miércoles, 2 de abril de 2014

Temporal, de Tomás González



Después de las montañas de Abraham entre bandidos, o la finca de La Historia de Horacio y Los caballitos del Diablo, Tomás González vuelve al mar. El mar que se vislumbra entre la ciudad de La luz difícil, y que es tan relevante en Primero estaba el mar, su primera novela.

En Temporal el mar es tan protagonista como puede serlo en El viejo y el mar, el clásico de Ernest Hemingway. Y es que es muy difícil leer Temporal sin recordar la historia de Santiago el pescador solitario. Acá también hay una jornada de pesca, una pesca formidable y luego el mar arrebata lo que antes se ha sacado con tanto esfuerzo. Pero a diferencia de Santiago, los pescadores de Temporal no van solos. Son tres: El padre odiado y sus hijos mellizos, Mario y Javier, tan distintos en todo que no se confunden en ni una sola línea del relato.

Si algo le compite en protagonismo al mar en esta historia, es el odio. El odio de los hijos al padre, del padre a los hijos, del padre a la madre y viceversa. Un odio que define a la familia y que el escritor califica como frío.

Creo que esta no es la mejor novela de Tomás González, pero es una excelente novela. Es tan buen escritor que tiene obras mejores que ésta, en mi concepto. No tiene el humor que caracteriza otros de sus libros, pero sí ese lenguaje desenfadado, seco, sin adornos ni artificios. Un lenguaje directo, despojado de todo artilugio, que suena tan tan tan natural que debe tener mucho trabajo de edición detrás.

Algunas frases:

Nunca es mucha la plata para eso de comprar libros, así sean usados

A Javier lo exasperaba la manía de Mario de decir que no le había pedido el ser a nadie y que mejor habría sido no haber nacido, y se debía controlar para no responderle que eso uno no lo pedía, ser o no ser, no seas marica, eso te llega y es cosa tuya si te pegas un tiro o metes la puta cabeza al inodoro, a nadie le importa un soberano culo.

La admiración que alguna vez sintió por él –única forma de amor que el viejo al final hizo posible- había desaparecido hacía ya mucho tiempo. El poder absoluto quizás deslumbre a un niño, no a un joven.

Javier tendía a concluir que la vida no era más que un perpetuo entrar a los infiernos y salir de ellos.

“Aquí se cansa uno a la larga de contemplar tanto hijueputa atardecer, creeme”.

Ustedes, güevones, nacieron con el pan debajo del brazo. No es sino salir y agarrar el pescado y volverse para la casa a fritarlo y comérselo. Los cocos les caen en las mismas cocorotas desde las palmas. El plátano y el arroz no valen nada. Pero ni eso hacen estos negros vagos.

Su ira reapareció y se hizo fría.

En los libros que hasta ahora había leído casi nunca había gente feliz.

En alguna parte Javier había leído que uno no nace para ser feliz sino para admirar el mundo. Cuando llega la alegría, lo hace sin ton ni son y porque le dio la gana.

Aunque mucho menos intensa e ingenua que en Mario, en Javier la conciencia de la crueldad de la Creación es constante. No era por lástima de los animales sino más bien por sentido estético que tanta matazón lo asombraba –pues las cosas son como son, y a quién carajo le importa una gallina-. Y además, siendo Dios tan poco escrupuloso en lo que a justicia se refiere, ellos, llegado el caso, tendrían, ¿cierto?, la opción de hacer lo que quisieran. Cosa que nunca había ocurrido, por supuesto, al menos no en instancias graves, pero esa decisión de respetar a los demás es algo que uno toma libremente, piensa Javier, y libremente puede dejar de tomar según le dé la gana.

Con la idea de dar un toque ambientalista, bueno siempre para el negocio, puso basureros de plástico verde abrazados a los troncos de las palmas y avisos en las duchas, que decían: “El agua es de todos, cuídela”. Pero era realista y se ahorró los costos de un nuevo pozo séptico”.

Fugaces en su eternidad, como todo lo demás, son las tormentas.



Temporal
Tomás González
Alfaguara
2013
147 páginas


miércoles, 15 de enero de 2014

Mientras escribo, de Stephen King



Si no me lo hubiera recomendado la persona que lo hizo (y que merece toda mi credibilidad) no habría leído "Mientras escribo", básicamente porque está firmado por Stephen King y no he leído nada de King porque he leído lo que se dice de él: autor de best sellers, de libros de consumo rápido y fácil que no pueden ponerse en el mismo estante de la literatura de verdad-verdad.

Prejuicios aparte, leí "Mientras escribo" y me gustó. Me entretuvo y además me pareció honesto el ejercicio de poner por escrito cuáles son las motivaciones de un escritor, sus dificultades, sus "atascos de imaginación", su caja de herramientas (el vocabulario, la gramática, los personajes, los diálogos, la historia, las figuras literarias...), etc. 

El libro tiene una primera parte autobiográfica, narrada con bastante humor, en la que King narra su infancia, las penurias económicas de su familia y sus inicios como escritor (ganaba 6.000 dólares mensuales y cuando un agente logró vender su primera obra a una editorial, por 400.000 dólares, se le ocurrió que había que celebrar y decidió comprarle un regalo lujoso a su esposa. Le compró un secador de pelo). 

La segunda parte aborda los asuntos más técnicos: cómo escribir, qué errores evitar, de qué hablar, cómo corregir y editar, cómo buscar agente literario, etc...

En resumen, un libro útil para quienes quieren escribir, y un libro entretenido para quienes gustan de las (auto)biografías.
 
Algunas frases:
Me acuerdo de que en la misma época creía que una puta era una mujer altísima. Un hijo de puta tenía condiciones para jugar a baloncesto.



La aparición de la tele en el domicilio de los King fue relativamente tardía, de lo cual me alegro. Pensándolo bien, pertenezco a un grupo bastante selecto: el de la última promoción de novelistas norteamericanos que aprendieron a leer y escribir antes que a tragarse su ración diaria de basura visual.



Si no hay objeción, me gustaría aclarar algo lo antes posible. No hay ningún Depósito de Ideas, Central de Relatos o Isla de los Best-sellers Enterrados. Parece que las buenas ideas narrativas surjan de la nada, planeando hasta aterrizar en la cabeza del escritor: de repente se juntan dos ideas que no habían tenido ningún contacto y procrean algo nuevo. El trabajo del narrador no es encontrarlas, sino reconocerlas cuando aparecen



La verdad es que estaba bastante contento. A la edad en que todavía no hay que afeitarse, el optimismo es una respuesta perfectamente legítima al fracaso.



Casi todos los escritores de novelas, cuentos o poesía de quienes se ha publicado siquiera una línea han sufrido alguna u otra acusación de estar derrochando el talento que les ha regalado



Escribir una historia es contársela uno mismo —dijo él—. Cuando reescribes, lo principal es quitar todo lo que no sea la historia.



Había veces (sobre todo en verano, al tomarme la pastilla de sal de la tarde) en que tenía la impresión de repetir la vida de mi madre. Solía tomármelo a chunga, menos cuando estaba cansado o se me acumulaban las facturas. Entonces me deprimía y pensaba: ¿Para esto he nacido? No puede ser. Luego me decía: Media humanidad piensa lo mismo.



Los matrimonios jóvenes reciben pocas cartas. Parece que se haya olvidado todo el mundo de ellos, menos las compañías del gas y la electricidad



Escribir es una labor solitaria, y conviene tener a alguien que crea en ti. Tampoco es necesario que hagan discursos. Basta, normalmente, con que crean.



Ahora ya sé qué significa estar borracho: una vaga sensación de buena voluntad, otra más nítida de tener casi toda la conciencia fuera del cuerpo, flotando encima como una cámara en una película de ciencia ficción y filmándolo todo, y por último el mareo, el vómito y el dolor de cabeza.





Los libros son la magia más portátil que existe.



La primera regla del vocabulario es usar la primera palabra que se te haya ocurrido siempre y cuando sea adecuada y dé vida a la frase. Si tienes dudas y te pones a pensar, alguna otra palabra saldrá (eso seguro porque siempre hay otra), pero lo más probable es que sea peor que la primera, o menos ajustada a lo que querías decir.



Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselas. No he visto ningún atajo



Una descripción acertada suele componerse de una serie de detalles bien escogidos que lo resumen todo. En la mayoría de los casos serán los primeros que se le ocurran al escritor



Para aprender a escribir diálogos conviene hablar y escuchar mucho; sobre todo escuchar, v fijarse en los acentos, los ritmos, los dialectos y la jerga de varios grupos. A los solitarios como Lovecraft suele salirles mal el diálogo, o poco espontáneo, como sí no lo escribieran en su lengua materna.



Cuando se sufre un atasco imaginativo, el aburrimiento puede ser muy aconsejable.



Opino que estar casado, entre otras cosas, significa emitir el voto decisivo cuando el otro no sabe qué derrotero tomar


Mientras escribo
Stephen King
Editorial Plaza y Janés
2002
320 páginas

sábado, 11 de enero de 2014

El héroe discreto, de Mario Vargas Llosa

El héroe discreto es un libro discreto. Dentro de la prolífica obra de Mario Vargas Llosa, su última novela es una obra que empieza fuerte, porque tiene un protagonista definido, metido en un embrollo que parece complejo, pero al avanzar las páginas la historia se difumina en medio de diálogos, descripciones e historias que quizás pudieron editarse, para dejar una historia central más corta y contundente.

El libro está construido a partir de dos historias paralelas que sólo se unen al final: Por un lado, las amenazas y extorsiones a Felícito Yanaqué, un hombre humilde, propietario de una empresa de transportes en Piura, y por otro lado las vicisitudes de Don Rigoberto, su esposa Lucrecia y su hijo Fonchito (los mismos de Los Cuadernos de don Rigoberto), que ven como se complica su vida cuando Ismael Carrera, jefe de don Rigoberto, decide casarse con su empleada del servicio.

En el manejo del lenguaje me parece novedoso el uso de diálogos mezclados: dos personas conversan sobre lo que otras dos conversaron, o evocan otro diálogo, y ambas conversaciones se entremezclan sin confundir al lector y sin necesidad de atribuir permanentemente la voz a cada personaje.

Aparecen acá además de Don Rigoberto, el policía Lituma, de Lituma en los Andes, y se menciona la Casa Verde. "Homenajes" o nostalgias del autor por sus personajes idos.


Algunas citas:
Felícito recordó las palabras de su padre antes de morir: "Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener".

- Tú y yo somos buenos amigos, ¿sí o no? -le soltó su jefe de pronto, como despertando.
- Supongo que sí, Ismael -repuso Rigoberto-. Si es que entre un patrón y su empleado puede haber de veras amistad. Existe la lucha de clases, ya sabes. 

Aprendieron inglés pero hablaban un español de analfabetos mechado con toda esa horrible jerga y apócopes de la juventud.

A él le parecía que Gertrudis se había convertido con los años en una especie de mueble, que había dejado de ser una persona viviente.

Oyendo la voz de esa muchacha le pareció comprender cabalmente por primera vez, muchas palabras de los valses criollos que antes le parecían misteriosas e incomprensibles como arpegios, celajes, arrobo, cadencia, anhelo, celestía.

Sólo se debe llevar una pistola cuando uno está dispuesto a usarla y usted no me parece una persona capaz de matar a nadie.

Tendrías que leer un poco la Biblia, hijito. Como cultura general. El Nuevo Testamento siquiera. El mundo en que vivimos está repleto de referencias bíblicas y si no las entiendes vivirás en la confusión y la ignorancia total. Por ejemplo, no entenderás nada del arte clásico, de la historia antigua.

Se supone que el diablo no existe. Yo creía en él cuando te conocí, Rigoberto. En Dios y en el diablo, como cree toda familia católica normal. Tú me convenciste de que eran supersticiones, tonterías de la gente ignorante.

Un psicólogo puede ser más peligroso que el mismísimo diablo, lo supe desde que leí a Freud.

Pero el potito, te habrás fijado, deja bastante que desear. No es muy tocable. No acabó de desarrollarse, no floreció, en algún momento se quedó atrofiado. En mi sistema de clasificación, el suyo es un culito tímido, ya me entiendes.

En las biblioteas, a veces uno se aisla demasiado del mundo de todos los días, de la gente común. Yo no creo en tus espacios de civilización, que te apartan de los demás y te convierten en un anacoreta.

Es verdad que es imposbile conocer a fondo a las personas, todas son insondables.

La función del periodismo en este tiempo, o por lo menos, en esta sociedad, no era informar, sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad, sustituir la realidad por una ficción en la que se manifestaba la oceánica masa de complejos, frustraciones, odios y traumas de un público roído por el resentimiento y la envidia. Otra prueba de que los pequeños espacios de civilización nunca prevalecerían sobre la incomnensurable barbarie.

Pero un día perdí la fe y nunca más la he recobrado. Creo que la perdí apenas empecé a pensar. Para ser creyente no conviene pensar mucho.



El héroe discreto
Mario Vargas Llosa
Editorial Alfaguara
2013
383 páginas

martes, 7 de enero de 2014

El cuaderno rojo de la chica karateca, de Ana Pessoa

Este "cuaderno rojo" es un libro que contiene lo que escribe la narradora, una joven próxima a cumplir los 15 años. Lo que escribe es lo que ve y lo que piensa, y como lo que ve y piensa es variado y fragmentado, así es su cuaderno, que no es un diario, según se aclara en las primeras páginas, pero se parece a esas libretas de apuntes de los escritores, en las que se anotan todas las ideas que llegan a la cabeza durante el día, en un ejercicio de asociación libre que puede ser infinito. Acá están sus clases de karate, su compañero Raúl, con el que se quiere casar o al menos ir a cine, la monja que la está preparando para el bautismo, la mamá, el hermano que le hace la vida imposible, etc, etc, etc.

Aunque se supone que la narradora tiene 15 años, me parece que su voz es un poco más infantil... de 10 u 11 años quizás. Y es un libro óptimo para lectoras de esa edad, aunque por supuesto puede ser disfrutado por gente mayor, como toda la buena literatura infantil o juvenil, que no tiene edad de caducidad.

Es reconfortante encontrar un libro infantil o juvenil en el que no aparezcan bosques encantados, princesas ni príncipes azules. Acá aparecen el nintendo, el colegio, las actividades extracurriculares y en general los temas que pueden inquietar a una niña contemporánea.

Un comentario adicional para la edición: es un libro con 56 páginas ilustradas, a cargo de Bernardo Carvalho. Ilustraciones con trazos gruesos, simples y colores planos, tipo comic, muy atractivas para complementar la historia.

Ana Pessoa
El cuaderno rojo de la chica karateca
Taller de Edición Rocca
Primera edición: Carcavelos, Portugal, 2012
Esta edición: Bogotá, 2013
140 páginas

viernes, 3 de enero de 2014

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

"Es un librito de culto entre los libreros". Con esa presentación oí hablar por primera vez de 84 Charing Cross Road y me dio curiosidad. Un libro de culto entre libreros tiene que ser un gran libro.


Sin embargo, no es un gran libro. No es una obra monumental del estilo Guerra y Paz, ni un gran drama de amor, odio o poder. Es un librito entrañable que a través de cartas que comienzan en 1949 y se extienden hasta el 69 revela la relación estrecha que se construye entre Helene Hanff, una escritora pobre de Nueva York, y Frank Doel, empleado de una librería en Londres.

La obra resulta hermosa no tanto por los autores o libros que se registran en las cartas (muchos autores ingleses que no son tan conocidos en el ámbito latinoamericano, aunque por supuesto hay nombres de fama mundial), sino por el cariño que se percibe entre librero y lectora, que empieza por los libros pero trasciende esa esfera para convertirse en una larga conversación. Una amistad que dura más de 20 años aunque Helene nunca viaje a Londres en vida de Frank.

Creo que puede ser un libro de culto entre los libreros porque aunque la que más escribe es Helene (y finalmente es ella quien publica las cartas), revela la vida cotidiana de un librero, con salario escaso, que celebra poder comprar un carro, anhela las vacaciones, se siente orgulloso de sus hijos, sufre por el racionamiento de alimentos en Londres después de la II Guerra Mundial... es decir, un trabajador de clase media común y corriente, como los hay tantos en tantas partes del mundo. Y muestra también una lectora culta, curiosa, exigente. La lectora que supongo que todo librero anhela conocer.

Algunas frases:
"El día en que me llegó el ejemplar de Hazlitt, se abrió por una página en la que leí: "Detesto leer libros nuevos." Y saludé como a un camarada a quienquiera que lo hubiera poseído antes que yo".

"Con la llegada de la primavera necesito un libro de poemas de amor. ¡Nada de Keats o Shelley! Envíeme poetas que sepan hablar del amor sin gimotear... Wyatt o Johnson o alguien por el estilo".

"A mí me encantan las inscripciones en las guardas y las notas en los márgenes: me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que algún otro ha pasado antes, así como leer los pasajes acerca de los que otro, fallecido tal vez hace mucho, llama mi atención".

"Va contra mis principios comprar un libro que no he leído previamente: es como comprar un vestido sin probártelo".

"Me gustan las mismas cosas que a él..., salvo sus obras de ficción. jamás he conseguido interesarme por cosas que sé que jamás les ocurrieron a personas que nunca han vivido".

"Quería haberte escrito el día que recibí el Angler, aunque no fuera más que para darte las gracias; ya sólo los grabados que incluye valen diez veces más de lo que me ha costado el libro. ¡Qué mundo tan extraño éste nuestro, en el que uno puede adquirir para toda la vida algo tan hermoso..., por lo que cuesta una entrada para un cine de Broadway, o por la quincuagéima parte de lo que te cobra un dentista por empastarte un diente!

"Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Llen todos los best seller que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible..., y saltándose montones de párrafos según creo. Pero luego JAMÁS releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron".

¿Por qué será que personas a las que jamás se les pasaría por la imaginación robar nada encuentran perfectamente lícito robar libros?

"Ahora ya no hay nada a un precio barato: los precios son "razonables". O, cuando mucho, "ajustados". Al otro lado de la calle en que vivo hay un edificio en construcción con un cartel que dice:
"Apartamentos de uno y dos dormitorios
a alquileres puestos en razón"
Pero los alquileres NO están puestos en razón. Y los precios no se comportan de forma razonable en ningún ámbito, diga lo que diga el anuncio..., que no es un anuncio tampoco, sino un reclamo"

Helene Hanff
84, Charing Gross Road
Editorial Anagrama
Primera edición: Nueva York, 1970
Esta edición: Barcelona, 2002
126 páginas

miércoles, 1 de enero de 2014

Memoria por correspondencia, de Emma Reyes

Como usualmente sospecho de los libros que reciben demasiado despliegue mediático, no leí Memoria por correspondencia hace 2 años, cuando se puso de moda. Sin embargo, cada libro tiene su momento y llegó la hora de leerlo. Y empecé a leer y ya no pude parar, hasta terminarlo. En síntesis: la difusión que en su momento recibió fue más que merecida.
Emma nació en Bogotá en 1919. Las 23 cartas que componen el libro fueron escritas a Germán Arciniegas entre 1969 y 1997 y cuentan la vida de Emma desde su más antiguo recuerdo, cuando tenía 2 ó 3 años, hasta cuando tiene 19 años y huye del convento en el que estuvo encerrada casi quince años.

Se trata de un ejercicio de hacer memoria de una infancia dura, sin afecto, sin familia y en la más absoluta pobreza, al estilo de Oliver Twist. Es la tristeza narrada sin adjetivos. Un libro que revela al lector un país muy poco narrado en la literatura colombiana (los años 20), así como una temática siempre atractiva: la infancia, en este caso a partir de una voz de femenina, algo que también resulta novedoso.

Emma estuvo casi 15 años en un convento en el que aprendió a bordar, a cocinar, a hacer oficio, limpiar, planchar, lavar ropa. No aprendió a leer ni a escribir, ni los números, ni historia ni geografía. Sólo historia sagrada. Salió a los 19 años, tan analfabeta como entró, algo que revela la condición de las mujeres y de la educación hace menos de un siglo en Colombia.

El libro termina cuando Emma huye del convento y uno como lector queda en punta: qué pasó después? con ella, con su hermana, cómo es que Emma se convirtió en la artista que fue?. Todas esas respuestas están en la crónica que escribió Diego Garzón para la revista Soho "Qué pasó con Emma Reyes?" y que encuentran en el siguiente enlace: http://www.soho.com.co/zona-cronica/articulo/que-paso-con-emma-reyes-por-diego-garzon/29333

Algunas frases:
"otro día me preguntó si yo tenía papá y mamá, y le pregunté que qué era eso y me dijo que él tampoco sabía".

"Cuando llegamos al convento, la Srta. Carmelita ya estaba muy vieja y cuando en el convento la veían adelgazar, todas las niñas y monjas pasaban el día rezando por ella para que volviera a engordar. Según contaban, desde hacía algunos años había tenido una enfermedad muy grabe que se llamaba cinturón, que se manifestaba por una mancha negra alrededor de la cintura y cuando esa mancha se unía, es decir, cuando las dos puntas se encontraban, uno se moría. Por esa razón, la Srta. Carmelita pasaba el día comiendo".

"Nuestro único enemigo era el Diablo. Del Diablo sabíamos todo, sabíamos más del Diablo que de Dios".

"si tú crees que basta tener las ideas, yo te digo que si uno no sabe cómo escribirlas para que sean comprensibles es igual que si uno no tuviera ideas".

"Si tú me preguntas cuál fue el primer amor de mi vida, tengo que confesarte que fue Sor María. Era un amor rarísimo, era como si fuera mi mamá, mi papá, mi hermano, mis hermanos y mi novio. Ella reunía para mí todos los tipos de amor y todos los matices de la ternura".

"Lo más difícil de enseñar era que durante el trabajo no debían ni meterse los dedos a la nariz ni a los oídos, ni rascarse la cabeza ni tocarse los pies ni meter las manos en los bolsillos sucios, esa era la disciplina más difícil para las principiantes".


Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Editorial Laguna 
2012
227 Páginas

domingo, 1 de diciembre de 2013

Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute

El lenguaje desbocado, desaforado del personaje es el imán que agarra al lector desde la primera página de esta novela. Un protagonista entrañable del mundo gay de Bogotá, aunque lleno de defectos: mentiroso, vividor, conchudo, mantenido, superficial, holgazán, interesado, etc... que sin embargo cautiva con su conocimiento general sobre temas vacuos, su facilidad de labia y su desparpajo.

Se trata de una novela sobre el mundo gay de Bogotá, pero también de una novela sobre el habla, sobre la oralidad. Está escrita a la velocidad en la que conversa el narrador, Edwin Rodríguez Buelvas, y en la forma que habla, que es saltando de un tema a otro, y luego a un tercero, para regresar al primero, mezclando en la conversación canciones populares, actores de cine, citas de la revista Vanidades y chismes de farándula. Una novela muy entretenida, muy bien escrita, que cuenta con humor el drama de la soledad y la incomprensión del mundo gay. Un mundo que incluye discotecas, bares, gimnasios, el Carulla de la 64, Apolos, saunas, jacuzzis, turcos, fiestas, el Parque Nacional, los baños de Granahorrar, el Terraza Pasteur, y toda una geografía de los puntos de encuentro gay de Bogotá. 

Algunas frases (el libro tiene numerosas frases dignas de subrayarse):

No pienso detenerme un minuto a contar cosas sobre mi niñez o adolescencia, ya que hará marras que aprendí que la sensibilidad no es más que vulnerabilidad aprovechable.

desde que era un pelaíto yo entendí que mi rollo era con los hombres y, por lo tanto, sería la oveja rosada de la familia. Y supe además para entonces que la vida es dura y la gente es mala.

Quien me conocía no podía dejar de hablar de mí, generalmente mal, lo cual es muy bueno porque eso demuestra que uno va un paso más adelante en esta vida.

La soledad es una constante homosexual.

Y yo me pregunto: ¿para qué diablos sirve una tragedia si no puede ser contada?

y sobre mi familia que ha comido en bandeja de plata por más de tres generaciones.

al tiempo que veía una larga fila india de hormiguitas que se metían en un hueco en la tierra, y jugué un rato esparciendo la arena sobre la entrada al nido, viendo salir aterradas a las hormiguitas. Pensé entonces, medio divertido, que definitivamente los gays somos como las hormgas: si nos tapan el huequito nos enloquecemos.

para poder sobrevivir a la soledad de la vejez, que es la peor de todas las soledades.

siempre es bueno que hablen de uno, y si es mal, mejor, porque eso significa que uno está haciendo bien las cosas y está ascendiendo e imponiéndose sobre todo el mundo.

después de la tempestad viene la calma, pero hay que ver lo rica que es la tempestad.

muchos de estos prejuicios provienen es de las religiones, que son el instrumento perfecto de la creación humana para joderse la vida.

Por eso, macho yo, que soy tan pasiva, pero al menos tengo el coraje de acostarme con quien me dé la gana y llevar a cabo cualquier fantasía que se me cruce por mi bello cerebrito sin necesidad de vivir temeroso ante el qué dirán.

un culo lo más de espectacular con los tres itos: redondito, paradito y durito.

Bogotá, donde uno podría fácilmente ser feliz si no fuera por la envidia de la gente.

!Primero tuerta que con lentes!
!Primero calva que con trenzas!

del amor que aprendí a sentir por mí mismo, que es el único que nos permite amar a los demás.

preocuparse no es más que anticiparse a un problema que muy posiblemente no llegue a existir jamás.


Al diablo la maldita primavera
Alonso Sánchez Baute
Editorial Punto de Lectura
2003
276 páginas

lunes, 4 de noviembre de 2013

El Espantapájaros, de Ricardo Silva Romero

El Espantapájaros es como un fantasma que recorre Camposanto, una vereda ubicada "al nordeste del país", a "8 horas en bus desde Bogotá". Una vereda habitada por viejos, por gente que en la época de La Violencia cometió todo tipo de crímenes y luego se instaló en Camposanto a reinventarse la vida, olvidar el pasado, jugar dominó y morir en la cama, con hijos y nietos y no con un corte de franela.

Esa es la esperanza de todos hasta que aparece El Cigarra, para enderezar la Historia. El Cigarra es un paramilitar que llega acompañado por cinco camiones con más de 100 soldados de su ejército irregular, para cometer una masacre que permita limpiarle la zona al doctor y hacer justicia con las víctimas que murieron hace décadas. 

Al llegar a Camposanto El Cigarra advierte que todos los muertos del día van por cuenta del Espantapájaros, el hombre que hace años se dedicaba a espantar Pájaros chulavitas... Y empieza entonces un juicio sumario, con todos los horrores y vejámenes que pueden ocurrir en una masacre paramilitar.

Se trata de una novela muy colombiana en su paisaje, su música, su historia y personajes. Una historia que van contando los mismos protagonistas, víctimas o victimarios, aunque a veces el lenguaje no sea del todo preciso ("que mi mami no me entierre" no puede ser una frase de un bandolero... mami dicen solo los rolos...). Una ficción que tiene mucho de las historias de masacres paramilitares, con algunos detalles puntuales que ayudan a hacer más vivo el horror. 

El Espantapájaros es la contracara de una novela doble: El libro se llama Érase una vez en Colombia y tiene 2 novelas: El Espantapájaros, que es la tragedia, y Una Comedia romántica, que es la visión optimista de la vida. El Espantapájaros surge de todo el drama de la violencia en el país, pero el personaje de El Cigarra tiene un origen curioso: el paramilitar, cada vez que mata a alguien, chequea la línea de la mano del muerto para confirmar que le tocaba morir ese día y que él lo que hizo fue ayudar a que el destino ocurriera. El papá del escritor es físico pero además es experto en leer la mano. Esa experiencia fue un detonante para que el autor construyera al personaje.

Algunas frases:
El odio no es bueno porque lo alarga todo, lo fija todo. 

Lo único que no hizo por sus papás fue morir después de ellos.

Los jóvenes de hoy no saben por qué matan, eso es verdad, pero los viejos de ahora se hacen los que no cometieron los pecados.

Su vida en realizad es esperar el momento en que va a ser, por fin, su vida.

Pero pasaba con ellos lo que pasa con ciertos hermanos: que el uno era la persona que no había podido ser el otro.

El Espantapájaros
Ricardo Silva Romero
Editorial Alfaguara
2012
151 páginas