a la piscina de un barco y reclamamos la falta de refrigerio.

Ya sabemos que de amor nadie se muere, no soy tan ridícula, pero cómo mierda se puede hablar de muerte si uno sólo se muere una vez, sin darse cuenta, y en cambio amar puede llegar a dos, tres, cuatro veces.

Vos tenés tiempo, yo palabras. Espero que lleguemos juntos, pero si no, quedate tranca que llegaré sola, sabré llegar. 

Mejor dicho puedo hablar desde la tristeza, que es entrecortada, que se agota pronto, que es tan poco fuerte, lábil. 

¿Quién ignora la tristeza? Es decir, quién no la conoce.

¿Qué pasó? Pasó lo que pasa siempre. Los humanos nacemos con un corazón palpitante, propenso a las tinieblas, que tira -todo tira- de un carro desbocado, deseoso, dispuesto a llegar hasta donde la mente quiera, hasta donde la mente lo permita. ¿Qué pasó? Al carro se le empezaron a desgastar las ruedas. 

El ego es una cucaracha y las cucarachas, además de ser rápidas, fueron capaces de sobrevivir a la bomba atómica. 

Señores: aunque no les guste, aunque no lo crean, cada una es dueña de su ingenuidad.


El sol y la rabia
Natalia Mejía Echeverry
Editorial Malisia
La Plata, Argentina
2017
60 páginas

jueves, 22 de febrero de 2018

Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla, de Alfonso Fuenmayor


Haciendo gala de una prosa deliciosa, exquisita, con dosis de humor y muchas anécdotas, Alfonso Fuenmayor presenta en este libro una compilación de 13 textos que orbitan alrededor del Grupo de Barranquilla, que conformaron Alejandro Obregón, Gabriel García Márquez, Germán Vargas Cantillo y el autor, entre otros.

Las crónicas de Alfonso Fuenmayor se construyen por lo general en torno a un personaje: El pintor Alejandro Obregón, el poeta León Felipe, el pintor Orlando Mejía "Figurita, Julio Mario Santodomingo, Alvaro Cepeda Samudio...

No se trata de un texto analítico que ofrezca crítica literaria o artística. Tampoco es una reconstrucción histórica. Se trata más bien de un anecdotario rico en detalles, y escrito con un lenguaje cuidado, elaborado, que obliga cada tanto a consultar el diccionario sin que por ello el texto resulte pedante.

Una pequeña joya que da pistas para entender por qué desde un pequeño lugar en Barranquilla un grupo, unido por la amistad, logró remover los cimientos más profundos de la literatura y la pintura en Colombia.


Algunas frases
El grupo empezó a formarse allá en mil novecientos cuarenta y tantos. Latente y subrepticio, el grupo "funcionaba" teniendo como cabezas cimeras a Ramón Vinyes y a José Félix Fuenmayor.

Alvaro Cepeda Samudio lo declaró sin tapujo y sin ambages: "Todos provenimos del viejo Fuenmayor".

Eran, entre otros autores, Cortázar -que para el grupo se inició con Los Reyes-, Felisberto Hernández, Borges, Kafka, Joyce, Virginia Woolf, Neruda, Sartre, Camus, Hemingway, Saroyan, Caldwell.

aquella frase del doctor Johnson, según la cual "nada mejor ha inventado el hombre para su felicidad que una buena taberna".

Para entonces la vulgaridad del plástico no había invadido este rincón del planeta.

¿te das cuenta de que esto de la felicidad es un cuento chino y que si existe dura poco?

Lo que seguirá sucediendo, si es que no se legisla a nivel universal como lo ha pedido Gabito, en el sentido de que se prohiban las metáforas y se castigue su uso hasta con la pena de muerte. "Una sanción más bien leve, comentaba el padre del Patriarca, para un delito tan atroz".

Los párrafos eran reiterativos, tautológicos. En fin, la materia prima con que están hechos los boleros. 

(Sobre Plinio Apuleyo Mendoza): Las orejas mostraban una cierta tendencia a separarse del sitio que ocupaban y parecían, como dijo un observador, que quisieran captar todos los sonidos del universo y hasta la pitagórica música de las esferas.

Los cartageneros se distinguen de la demás gente porque parecen desplazarse con un halo.


Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla
Alfonso Fuenmayor
Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura
Bogotá, 1981
210 páginas

martes, 20 de febrero de 2018

Sobre literatura colombiana, de Germán Vargas Cantillo


Aunque el título de esta compilación de textos (columnas, prólogos, reseñas, breves ensayos literarios) se llama "Sobre literatura colombiana", en realidad la mayoría de las páginas son sobre el Grupo de Barranquilla, bautizado así en El Tiempo por Próspero Morales Padilla, y del que hicieron parte el autor, Germán Vargas Cantillo, así como otros nombres destacados, encabezados por Gabriel García Márquez, y seguido por Alfonso Fuenmayor y Álvaro Cepeda Samudio.

En algún aprte del libro el autor aclara que ellos cuatro fueron los miembros permanentes del grupo, y que a su alrededor en distintas épocas estuvieron otros como el pintor Alejandro Obregón, el fotógrafo Enrique Scopell y otra serie de nombres.

Este libro, publicado en 1985, recoge distintos textos sobre literatura colombiana escritos por Germán Vargas Cantillo entre 1949 y 1983. Leerlo es hacer un viaje ameno por la historia de la literatura colombiana, en la que el autor destaca a Tomás Carrasquilla, Efe Gómez y José Estasio Rivera, entre los muy pocos nombres a resaltar antes de la irrupción de García Márquez y Cepeda Samudio, que le deben buena parte de su oficio narrador al escritor José Félix Fuenmayor.

El libro está dividido en tres partes y en total incluye 30 textos relativamente cortos sobre autores, libros, revistas literarias. Es muy llamativa la descripción que hace de un escritor desconocido, un tal Fermando Vallejo, "un autor de quien no se tienen mayores noticias, fuera de la que es un escritor antioqueño que vive en México y que investigó en forma exhaustiva, completísima, la vida y obra de Barba Jacob". Así mismo son memorables sus textos sobre el momento en el que García Márquez recibe la noticia del Nobel en México, y la posterior ceremonia de entrega en Estocolmo. Esos dos textos justifican plenamente el esfuerzo de conseguir este libro, que hace años dejó de circular.

Algunas frases
El país ha vivido, hasta ahora, si se apartan las obras de Efe Gómez, de lo que equivocadamente se califica como cuento "terrígeno", cuyo centro de producción se ha emplazado en la feraz comparca caldense. Los cuentistas de Manizales y de Riosucio, de Salamina y de Calarcá, se han entregado a una especie singularísima de cuento "nacionalista" que resulta tremendamente falso por el uso y el abuso de la retórica empalagosa y que, al fin y al cabo, viene a ser la negación de lo auténticamente nacional.

La obra de José Eustasio Rivera es una de las mejores novelas que se han escrito en Colombia, lo cual no es mucho decir. 

Toda la literatura colombiana de la violencia, escrita y publicada en los primeros años, cuando aún se vivía en forma permanente esa tremenda etapa, se leyó y pasó, sin que hoy merezca ser considerada literariamente como nada distinto de documentos de consulta.

Cepeda Samudio es, como podrá apreciarlo quien lea estos cuentos, un poeta, que es una de las mejores maneras de ser algo: un cuentista, un novelista, por ejemplo. Y es también -condición básica para quien escribe literatura y ficción- un periodista.

Con José Félix Fuenmayor irrumpe en la literatura colombiana la novela urbana, la ciudad de cuerpo entero. Un joven crítico colombiano, Juan Gustavo Cobo Borda ya dijo, con su habitual agudeza que Cosme es la primera novela urbana en Colombia.


Sobre literatura colombiana
Germán Vargas Cantillo
Fundación Simón y Lola Guberek
Editorial Lealón
Medellín 1985
251 páginas

domingo, 11 de febrero de 2018

La furia, de Humberto Jarrín Ballesteros


Escribe Humberto Jarrín B. en un aparte de La furia que “En últimas una novela muchas veces no es sino un pretexto para una tesis”. Eso se nota en esta obra. La furia es la Feria de Cali narrada en clave policiaca. Durante los festejos aparecen una serie de crímenes macabros, simbólicos. El protagonista, denominado “el Profeta” (profe+poeta) es invitado por un policía a participar en la investigación criminal. A partir de ahí el lector observa cómo la semiótica puede ayudar a resolver, o mejor a comprender, un homicidio, pero no sólo eso: los muertos son una excusa para entender mejor a la sociedad caleña.

Hace algunos años, en “La carroza de Bolívar” Evelio Rosero reconstruyó el Carnaval de Pasto como escenario narrativo para hablar sobre la historia de la capital nariñense. La Furia de Humberto Jarrín, puede ofrecer una lectura cruzada con la obra de Rosero. Jarrín retoma otra fiesta popular como telón para presentar la historia de esa ciudad y a partir de su pasado reflexionar sobre su presente.

Lo novedoso de la obra de Jarrín está en el género seleccionado: en alguna parte de la novela el autor refiere que en la narrativa caleña la literatura policíaca ha sido un género esquivo. Jarrín construye una trama policíaca que parece una parodia, porque su protagonista es un investigador imposible: un poeta que prefiere no salir de su casa y dedicar sus horas de asueto a releer “El Quijote”.
 
La Biblia, Kavafis, Eco, Jakobson, Borges, Cervantes, Cioran son algunos de los referentes que se mencionan en esta novela caleñísima en su geografía, que por fortuna tiene la claridad necesaria para que pueda ser comprendida por lectores ajenos a los sitios emblemáticos de esa ciudad, y a sus direcciones.

La estructura narrativa no es lineal. Buena parte del texto conserva una sucesión temporal pero algunos capítulos saltan en el tiempo, dentro del juego detectivesco que se le propone al lector. En cuanto al lenguaje, buena parte del libro está conformado por diálogos o conversaciones entre Humberto Jarrín V., el Profeta, y el Teniente Octavio Yépez, un policía no del todo verosímil porque dialoga sobre semiótica, literatura y filosofía en términos cercanos a los del Profeta. Sin embargo, como bien se dice en la novela, puede tratarse de un prejuicio frente a quienes conforman las fuerzas armadas.

La furia es una novela intelectual. Rica en digresiones que van desde los esfuerzos que hacen los catedráticos universitarios para sobrevivir todo el semestre con salarios de 4 meses, hasta reflexiones sobre los medios de comunicación, pasando por el suicidio, Marx y la soledad. Todo eso en un texto que es también una crónica sobre Cali, con una trama que, como obligan los textos policíacos, mantiene el suspenso hasta el final.

El libro fue publicado por la Alcaldía de Santiago de Cali por haber resultado ganador en el Premio Estímulos Cali 2017.

Algunas frases:
¡Yo los conocía!, ¿de dónde?, ¡claro!, habían sido alumnos míos. Sentí un escalofrío, porque con desazón me pregunté: “¿Esto era entonces lo que yo les había enseñado?”, si era así, ¡qué horror!, ¡mea culpa! Si no era así, más preocupante, ¿dónde estaban los muchachos pilos, los aventajados, los que en el campus, la cafetería, las oficinas de los profesores, seguían interesados en las cuestiones iniciadas en clase? ¿Por qué éstos no estaban allí, y en su lugar aparecían precisamente los más flojos e insulsos, los que aspiraban a ser figuritas de farándula o reinitas o modelos?

¿Puede alguien negarse a la Policía en un país como el nuestro, donde los que mandan son las fuerzas armadas sin importar de qué rama?

Alguna vez le escuché decir a alguien que el escritor en realidad sólo tiene dos patrias: su ciudad, ésa que Kavafis nos advierte que siempre nos perseguirá; y la otra, la lengua. (…) una tercera patria del hombre es la soledad.

Para mí la física era una extensión de la literatura, con sus mundos fantásticos y posibles.

Leyendo en estado de alerta se aprende a escribir.

El trabajo para los que nacimos sin herencia significa poner empeño en una carrera profesional sobre la cual organizar la vida personal y la supervivencia.

Las cifras son oficiales, se las pasamos nosotros, los periódicos no son sino nuestra correa de transmisión.

Para que la burla cause su efecto sancionatorio y cómico normalmente se hace en compañía de otros, que nuestra risa es siempre la risa de un grupo, pues ésta necesita de un eco.

Usted más que yo sabe que la ficción del periodista puede pasarse por verdadera y ser vendida de inmediato, porque en la calle hay un gran público a la espera de ella, a diferencia de las historias de ustedes los novelistas y poetas que, aunque digan la verdad para el gran público, sólo será imaginación del escritor, cuando no desvarío.

…cuerpo de mujer, nos persigue de continuo por el mundo a fin de que no logremos realizar una de nuestras más queridas hazañas, la de convivir en paz y sosiego con nuestra anhelada soledad.

El corazón tiene cuatro cavidades para albergar en ellas amores distintos, el amor erótico, el amor por uno, el amor por el arte en mi caso, y así. Y en la parte de mi corazón que te corresponde eres lo más importante. No me pidas todo el corazón y todo el tiempo y todos sus pulsos y todas sus mareas y ahogos sólo para ti…

Citar a autores de ahora y que están de moda, aunque sean malos, da prestigio, dice de quien los nombra ser un lector ávido y avezado y sobre todo actualizado.

¡Ay, los artistas, los escritores no tienen remedio! Tienen un ego de aquí hasta la luna, son unos incorregibles vanidosos, no es sino que les digan algo bueno de sus obras y allí mismo atienden con todas las orejas al que les habla.

Ante la urgencia de los fans no queda otro remedio que cantarlas ahí como puedan (después de todo el fan es un creyente, los oye de fe, siempre con el mismo oído).

La cuna de la especie humana es África, y en consecuencia todos somos afrodescendientes.


La furia
Humberto Jarrín B.
Alcaldía Santiago de Cali
Cali
2017

239 páginas